Translate

Mostrando entradas con la etiqueta tecnología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tecnología. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de junio de 2013

Clonación humana

Llevaba ya algún tiempo sin escribir. La verdad es que había muchas razones para no escribir, entre otras que no había nada que escribir. Pero insisto, no era la única.

No hace mucho se comentaba la noticia de que se había podido clonar mediante la técnica de la oveja Dolly el primer estado de un embrión humano. La técnica es sencilla: se extrae de un óvulo la carga genética del mismo (su ADN), se incorpora ADN de un individuo ya vivo y entonces el óvulo detecta que hay dos parejas de cada cromosoma y por tanto el óvulo está "fecundado". A partir de ahí, el óvulo se desarrolla como cualquier óvulo fecundado de manera natural.
 
He aquí que ya sabemos cuál es la manera de conseguir ejemplares idénticos de un mismo individuo de una especie. Esto incluye al ser humano. La cuestión es entonces si sólo se trata de una cuestión científica (algo así como "hemos sido capaces de alcanzar nuestro objetivo") o se trata de una cuestión económica o práctica (algo así como decir que "ahora tenemos un descubrimiento al que hay que encontrar una aplicación").

(Bio)ética. He aquí la clave del problema y de la discusión. Partamos de la base de que todo lo que afecta al ser humano es siempre visto de manera suspicaz, sobre todo si afectan al concepto religioso del individuo o de la especie. Con concepto religioso no sólo incluimos a las religiones mayoritarias, sino también a los seguidores de creencias naturistas. ¿Pero cuál es la respuesta?¿Es realmente ética la clonación humana?¿Es ético crear personas genéticamente iguales en una especie de eugenesia global?

No pretendo entrar en polémicas inútiles. El ser humano debe ser ante todo un ser libre, tan sumamente libre que no debe tampoco establecerse sus características genéticas de antemano. Este sería el auténtico pecado: la falta de libertad genética.

Pensemos ahora mismo en el ser humano en su conjunto. ¿Cuáles son los genes más favorables? Podríamos pensar, a priori, que los genes que nos otorgan una mejor condición física o intelectual serían a priori los mejores genes. ¿Pero qué ocurriría si las condiciones planetarias cambiaran? Condenaríamos quizá al 100% de la población humana al desastre. O quizá no. Es decir, no podemos conocer el futuro con claridad y por tanto ser genéticamente iguales, como le pudiera ocurrir a las amebas u otros organismos unicelulares podría ser algo desastroso.

Por otro lado, no se puede garantizar al 100% la dotación genética idéntica de los individuos. La razón es bastante simple: las condiciones ambientales pueden generar mutaciones detectables o indetectables que realmente produjeran individuos bastante diferentes. Además, la clonación no permitiría más que la existencia de un sexo. Esto podría parecer algo trivial, ya que... ¿para qué una reproducción sexual si hay reproducción clónica? Sin embargo la reproducción sexual tiene bastante más ventajas que la clonación. En primer lugar porque la clonación del individuo, ya sea macho o hembra, trae como consecuencia la generación de un macho o una hembra de la misma genética. Esto significa que no podemos cambiar, por ejemplo, el comportamiento inherente del macho o la hembra, tanto en su faceta física como en su faceta intelectual. Además, partimos de la base de que un individuo que hoy consideráramos genéticamente perfecto en alguna característica personal (por ejemplo, la inteligencia de Einstein) no tendría que ser la mejor o la única combinación de genes para la inteligencia. ¿Era más inteligente Mozart o Einstein?¿Quizá Galileo o Leonardo?¿Marie Curie o Platón?

Lo cierto es que la clonación no tiene, aunque se pudiera, un fin lógico de eugenesia. La Historia ha demostrado que cuando Newton había llegado a ser el más laureado físico, Einstein lo despojó de su título y llegará (si no ha llegado ya) el humano que dejará a Einstein empequeñecido. Es la propia evolución del ser humano.

