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jueves, 4 de abril de 2013

La imputación de la infanta Cristina en el caso Noos

Los medios de comunicación españoles han abordado hoy la noticia de la imputación de la infanta Cristina, hija del Rey de España, en un caso de corrupción política y financiera conocido como "Caso Noos". En esencia, se estipula que el marido de la Infanta, el ex-jugador de balonmano Iñaki Urdangarín, había montado una empresa de creación de eventos sociales y deportivos junto con un antiguo profesor de máster, con la cual se dedicaban a adquirir contratos públicos y a estafar dinero de los contribuyentes españoles. En principio siempre se sostuvo que si bien el marido de la Infanta había sido el brazo ejecutor y su antiguo profesor el cerebro de la trama, la Infanta no tenía noticias de las actuaciones de su marido. Sin embargo, datos recientes (correos electrónicos) corroboran la tesis de que no sólamente conocía el asunto sino que  además participaba en la sombra en la toma de decisiones.
 
Ahora todos se preguntan... ¿y el Rey?
 
Muchos verán en esta imputación una alegoría de la Justicia o de la República. Incluso habrá quien se alegre de ver que los ricos e incluso la persona más importante del país pueda ir a la cárcel. Y sin embargo esto no conviene a nadie. Por más que se empeñe cualquier anarquista, comunista o republicano en ver el lado bueno de esto, no lo tiene por ningún lado.

La razón es muy simple: la imputación de la Infanta repercute en la Casa Real, o lo que es lo mismo, a la figura del Rey, que es en definitiva la institución del Estado hecha vida. El Rey representa la más alta representación del Estado y por tanto, el Rey, en sí mismo, es el Estado.

Hemos de entender que este párrafo anterior puede ser visto con sorna o con desprecio a ojos de algunos igualitaristas, pero analizado en el más puro espíritu de la ley, el Rey es el garante de la fortaleza y de la independencia del reino, así como máximo responsable de las miserias, de los escándalos o de las corrupciones del Estado. Decir que el Rey o que la Casa del Rey están implicados en un escándalo de corrupción es lo mismo que afirmar que el Estado está corrupto, es decir, que España, en este caso, es un país corrupto.

En otros países y en otras épocas, el deshonor es la situación más grave que puede vivirse y por la cual está admitido el suicidio o el linchamiento. No parece que sea esta situación la que vaya a producirse, ni mucho menos, pero cabe destacar que el mismísimo Rey debería tomar esta cuestión como un delito de lesa majestad.

No podemos pedir que en una sociedad en la que todos hemos permitido esto, es decir, un rey que casa a sus hijos con plebeyos, un rey que debe mostrarse risueño siempre por no enfadar a la opinión pública (en definitiva: un rey débil), que ahora pretendamos que ese mismo rey se gire y sea duro con su hija y no sólo reprendiéndola, sino, si cabe, desterrándola.

No y no. Somos hipócritas. La Casa Real no puede ser "la amiga de todos" para ahora ser un instrumento maquiavélico. Ahora todos los españoles tienen lo que se merecen: un estado irreconocible.

Siempre he pensado que al "español de ambos hemisferios", como nos llamaban en la Constitución de 1812, le falta cultura en general y cultura histórica en particular. Quiero decir que somos y seremos un pueblo que no comprende ni lo que simbolizan sus instituciones ni lo orgullosos que hemos de sentirnos de ser españoles. Incluso podría decir que hoy en día si pudiera renunciaría a mi nacionalidad, ya que me avergüenzo de tener vínculos con cualquiera de las Españas. Desde Argentina y Chile a México pasando por España todos son países vergonzosos, humillantes, decrépitos y sobre todo incultos.

No hemos comprendido nada de aquella mentalidad tan organizada e inteligente como la que tuvieron los Reyes Católicos, no hemos aprendido nada del carácter universal que tenía el Imperio de Felipe II; no aprendimos tampoco nada de las fabulosas misiones emprendidas entre otros por los jesuítas, interpretadas maravillosamente en La Mision por Irons y De Niro.

No estamos orgullosos de ser católicos y de ser la cultura más numerosa entre los católicos.

No estamos orgullosos de tener un gran monarca, que si bien está afectado en sus última etapa de vida ha demostrado ser un gobernante excelente.

