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viernes, 28 de junio de 2013

Escenas de salvación: una reflexión cristiana.

Sin duda es que lo más sublime del ser humano puede ser entendido en términos religiosos (alma, fe, más allá...). Debemos comprender que una parte esencial de la humanidad radica en la pregunta de la existencia o no de una vida posterior a la muerte. Y lo más importante: si existe vida después de la muerte, ¿cómo es esa vida?¿Es el cielo?¿Es el infierno? Las distintas religiones avanzan posibilidades, habitualmente buenas o agradables para aquellos cuyo comportamiento fue en líneas generales acorde a los preceptos establecidos por cada religión. La ausencia de estos comportamientos buenos trae consigo la expulsión a los infiernos, generalmente identificados como sitios de sufrimiento y tormento eterno.
 
La reflexión que quiero llevar a cabo en el día de hoy es la siguiente: dadas decenas de religiones, ¿cuál es la que garantiza mi salvación?¿Me la garantiza incluso si no soy miembro de ésa religión? Es decir, si lo aplicamos al Cristianismo, ¿garantiza esta religión mi salvación si hago el bien?¿Y si soy budista o musulmán pero hago el bien?¿Iré al infierno según la doctrina cristiana?

La situación de la Iglesia antes del Papa Francisco era si cabe muy preocupante al respecto. Incluso hoy podemos decir que aún está muy debilitada, pero la capacidad de Francisco parece que podrá superar, al menos en parte, estas debilidades. Sus reformas parecen inminentes y además es un hombre que a priori predica con el ejemplo, lo cual se agradece. Es en esta línea reformista en la que debe insistir el Papa Francisco, pero no en un reformismo luterano, sino en un reformismo franciscano, como hizo San Francisco de Asís en el siglo XIII.

En la Magna obra de Umberto Eco, El nombre de la rosa, se narra, entre otras cosas, la situación que había vivido la Iglesia en aquellos convulsos años del 1200. Es curioso que en una Iglesia persecutora, que había marcado como profundamente herejes los movimientos de los cátaros a principios de siglo y de los dulcinistas a finales del mismo, sea al mismo tiempo la que canoniza a Francisco de Asís. Lo cierto es que a la Iglesia se la puede achacar de muchas cosas, pero no de condenar "porque sí". Siempre hay un motivo, más o menos basado en los evangelios y en la tradición de los primeros cristianos.

¿Entonces en qué se diferenciaban aquellos franciscanos que predicaban y practicaban la pobreza con aquellos dulcinistas que de la misma manera predicaban y practicaban la pobreza? La respuesta es un tanto oscura, pero básica: en la obligatoriedad.

San Francisco pronto empezó a poner en práctica su pobreza y su total sumisión a Dios. A pesar de animar a otros a practicar su manera de vivir, no obligaba ni contravenía a la Iglesia en su seno. Nunca acusó al Papa o a otros cristianos de vivir en la opulencia, sino que él practicaba la pobreza, y con esa misma pobreza de espíritu humilde llegó a forjar una santidad. En cambio, Dulcino arremetía contra aquellos que acumulaban las riquezas. Desde el Papa hasta los nobles, Dulcino consideraba a los ricos y a esa Iglesia rica como engendros del diablo.

¿Qué significado tiene lo anteriormente dicho con el nuevo pontificado del Papa Francisco? Todo. En materia económica, el Papa Francisco habrá de reformar tanto al Banco Vaticano como a la financiación de la Iglesia. La Iglesia debe reformarse hasta la consagración de hombres que renuncien al mundo, verdaderos santos en vida, hombres que, como ocurría en aquel entonces, allá por los primeros siglos del Cristianismo, sean realmente admirados por su vida intachable. No estamos hablando de ascetismo, ni de causar dolor. Se trata de una abstracción total del mundo, en el cual no sientan ningún apego por lo físico o por lo terrenal, sino exclusivamente por lo espiritual y que sirvan de guía al resto de la Humanidad.

De todas maneras esta idea es realmente (aunque parezca lo contrario) más fácil de realizar que la otra reforma absolutamente necesaria: la reforma teológica.

Para hablar con propiedad, no puede existir una reforma teológica, ya que Dios es inmutable. Pero sí conviene mencionar que el Concilio Vaticano II propuso una serie de ideas tendentes a modernizar la Iglesia que si bien han apoyado todos y cada uno de los papas posteriores, no cabe duda de que están sustentados en valores cuanto menos discutibles. Por ejemplo, el concilio Vaticano II hace enorme hincapié en la idea del Ecumenismo, es decir, la búsqueda de elementos comunes en todas las religiones con la idea de crear una especie de organismo suprarreligioso que si bien no sería una religión trataría de hacer un trabajo similar al que hacen las Naciones Unidas en el mundo, esto es, hablar, dialogar, condenar a quienes no cumplan con los preceptos, etc. Sin embargo, esta paz religiosa da pie a un "pacto de no agresión" en el cual se entiende que el apostolado de todas las religiones es entendido al menos en parte como un apostolado muerto, que ya no tiene más sentido más allá de un cuidado de ovejas descarriadas en zonas inhóspitas o personas desatendidas por otras religiones del lugar.

En cualquier caso hay un hecho todavía más importante, si cabe. ¿Garantiza el Ecumenismo la salvación del alma? Es curiosa la respuesta de la Iglesia. Y digo que es curiosa porque aunque fue dada por un Papa, el cual es infalible en cuestiones teológicas, es ante todo inconsistente con la propia Biblia. El Concilio Vaticano II no llega a dejar claro qué ocurre si un hombre "santo" de otra religión muere sin ser bautizado en Cristo o participar en el seno de la Iglesia Católica. Lo mismo para cualquier otra religión en relación a personas que no profesen la religión. La respuesta del Concilio Vaticano II es que la bondad y la fe en Cristo es mucho más importante que la pertenencia a un grupo determinado pero... ¿cómo puedo tener fe en Cristo si soy musulman?¿Un buen musulmán puede llegar a ir al cielo cristiano?

Hasta no hace mucho, existía el limbo para estas almas buenas que no iban al cielo por no estar bautizadas. Sin embargo, el siglo XX  comenzó a ver esta figura del limbo como algo peligroso en su propio concepto, ya que elevaba a "posible canditado a cielo" a un asesino  cristiano arrepentido y sin embargo condenaba eternamente al limbo al no bautizado. Aunque parezca lo contrario, esta actitud ecuménica es si cabe mucho más triste, falsa y peligrosa que la actitud de condenar a un neonato muerto a un "pequeño infierno".

La razón es simple. Si la salvación nos la da Cristo o la fe en Cristo y sin embargo se salva un alma buena no cristiana, ¿qué sentido tiene la fe en Cristo para salvarse? Seamos buenos y budistas y así llegaremos a salvarnos cristianamente. Esto no puede ser y los propios cristianos, el Papa el primero, deben ser conscientes de la necesidad de reformas del Catolicismo, a un Catolicismo más puro, más primitivo, más creyente... El Cristianismo no tiene que ser una religión de imposición, sino una religión de opción. Creer en Dios debe ser sinónimo de vivir en la fe y en la idea de salvación.

El Papa Francisco, por el momento, ha entendido que un Papa moderno no es lo que necesitan los jóvenes, sino un Papa que asuma al rol que muchos padres no han sabido asumir: el rol de la madurez y de la ayuda y el acogimiento. El Papa Francisco también debe entender que hay que insistir a otras religiones en el valor tan enorme que tiene que el Hijo de Dios sea el Cristo al que seguimos todos y que seguir no a un profeta de Dios o a un virtuoso del dolor nos salva, sino seguir al mismo Dios hecho carne. Esto no significa o no debería significar un enfrentamiento con otras religiones. Al contrario, se trataría de proponer a todas las religiones un giro al cristianismo, cada vez de manera más profunda. No un Ecumenismo, sino un Cristianismo opcional, abierto al diálogo, abierto al público, sin miedo y sin tópicos.

Es necesario salvar a esta Iglesia y creo que de momento podemos decir que seguirá sana y salva mucho tiempo.

miércoles, 12 de junio de 2013

Clonación humana

Llevaba ya algún tiempo sin escribir. La verdad es que había muchas razones para no escribir, entre otras que no había nada que escribir. Pero insisto, no era la única.

No hace mucho se comentaba la noticia de que se había podido clonar mediante la técnica de la oveja Dolly el primer estado de un embrión humano. La técnica es sencilla: se extrae de un óvulo la carga genética del mismo (su ADN), se incorpora ADN de un individuo ya vivo y entonces el óvulo detecta que hay dos parejas de cada cromosoma y por tanto el óvulo está "fecundado". A partir de ahí, el óvulo se desarrolla como cualquier óvulo fecundado de manera natural.
 
He aquí que ya sabemos cuál es la manera de conseguir ejemplares idénticos de un mismo individuo de una especie. Esto incluye al ser humano. La cuestión es entonces si sólo se trata de una cuestión científica (algo así como "hemos sido capaces de alcanzar nuestro objetivo") o se trata de una cuestión económica o práctica (algo así como decir que "ahora tenemos un descubrimiento al que hay que encontrar una aplicación").

(Bio)ética. He aquí la clave del problema y de la discusión. Partamos de la base de que todo lo que afecta al ser humano es siempre visto de manera suspicaz, sobre todo si afectan al concepto religioso del individuo o de la especie. Con concepto religioso no sólo incluimos a las religiones mayoritarias, sino también a los seguidores de creencias naturistas. ¿Pero cuál es la respuesta?¿Es realmente ética la clonación humana?¿Es ético crear personas genéticamente iguales en una especie de eugenesia global?

No pretendo entrar en polémicas inútiles. El ser humano debe ser ante todo un ser libre, tan sumamente libre que no debe tampoco establecerse sus características genéticas de antemano. Este sería el auténtico pecado: la falta de libertad genética.

Pensemos ahora mismo en el ser humano en su conjunto. ¿Cuáles son los genes más favorables? Podríamos pensar, a priori, que los genes que nos otorgan una mejor condición física o intelectual serían a priori los mejores genes. ¿Pero qué ocurriría si las condiciones planetarias cambiaran? Condenaríamos quizá al 100% de la población humana al desastre. O quizá no. Es decir, no podemos conocer el futuro con claridad y por tanto ser genéticamente iguales, como le pudiera ocurrir a las amebas u otros organismos unicelulares podría ser algo desastroso.

Por otro lado, no se puede garantizar al 100% la dotación genética idéntica de los individuos. La razón es bastante simple: las condiciones ambientales pueden generar mutaciones detectables o indetectables que realmente produjeran individuos bastante diferentes. Además, la clonación no permitiría más que la existencia de un sexo. Esto podría parecer algo trivial, ya que... ¿para qué una reproducción sexual si hay reproducción clónica? Sin embargo la reproducción sexual tiene bastante más ventajas que la clonación. En primer lugar porque la clonación del individuo, ya sea macho o hembra, trae como consecuencia la generación de un macho o una hembra de la misma genética. Esto significa que no podemos cambiar, por ejemplo, el comportamiento inherente del macho o la hembra, tanto en su faceta física como en su faceta intelectual. Además, partimos de la base de que un individuo que hoy consideráramos genéticamente perfecto en alguna característica personal (por ejemplo, la inteligencia de Einstein) no tendría que ser la mejor o la única combinación de genes para la inteligencia. ¿Era más inteligente Mozart o Einstein?¿Quizá Galileo o Leonardo?¿Marie Curie o Platón?