Otra cosa bien distinta es el pensamiento comercial de la clonación. Desde el principio de los tiempos hemos pensado en nuestro otro yo. Es un concepto tan básico como el de "media naranja". Necesitamos sentirnos comprendidos y, ¿quién mejor que nosotros mismos para ser comprendidos? Sin embargo, por su propia definición, el individuo es único en su especie. No importa que haya un clon de nosotros mismos, ya que de alguna manera nosotros seríamos al mismo tiempo clon de nuestro clon. ¿Por qué razón, salvo por la edad, diríamos que ese otro ser no es uno mismo desde el punto de vista genético? Sin embargo, la experiencia nos demuestra que esta idea romántica pronto se cae por su propio peso. No hay que ver más que el caso real de clonación natural: los gemelos idénticos. Estos hermanos, a pesar de ser idénticos, tienen su propia personalidad, caracterizada por la interacción del entorno con ellos mismos. ¿Acaso no conocemos a hermanos gemelos con personalidades dispares?¿Quién es tan simple de pensar que un clon nuestro no sería sino un ser humano completamente distinto a nosotros, salvo en apariencia?¿Acaso los que nacimos en el siglo XX seríamos capaces de pensar que un clon nuestro del siglo XXI no tendría una personalidad y conocimientos completamente distintos a los nuestros?

Dejenme que les diga, como conclusión, que no hay mejor manera de perpetuarnos que a través de nuestros hijos y que clonaciones, a no ser que fueran con fines claramente terapéuticos, en el primer estadio celular, cuando ni siquiera pudiera hablarse de individuo, no tendrían cabida en una sociedad mentalmente sana. Es más, crear seres humanos embrionarios con el propósito exclusivo de matarlos posteriormente para nuestro propio beneficio no es más que una atrocidad. Muchos médicos y especialistas ponen como límite una serie de divisiones celulares del cigoto primitivo. Ese concepto no debe entenderse así. No se trata de poner un límite temporal o físico, sino de poner un límite objetivo. Centrándonos puramente en la teoría de la evolución. ¿En qué momento deja de parecerse un embrión humano de un embrión de pollo, de perro o de mono? He aquí donde puede hablarse de ser humano. No podemos entender que un conjunto de órganos humanos (como ocurrió recientemente en el Salvador con Beatriz) sea un ser humano, si le falta el cerebro o el corazón. Insisto, si en algo se equivocan todos los científicos es en fijarse en qué momento se puede hablar de "ser humano" o "células". Hay que fijarse en ¿en qué momento el recien nacido deja de tener forma de ameba, o de pez o de pollo? Mientras tanto, es una ameba, un pez o un pollo cualquiera.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Experimentos genéticos

Debemos entender que estamos en la edad de la experimentación. Quizá no ha habido jamás en la Historia una época más acelerada en cuanto a adelantos tecnológicos. No en vano cada día nos encontramos con algún nuevo invento sorprendente. En esta tesitura no es de extrañar que la genómica se haya convertido en definitiva en una auténtica rama fundamental de la ciencia actual.
 
El ser humano, desde sus orígenes, siempre fantaseó con la posibilidad de que existieran animales mitad hombre, mitad animal o con la capacidad de comunicación entre animales y hombres. Es altamente significativo que hoy se esté a las puertas e incluso se haya detectado algún que otro caso de éxito de transmutación genética.
 
Dejemos a un lado la posible fantasía o incluso el ansia de misterio habitual en el ser humano acerca de culturas ancestrales que fueron capaces de conseguir nuestro nivel tecnológico y hablemos de los peligros potenciales de estas prácticas. En los siguientes renglones veremos la realidad que existe sobre estos experimentos monstruosos.
 