No estamos orgullosos de nuestra lengua, en la cual inventamos cada día palabras nuevas como scoring, bulling o web.

En su lugar hemos permitido que la institución monárquica se haya convertido en una payasada. Hemos permitido que hasta el mismo Hugo Chávez sea un líder más valorado por su pueblo que cualquier otro presidente iberoamericano. Hemos permitido que plebeyos, ignorantes, populistas o corruptos se hayan hecho con todos nuestros ahorros.

¿Y ahora qué?¿Ahora quieren que el Rey dé ejemplo? Hipócritas.

Ahora, a aguantarse.

miércoles, 6 de marzo de 2013

La muerte de Hugo Chávez: retrato histórico de un líder

Ocurrió. Chávez ha muerto.

Lo más importante en la ciencia histórica es la imparcialidad y la objetividad. Cada vez se hace más necesario abandonar las ideas de bueno-malo para centrarse en el contexto histórico, las consecuencias de las decisiones de los personajes históricos y por último el pueblo. ¿Qué pasa con el pueblo?
 
Mis discursos sobre el chavismo, sobre Chávez y sobre la política venezolana e hispanoamericana en general han sido elaborados, entretenidos y sobre todo didácticos. Tanto en la etapa en Libroadictos como en el Ateneo de Archidux, Chávez tuvo en algunas ocasiones protagonismo importante en mis comentarios.
 
¿Quién era Chávez? Obviamente tiene una biografía, pero yo me quiero centrar en el personaje y no en la persona. De Chávez han dicho (incluso él mismo se ha calificado) de socialista, revolucionario, populista y sobre todo un líder opresor, excéntrico y peligroso. Sus partidarios, en cambio, lo amaban como a una especie de apóstol de la verdad suprema. Sus detractores en cambio lo consideraron un gorila sin cerebro, un fanático obsesionado con una nueva era de poder venezolano.
 
Y sin embargo, no era nada de eso. ¿O quizá sí?
 
Puedo reconocer que Chávez no me ha resultado una figura peligrosa o un loco ansioso de poder. Es más, he defendido y defiendo muchos de sus métodos, calificados por algunos como populistas, pero que en un análisis profundo no son sino formas básicas de una política sincera y justa.
 
Si algo hay que elogiar de Chávez es su cercanía con el pueblo. En este sentido, Chávez y otros antiguos dictadores, con Hitler a la cabeza, sabían que el pueblo era quien de veras deponía a los líderes y que no había nada más triste que un pueblo empobrecido, un pueblo sin futuro o un pueblo de muertos o hambrientos. Chávez sabía que las clases bajas venezolanas no tenían más esperanza que la llegada de un auténtico líder del nuevo orden.
 
Chávez era capaz de hacer una carretera para llevar alimentos a las zonas más necesitadas en cuestión de días. Chávez movilizaba el ejército para ayudar a familias necesitadas y disponía de viviendas nuevas a tal efecto. Chávez demostró durante años ser un buen padre protector para su pueblo Venezuela.
 
Nadie puede criticar eso de Chávez. Los que lo han criticado han salido mal parados, ya que el pueblo de Venezuela ha podido comprobar por sus propios ojos estos hechos. Y en esto se han equivocado los rivales y detractores de Chávez, en tratar de negar que lo que hacía Chávez era bueno para el pueblo.
 
Y lo era.
 
Sin embargo, Chávez también tenía muchos yerros. Él mismo se calificaba de socialista y desde sus inicios se alió con todo lo que simbolizaba capitalismo. Ese fue sin duda su principal error: entender que sólo el socialismo sería capaz de sostener la idea de estado venezolano que él proponía. Entendía que el capitalismo era sinónimo de corporativismo. Después de más de 100 años de socialismo y de desastres socialistas (como el de la Unión Soviética o China), no puede ser concebido ningún régimen político cuya base sea el socialismo clásico sin la participación de la estructura capitalista.
 
Chávez entonces se alió en contra de Estados Unidos (y en menor parte, la Unión Europea). Este fue un gravísimo error nuevamente, ya que asumía unas relaciones multilaterales con líderes que no concebían sus ideas políticas sino que su nexo de unión era exclusivamente el odio a EE.UU. Es esta situación, marcada por la idea preconcebida de que el mal estaba generado desde EE.UU., la que ha provocado el distanciamiento internacional de este país con otros países desarrollados.
 