Lo cierto es que la clonación no tiene, aunque se pudiera, un fin lógico de eugenesia. La Historia ha demostrado que cuando Newton había llegado a ser el más laureado físico, Einstein lo despojó de su título y llegará (si no ha llegado ya) el humano que dejará a Einstein empequeñecido. Es la propia evolución del ser humano.

Otra cosa bien distinta es el pensamiento comercial de la clonación. Desde el principio de los tiempos hemos pensado en nuestro otro yo. Es un concepto tan básico como el de "media naranja". Necesitamos sentirnos comprendidos y, ¿quién mejor que nosotros mismos para ser comprendidos? Sin embargo, por su propia definición, el individuo es único en su especie. No importa que haya un clon de nosotros mismos, ya que de alguna manera nosotros seríamos al mismo tiempo clon de nuestro clon. ¿Por qué razón, salvo por la edad, diríamos que ese otro ser no es uno mismo desde el punto de vista genético? Sin embargo, la experiencia nos demuestra que esta idea romántica pronto se cae por su propio peso. No hay que ver más que el caso real de clonación natural: los gemelos idénticos. Estos hermanos, a pesar de ser idénticos, tienen su propia personalidad, caracterizada por la interacción del entorno con ellos mismos. ¿Acaso no conocemos a hermanos gemelos con personalidades dispares?¿Quién es tan simple de pensar que un clon nuestro no sería sino un ser humano completamente distinto a nosotros, salvo en apariencia?¿Acaso los que nacimos en el siglo XX seríamos capaces de pensar que un clon nuestro del siglo XXI no tendría una personalidad y conocimientos completamente distintos a los nuestros?

Dejenme que les diga, como conclusión, que no hay mejor manera de perpetuarnos que a través de nuestros hijos y que clonaciones, a no ser que fueran con fines claramente terapéuticos, en el primer estadio celular, cuando ni siquiera pudiera hablarse de individuo, no tendrían cabida en una sociedad mentalmente sana. Es más, crear seres humanos embrionarios con el propósito exclusivo de matarlos posteriormente para nuestro propio beneficio no es más que una atrocidad. Muchos médicos y especialistas ponen como límite una serie de divisiones celulares del cigoto primitivo. Ese concepto no debe entenderse así. No se trata de poner un límite temporal o físico, sino de poner un límite objetivo. Centrándonos puramente en la teoría de la evolución. ¿En qué momento deja de parecerse un embrión humano de un embrión de pollo, de perro o de mono? He aquí donde puede hablarse de ser humano. No podemos entender que un conjunto de órganos humanos (como ocurrió recientemente en el Salvador con Beatriz) sea un ser humano, si le falta el cerebro o el corazón. Insisto, si en algo se equivocan todos los científicos es en fijarse en qué momento se puede hablar de "ser humano" o "células". Hay que fijarse en ¿en qué momento el recien nacido deja de tener forma de ameba, o de pez o de pollo? Mientras tanto, es una ameba, un pez o un pollo cualquiera.

miércoles, 27 de marzo de 2013

La Semana Santa desde otra óptica

Otro año más viene la semana más importante de la vida del cristiano. Esta vez, además, acompañada de la presencia de un nuevo papa.
 
Resulta francamente curioso que esta fecha antaño tiempo de reflexión e introspección cristiana ahora se muestre un tiempo de expectación por las vacaciones. Pero ése es otro tema. Hoy me gustaría ver la Semana Santa desde el riguroso lado de la ciencia.
 
La Pascua coincide, desde tiempos centenarios de tradición judía, con la primera luna llena de primavera. Este hecho convierte a la Semana Santa en una fecha arbitraria, que cambia anualmente en una horquilla de aproximadamente 6 semanas. Así la semana Santa como mínimo comienza un día 13 de marzo como Viernes de Dolores y termina como muy tarde un día  25 de abril como Domingo de Resurrección.

Comúnmente ha existido en épocas recientes, y más aún desde que comenzó el fenómeno de la globalización, el caso de que la Semana Santa puede provocar una serie de incompatibilidades de tipo económico entre diversos países y culturas, similarmente a como lo hacen los husos horarios. En cualquier caso, se han propuesto varias alternativas para intentar superar esta situación temporal.

El cálculo de la Pascua (Domingo de Resurrección) es como sigue:

- La Pascua siempre es en domingo.
- No puede coincidir nunca con la Pascua Judía
- El día de Pascua debe ser el siguiente domingo al primer plenilunio de primavera.

Por tanto, de aquí se deduce que el día mínimo en que puede ocurrir una Pascua, considerando que el 21 de marzo es el equinoccio de primavera, es el 22 de marzo. En este caso:

- Primer día de primavera: 21 de marzo
- Primer plenilunio: 21 de marzo
- Si el plenilunio cae en sábado: Pascua el 22 de marzo (domingo).

Nótese que no puede ser el 21 de marzo domingo, ya que la Pascua Judía coincide siempre con el día de plenilunio y por tanto, en caso de coincidir el plenilunio el 21 de marzo, la fecha se traslada al siguiente domingo, para no coincidir ambas fechas (es decir, al día 28 de marzo).

En cambio, si el día 20 de marzo hubiera sido plenilunio, la fecha de Pascua se trasladaría, considerando que la luna tiene 29 días de ciclo, al 18 de abril, que en caso de ser domingo nos llevaría al 25 de abril como fecha de Pascua para evitar que coincidiera con la Pascua Judía.

Así resulta fácil la explicación de este otro "misterio pascual".
 
 
 

lunes, 18 de marzo de 2013

Habemus Papam II o el Papa Francisco, un papa bueno.

Quería esperar un tiempo antes de escribir sobre el tema. El nuevo Papa es un papa atípico. Era necesario esperar unos días antes de emitir juicios sobre el nuevo pontífice, a pesar de que ya mucho está dicho.
 
Francisco exteriormente tiene muchas diferencias con los papas anteriores: es argentino, el primer papa del Nuevo Mundo. Esto imprime carácter. Pero también es un papa distinto interiormente: comenzando por su nombre, haciendo un guiño a San Francisco de Asís, el santo que predicaba pobreza, el nuevo Papa Francisco insiste mucho en este punto: volver a ser la Iglesia de los pobres.
 
Desgraciadamente tenemos poca y corta memoria. Benedicto XVI sigue vivo y sin embargo en los corazones de muchos se presenta a Francisco como un papa que llevara meses o años. Si bien es cierto que Francisco está aglutinando las mejores críticas del momento, esperemos y roguemos a Dios que no sean sólo el fruto de una euforia puntual propia de la novedad sino que sea  la línea rigurosa de todo su mandato, como según parece así será.
 
Benedicto XVI pasará a la Historia como un papa intelectual. Es cierto que no se le ha valorado tanto como debiera. Ha contribuido a formar las bases propagandísticas de la nueva Iglesia. Benedicto XVI ha sido, ante todo, un papa culto, un consumado teólogo, lo que vendría a ser más o menos lo que es un reputado científico en su campo. Cierto es que los científicos por lo general no contribuyen a mejorar el bienestar de las personas, pero sientan las bases científicas para que posteriormente ingenieros o inventores sí que realicen objetos o métodos que mejoren el bienestar.
 
Francisco ahora tiene la tarea de inventar la Iglesia a través de los descubrimientos teológicos y de la parcial reorganización de las instituciones eclesiásticas de Benedicto XVI.  He aquí donde el Papa Francisco ha comenzado con muy bien pie. Ha entendido perfectamente que la Iglesia debe volver a encontrarse con el camino perdido de los evangelios.
 
Hay quien dice que el Papa ha sabido entender la nueva situación de la Iglesia. Esto no es cierto. Los cardenales, cuando lo eligieron, sabían perfectamente que este papa no necesitaba entender nada, ya que él es así. Es muy diferente que uno al llegar a un nuevo puesto de responsabilidad cambie su forma de ser (por lo general es así) a que esa misma persona sea así y al llegar al poder siga comportándose así. Este es un acierto no del Papa, sino del colegio cardenalicio. Al escoger entre los candidatos a aquel que no tenía que fingir ni dejar de ser quien era, se fomentaba abiertamente el espíritu de buena concordia en el seno de la Iglesia. En este sentido, hemos de admitir que Benedicto XVI cambió radicalmente la manera de pensar que tenía cuando le llamaban Cardenal Ratzinger. Si aún nos acordamos, el llamado "Cardenal de Hierro" resultó ser un señor bastante cercano y simpático en su papado. Esto, según parece, fue causado por la mala prensa que había tenido siendo cardenal. Además, la sombra de Juan Pablo II era demasiado larga y le acompañó al menos los dos primeros años de su pontificado, más que nada hasta que beatificó al anterior papa y las cosas se calmaron. Desgraciadamente Benedicto XVI sufrió del mayor mal del ser humano: el miedo. Quizá, de haber sido más joven, hubiera sido más valiente en sus reformas y de haber sido más valiente, hubiera sido distinto su papado, tanto para bien como para mal. En cualquier caso, a Benedicto XVI le falló su carácter lógico: al no entender que los ministros de la Iglesia podrían ser en sí mismos los mayores pecadores no pudo llevar reformas más contundentes y necesarias.
 
Al Papa Francisco le ocurre lo contrario: su carácter es mucho menos serio. No deberíamos hablar de que sea más carismático que su predecesor, porque eso es relegar al anterior papa al rango de títere y para nada sería justo hacer ese comentario. Sin embargo, el pueblo, por el momento, se ve reflejado en algunas de sus posturas.
 
Antes de que saliera el nuevo papa había quien me preguntó que quién debería salir como nuevo papa. Yo contesté muy claro: "El Papa ha de ser ante todo una persona buena". Esta respuesta parece obvia, pero no lo es. Lo que necesita hoy más que nunca la Iglesia (y parece que lo ha conseguido) es una persona buena. No necesita teólogos, ni políticos, ni personas que sepan 20 idiomas. Necesita bondad.
 
Jesús de Nazaret sólo sabía hebreo. Es posible que hablara algo de la lengua conquistadora (el latín) pero seguro que no era un experto. Por otro lado los Evangelios indican que sabía leer (Lucas 4, 16-21) y escribir (Juan 8,6) pero no fue un consumado autor, pues de hecho no dejó escrito ningún libro, cosa que sí hicieron sus discípulos. Si Cristo no era un experto, ¿por qué habría de serlo el Papa? Es cierto que la Iglesia que se encontró Cristo no es ni mucho menos la que existe hoy, con más de 2000 millones de cristianos. Sin embargo, no hay nada que no pueda hacer el poder del bien.
 