Quizá no todos hayamos leído el extraordinario relato de Mary Shelley Frankenstein o El Moderno Prometeo. En dicho relato lo importante no es, como se suele pensar, que un científico loco quería crear un monstruo llamado Frankenstein, sino todo lo contrario. El doctor Frankestein, eminente médico según nos cuenta el relato de Shelley, era un eminente médico que atraído por los recientes descubrimientos del italiano Volta sobre los efectos de la corriente eléctrica en los músculos de animales muertos, los cuales se movían como si estuvieran vivos, decide resucitar a un hombre de entre los muertos. El caso es que a nuestro doctor le sale bien el experimento (de hecho, suele haber bastantes casos de reanimación cardíaca actualmente y no resulta esto nada extraño) pero el reanimado en lugar de ser un sujeto más o menos normal  resulta ser una especie de diablo o de concentrador del mal. El caso es que el experimento se revuelve contra su propio creador, causándole toda clase de problemas e incluso persiguiéndolo con propósitos de todo tipo, más concretamente su muerte.
 
La ingeniería genética está proporcionando situaciones algo parecidas. Al extraño concepto de mezcla genética se une el completo desconocimiento de los posibles efectos nocivos sobre la salud y sobre el medioambiente de las nuevas especies. De hecho, esta denominación es la correcta: una cabra que incorpore genes de araña o una semilla de maíz que incorpora genes de rata no pueden ser, ni mucho menos, considerados como cabras y semillas de maíz. Podemos llamarlos descendientes de ... o que tienen una base genética principalmente de ... pero estas mezclas van claramente contra cualquier principio de selección natural y de diversificación de especies.
 
Lo curioso de esto es que la mayor parte de los ecologistas y detractores de estas mezclas monstruosas sólo hablan de los daños medioambientales y los potenciales efectos contra la salud. Sin embargo, no hacen referencia a otros aspectos que son tan importantes o más que éstos, como son la incapacidad de controlar tiempos (es decir, la impaciencia propia del experimentador) y sobre todo los conflictos éticos que existen.
 
Respecto a la influencia sobre la salud y el medioambiente, no podemos ni siquiera afirmar que sean o no nocivos. No hay experimentación al respecto. Es decir, las empresas alegan que son completamente inocuos, sin embargo nadie ha sido capaz de pronosticar los efectos a largo plazo en los organismos. Tampoco podemos hacer caso a algunos informes que aseguran que los ratones con que experimentaron murieron todos de cáncer o dolencias similares. No hay suficiente experimentación para afirmarlo.
 
Lo cierto es que no hay motivo para alarmarse sobre los experimentos genéticos, siempre y cuando no supongan contravenir la delgada línea entre el ser humano y Dios. Jugar a ser Dios es siempre peligroso, como afirmaba Shelley, ya que lo más probable es que nuestro juego se vuelva contra nosotros.
 
Los experimentos genéticos deberían ser realizados como se realizan otros muchos descubrimientos científicos: por necesidad. La experimentación no como método sino como fin debe ser siempre rechazada, por ser contraria al método científico y por ser foco de posibles incidentes colaterales, ya que como cualquier científico sabe, la experimentación no es más que aislar un sistema del entorno y aplicarle las leyes sobre las que se sostiene la hipótesis. Veamos un ejemplo.
 
Supongamos que queremos medir la velocidad exacta de un cuerpo cuando cae. Si queremos realizar el experimento correctamente, deberemos aislar el sistema de la acción, por ejemplo, del viento. Lo mismo ocurre con la experimentación de cualquier tipo y en particular con la genética: es necesario aislar a los sujetos de estudio de posibles interacciones. El problema es que al hacer el estudio con las interacciones, el resultado puede ser tremendamente distinto. Esto es lo que estamos seguros de que no cumplen la mayoría de los laboratorios de ingeniería genética: no son totalmente científicos y rigurosos, sino simplemente tratan de justificar unos fondos que hay que usar para la experimentación.
 
Conclusión: la experimentación se convierte en el fin para recibir el dinero y por tanto no es un medio, sino un fin.
 