Por estos errores, Chávez condenó a su país a un panorama crítico. Chávez entendía el socialismo como la respuesta, cuando la respuesta era el capitalismo de Smith. Es muy probable que Chávez fuera socialista o entendiera esa forma de socialismo simplemente como una base para atraer a las masas con ese nombre de "socialismo" o como un concepto derivado de una oposición al régimen económico corporativista de Venezuela antes de su mandato.
 
En definitiva, la Historia, una vez que pasen los años y se olvide su presencia en los medios de prensa, pondrá a Chávez como una figura ejemplar en su gestión interna pero condenable en su trato con el exterior y con la concepción del movimiento como de seguimiento socialista. No se negará que en pleno siglo XXI existió un hombre capaz de dar respuestas personales y sinceras a quienes le siguieron y que además hizo mucho bien de manera individual. A eso lo llaman populismo. Yo llamo populismo a dar 1 a cambio de 100. No puedo llamar populismo al que da 1 a todos pero se equivocó en el trato con los de fuera y ello desembocó en un problema para todos. ¿Cuántas veces no se equivocan los padres por hacer bien a sus hijos? Y nadie los llama populistas. Creo sinceramente que ante todo Chávez estaba convencido sinceramente de lo que hacía y sobre todo estoy convencido de que Chávez tampoco lo hacía por un interés a corto plazo o un interés corrompido por el dinero. A diferencia de otros líderes, como Evo o Cristina Fernández, pienso que Chávez siempre quiso el bien para el pueblo. Únicamente su escasa cultura sobre el socialismo fue la que motivó el problema.
 
Descanse en paz y que Venezuela encuentre su camino.

martes, 8 de enero de 2013

¿Derecha conservadora o derecha reaccionaria?

Cualquiera puede ver cuando camina por la calle algún cartel de un sindicato o de un partido político de izquierdas. Siempre verá un claro mensaje reaccionario (por poner un ejemplo, "basta ya de la derecha opresora", "luchemos por la democracia real", "no nos moverán", etc.). Estamos tan acostumbrados a ver estos lemas de partidos que cuando los vemos en carteles de derecha pronto se catalogan de ultraderechistas.
 
¿Es esta apreciación una visión sesgada de la realidad? Lo cierto es que si pensamos en algún lema de ultraderecha casi inconscientemente se nos aparecen ideas como "muerte al comunismo", "guardad el país de las invasiones extranjeras" o "patria o muerte".
 
Si consideramos que las expresiones del párrafo anterior son de ultraderecha, ¿cuáles son las expresiones típicas de la derecha? Habrá algún radical que identifique a la derecha con la ultraderecha pero lo cierto es que a poco que pensemos, veremos que no existen tales expresiones, a no ser pensando un poco saquemos de nuestro inconsciente lemas como "Dios es mi vida" u otras expresiones religiosas.
 
Esto nos permite entender que la derecha se ha caracterizado siempre por ser conservadora en lugar de reaccionaria. Esto puede entenderse como una estrategia propia de la idiosincracia del conservadurismo pero, ¿realmente es así o simplemente parece que sea así?
 
Antes de contestar, avancemos más en el tema. Hay un extraño concepto en la actualidad que sostiene que el partido republicano en EE.UU. y los partidos democristianos en Europa son partidos de derecha. Es posible que el partido republicano conserve en gran medida la definición clásica de derecha, pero por seguro que la UCD de Angela Merkel o el PP de Mariano Rajoy no son partidos de derecha, sino partidos de izquierda conservadores (lo que comúnmente se ha venido a llamar "centro"). Son partidos políticos sin programas y lo que es peor, sin espíritu o ideario. A diferencia de los partidos de izquierda que equivocados o no disponen de una idea primigenia (el concepto de la lucha de clases), los partidos de derecha repiten como papagayos los conceptos de ceñirse al status quo.
 