Recuerdo en la película de Ben-Hur que cuando Charlton Heston está encadenado y no le dejaban los romanos beber agua, al pasar por Nazaret, un joven Cristo, al cual no se le ve la cara en la película, se acerca al preso y le da de beber agua. El soldado romano se acerca violentamente a Jesús y lo reprende pero el gesto de Jesús, callado y mirándole fijamente, a lo cual el propio soldado se asusta, es el gesto que busca la Iglesia actual. Es necesario que exista hoy un hombre tan poderoso que sea capaz de poner en su sitio a muchos hombres tan poderosos como pecadores, pero al mismo tiempo lo haga con la dulzura y bondad de un buen cristiano. Eso no requiere de ciencia, sino de fe y de un don de Dios, el don que sólo se le confiere a los santos.
 
El Papa Francisco es bueno ante todo. Por supuesto es humano y como buen humano puede tener opiniones, pero lo auténticamente importante es que sin salirse de los preceptos rígidos de la Iglesia sea capaz de transmitir esa bondad que espera el pueblo.
 
Ahora sus detractores quieren echar por tierra su bondad. Colaboraciones con Videla, nunca demostradas, o más recientemente su oposición al matrimonio homosexual no son más que cuestiones que merecen un aplauso. Nadie es malo por rechazar lo que no es bueno. Es más, si cabe, para evitar discusiones estúpidas, nadie es malo por rechazar lo que no es ni bueno ni malo. La homosexualidad está ahí, es un hecho innegable. Sin embargo, la oposición de la Iglesia, la cual no es incorrecta aunque quizá sí poco acertada políticamente, no significa que se niegue lo evidente sino que se niega que esa opción de vida sea acertada. La Iglesia, como ocurre con tantos otros temas polémicos, no puede aceptar principios errados de los seres humanos, no admisibles ni por la más pequeña lógica. Aún así, el Papa Francisco considera errados sus comportamientos pero no imperdonables. La Iglesia, ante todo, debe saber perdonar. He aquí otro de los principios que hacen y harán de este papa todo un símbolo.
 
Eso creo yo: hemos dado con el Papa Bueno. Un papa que devuelva la fe y demuestre con hechos (Mt 7,16-20: Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis). Este papa será ante todo un predicador con el ejemplo.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Habemus Papam o de la renuncia de Benedicto XVI

Sorpresa. Así se puede considerar la noticia de Benedicto XVI. No puede pensarse que la noticia sea sorprendente por la renuncia en sí misma o incluso porque se especule con una posible enfermedad del Sumo Pontífice. La auténtica sorpresa estriba en la particular situación que acontecerá en la Iglesia con la presencia de dos papas vivos.

Desde la época del Cisma de Occidente, hace ya 600 años, no ocurría algo parecido. La renuncia papal es siempre un acontecimiento extraño y motivado en la mayoría de los casos por cuestiones heréticas, usurpaciones o catástrofes en el seno de la Iglesia.

No soy quien para evaluar a Benedicto XVI y su labor en la Iglesia. Eso tendrá que hacerlo la Historia. Lo que sí puedo asegurar es que Benedicto XVI no ha sido un papa carente de carisma o un papa títere o de transición, como han querido ver algunos. Benedicto XVI lleva manejando los destinos de la Iglesia Católica incluso antes de ser Papa (como bien sabrán aquellos que conocen el pasado del cardenal Ratzinger como mano derecha de Juan Pablo II).

Es cierto que cuando Benedicto XVI subió al poder no eran las mejores fechas para hacerlo. Era demasiado mayor. Cuando uno es muy mayor, es muy sabio, pero al mismo tiempo le falta lo fundamental: la fuerza vital y las ganas de conseguir objetivos. Benedicto XVI, consciente siempre de esta situación particular suya, hizo lo humanamente posible por mantener a la Iglesia Católica por el camino recto.

Ahora se acaban sus días de papado y surge la cuestión del cambio. ¿Quién debería ser el nuevo Papa? A diferencia de otros gurús que postulan cientos de teorías y de posibilidades, pienso que la respuesta es mucho más simple de lo que algunos quieren ver. Es necesario, ante todo, un Papa que atraiga a la juventud. Al igual que pasó con Sodoma, a la que Dios condenó salvando a Lot, la Iglesia Católica y el Papa a la cabeza deben salvar ante todo a la juventud, ya que las personas mayores, o bien están salvadas o bien están totalmente condenadas. No es posible centrar el mensaje de la Iglesia en los problemas actuales sino en los problemas futuros.

Se especula con un papa negro o con un papa latinoamericano. Esa no es la solución. Repito, esa no es la solución y esa opción, simplemente, me resulta frívola y está propuesta por el morbo que provoca la superación de la línea de no retorno (como ocurrió con Obama, el cual no fue con mucho la mejor opción demócrata).

No es la primera vez que en el papado ha sido ostentado por un africano (eso sí, no de raza negra). Sin embargo, los problemas existentes hoy en día en la Iglesia no harían inteligente la elección de un papa más bien relajado o dispuesto a negociar con grupos reaccionarios dentro de la Iglesia Católica. Eso no quiere decir que un papa negro o latinoamericano vaya a establecer estos contactos, pero sí es cierto que en estos países los problemas son muy distintos a los auténticos problemas de la Iglesia. Así, la muerte por hambre en África es obviamente un problema, pero los misioneros son, sin duda, la rama de la Iglesia que mejor está y más simpatías recibe de la sociedad. Es la otra muerte de hambre, la muerte espiritual, la que debe preocupar a la Iglesia Católica actual.

Es necesario, ante todo, no combatir el mal que acecha a la Iglesia desde el ataque a los mayores (es decir, políticos influyentes, gente famosa, intelectuales, etc.) sino combatirlo a través de las bases. Es cierto que quizá los niños y los jóvenes son las personas que menos pueden influir en la sociedad, pero sus espíritus están dispuestos a luchar por lo que es justo. Son ángeles en potencia. El nuevo Papa debe ser capaz de conquistar el corazón de los jóvenes y hacerles creer de nuevo, tener fe de nuevo, tener fe por el amor verdadero, tanto en Cristo como en la persona humana. No se necesitan teólogos o grandes oradores en estos momentos. Tampoco se necesitan reaccionarios o Papas dispuestos a tirar de las orejas al gran público. Lo absolutamente necesario es recuperar el espíritu de San Juan Bosco, el espíritu del encuentro de los niños con Dios. Si algo puede Dios es luchar contra padres incrédulos, contra poderes ateos, contra el Mal, con mayúsculas. Pero hasta Dios requiere de ayuda humana y brazos dispuestos a enseñar a los niños no sólo que Dios nos quiere o que es un hombre bueno que salvó la vida por nosotros. Lo que quieren los jóvenes es una Iglesia implicada con ellos, que tenga respuestas para cuestiones básicas como "¿por qué tengo que guardar el celibato hasta el matrimonio?", "¿Quién me prohíbe hacer lo que me dé la gana?", "¿Por qué respetar la autoridad?".

La Iglesia es la representación del Pueblo de Dios en la Tierra y ese Pueblo requiere de un líder que los mueva. Esa ha de ser la misión del Papa, ser el buen pastor que guíe a su grey. Y si hay ovejas descarriadas, no se puede apelar a que las otras ovejas tiren de ella. Ha de ser el propio pastor el que con cuidado, pero con firmeza, devuelva a la senda correcta a su pequeño cordero.

Suerte, amado Benedicto. Saludos, tiempo nuevo.

jueves, 27 de diciembre de 2012

¿Qué nos queda de la Navidad?

¿Qué nos queda del auténtico concepto de la Navidad? Muchos afirman y afirmaron que el consumismo y el capitalismo han acabado con el auténtico espíritu navideño. Copiosas comidas, regalos caros, adornos exagerados... Hay quienes afirman que nada de eso es lo que predicaba Cristo y que la Iglesia, los curas y el Papa, entre otros, no hacen nada por dar una imagen real y cercana de la postura de Cristo, que no era otra que la de la pobreza.

Quizá esto pudiera parecer lo correcto, pero es a todas luces incorrecto, entre otras cosas porque Cristo nunca predicó nada sobre la Navidad. En ningún evangelio Cristo habla de su propio nacimiento ni instituye fiesta alguna, salvo la eucaristía que celebró el Jueves de Pascua, consistente, como todos saben, en tomar el pan y el vino. Esto tendría que servir para entender que no fueron otros más que los primeros cristianos los que instituyeron la fiesta, al igual que muchas otras fiestas religiosas cristianas, como son la festividad de Reyes Magos o el Corpus Christi.

La Navidad fue instituida por la Iglesia Primitiva. Algunas fuentes aseguran que al carecer de datos fiables sobre el mes y día que nació Jesús, los primeros cristianos y fundamentalmente los nuevos conversos romanos adoptaron como día de nacimiento de Jesús el 25 de diciembre, fiesta que coincidía con la festividad del Sol Invicto, una tradición pagana. Es posible, aunque no confirmado por documento histórico, que ésta fuera la razón principal, sobre todo para respetar en cierto modo tradiciones más antiguas, tal y como hicieron los españoles en América con los ritos paganos de incas y aztecas.

Lo que sí es cierto es que, como ocurre con casi todo, se tergiversa el significado y el significante de la palabra Navidad, así como su origen y su rito. La Navidad primitiva era una fiesta, un jolgorio, basado en el éxtasis de conmemorar que un dios vivo había nacido tal día como ése. Por tanto, es del todo plausible que, como ocurre hoy, hubiera fiesta y también un rito en el propio recinto religioso, más austero pero igualmente festivo.

El caso es que hoy más que nunca se critica esta festividad cristiana, a la que tachan de carente de sentido y sobre todo como una fiesta hipócrita, alejada del significado primitivo. Nada más lejos de la realidad. Quizá hoy se parezca más la Navidad a lo que era primitivamente que lo que se pareciera la Navidad del siglo XV. Fiesta y felicidad por el nacimiento de Dios.

Es evidente que habrá quien pronto quiera reprochar que el ciudadano actual no celebra dicho nacimiento sino que para él se ha convertido en fecha de compras compulsivas y día de borracheras, sin significado religioso ninguno. No estoy de acuerdo con esa afirmación. Podría demostrarse que lo segundo, las borracheras, han sido comunes en todos los tiempos y que si bien la forma ha cambiado, el fondo sigue siendo el mismo: fiesta. Que la fiesta carezca de sentido religioso tampoco es cierto. Habrá quien no vaya al templo o quien no crea en Dios, pero con que crea en el sentido de la misma fiesta es suficiente. Si un comunista ateo se sienta a la mesa a celebrar con sus hermanos una cena con la excusa de que en el trabajo le dieron libre el día de Navidad, ya sería suficiente. Sin saberlo, Dios lo engaña. El primer deber del cristiano o del ciudadano en general es no tener rencillas con el prójimo (Mateo 5:23, 24, “Por tanto, si has traído tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces vuelve y ofrece tu ofrenda”).