La experimentación en genética abre unas vías notables para la cura de enfermedades hereditarias, pero lo cierto es que abre también una fuente ilimitada de misterio y de incertidumbre. Es cierto que en todo caso, los componentes básicos de cualquier ser vivo son los mismos que para otros seres vivos, semejantes o no y que por tanto comerse una vaca no traerá más consecuencias que comerse una vaca modificada genéticamente. Sin embargo, al igual que la araña genera un veneno, ¿por qué no podría un animal genéticamente modificado desarrollar potencialmente un veneno para sí mismo o para otros que antes no fabricaba?
 
El problema de la modificación del ADN no es cambiarlo. El problema es que al cambiar algunos de los ladrillos por otros, éstos encajen perfectamente en los huecos abiertos. No será la primera vez que una obra se cae porque un mal albañil quiso tapar agujeros de la única manera que él consideraba que se podía.

domingo, 15 de enero de 2012

Temores infundados al fin del mundo o al desastre natural

La amenaza de los mayas, como ya fue la profecía de principios del siglo XX tomando como base medidas de la Gran Pirámide de Keops o como fue el terror al fin de los tiempos en el año 2000, no será más que otra anécdota de mal gusto del 2012. Pasado el tiempo ya nadie se acordará de ella y llegado el caso esbozaremos alguna leve sonrisa al recordarlo.

De todas maneras no seré yo el que niegue la posibilidad de alguna hecatombe para esa fecha, no basándome en alguna profecía de pueblos primitivos como los mayas sino en datos rigurosamente científicos. El hecho de que el pueblo maya tuviera un método muy exacto de medición del tiempo no supone un mérito más allá que el que tuvieron muchos siglos antes mesopotámicos, indios o egipcios. No niego que fueran un pueblo civilizado, pero en ningún caso podemos hablar de los mayas como un pueblo culto y científico, sobre todo si los comparamos con los pueblos europeos, árabes y chinos de finales del siglo XV, donde existía desde hacía siglos una considerable evolución en la filosofía, la ciencia y las artes.

Henos aquí en la tesitura de que muy pocos conceden a este siglo XXI que no vaya a ser el siglo del colapso ecológico del planeta. Hemos dicho muchas veces en esta bitácora que la ecología es un concepto muy relativo. A la ecología le ocurre lo mismo que al tiempo atmosférico: cuando llueve y hace viento en algún lugar del mundo, tenemos la extraña sensación de que llegara algo parecido al fin del mundo (motivado muy probablemente por aquella imagen del Apocalipsis de San Juan). Sin embargo, unos km más allá, tal y como muestran los satélites, se ven amplios claros donde el sol brilla. Si alguien ha tenido la oportunidad, es muy parecido a cuando el avión sale del aeropuerto nevando o lloviendo y minutos más tarde, en la troposfera, si es de día, se puede observar un vigoroso y brillante sol que inunda todo el cielo. Así pues, en la ecología ocurre igual: pensamos que nuestra ciudad o nuestro país es el mundo o que al mundo le puede ocurrir igual.

Nada más lejos de la realidad. En los siguientes párrafos demostraremos algunas de las más grandes falacias sobre la ecología.

1. El desastre nuclear global

Las consecuencias de una hipotética guerra nuclear ya han sido muchas veces consideradas. Es el momento de pensar si esto ha sido una invención para asustarnos o tiene una base científica.

En primer lugar, habría que analizar cómo funciona una bomba atómica y qué efectos produce. Existen tres tipos de bombas atómicas: de fisión, de hidrógeno (bombas H) y de neutrones. Aunque cada una lleva consigo un mecanismo concreto, todas requieren al menos una etapa de fisión. La fisión nuclear consiste en que un elemento muy pesado (por ejemplo, el uranio o el plutonio) se rompe en elementos más pequeños. Esto conlleva que haya una liberación de energía muy alta y una posterior contaminación por radiación.