La derecha conservadora no puede existir o a la larga sucumbe. En cambio una derecha reaccionaria se puede interpretar como ultraderecha. Entonces, ¿existe realmente solución al problema?¿Son realmente los partidos de derecha unos partidos que esperan o se mantenienen porque no saben hacer otra cosa más que "ser como siempre se ha sido"?
 
Yo, personalmente, nunca he creído en los partidos políticos, ni de derechas ni de izquierdas. Nuestros lectores apreciarán que en el Ateneo de Archidux lo que siempre se ha pretendido ha sido la búsqueda de la verdad y esto no debería estar sujeto a ideas políticas. Si un partido de izquierda interpreta que la verdad es que existe una lucha de clases, quizá deba replatearse su programa. Lo mismo digo de un partido de derechas que piensa que rezando y yendo a misa se acabarán solos los problemas. Lo que hay que hacer es ante todo, ser activos, sin miedo a lo que opinen los demás.
 
A la derecha europea (insisto que a la derecha americana no le ocurre esto con tanta frecuencia) le falta despojarse de sus complejos. "La verdad os hará libres". Un partido político de derechas que esté dispuesto a decir que no existe la lucha de clases o que la mayoría no tiene la razón no puede temer nada, ya que la verdad puede herir pero no matar. El único problema es que la derecha, como le pasa a la izquierda, ha pretendido conservar el poder económico o político (o ambos) en lugar de ser fieles a la verdad.
 
Los ciudadanos valoran en gran medida los partidos sinceros, los partidos que creen sinceramente en todo lo que prometen o que son capaces de responder con sinceridad humana y no con palabras vacías a los problemas del pueblo. El amor de los ciudadanos, al igual que su odio, crece en función de las respuestas de sus políticos.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

El asesino de Newtown

Lamento profundamente la masacre cometida a todos esos angelitos inocentes. No se puede concebir algo así más que en la mente perversa y obnubilada de un demente.
 
No deseo perderme en más muestras de cariño o condolencias. Creo que lo dicho es suficiente para entender qué es lo que siente la mayor parte de la población sobre este tema.
 
Me gustaría concentrar esta penosa entrada en dos aspectos fundamentales que derivan de esta matanza: el análisis del asesino y la polémica con los permisos de armas en EE.UU.
 
El ya tristemente conocido asesino Adam Lanza no era más que otro de tantos adolescentes o jóvenes adultos fracasados que tratan de llamar la atención en un mundo desesperadamente repleto de incomunicación. No podemos decir que sean jóvenes normales, pero tampoco podemos apartar nuestra mirada a aquellos que por ser fracasados no tengan derecho a una vida justa.
 
El caso es que Lanza no era más que un principio de hombre que, debido a su falta de encanto y carisma, no resultaba ser esa clase de personaje excéntrico. Es conocido que sufría síndrome de Asperger. Déjenme contestar que esta suele ser la típica excusa para querer no enfocar el auténtico problema de estos asesinos en masa: la ausencia de futuro en el individuo. Tanto Breivik como Lanza intercambian los papeles entre seres humanos y animales en una macabra caza. El famoso asesino de Noruega no puede ser considerado un loco en el mismo sentido que Lanza, aun a pesar de que su matanza fue similar. Mientras que Breivik entendía que éstos eran enemigos de la patria, Lanza consideraba que la escuela era la causa de esos problemas y que, si se permite ahora la especulación, o bien quería eliminar a los productos de la escuela (sus estudiantes) o bien quería eliminar el concepto de escuela en sí. No podremos entender nunca al cien por cien cuál fue la auténtica razón por la que pretendió matar a los niños, pero desde luego no es obra de un criminal, sino de un loco capaz de confundir a seres humanos con animales u otros seres inanimados.
 
En cuanto al acceso de armas en EE.UU., tanto Obama como la opinión pública están de acuerdo en limitar de algún modo su acceso. De todas maneras, la asociación del rifle norteamericana trata de minimizar aquello, alegando incluso que un mayor acceso a las armas podría ser un mayor grado de seguridad.
 
Hay una cosa cierta en todo esto y es que la ausencia de armas de fuego no garantiza la ausencia de asesinatos, pero los minimiza. Lo contrario es imposible: la presencia de armas de fuego garantiza la ausencia de asesinatos, debido a que incluso en el peor de los casos, el defensor mataría al agresor, convirtiéndose, desde el punto de vista moral de asesino.
 