¿Y el consumismo? Es cierto que los primeros cristianos, entre otras cosas porque la gran mayoría eran pobres, no conocían lo que hoy llamamos consumismo. Sin embargo, habría que analizar si existe una auténtica relación entre consumismo y Navidad. Si bien es cierto que una parte importante de los negocios ven un aumento de su facturación en Navidad, eso no se debe a la propia fiesta en sí, sino a la actitud de los compradores. Si bien la tradición cristiana ha sido siempre la de hacer un pequeño regalo, dando a entender que el que regala quiere hacer feliz al que recibe, esto no puede interpretarse como un incentivo al consumo extremo. Estoy de acuerdo en que la tergiversación de la propia fiesta puede hacer pensar que el objetivo de la Navidad es el de recibir o regalar el regalo más caro, pero no puede acusarse a la Iglesia de haber fomentado dicho comportamiento en el consumidor.

Es cierto que la Navidad de ahora no es como la de antes, pero no por un consumismo extremo o un desinterés creciente en la Iglesia o en la figura de Jesús, sino más bien por una actitud negativa de la propia fiesta en los ciudadanos más influyentes (entre ellos periodistas y políticos). La Navidad no puede ser entendida como un tiempo de pesimismo, de negación y sobre todo como un tiempo impuesto por poderes terrenales que tratan de engañarnos en nuestra apreciación de la realidad. La Navidad debe entenderse como un tiempo de fraternidad, incluso de fiesta si se quiere, pero no como un tiempo de obligaciones con el prójimo (regalos, por ejemplo). Y mucho mejor se entenderá si encima todo esto se riega con algún nacimiento real.

lunes, 24 de septiembre de 2012

¿Estuvo Jesús casado?

Los interrogantes sobre Cristo son muchos y variados. No en vano, la mayor parte de su historia está basada en escritos de discípulos o de sus seguidores. Se ha llegado a admitir que incluso Cristo podría haber sido uno de los primeros fraudes a gran escala de todos los tiempos, al caber la posibilidad de que inclusive la figura de Jesús de Nazaret no hubiera existido realmente (es decir, hubiera sido un producto de la imaginación de algún judío con el ánimo de lucrarse).
 
A este respecto, no cabe ninguna duda a prácticamente el 100% de los historiadores que efectivamente hubo un hombre llamado Jesús, natural de Nazaret, que actuó como rabí en Jerusalén e instituyó un grupo de adeptos a sus enseñanzas. Esto se debe a que aunque no hay muchos documentos, existen fuentes históricas no evangélicas al respecto (Flavio Josefo, Suetonio) que lo mencionan, confirmándose que existió tal personaje más allá de una simple invención judía. No obstante hay quienes aseguran que de haber existido tan gran maestro los documentos, tanto oficiales romanos como judíos, habrían sido más extensos y no meras menciones. A esto puede oponerse un simple comentario: un rabí judío, entre los muchos cientos de ellos que pululaban por Judea, no merecía más mención en los documentos públicos romanos de la época. Nadie fue capaz de pronosticar que aquel simple hombre, hijo de un carpintero, iba a ser una figura de tal transcendencia.

Ahora, nuevamente, surge otro de los grandes debates acerca de la figura de Jesús. Para muchos es completamente ilógico que Jesús no hubiera tomado esposa, pues habiendo él mismo santificado el matrimonio en las bodas de Caná, se estaría contradiciendo. Además, los evangelios indican que Jesús tuvo estrechas relaciones con mujeres, y no con cualesquiera, sino incluso con prostitutas y otras mujeres de baja ralea.

El caso es que no disponemos de otras fuentes que no sean las propiamente cristianas para aclarar este punto. El problema es que recientemente una paleóloga de Harvard dice haber descubierto un manuscrito del siglo IV en el que se puede leer claramente que Jesús habla de "mi mujer".

La tradición cristiana es clara al respecto: Jesús nunca estuvo casado. Entonces, como siempre, ¿qué pensar?

En estos casos hay que acudir a la fe y sobre todo a las enseñanzas de los diferentes evangelios y del paleocristianismo. Precisamente, el siglo IV fue un siglo muy convulso en el seno del cristianismo (no en vano, durante el siglo IV se celebró el Concilio de Nicea). No sería de extrañar que las numerosas sectas cristianas que nacieron en los primeros siglos del cristianismo y que trataron de conciliar una doctrina común en Nicea tuvieran en algunos casos ciertas teorías sobre la naturaleza de Jesús, su parentesco y su matrimonio.

El caso es que muy pocos creyentes actuales son conscientes del gran problema que ocurrió antes del gran Concilio. Eran tantas las sectas y doctrinas que prácticamente no existía una opción mayoritaria, a no ser el arrianismo, que finalmente fue declarada doctrina herética. Este concilio sentó las bases, sin embargo, de lo que es actualmente el Cristianismo y quedó reflejado en el famoso credo nicénico, que los católicos rezan, en su versión antigua o moderna, en toda celebración litúrgica.

En la mayoría de las fuentes cristianas no se hace referencia a ninguna esposa de Jesús. Tampoco lo niegan, pero resulta bastante curioso que en casi todos los actos públicos de Jesús aparezca la figura de la Virgen María y no la de su hipotética esposa. Muchos han especulado con que la Magdalena fue esposa de Jesús (entre ellos Dan Brown en El Código Da Vinci) pero eso es afirmar algo que no aparece en los escritos. Además, no hubiera pasado desapercibido este detalle, sobre todo cuando Jesús, al resucitar, se aparece a las mujeres. De haber sido la esposa, ¿cómo no se hubiera mencionado en las escrituras "y se presentó a su esposa"?

Por las diferentes enseñanzas y comentarios que hace Jesús a lo largo de los evangelios, podemos asegurar con muy pocas dudas (como hicieron los Padres de la Iglesia) que Jesús no tenía familia (es decir, mujer e hijos). Jesús es consciente del papel que viene a jugar en este mundo. Jesús además sabe que va a morir y quiere ahorrar ese sufrimiento a su descendencia. Además, Jesús, insta a Pedro y Andrés a abandonarlo todo y a seguirle, ¿qué tipo de líder espiritual de la talla de Jesús habría indicado a unos humildes pescadores a abandonar a su familia si él hubiera mantenido una familia propia?

A todo esto, incluso a modo de chiste, se podría opinar que a ver quién conoce a un hombre casado cuya mujer no le discuta sobre sus salidas, sus viajes y sus amigos, cosa que Jesús, tal y como marcan las escrituras, hacía prácticamente a diario. Jesús además vivía sin trabajar y de la caridad, ya que abandonó su trabajo para predicar. Esto no hubiera habido esposa que lo hubiera consentido.

Bromas aparte, hay un pasaje del evangelio que parece que lo aclara todo: "hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el reino de los cielos". En este pasaje queda admitido que el propio Cristo reconoce que el mejor servicio al reino de Dios se hará desde el celibato. Por tanto, ¿cómo estaría casado el propio Hijo de Dios?

Hay que admitir que quien quiere sembrar polémica en estos asuntos puede hacerlo. Es como querer demostrar que aun existiendo pruebas genéticas, es posible que nuestros padres no sean nuestros auténticos padres, ya que el método no es 100% fiable. En el caso de los evangelios el resultado es claro: cuanto más nos alejemos de los escritos del primer siglo de la Era Cristiana, menos datos objetivos se tienen y más datos de la tradición oral. Es muy probable que en el siglo IV muchos de aquellos oradores pudieran bien haber cometido errores en la narración de los acontecimientos.

jueves, 26 de julio de 2012

Stephen Hawking y las serias dudas sobre la existencia de Dios

¿Dios existe? Esta es la pregunta que todo ser humano se realiza al menos una vez en la vida. ¿Qué es Dios?¿Es todopoderoso?¿Por qué no se manifiesta o cuando lo hace es de una manera sutil o inescrutable?

La idea de Dios es, como ocurre con otros conceptos primitivos, intrínseca a las ideas de la raza humana. Dios ha sido durante siglos la respuesta a muchas causas tanto naturales como sobrenaturales. Incluso los mismos escolásticos consideran a Dios como la primera causa de todo.

También ha ocurrido que, durante siglos, unos pocos visionarios fueron dando explicaciones alternativas a la idea de Dios o la magia. Estas explicaciones provenían de la ciencia. A medida que la ciencia fue avanzando, los hombres fueron descubriendo fenómenos y a su vez leyes que explicaban de una manera lógica esos fenómenos que en principio podrían parecer cosa de magia o de una divinidad. Podemos poner muchos ejemplos, desde la explicación de los eclipses y su pronóstico o la impresión que causa una tormenta. En cualquier caso, el talento de los seres humanos hizo disipar las dudas sobre estos fenómenos, que no son más que efectos de puras causas físicas.

Los científicos de los siglos pasados, sobre todo desde Galileo y Newton, se enfrentaron al poder de la Iglesia, afirmando categóricamente que algunos pasajes de la Biblia no podían ser considerados como verdaderos o al menos no como totalmente verdaderos. Había discrepancias sobre lo dicho y lo observado en el tiempo. Finalmente, después de muchos años, Darwin con su teoría de la evolución y el descubrimiento de la datación por estratos acabaron de apuntillar la interpretación literal de los versículos de la Biblia. Así, Dios no creó a los seres vivos acabados, sino que estos mutan, evolucionan o desaparecen según criterios de selección natural. Dios tampoco creó el mundo en el año 5000 a.C., sino que existen datos de capas terrestre de más de mil millones de años.

El concepto de Dios y Dios mismo estaba más acorralado que nunca. Sin embargo, ese principio de los escolásticos de que tenía que haber un primer móvil y que alguien tuvo que crear el mundo (es decir, un mundo no puede salir de la nada), seguía (y sigue) más que vigente. Kant en la Critíca de la Razón Pura, en sus antinomias, admite que entendiendo que hay dos realidades bien documentadas como son la física y la metafísica, es imposible que por medio de una podamos conocer la naturaleza de la otra (es decir, no es posible conocer a Dios por principios físicos ni conocer el mundo sensible mediante la metafísica). Conclusión: existen antinomias (o paradojas) sobre ciertos aspectos del mundo (entre los que destacan la existencia de un creador y un comienzo del mundo). Merece la pena tratar de entender los argumentos de Kant en aquel libro, ya que son las preguntas esenciales del ser humano. Eso lo dejaremos a la curiosidad del lector.

Stephen Hawking, en su libro Breve historia del tiempo, argumentaba que Kant había supuesto en aquellas dos antinomias ya nombradas, que el universo podía y no podía tener un principio, siendo ambas hipótesis válidas, ya que existe un tiempo infinito a partir de cualquier suceso (incluido el principio del universo). Sin embargo Hawking, co-creador de la teoría del Big-Bang, demostraba que Kant no tenía razón en este punto, al no existir el tiempo antes de la creación del mundo. Entonces, ¿qué era lo que existía? Pues nada. Y nada es nada. Quizá, ni siquiera Dios.