Hay algo que no debemos olvidar nunca: el primer principio de la termodinámica. La energía de un sistema puede ser modificada,  pero su valor global permanece constante. La radiactividad no es más que un fenómeno natural de algunos núcleos pesados (como el uranio) en el cual se transfiere masa y energía al romperse en otros más pequeños. Por tanto, la energía máxima que podríamos obtener de estos núcleos de uranio no sería mayor que la existente de manera natural. Incluso en las bombas H, que llevan una etapa de fusión y por tanto hidrógeno (elementos, como sabemos, presente en el agua), no tienen un mecanismo de funcionamiento capaz de generar tanta energía como para destruir el mundo, ya que esa energía está ya albergada en el mundo y no lo destruye.

Hay algo más que deberíamos añadir a esta idea y es que la radiación del planeta es constante y que por tanto un posible ataque nuclear no conllevaría una contaminación global, sino una contaminanción localizada, tal y como pasó en Chernobil o en Hiroshima, ya que no se pueden fabricar más átomos de uranio o plutonio que los que existen en el planeta. No debería insistirse más en este punto.

Lo que sí parece plausible es que ante una guerra nuclear existiera algo parecido a una nube de polvo que pudiera provocar como un enfriamiento global ante la ausencia de radiación solar. Sin embargo, es muy posible que por cuestiones catastrofistas se haya exagerado tanto el tiempo de permanencia de este polvo en la atmósfera como sus efectos de enfriamiento. Se piensa en una atmósfera estática y no en una atmósfera dinámica capaz de llevar este polvo, caso de producirse a los polos,  o se piensa tal vez en una atmósfera donde las lluvias son inexistentes.


2. La inundación global

De sobra es conocido por todos las historias que se comentan desde antiguo del diluvio universal, desde el canto de Gilgamesh hasta la Biblia u otras tradiciones. No es del todo original este pensamiento, más si cabe que hoy en día, en pleno siglo XXI, todavía nos sorprenden las imágenes de inundaciones y maremotos.

El caso es que a todas esta catástrofes hay que añadir esa que dice que gracias al calentamiento global va a producirse el deshielo general del mundo y por tanto aumentaría el nivel del agua. Como consecuencia muchísimas ciudades se hundirían y moriría muchísima gente.

Merece la pena observar que estos ingenuos catastrofistas ya no saben qué inventar. Para empezar, ante un posible deshielo, como ellos dicen, el nivel del agua no aumentaría en minutos o en horas, sino quizá en meses o años, tiempo suficiente para salvar a la población (aunque es evidente que no a las ciudades ni a los edificios). Dicho esto, lo menos malo habría ocurrido. Así pues, tranquilos por si el hielo se derrite, porque de hecho, como todos sabemos por nuestro vaso de refresco o de whisky on the rocks, la entalpía de fusión del hielo es bastante alta y requiere un tiempo largo para derretirse y no solamente un aumento global de 3 o 6 grados como dicen los "expertos".

Por otro lado, quien dice esto del deshielo global parece que sabe poco no sólo del clima sino también de la física más elemental. A saber, el agua, a presión atmosférica, congela a 0º C (necesita algo menos de temperatura, alrededor de -5ºC cuando forma charcos debido a las propiedades coligativas de las disoluciones). Por tanto, para un deshielo mundial total, deberían derretirse los polos.

La pregunta es, ¿quién o qué derretiría los polos? La respuesta es obvia: ¡el Sol! Pero he aquí que nuestros afanados "expertos" no contaron con que el Sol, en los polos, sólo aparece en el llamado verano polar (6 meses al año). El resto del tiempo pasa en el invierno polar, con temperaturas en torno a los -50ºC. Dicho de otra manera: la congelación sería inminente, quisiéramos o no. Por otro lado, en el verano polar, las temperaturas no suben de los -20ºC. No es posible ese famoso deshielo global

En todo caso, supongamos que mi argumento no fuera cierto. Aún me quedaría otro razonamiento. Parte del hielo mundial (aunque no la mayor) está contenida en el mar. Es decir, forman una capa que flota sobre el agua. Un error de principiante es considerar que si el hielo se funde, hay más líquido. De hecho es al contrario. El hielo ocupa un mayor volumen que el agua, por tanto, en caso de un deshielo global, el nivel del agua bajaría y no subiría.