Una sociedad con alto nivel armamentístico es una sociedad violenta. Esto es una realidad. Si una sociedad puede acabar sus problemas con las armas, entonces la cabida de la razón queda en segundas esferas. Razón y fuerza son a menudo incompatibles.
 
Hay quien piensa que Obama no puede prohibir las armas porque, entre otras cosas, podrían atentar incluso contra él mismo. De todas formas, Obama olvida las palabras de Maquiavelo, quien consigue el favor del pueblo no requiere de amigos ni aliados en la Corte. Esto significa que acabar con el mercado de armas es tarea compleja, pero que el pueblo lo apoyaría si lo ve realmente interesante. El problema es que Obama también tiene a muchos demócratas amantes de las armas y teme perder su puesto.
 
Creo en la libertad de portar un arma si ésta se otorga a sujetos tan cuidadosamente escogidos que se garantice la ausencia casi total de fallos en su uso o que su función sea la de velar por la seguridad de otros (guardas jurados o policías). Lo que no creo es en proveer a todo padre de familia de armas (algunas incluso automáticas), ya que lo que hacemos es militarizar a la sociedad, hasta tal punto de poder matar a familias enteras. Esto sí habría de ser innegociable para EE.UU: No se puede tener a nadie armado capaz de generar, por mínimo que sea, un altercado o tiroteo. Tampoco a nadie no entrenado en el manejo del mismo. De la misma manera, no se entrenaría a nadie a menos que lo haga con el fin de ser un profesional de la vigilancia.
 
En definitiva: soluciones hay, sólo hay que aplicarlas.

martes, 4 de diciembre de 2012

El problema fundamental de la Economía (III)

Dejamos nuestra última disquisición en la necesidad de incrementar la diversificación de actividades, para poder así dar una solución satisfactoria al creciente problema del desempleo.
 
Como vimos en la primera entrega de El problema fundamental de la Economía, la única y primera razón de la Economía es garantizar el acceso y la distribución de los recursos del planeta. De la misma manera, todos los regímenes políticos y económicos siempre han considerado que la manera más justa de distribuir los recursos es según el esfuerzo (trabajo) o según el tipo de trabajo. Que se considere que la manera más justa de distribución sea según la ley de mercado (oferta y demanda, teoría liberalista) o según una cuestión objetiva (horas de mano de obra empleada, teoría marxista), ya es otra historia. En cualquier caso, lo que es indiscutible es que el trabajo y su diversificación (distintos tipos de trabajo) deben existir para que una sociedad pueda considerarse plenamente desarrollada.
 
Como vimos al final de El problema fundamental de la Economía (II), el trabajo pseudoartesanal debe ser, sin remedio, la opción única para devolver a la economía su principal misión: la de distribuir los recursos. Una sociedad con pleno empleo es una sociedad que puede disponer de toda su riqueza de la manera más eficiente. Por tanto, una sociedad con pleno empleo es la que menos coste social genera al Estado y también la que menos coste económico genera. Por otro lado, una sociedad con pleno empleo es una que goza de una salud psíquica inmejorable, ya que elimina de raíz la principal causa de insatisfacción: la falta de recursos y la imposibilidad de acceder a ellos.
 
Hemos de desterrar de la mente los conceptos utópicos tales como satisfacción generalizada o que pleno empleo significa tener empleada al 100% de la población activa. Pleno empleo significará un estado económico-social tal que la demanda de empleo pueda ser fácilmente satisfecha en plazos cortos. Con satisfacción generalizada queremos decir que todos y cada uno de los miembros de la sociedad estén contentos con su puesto de trabajo, actividad o sueldo. Esto ni es posible, ni es concebible, ya que el ser humano es inconformista por naturaleza, lo cual es altamente positivo, pero también, si el estado no es capaz de velar por el interés generalizado, altamente negativo. Tampoco es concebible una sociedad con exceso de oferta de empleo. En ese caso, la sociedad necesitará cubrir con mano de obra foránea dichos puestos de trabajo, lo que podría repercutir negativamente en la consecución del pleno empleo, al aumentar la oferta de empleo.