Esta pregunta se la hacía Hawking en aquel libro, hace ya décadas. Sin embargo, en aquel mismo libro, señala que la teoría del Big-Bang no invalida la existencia de un creador del mundo, sino que marca un momento exacto en que lo hizo. Aunque él no lo menciona, esta postura es totalmente deísta, ya que Dios crea pero luego no interviene en el mundo (cosa un poco extraña en un ser "todopoderoso", ya que.. ¿por qué no querría participar en él?). Recientemente, Hawking demostraba en su último libro que Dios no existía de acuerdo a los principios físicos. Es más, tras años de investigación llegaba a una conclusión, totalmente demostrable, de que no era necesario disponer de Dios para crear materia o energía, sino que de la misma nada aparecían cosas. Esto, que pude sonar a magia, está recogido en los principios de la mecánica cuántica, en los que las cosas muy pequeñas se comportan de manera muy extraña, como puede ser la existencia de una misma partícula en dos sitios diferentes, la desaparición de partículas o la aparición espontánea. Esto se debe a que no es posible conocer el mundo microscópico sin interferir en él, ya que un pequeño fotón de luz es capaz de alterar tan frágil equilibrio, dando estos tipos de incertidumbres.

Además, Hawking demuestra en su libro que el espacio surge de la propia existencia de la energía, de tal manera que el espacio sería energía negativa que contiene a la materia y la energía (positivas). En definitiva, se comportaría como una gran batería con una suma total igual a 0 (es decir, igual a la nada). Esto, como él bien dice, es demostrable tanto física como matemáticamente.

Hawking entonces llega a la conclusión de que si de la nada puede aparecer algo muy pequeño (y el big-bang, en su inicio, era del tamaño de estas partículas), entonces no es necesario que Dios intervenga en nada y por tanto Dios no existe. Hawking insiste en que él no quiere hacer creer a los demás otras cosas que no quieran creer, pero que este descubrimiento significaría haber acabado el conflicto entre ciencia y fe, al menos desde el punto de vista formal.

Estoy absolutamente de acuerdo con Hawking. Es fantástico el planteamiento. Sencillamente brillante (como mente brillante que es él). Brillante y lo más importante, cierto. Entonces él mismo se planteaba que de no ser necesario un creador, probablemente no exista y si no existe, ¿cómo existiría un cielo o un infierno? Sólo tendríamos, en la realidad este mundo para poder desarrollarnos y ser felices y luego, al morir, se acabó. Se acabó todo. No importará si fuimos buenos o malos, sólo si fuimos felices.

No oculto mi terror por estas palabras y estas conclusiones. Siete mil millones de almas humanas sin más posibilidad de desarrollo que este mundo. Suena trágico. Suena injusto. Suena humano, demasiado humano.


Lo que Stephen Hawking ha obviado

Sin embargo, el señor Hawking admite también que la física ha demostrado que Dios es innecesario para la creación del mundo. Esta respuesta es, para mí, insuficiente. Su argumento más crítico en su análisis de la falta de necesidad de Dios es que la mecánica cuántica demuestra que las partículas pueden crearse de la nada para posteriormente desaparecer. El propio Hawking argumenta que el tiempo y su creación es el sustento del universo, lo que evitó que aquella partícula que originó el big-bang y que surgió de la nada generara el universo. De la misma manera, Hawking argumenta que en los agujeros negros el tiempo desaparece, hasta tal punto que en el centro del horizonte de sucesos no es predecible nada, ya que las leyes físicas dejan de existir. Lo curioso es que Hawking cambia su planteamiento del pasado: para él, el horizonte de sucesos era una indeterminación (es decir, imposible de predecir sucesos) y sin embargo, ahora ya no es una indeterminación, sino la nada. Dicho de otra manera, el agujero negro es el fin del univero, como una especie de orificio del universo que lleva a ¡nada!

Tengo que reconocer nuevamente que es muy probable que Hawking esté en lo cierto, y curiosamente, como ocurre en la mecánica cuántica ¡tenga razón en las dos cosas!

De todas maneras, yo admito que esto lleva a una situación contradictoria, que el mismo Hawking debería clarificar. La primera es una obvia, que probablemente al lector ya le haya surgido: ¿por qué aquella partícula que creó el universo explotó? O incluso una menos intuitiva: ¿es posible que no hayamos sido "el primer universo de la historia"? (Entendiendo claro está, la manera intuitiva del ser humano, porque Hawking diría: ¡Nunca hubo un "universo anterior", pues entre universo y universo no había tiempo!). A estas preguntas puedo responder incluso yo fácilmente: se trata de estadística. Quizá se creó de la nada trillones y trillones de partículas antes de la partícula del big-bang. Es como jugar a la lotería: nuestras posibilidades son nulas, pero siempre le toca a alguien, porque en suma, las probabilidad de tocar son altas.

En cualquier caso surgen otras preguntas quizá no tan encaminadas al big-bang sino a lo que ocurrió después. Por ejemplo, ¿por qué tanta armonía en el universo?¿Cómo es posible que se generara la vida? (Es claro que de manera espontánea, como ocurrió al universo). Sigamos. ¿Por qué vida inteligente cuando prácticamente el 100% de los seres vivos son no inteligentes? ¿Por qué, incluso, siendo tan inteligentes, no somos capaces de erradicar el mal?¿Si el mal y el bien no existen, por qué condenar a criminales?

Si Dios no existe, ¿no existe el bien supremo?¿Está la raza humana abocada a sucumbir por la naturaleza?¿Cómo se explican ciertos milagros?

Estoy de acuerdo en que un universo podría surgir de la nada, pero también podría haber un creador que le diera forma o que hubiera decidido haberlo hecho de la nada en un preciso instante. Además, la mecánica cuántica es una ciencia peligrosa: si bien explica perfectamente el mundo microscópico, es imperfecta en el mundo macroscópico. Incluso, los propios científicos son incapaces actualmente de conjugar la mecánica cuántica (fenómenos microscópicos) con la ley de la gravedad (fenómenos macroscópicos). No me cabe la menor duda de que la ciencia logrará alguna vez dar con la solución, pero resulta muy extraño obviar a un ser inteligente en todo esto, cuando además, la inteligencia es algo que, como la vida, parece bastante posible en este universo.

Por otro lado, el argumento ontológico de San Anselmo sigue sin explicarse en este sentido. La idea de las cosas viene de una existencia. La idea del concepto perro proviene de la existencia de dicho ser. Es posible que yo piense en algo que sea mentira (por ejemplo, una isla paradisíaca en medio de mi ciudad), pero por pensarlo no significa que exista. Sin embargo, el concepto en sí mismo de las cosas: isla, ciudad, etc. sólo puede provenir de un conocimiento de las mismas y por tanto de una realidad. Por último, San Anselmo argumenta que el concepto de perfección, que puede ser aplicado a Dios, proviene de una realidad y además esa realidad debe existir, puesto que cuando se piensa en algo perfecto se piensa en algo acabado y existente, ya que si no existiera, no sería perfecto. Por tanto Dios existe, ya que es perfecto, y existir es más perfecto que no existir (o lo que es lo mismo, la materia es más perfecto que la nada).

Parece que el dilema entre ciencia y fe seguirá vivo. 

lunes, 5 de marzo de 2012

Dudas de fe

Se acerca ya la Semana Santa y ya comenzó el tiempo de Cuaresma y los famosos besapiés a las diversas imágenes que puebla la geografía católica. La fe en Cristo es, con los tiempos que corren, si cabe más efusiva.


Es cierta la frase esa de que "siempre se acuerda uno de Santa Bárbara cuando truena". Dejando a un lado el que se acuda o no a la misa dominical, no cabe duda de que la socidedad moderna no tiene tiempo para la fe. Quizá cuando no hay más solución nos aferramos a Dios como ese salvador que "siempre está ahí".

Y lo está.

Lo que se quiere plantear hoy no es un tributo a la figura de Cristo y a su devoción. Ni siquiera es una vindicación de lo que Dios es capaz de darnos si tenemos fe en él. Lo que vamos a definir es en qué contribuye la fe en la relación de la persona con el mundo y más aún con Dios, es decir, si la fe es fundamental.

A priori sabemos que el ser humano necesita un sólido sistema de valores donde asentar su propio ego. No es posible una existencia humana sin ningún tipo de relación, aunque ésta relación sea de tipo espiritual. El ser humano necesita estar siempre comunicado y esta comunicación puede ser bien física y humana o bien espiritual. Por este mismo motivo es fundamental tener fuertes relaciones emocionales y entre las muchas emociones la fe es una de las más importantes.

En todo caso, hoy más que hace algunos años, las personas van más a misa, acuden más a la Iglesia o hacen uso de conjuros, magia u otras artes adivinatorias e invocativas. La fe en que puede ocurrir algo mágico, sorprendente o que nos librará del mal es muy alta. Sin embargo, la fe en los políticos, en los amigos o en la sociedad está más baja que nunca. Resulta por tanto paradójico que lo que empíricamente sea lo que realmente nos ayudará a superar la crisis sea en lo que menos fe tengamos.

Tener fe en Dios es algo altamente aconsejable. Dios es un concepto de bondad y poder en sí mismo y por tanto creer en su poder milagroso es muy positivo para nuestra mente y nuestra frustración. Lo que ya no es tan positivo para la mente es entender que Dios nos salvará de la situación actual, bajando desde el cielo y haciendo el milabro. Eso puede que sea cierto en el caso de los santos, pero no entre personas normales. Salvo, insisto, milagro, el poder de Dios no va a quitarnos el dolor, la frustración o la falta de trabajo.

Entonces, ¿es inconsistente lo anteriormente escrito con la idea católica de Dios todopoderoso, bueno y realizador de milagros? En absoluto. El segundo mandamiento dice claramente que no se tomará el nombre de Dios en vano. Eso incluye todo lo relacionado con Dios o su dominio, tanto temporal como espiritual. Tomar como obligado la realización de milagros es una falta de respeto a Dios, ya que Dios no ha de demostrar su poder sino cuando él, en su infinita sabiduría, cree necesario hacerlo. No podemos hacer uso de Dios o exigir a Dios.

Por tanto, ¿cuál es la actitud del cristiano?¿Permanecer pasivo ante un Dios que nos dará mercedes cuando él crea conveniente?¿No pedir a Dios?¿Cuál es la verdadera respuesta? Erigirse en portavoz del mismísimo Dios sería algo quizá cercano a la blasfemia, pero se puede intuir qué quiere indicar Dios y la Iglesia con la fe.

Es fácil demostrar que, a diferencia de lo que marcaba Lutero y otros protestantes, la fe en Dios, en Cristo y en los Evangelios no puede proporcionar por sí misma la salvación. No es posible ser llevar una vida propia independiente, aunque sea sin hacer daño a nadie, bajo nuestra pura óptica, opinando sobre lo que está bien o mal a pesar de que se crea ciegamente en Dios o en la palabra de Dios. La fe tampoco es una garantía de obtener mercedes. La fe es sencillamente un entendimiento sincero de la grandeza de Dios y de toda la creación. Entender esto significa entender el misterio de la vida y la muerte, la fortuna, la desgracia y el triunfo. Entender que Dios, en su grandeza, es el origen de todo y creer que esto es cierto es la auténtica fe.