Por supuesto, esto sólo sería verdad en el hielo marítimo (prácticamente el hielo del polo norte). El hielo de la Antártida sí que haría subir el nivel del mar ya que a priori no está sumergido en agua, sino en tierra firme.

Por otro lado, hay que reírse de aquellos que presuntamente esgrimen la historia de las glaciaciones como demostración de que el deshielo provocó una subida del nivel del mar. Es cierto. Durante las glaciaciones, aunque hubo un aumento del hielo, no ocurrió lo que hemos mencionado (un aumento del nivel del mar) sino todo lo contrario. De hecho, estrechos como los de Gibraltar o Dardanelos se creen que estuvieron secos. De todas formas esto no desmiente lo dicho anteriormente. Supongamos un vaso de agua con hielo. Como hemos dicho, si se funde todo el hielo, tal y como dice la física, el nivel del agua desciende. Lo contrario es cierto, si el agua se solidifica, el nivel del agua crece. Sin embargo, supongamos el siguiente experimento. Tenemos una probeta con varias marcas. A medida que el hielo crece, el nivel del agua sube. El hielo, además, como flota, puede que incluso salga de la probeta. Pero estamos analizando exclusivamente el nivel del agua (la fase líquida). Al principio, como hemos dicho, el nivel aumentará pero llegaráun momento en el que el volumen de hielo será mayor que el volumen de agua. En ese momento, el nivel del agua baja, ya que el hielo se forma a partir de la fase líquida y por tanto no hay suficiente como para mantener el nivel inicial. Así pues el nivel del agua pasa por un máximo y luego desciende.


Estas y otras falacias serán muy propias del año 2012. Esperemos desestimarlas todas.

miércoles, 1 de junio de 2011

Móviles cancerígenos (II)

Ayer comentábamos la noticia de los hipócritas de la OMS. Lo cierto es que viendo el siguiente video no queda dudas de que los supuestos científicos tienen de todo menos de eso, científico. El representante de la OMS, en el video, dice textualmente "... y ver si podemos afirmar que son consecuencia directa del móvil...". Y luego añaden que el café (¡cómo no!) también produce cáncer.

¿Entienden a dónde lleva todo esto?¿Cómo se puede afirmar que científicamente algo es dañino y luego añadir que hay que ver si podemos afirmar esta hipótesis?

Creo que ayer no fuimos capaces de cancelar todas las dudas en el respetable, así que me brindo a explicarles algo mejor qué es el electromagnetismo y cómo influye en nuestra salud.

En primer lugar, hemos de afirmar lo siguiente: el electromagnetismo, como la energía, está en todas partes y es absolutamente inevitable escapar de él. Nuestros mismos cuerpos son centros de producción electromagnética (fundamentalmente en el sistema nervioso). Un campo electromagnético no es más que el resultado del acoplamiento de un campo eléctrico y un campo magnético. Los campos eléctricos son creados por las cargas eléctricas (es decir, fundamentalmente protones y electrones), mientras que los campos magnéticos son creados por las cargas en movimiento. Si la carga está quieta, tenemos un campo eléctrico. Si además está en movimiento, tenemos un campo magnético asociado.

Otras partículas sin carga, como el fotón, pueden llevar asociada un campo electromagnético, consecuencia de la cuantización de la energía. De hecho, por el efecto descubierto por De Broglie, se puede afirmar que todo cuerpo es onda y partícula al mismo tiempo. Dicho de otra manera: hasta nosotros mismos somos ondas electromagnéticas, pero nuestra longitud de onda es tan corta que es imposible detectarla.