Es en esta situación de auténtica fe cuando la persona está libre de cualquier apego material y por tanto está cercana a concebir que su situación vital particular no es más que un reflejo de algo mucho más elevado, un proyecto universal de auténtica importancia, donde cada individuo, cada átomo, cada causa es importante.

Es también importante entender que la auténtica fe no debe nunca apartarnos de nuestros deberes vitales. No es cristiano sino budista lo que algunos grupos y prelados católicos pretenden con las personas: convertirlas en seres más espirituales. La espiritualidad cristiana, de acuerdo con los Evangelios, consiste en tomar conciencia íntima con Dios, sin que nadie sepa si somos más o menos creyentes. Es cierto que muchos individuos pueden tener dudas de fe o incluso perder la fe y la Iglesia al completo, en la misa o fuera de ella, debe hacer lo posible para encaminar al individuo a ese conocimiento completo de la magnitud de Dios pero de ningún modo puede consistir este conocimiento en un compromiso budista con la enajenación o alienamiento del individuo.

El problema está en que el cristianismo, así como la palabra de Dios, es tan complejo que se requiere un conocimiento exhaustivo de la Sagrada Escritura para poder entender la magnitud de Dios (que no entender a Dios, que como bien saben los cristianos es incomprensible e inescrutable) y cuál es la misión de Dios para cada individuo.

Llevar una vida espiritual o renunciar a los valores materiales es una concepción claramente budista. Es siempre un error que todo buen cristiano debiera evitar. Así, el mismo Cristo dice "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios". Es cierto que Cristo era de origen humilde y que él mismo limpió los pies de sus discípulos queriendo decir que ser siervo es mayor que ser señor (evidentemente en un sentido metafórico, para que fuera entendido por sus seguidores). Incluso indica que es más fácil que entre un camello por el ojo de la aguja que un rico en el Reino de Dios. Es este punto en el que muchos santos y grupos cristianos predican el voto de pobreza. Pero ese estilo de vida, aunque loable, no es más cercano a Cristo por el simple hecho de ser un estilo "en la pobreza". Lo que hay que hacer notar es que el desprendimiento de lo material es en sí mismo budista y no cristiano y que el mismo Cristo, aunque pobre, nunca dijo a sus seguidores que vivieran en la pobreza, sino que no vivieran en la abundancia (cosa muy distinta). Y quien diga que Cristo dijo al joven rico que vendiera todo y lo siguiera, debe interpretarse no como un alegato a la pobreza, sino una renuncia a lo superfluo y al culto al dinero. Incluso si Cristo hubiera predicado la pobreza no se hubiera realizado la Última Cena, ya que los Evangelios dejan implícito que Jesús es el que paga la celebración. De no entenderse así y entenderlo como un regalo o dádiva, también se podría argumentar que, salvo su ayuno en el desierto, no hay referencias ni de que Jesús o sus discípulos pasaran hambre y salvo aquella vez del milagro del pan y los peces no se hace referencia a que Jesús usara su poder divino para vivir sin trabajar.

En definitiva: la fe en Dios puede ayudarnos en la vida y aún más en estos tiempos de crisis. La fe en otras cosas, como en la magia o el horóscopo, o la espiritualidad entendida como una entrega cuasi-monástica no hará más que desenfocar y hacernos perder nuestra referencia personal y vital, salvo que el mismísimo Dios, a través de la vocación, nos señale ese camino como el de auténtico servicio a la comunidad y a nuestra vida.

jueves, 26 de enero de 2012

Encomendarse a Dios en los tiempos difíciles

Estos momentos tan complicados desde el punto de vista económico han hecho a más de uno encomendarse a la ayuda divina. Como niños perdidos, solicitamos la intervención de Dios, conviniendo que su poder nos librará de todos los males que estamos padeciendo.

Dejando a un lado, obviamente, la realidad transcendental de esos momentos, queda claro que la inmensa mayoría de las personas necesita creer en algún tipo de entidad divina que nos otorgue gracias en el presente y en el futuro, al mismo tiempo que nos proteja de todo mal. Esta creencia es inherente, como hemos dicho, al ser humano y en caso de querer ser sustituida, lo que se consigue es cambiar el objeto de culto aunque no el culto en sí. Es por ello por lo que se dice "creo en la ciencia" o "creo en la magia" o en cualquier otra cosa que nos permita mantener una conciencia mística entre el mundo y nuestras almas.

Hay una ventaja en encomendarse a Dios en lugar de encomendarse a la ciencia, al trabajo o al dinero. Incluso suponiendo que Dios no existiera, cosa que resulta más complicado si cabe que la demostración de su inexistencia, es mejor encomendarse a Dios que a cualquier otra cosa, ya que Dios simboliza el conjunto de todo lo bueno y de las buenas esperanzas. La ciencia puede demostrarnos fenómenos o creer en la riqueza nos puede proporcionar una visión mucho más realista de la vida. Sin embargo, creer en Dios proporciona una creencia lo bueno en sí y en la Justicia eterna. Este concepto de Justicia eterna es sinónimo de tranquilidad eterna: la tranquilidad de que por muchos pesares e injusticias que pasemos, un Dios padre nos va a conceder en última instancia una solución a cualquier problema.

Según Freud, la necesidad de un padre fue la causa del origen de las religiones. Este padre primitivo habría sido matado en sus inicios por los hijos varones para conseguir las hembras o concubinas del padre. Al sentirse culpables de este delito y evitando las confrontaciones entre los hermanos, idearon la imagen de un padre omnipotente que podría regresar del inframundo para castigar a los que se portaran mal. Estas ideas de Freud pueden ser acertadas, aunque esa hipótesis plantea más dudas que la hipótesis primera, que es la existencia de un Dios todopoderoso.

Encomendarse a Dios sólo puede tener buenas consecuencias, salvo cuando Dios es usado exclusivamente como un medio para obtener beneficios. Insistimos en que, incluso en el caso de que Dios no exista, encomendarse a Dios sólo como medio de obtener beneficios es un craso error, ya que estamos incluso desvirtuando nuestra propia conciencia. Creer exclusivamente cuando las cosas van mal no ayuda más que a lo que Marx llamaba "alienación". Así hubo en todas las épocas religiosos que motivaban a los fieles a ser temerosos de Dios, cuando Dios es precisamente lo contrario, es decir, amor. De esta manera, Dios se convierte en un ser al que temer cuando somos malos pero al que olvidar cuando las cosas van bien.

Hemos hablado de Freud y de Marx. Ambos no encuentran en Dios más que un medio de control de las mentes humanas. Para Freud, Dios no es mas que un invento de control mental de las pulsiones sexuales, mientras que para Marx Dios no es más que un intento de control del burgués de la mente y el trabajo del proletario. A estas dos versiones, habría que añadir la de Nietzsche. La visión de Nietzsche sobre Dios no es de invento de control exterior sino un tipo de control interior. Dios no sería más que la mala conciencia que impide el desarrollo completo del individuo (es decir, alcanzar el superhombre). No obstante, el concepto de Dios para Nietzsche no es tan radical como en Marx: Nietzsche no considera a Dios como algo que erradicar del individuo, sino que hay que eliminar de la vida lo que representa a Dios como excusa. Por ejemplo, si nuestra creencia en Dios nos va a excusarnos de dejar nuestras obligaciones porque es domingo, Nietzsche dirá que ese concepto de Dios ha de desaparecer de nuestra mente. De hecho, como recuerda Nietzsche, Cristo reprende a los fariseos que lo acusan de trabajar en domingo por curar, alegando que el buen pastor no deja de buscar a la oveja perdida en domingo, sin ser por ello trabajo u ofensa al sabbath.

Deberíamos pensar que nuestra vida son nuestras creencias y que lo más importante es creer en la verdad. Dios es la esencia de la verdad y por tanto, hablar de Dios es hablar de la verdad. Creer en la verdad sólo puede traer consecuencias buenas. Por tanto, creer en Dios nunca puede ser malo, salvo que Dios sea manipulado. Y ya se sabe qué ocurre cuando la verdad es manipulada.

viernes, 19 de agosto de 2011

Jornada Mundial de la Juventud

La llegada del Santo Padre a Madrid provocó un entusiasmo generalizado en la cara de miles de jóvenes. Llevaban días esperando que el Pontífice llegara y por fin se hicieron realidad sus anhelos.

No obstante, las noticias no han sido del todo positivas. Como habrán leído o visto, movimientos laicistas irrumpieron en la Puerta del Sol y se enfrentaron con jóvenes católicos. Esta situación, que en cualquier caso podría haber sido prevista, supuso una batalla entre policías y manifestantes.

Esta visita ha venido a ratificar dos cosas: la ruptura total del binomio Iglesia-Estado que imperaba en España desde los Reyes Católicos y la confirmación de que si bien España no es un país católico, es un país lleno de católicos.

Déjenme explicar esta diferencia, obvia por otro lado. El estado español, en su constitución, recoge que es un estado aconfesional. Esto quiere decir que no considera a ninguna religión como verdadera, aunque no condena a ninguna religión como dañina. Esta diferencia es fundamental con respecto a otros países, como Francia, que se configura como un estado laico. Esto significa que promueve la abolición de la religión. España es por tanto, un país no católico pero cuya población es mayoritariamente católica.

Este asunto no es baladí. Lo que fueron olvidando los distintos gobiernos socialistas es que España puede prescindir de la religión en época de bonanza, pero no puede prescindir de ella en época de crisis. Aunque sea muestra de un mal cristianismo, la parábola del hijo pródigo puede aplicarse a esta situación. El español, ante la miseria, corre a refugiarse y a pedir perdó al padre al que dejó de amar. El padre acepta al hijo, ya que ha recuperado a aquél a quien daba ya por perdido. La Iglesia en España actúa de igual manera: vuelve a aceptar a todo aquel que se marchó. Y muchos han vuelto, encontrando tanto el lado espiritual (la misa, la palabra, la esperanza en Cristo) como el lado material (cáritas cristianas, comedores sociales, cuidados por parte de religiosos, etc.).

La Iglesia ha demostrado siempre que en época de crisis ha sabido devolver la fe a sus fieles. Desde la época de los césares, cuando miles de pobres se agolpaban en Roma por un pedazo de pan, la Iglesia siempre ha preconizado la Esperanza Cristiana. Hay quien dice que el poder de la Iglesia está en hacer creer que existe un dios que puede hacer milagros o que puede castigar a quien se porte mal. Es bien sabido que cuando la Iglesia ha hecho uso de este mal enfoque interpretativo nunca ha salido bien parada. Esta situación dio lugar a la Reforma de Lutero y con posterioridad, el uso indiscriminado de la teología popular trajo las críticas de Marx.

Sin embargo, la fortaleza de la Iglesia es y será siempre el consuelo ante las adversidades. Dios es Amor, Dios nunca nos abandona... Este es el verdadero mensaje. Y cuando el creyente duda, aparece la figura de Cristo, un hombre que siempre creyó, incluso cuando en la cruz estaba siendo maltratado. No obstante, no sólo la fuerza de la fe ha sido lo que ha mantenido a la Iglesia en su posición hasta nuestros días.

La Iglesia ha defendido siempre a los pobres y a los oprimidos, erigiéndose como la primera organización social de la Historia. Puede que alguno alegue que esta misión sea una misión hipócrita (¿cómo se puede ser defensor de los ricos y sin embargo vivir en la opulencia?). Esto no es del todo cierto. La Iglesia Católica, a diferencia de otras organizaciones políticas y sociales, ha estado siempre constituidas por personas cultas. Nada más que para ser cura hace falta leer, porque lógicamente no se puede leer la palabra de Dios en misa si no se sabe leer. Dicho de otra manera, otra fortaleza de la Iglesia ha sido que ha mantenido la educación y la formación como un punto importante de su apostolado. Esta entorno culto tiene dos vertientes: por un lado, es cierto que un mayor control de la cultura, permite un control del pueblo (por ejemplo, amenazando con que un Dios malo vendrá a castigar los pecados); sin embargo, lo normal es que donde hay personas con altos conocimientos y con amplia cultura, ocurra precisamente lo contrario: haya gente muy implicada en hacer el bien, en conocer la importancia de la obra de Cristo y en hacer exégesis y denuncia de lo que otros religiosos menos escrupulosos hacían con sus fieles.

Lutero, el reformista; Santo Tomás Moro, San Francisco de Asís y otros muchos más religiosos fueron reformadores de los abusos que muchos clérigos hacían de sus fieles. La ventaja que existe en el seno de la Iglesia es que a pesar de ser una institución político-religiosa, sus componentes han gozado siempre de una libertad y de una capacidad de expresión muy amplia. Los cardenales, príncipes de la Iglesia, por ejemplo, no son ni uno ni dos, sino decenas, y no son elegidos por cuestiones políticas, como los partidos, sino por méritos. No cabe duda de que muchos serán más cercanos a ciertas ideologías del presente o del anterior Papa, pero sobre todo el consenso suele ser debatido. La Iglesia es una de las pocas instituciones que organiza concilios, es decir, puestas en claro de todas las tendencias para unificar criterios y no incurrir en cismas. La Iglesia cuenta además con un problema que a la vez pasó a ser ventaja para los fieles: éstos son por fe, súbditos de la Iglesia, y por nacimiento súbditos del país, lo cual siempre ha ayudado a que muchos que denunciaran abusos (como Lutero, por ejemplo) fueran protegidos por sus príncipes. Lo contrario, por desgracia, también ha ocurrido: Tomás Moro denunció los abusos del rey Enrique VIII y su condición de clérigo y protección especial del Papa no le valió contra la pena de muerte impuesta por el rey.

La Iglesia, ahora más que nunca en los últimos 20 años, está de moda. En ciertos aspectos ha demostrado que puede dar una explicación espiritual más amplia a las necesidades del ser humano que la fe en otras disciplinas más oscilantes, como son la fe en la ciencia, la fe en la magia, la fe en los políticos o la fe en el dinero.

martes, 3 de mayo de 2011

Muerte de Bin Laden

Es sin duda, la noticia del día, de la semana y compitiendo al mismo nivel que la boda del príncipe y el terremoto de Japón por ser la noticia del año. Estados Unidos anunciando la muerte del terrorista más buscado de la última década, culpable de los atentados del 11-S. Osama bin Laden acaba sus días tras un tiroteo.

Hasta aquí los hechos, únicamente confirmados por una de las partes. En todo caso hay bastantes interrogantes y secretos, como todos saben. Anuncio unilateral, ausencia de fotografías que confirmen los hechos, desaparición del cadaver (presuntamente arrojado al mar por los soldados estadounidenses)... Sin embargo no hay excusas. Es el estilo americano, como ellos dicen. Siempre ha habido secretismo en las filas políticas de los Estados Unidos de América.

¿Y ahora qué? Obviamente, todo apunta a lo mismo que en otros grupos y sociedades del mundo. Habrá una transición, un heredero, una nueva estrategia y aún faltará bastante para la muerte real del grupo terrorista. El mundo, dicen, es ahora más seguro.

Lo que sí ha sido muy curioso es que los periódicos y de hecho muchos ciudadanos se han manifestado de manera muy dispar. Por ejemplo, hay una sensación generalizada de paz, de que el mundo ahora descansará mucho mejor. De todas formas, hay quienes se han alegrado y lo celebran (caso de ayer en la Zona Cero de Nueva York) y curiosamente hay muchos que se han entristecido por la muerte del terrorista, no porque no lo mereciera, sino porque ha muerto un ser humano. Incluso con el asesino directo más grande de la Historia se tiene clemencia y piedad. Algo que, según dicen, nos hacen más humanos.

Lo cierto es que las personas se suelen alejar de las realidades y no analizan con objetividad las cosas. Me refiero a que es muy probable que nadie se haya parado a pensar lo que en otras ocasiones hemos dicho: que los terroristas han perdido su condición de personas.

No es una teoría ni una defensa política. Es una realidad filosófica y de derecho natural. Un ser humano que mata a otro puede argumentar razones de derecho, sean o no justificadas. De ahí se deduce que en una guerra, las razones pueden ser variadas y existe un protocolo estricto (firmado en la Convención de Ginebra) para dirimir disputas entre bandos. A nivel particular también ocurre esto. Un asesino que mata por dinero o por un encargo, tiene razón de derecho.

El terrorista, sin embargo, ha dejado de ser persona, por lo que no se puede tener trato de persona hacia él. No hay razones para el terrorismo. No existen. Supongamos el grupo de Al-Qaeda. ¿Cuál es la justificación? Dirán, matar al diabólico enemigo americano. De acuerdo, es una justificación aceptable. Entonces, mate usted a soldados americanos, no a civiles. El civil no representa al Estado americano. Podrían alegar que mataron civiles para robarles. Podrían alegar incluso que mataron civiles porque se lo mandó Dios. No pueden, sin embargo, alegar que matan civiles porque así destruyen occidente, ya que no es esa la razón.

¿Y cuál es la razón? Sencillamente no la hay. Por eso, el terrorista podría tratarse como a los locos. Los locos matan por matar, sin razones, o alegando razones como voces o por simple gusto, etc. Sin embargo, estos locos tienen enfermedades contrastadas. Un terrorista no es un loco, eso lo sabemos. ¿Entonces? Insistamos en la idea: es un animal. De acuerdo pero... los animales tienen derechos. Cierto, pero también se sacrifican a los perros peligrosos o a los animales salvajes o domésticos que se escapan y ponen en peligro a la población.

El hecho de que bin Laden esté muerto no es motivo de alegría ni de tristeza. Es motivo de solucionar un problema que podía matar a muchas personas. El sentimiento no tiene cabida en este sentido.

lunes, 25 de abril de 2011

La pasión de Cristo. Reflexiones sobre el buen cristiano

Hace un par de días, el Papa era entrevistado en un programa de televisión italiano, expresando las ideas y visiones de la Iglesia sobre el mundo y la fe. No me cansaré de repetir una y otra vez el gran misterio que representa la Iglesia, que ha podido permanecer dando un mensaje casi invariable desde hace más de 2000 años.

El cristianismo neomodernista del Occidente desarrollado es ambiguo, confuso y extrañamente ecléctico. Tratemos de no hacer crítica, sino de hacer análisis. No quiero tratar el siempre polémico y aburrido tema de la interpretación verdadera de los Evangelios o las continuas tergiversaciones que los papas, los santos y las comunidades cristianas hicieron de los escritos y de la figura de Jesús.

Quiero que olvidemos todo eso, porque todo esto es polémica ineficaz.

Quiero que pensemos fríamente en una cuestión. Para los que somos cristianos... ¿qué significa eso? Es más, ¿por qué digo yo que soy cristiano? Insisto en que no pretendo hacer apología, sino análisis lo más objetivo posible.

Empecemos por el principio de la Historia.

De acuerdo con los Evangelios, Jesús comienza a predicar a la edad de 30 años. La historia de Jesús es cuanto menos épica. Un carpintero sin estudios se convierte en el rabí [maestro] más influyente de Galilea. Esto es, si cabe, cuanto menos sorprendente. De aquí a asombroso o fantástico sólo hay un paso.

A diferencia de otros líderes religiosos, como Buda, Abraham, Moisés o Mahoma, la tradición y los evangelios afirman que Jesús realiza milagros en lugar de ocurrirle fenómenos milagrosos (por ejemplo, Buda sufre una iluminación o las plantas y animales le hablan, Moisés y Abraham sienten la voz de Dios, Mahoma se eleva a los cielos...). Jesús es capaz de curar enfermos, de multiplicar panes y peces, e incluso de resucitar a los muertos. La historia, caso de ser cierta, es tan fascinante que nada podría haber como Jesús y su historia.

El final de Jesús (su pasión y muerte) es también de sobra conocido por todos. El sanedrín judío ve en Jesús un peligroso alborotador, cuyas doctrinas, claramente contrarias a las doctrinas del Judaísmo ortodoxo, hacen peligrar la unidad hebrea. Finalmente, denunciado ante el sanedrín y tras la venia del gobernador romano Poncio Pilato, Jesús es juzgado como reo de muerte, bajo el cargo de instigador de disturbios e incumplimiento de la ley mosaica (básicamente la transgresión del segundo, tomar el nombre de de Dios en vano, haciéndose pasar por hijo de Dios,  y tercer mandamiento, trabajar en sábado, anteponiendo lo demás a Dios).

Jesús muere y su leyenda se acrecienta. Tras la posterior resurrección, el mito de Jesús crece a pasos agigantados. La historia es increíble, sí, pero es tan pura, bonita y además, se dispone de cientos de testigos de sus hechos, lo cual contribuye a aumentar la fama de Jesús por toda la vertiente oriental del Mediterráneo. Los apóstoles, sus más fieles seguidores, apoyan la idea, dan cuenta de los milagros de Jesús y además fueron testigos directos de sus milagros, transfiguraciones y enseñanzas.

Es en este tiempo (el narrado en el libro de los Hechos de los apóstoles), cuando aparece quizá la figura más importante del Cristianismo después de Cristo. Pablo de Tarso, antiguo perseguidor de los cristianos, dice tener una visión una noche y se convierte a la causa cristiana. Pablo demuestra tener una visión mucho más elaborada que su "maestro", Jesús, al cual no conoció en vida, pero cuyas enseñanzas ha demostrado aprender de boca de aquellos que sí que fueron testigos directos de aquellos sucesos.

Como ya aprecia Nietzsche en muchos de sus escritos, San Pablo es el auténtico fundador de una religión cristiana. Pablo modifica "ligeramente" para el pueblo llano, pero "profundamente" para el iniciado el mensaje de Cristo. Si bien Cristo ya había hecho una interpretación mucho más racional de la ley mosaica, enseñando la interpretación del fondo del mensaje y no del cumplimiento literal del precepto, San Pablo vuelve a modificar este mensaje cristiano a un mensaje mucho más pacifista y social.