Para cualquier neófito en estas cuestiones, los campos electromagnéticos les suenan a la sensación de jaqueca y de mareo (vaivén), calor, bochorno, dolor oscilante en los oídos, etc. Pero esto no es más que cultura urbana. El cine con sus ruidos "láser", como en la Guerra de las Galaxias, ha contribuido a ver las ondas electromagnéticas como un fenómeno sofisticado. Las máquinas de resonancia magnética, con sus estrambóticos ruidos, tampoco han contribuido precisamente a calmar los ánimos. Sin embargo, la realidad es bien distinta y menos romántica, los campos electromagnéticos son absolutamente silenciosos y si acaso se escuchare algún ruido, es obra o bien de las cargas eléctricas en movimiento (como ocurre en un transformador eléctrico) o bien del rozamiento de las partes móviles del motor o generador.

Las ondas electromagnéticas (que son las que generan los campos electromagnéticos) se clasifican según su longitud de onda (o su frecuencia, que están relacionadas entre sí por c, la velocidad de la luz). Esta clasificación, denominada espectro electromagnético, puede verse aquí.

Quisiera hacer hincapié, como se indica en el gráfico, en que existen radiaciones denominadas ionizantes y no ionizantes. El concepto ionizante-no ionizante no es un concepto absoluto, sino relativo a la sustancia a la que se haga referencia. Así, ionizar significa literalmente hacer iones. Para hacer un ión hay que añadir o eliminar un electrón a un átomo o molécula. Para que una onda electromagnética pueda ionizar a una molécula es necesario que esta onda permita el salto cuántico entre orbitales por parte del electrón. La frecuencia de dicha onda, denominada frecuencia umbral, es la mínima necesaria para ionizar la materia. A partir de esa frecuencia, frecuencias mayores ionizarán más fácilmente y en mayor grado la materia, y por debajo de esa frecuencia es imposible que se ionice en ningún grado.


Esto es algo fundamental: las radiaciones con frecuencia menor de la frecuencia umbral no pueden ionizar, aunque la intensidad de dicha radiación sea muy elevada. Expliquemos esto con más detenimiento. Supongamos que queremos atravesar una pared con un proyectil. A simple vista, parece que lo que hace que un proyectil atraviese la pared es su densidad (compactación), es decir, que el acero atraviese la pared es más fácil a que lo haga el papel, pero esto no es cierto. En realidad es la velocidad la que permite que tenga suficiente cantidad de movimiento para romper la pared. Lo mismo ocurre con las ondas electromagnéticas. A simple vista parecería que la intensidad (número de ondas por metro cuadrado) es la que permite causar daños a los tejidos. Es decir, a pleno sol el daño sería mayor que con nubes. Pero esto no es rigurosamente cierto. Lo que realmente causa el daño es la calidad de la onda.

Si volvemos al gráfico del espectro electromagnético podemos ver que las radiaciones ionizantes para el ser humano empiezan en la zona del ultravioleta. Por tanto, radiaciones por debajo de esa frecuencia, por muy intensas que sean, jamás harán daños ionizantes (y por tanto, cancerígenos).

Entremos entonces en materia. El rango de frecuencia de los móviles es de 900 MHz (9 x10e+8 Hz). Sin embargo, la mínima radiación ultravioleta se sitúa en las frecuencias de 8x10e+14 Hz, es decir, 1 millón de veces más intensas.

Dicho de otra manera, más gráfica, es mucho más probable que su comida le pueda provocar más cáncer que el móvil. Insistimos mucho en la cuestión de las ondas electromagnéticas: no provocan cáncer si no tienen suficiente frecuencia.

Otra cosa bien distinta podría ser algún tipo de malestar relacionado con los campos magnéticos. Es bastante lógico pensar que al estar ante un campo magnético no ionizante intenso pudiera darse el caso de que las moléculas orgánicas y el agua "vibren" ante ciertas frecuencias. Estas vibraciones podrían desembocar en calentamientos zonales. Sin embargo, para que esto ocurra, la intensidad debe ser muy elevada, como ocurre en un horno de microondas. En este caso, los continuos choques en las paredes del horno hacen que se multiplique la intensidad de la onda.

La leyenda urbana de que si se escapan las microondas del horno podrían achicharrar al que se encuentre cercano, es totalmente falsa. Las microondas, cuando no son muy intensas, calientan mucho menos que los rayos infrarrojos.

martes, 31 de mayo de 2011

Móviles cancerígenos

Dicho y hecho: nuevamente la OMS (Organización Mundial de la Salud) ha hecho de las suyas y amenaza a las tranquilas almas mundiales con revelaciones escandalosas.

Ya fueron ellos los que contra todos los informes de la mayoría de las asociaciones de psiquiatría consideraron la homosexualidad como "opción" y no como enfermedad o trastorno sexual. Lo políticamente correcto, obviamente, es en Occidente más fuerte que los hechos científicos. No obstante, no quiero resultar tedioso en un tema más que manido. Ese chico tímido y que no hace daño a nadie es un "enfermo con síndrome de Asperger" pero aquel marica que se cree la Reina de Saba es un "tipo normal". Bueno... Continuemos.

Ahora nuevamente la OMS lanza otra de sus advertencias: los teléfonos móviles son "posiblemente cancerígenos". Remarcamos las comillas porque la misma OMS lo remarca. Posiblemente... presuntamente... quizá... A ver, que nos quede bien claro: la OMS es tal y como rezan sus estatutos, una organización científica de las Naciones Unidas y por tanto no cabe en la OMS la palabra "posiblemente". O es o no es.

Señores de la OMS: les habla un científico. Ningún científico serio saca conclusiones con un 25% o con un 30% de resultados positivos. Ese "posiblemente", para ustedes, habituados a la estadística, se convierte en lo que se llama "suceso independiente". Es decir, al hacer un estudio entre la dependencia entre comer carne y ser mejor persona, no hay relación directa entre ambos sucesos y por tanto son sucesos independientes. Algo así pasa con los móviles. No podemos alegar que porque hemos estudiado el cáncer en una población (sin móvil) y en otra población (que habla por móvil) en la que los casos sean 5-10% superiores a los de la primera población, el móvil sea el causante de esta discrepancia.

Me gustaría indicar claramente que no es posible que las ondas electromagnéticas no ionizantes (caso del teléfono móvil) puedan afectar al ser humano y provocar cáncer. De ser así, la misma luz indirecta de una habitación (espectro del visible) provocaría cáncer. O aún peor: incluso por la noche, la radiación infrarroja, es decir, la que producen todos los cuerpos por el hecho de tener temperatura, podría ser más dañina que los campos magnéticos del móvil.

A este respecto, podemos ver lo que dice la Asociación Española contra el Cáncer, por poner un ejemplo entre muchos.

Ya está bien de engañar al público y darle carnaza a cuatro ecologistas radicales que ven en el desarrollo tecnológico el fin del mundo. No podemos ser radicales tecnológicos ni radicales ecologistas. DESARROLLO SOSTENIBLE. Esa es la clave. Desarrollar sin abusar.

He demostrado a muchos conocidos, con aparatos de medida adecuados, cómo de dañina era la red eléctrica que pasaba por su casa, su antena de telefonía situada en la cúspide de su edificio o los daños que su microondas hacía en sus tejidos. Esos son, como otros muchos, cuentos de viejas, basados en efecto placebo, ignorancia y prejuicios.

Somos cínicos por naturaleza. Si ahora las energías renovables, por ejemplo, suponen una mejora sustancial para el planeta y el ser humano, ya surgen voces críticas que anuncian desastres cancerígenos. No hace mucho tuve que escuchar que los generadores eólicos provocan cáncer al ionizar el aire con sus paletas. ¿Es que su automóvil no ioniza el aire (cosa, por otro lado, falsa)?¿Es que sus propias heces, que desprenden gases venenosos (como el metano), no son más peligrosas que ese aire al que usted falsamente le da características de ionizado?

Les pido encarecidamente que lean y se informen, por expertos de verdad y no por organismos manejados por políticos. De ahí nada bueno puede salir.