Entendamos algo muy simple. En cualquiera de los Evangelios, Cristo se muestra siempre, ante todo, un maestro en teología y moral, mientras que San Pablo, en sus cartas, se muestra como un adoctrinador de masas, un entusiasta del deber. No en vano, recordemos que fue soldado, lo que implica que el concepto de jerarquía y de orden lo tenía muy inculcado. El mensaje de San Pablo no es un mal mensaje, pero es un mensaje carente de vitalidad. Sin embargo, no me gustaría ser injusto con San Pablo: si a alguien se le debe la profunda reforma del cristianismo, de ser doctrina de judíos a doctrina del Imperio Romano, es sin duda a él. San Pablo supo inculcar una doctrina difícilmente entendible por paganos (o como les llamaban los judíos, "gentiles").

A partir de entonces, son miles los eruditos, santos y escritores que trataron de interpretar, comprender, expresar y discernir las palabras de Cristo, principalmente, y de los apóstoles y San Pablo. De las distintas interpretaciones han ido surgiendo movimientos, herejías y ramas dentro del cristianismo.

La Historia de la Iglesia ha sido, en 2000 años, escandalosa, extravagante, ruin, violenta y corrupta. Pero también ha sido maravillosa, impactante, milagrosa, virtuosa, valiente y humilde. Los distintos papas, como cabezas de la Iglesia, han tratado de hacer del Cristianismo Católico la religión del mundo, conservando los principios primitivos de la Iglesia.

Por supuesto que la Iglesia ha evolucionado en 2000 años. De las primitivas comunidades aisladas en las distintas ciudades de oriente, con costumbres y ritos propios, a una profunda doctrina y a un ritual común a todos los países. De cientos de tendencias y herejías a una única postura conciliar. De un relajamiento progresivo en la Edad Media en las tareas de los eclesiásticos, a un profundo sentimiento espiritual en el orden sacerdotal. De una Iglesia violenta al tiempo que militante a una Iglesia ecuménica, dialogante y tolerante.

Como se ve, en 2000 años, aún hay errores que solucionar y hay muchos errores que se solucionaron.

¿Y el cristiano actual?¿Dónde queda? Lo primero que habría que preguntarse es quizá qué significa ser cristiano. Cristiano significa, literalmente, seguidor de Cristo. Por tanto, cualquiera que siga el mensaje de Cristo sería cristiano. Esto es obvio y no crea confusión, sólo que lo que se entiende por cristiano en la sociedad occidental nada tiene que ver con lo que se ha entendido desde el principio de los tiempos cristianos.

Recapitulemos. Preguntamos en la calle. "¿Te consideras cristiano?". La mayoría dirá que sí. Entonces, podríamos preguntar, "¿por qué te consideras cristiano?" o "¿qué significa ser cristiano?". La mayoría te dirá también que ser cristiano significa cree en Cristo (FE). Otros añadirán comentarios a este primero, tales como "ser cristiano consiste en ser bueno con los demás, como Cristo fue bueno" (CARIDAD). Otros, los menos, añadirán que ser cristiano es además de todo esto, cumplir con los oficios (ir a misa), porque si no, no se es buen cristiano (MILITANCIA). Por último, un grupo minúsculo diría que además de todo esto, se necesita llevar el mensaje y evangelizar a los demás (APOSTOLADO).

En una segunda ronda de preguntas, se podría añadir si "¿está de acuerdo con la Iglesia (Católica) actual?". La mayoría dirá que no, que no cree en los curas y que la Iglesia debería vender todas sus riquezas, para dar ejemplo. Una minoría amplia (alrededor del 30%) dirá que no cambiaría nada. Por último, un grupo reducido admitirá que se necesitan profundos cambios en la Iglesia para llegar al corazón de las personas. Estos cambios consisten en hacer llegar el Evangelio a las casas.

No quiero entrar en polémicas. No quiero ponerme de parte de la Iglesia, tampoco de parte de los seglares. En este debate debe, ante todo, imperar la razón, y dejar las propagandas y tergiversaciones para otros desgraciados que no saben expresar la razón más que mintiendo o radicalizando su mensaje.

En los párrafos anteriores hemos destacado cuatro palabras clave para entender el Cristianismo Católico y la experiencia cristiana. Fe, Caridad, Militancia y Apostolado. Se podrían añadir más, pero no son fundamentales. La Esperanza Cristiana es una virtud teologal, pero deriva de la fe. O el sacrificio es una virtud, pero deriva de la caridad. Quisiera entonces, hacer ver al lector cómo de equivocado o de acertado está en su postura vital ante el cristianismo, sea o no sea cristiano.

FE: la fe es una virtud fundamental, tal y como Cristo muestra en los evangelios (Mt 9: 22, Mt 17:20-21, etc.). La fe es la vía de la salvación, nos dice. Esto parece haberlo entendido muy bien el hombre actual (el cristiano por interés). Dentro del cristianismo protestante (Lutero, fundamentalmente), la fe constituye el auténtico motor de la salvación y del mundo. Únicamente por la fe podemos ser salvos, de tal manera que no importan los actos si se cree en Cristo. Lo principal es creer en Cristo, en su mensaje, en su vida... Creer. No parece descabellado decir que tanto Lutero como su mensaje son muy convenientes en el mundo actual, puesto que nos desvinculan de toda responsabilidad sobre nuestros actos. También habría que decir que, como Lutero, todo aquel que sienta que únicamente por la fe somos salvos incurre en herejía. Tanto protestantes como defensores de una doctrina más o menos parecida son herejes, en el sentido literal y nada peyorativo de la palabra.

No es admisible ni lógica una salvación exclusiva en la fe. Sería como decir que hay que aprobar al alumno sólo porque se llevó 50 días, 8 horas diarias, delante de un libro, pero no estudió (es decir, no hizo esfuerzo por aprender). Él lo miraba, pero no lo estudiaba. En el examen falló, pero él reclama su aprobado por "su esfuerzo". ¿Es esto posible, entendida la palabra cristiano como tal? Por tanto, cristiano no puede ser sólo el que cree en Cristo.

CARIDAD: hacer el bien es algo noble y que no depende de una moral. Con una simple actitud ética ya estamos realizando un trabajo caritativo. La caridad tampoco es compasión. La caridad es una actitud activa, la compasión es pasiva, necesita de sentir una "mala conciencia". Pero ser caritativo no puede ser suficiente para ser cristiano, ya que un budista, un musulmán, puede ser caritativo, pero no cristiano. Es aquí donde la fe entra en juego. Fe más caridad son la base del buen cristiano.

MILITANCIA Y APOSTOLADO: tanto la participación en los oficios como el apostolado quedan regulados en el tercero de los Diez Mandamientos y en los Evangelios (Mt 28:19, etc). Es pues, una manera de ser buenos, de cumplir con las normas dadas por Dios y Cristo, respectivamente. Es, sin embargo, una cuestión de menor importancia que la caridad y la fe, ya que no es una cuestión respecto al individuo, sino respecto al grupo. El individuo, que debe ser bueno y creyente, está dentro de un grupo. Un grupo malo e infiel no ayuda al desarrollo en el bien del individuo, así como la manzana buena no pone buenas a las podridas.

Insisto en que mejor cristiano es quien va a misa que el que no va. Y hemos de admitir que aquel que predica (y sobre todo si es con el ejemplo) a los demás, es aún mejor cristiano. Es por ello que se reserva a los sacerdotes el derecho a ser el mejor de los cristianos y al Papa aún el mejor de los sacerdotes.

Siempre se ha dicho que es mejor ser bueno que ir a misa. Sin duda. Incluso el mismo Cristo dice en Mt 5:23-24 "Por tanto, si has traído tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y vé, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces vuelve y ofrece tu ofrenda". Sin embargo, no nos exime de ir a los oficios, sino que antepone el ser bueno a guardar los oficios. Pero si uno es bueno, ¿por qué excusarse?

He aquí un punto de discusión en las sociedades occidentales. La visita a la Iglesia se considera una especie de opresión de la casta sacerdotal, cuando realmente debería ser entendida como un tiempo semanal de reflexión y de filosofía, algo así como cuando nos dicen nuestros gobernantes y literatos que leamos al menos una hora al día. Obviamente es mucho más divertido ir a la playa o salir a tomar copas por la noche que ir a misa, pero no se trata de una cuestión de gustos. Para un auténtico equilibrio emocional, sería muy enriquecedor tener tiempo semanal para pensar en cosas serias. He aquí que ir a la iglesia puede ser algo muy conveniente.

En cuanto al apostolado, lo cierto es que cualquiera puede tratar de difundir estos mensajes. Hay que entender que ser cristiano no puede ser o no debería ser entendido como un caballero medieval que trata de erradicar infieles. Ser cristiano, como se entendía desde los tiempos de los apóstoles, consiste en la superación del mal con la ayuda del aliado más fuerte: Cristo, que es Dios vivo. Además, nos enseñó que hay vida tras la muerte, cosa que ningún otro líder religioso pudo demostrar, puesto que no resucitó de entre los muertos.

Claro está que para eso, como hemos dicho anteriormente, hace falta fe. Primero fe en que va a ocurrir, incluso aunque sea imposible. Esa es la auténtica fe. Pero la fe no puede ser ciega.

Muchos atacan a la Iglesia por no ser o vivir como Cristo. Pero esto es un tanto estúpido. Cristo murió joven y en la cruz, ¿hemos de llegar a estos extremos? No. Lo que el mismo Cristo enseñó fue creer en Dios y hacer el bien ante todo (Jn 13:34, "amaos los unos a los otros como yo os he amado"). No podemos caer en demagogias. Jesús era hijo de carpintero y no tenía riquezas. ¿Acaso un soldado, que tiene que matar, no puede ser un buen cristiano y hacer el bien? ¿Acaso un rico comerciante que vive en su mansión y dona millones de dólares a la beneficencia no es una "buena persona"?

Esto me recuerda a la doctrina de los cátaros, los cuales planteaban una vida radicalmente cristiana (a imagen y semejanza de Cristo). Entonces, si todos predicaban y practicaban el rezo... ¿quién cultivaría, quién estudiaría, quién haría casas? No, todo es simple demagogia. El buen cristiano no se mide por su riqueza, sino por la riqueza de corazón. En esto incluso hay que recriminar a muchos curas, que en las iglesias incriminan a los feligreses porque dan poco a las actividades benéficas de la parroquia. Es que por supuesto que se puede vivir con menos, pero tampoco Jesús se comportaba como Diógenes (que vivía en un tonel y no comía en plato), sino que llevaba una vida humilde, sin lujos, aunque eso no quitó que celebrara una cena con invitados, que mandara alquilar una casa para la cena y que cobrara (se entiende que eso haría, si era carpintero) por hacer mesas y sillas. Nadie podría decir de Jesús que fuera una mala persona por cobrar por su oficio.

Hoy, lunes de pascua, pidamos porque el mensaje de paz de Dios siga entre nosotros durante mucho tiempo.