La necesidad de empleo y por tanto de acceso a los recursos se perfila como algo primordial. Ciertamente, al carecer de otra herramienta más justa y más objetiva que el esfuerzo o el beneficio que concede el individuo a la sociedad, no es posible el acceso a estos recursos si no es a través del empleo. Y no cabe otra posibilidad, ya que los recursos son un concepto natural o físico (alimento, energía, seguridad, etc.) y no existe nada más natural o físico que la lucha de las especies o la selección natural. El ser humano ha conseguido enmascarar esta selección natural a través de la selección laboral: los trabajos mejor remunerados serán aquellos que otorguen unas ventajas competitivas a los individuos por el control de los recursos.

Pero, ¿cuál es el origen del trabajo? Sin duda, el origen del trabajo está en conseguir satisfacer necesidades. Por tanto el trabajo no es más que el esfuerzo realizado para satisfacer una necesidad. Es cierto que la economía del siglo XXI está demasiado elaborada, pero comprar un coche no es más que el producto de determinadas jornadas laborales de esfuerzo. Si bien no hemos fabricado el coche (economía del neolítico) sí que hemos realizado un trabajo que nos permite ganar un dinero que empleamos para pagar a alguien que nos fabrique el coche. Por tanto, los trabajos se originan exclusivamente para cubrir necesidades propias o ajenas.

¿Qué ocurre actualmente? Hay una crisis de trabajo. ¿Por qué razón? Porque no hay necesidades que satisfacer o no hay dinero (trabajo) para satisfacerlas o esas necesidades son satisfechas por los mismos individuos que las tienen (ya sea mediante trabajo propio, a sea mediante el uso de una máquina). Hasta no hace mucho, se pensaba que este último motivo no era más que el proceso paulatino de tecnificación y automatización y que el mercado laboral iría creando nuevos puestos de trabajo en nuevas actividades, fundamentalmente aquellas relacionadas con internet. Sin embargo, como ya expresó Malthus en su ensayo sobre la población, podemos afirmar que si bien el proceso de tecnificación aumenta en progresión geométrica o incluso exponencial, el proceso de creación de empleo lo hace en progresión aritmética, al tiempo que (y esto complica algo más el planteamiento sobre el que Malthus hacía su análisis) el número de individuos en el planeta aumenta también geométricamente.

Conclusión: en menos de 100 años podemos encontrarnos ante la triste realidad de que más del 40% de la población activa estaría en paro, lo que conllevaría que sólo aproximadamente el 30% de la población mundial tendría que alimentar al 70% restante, incluyendo aquí a niños y ancianos, hecho totalmente inviable y que repercutiría únicamente en una solución: la terrible guerra. Al igual que Malthus afirmaba que la población tenía que controlarse y que los métodos de control de la natalidad habrían de imponerse como sistema necesario para el equilibrio natural de nuestra especie, hemos de entender que es necesario limitar el proceso de tecnificación, en cuanto a que mientras vivamos en exclusivamente en este planeta no tenemos más remedio que repartir equitativamente los recursos y que si bien la tecnificación masiva sería la herramienta perfecta para que unos pocos se enriquecieran extraordinariamente, la tecnificación masiva traería como consecuencia un empobrecimiento también extraordinario de la población.

Así pues, hemos de apostar por un trabajo pseudoartesanal como objetivo de futuro, es decir, un trabajo en el que el ser humano, ayudado por máquinas, pueda acceder a los recursos y se pueda desarrollar como persona, tal y como hasta hace unos años ha ocurrido. Un operario de fábrica que requiere controlar un botón de un panel de mandos no sería un buen ejemplo de pseudoartesano. Comparativamente sería el operario de fábrica que atornillaría bridas con ayuda de herramientas eléctricas (como el taladro) o incluso maquinaria más especializada (control de autómatas). Lo que sí sería fundamental es que el ser humano fuera un auténtico controlador del proceso y no una mera pieza del mismo, como se pretende hacer actualmente y por tanto convierte a la persona en reemplazable por un autómata o máquina que puede realizar sus mismas funciones más rápidamente.

No hay que tomar esto a broma. Al igual que los ecologistas alertaban de los daños del ser humano a la naturaleza, es una advertencia terrible el hecho de avanzar que el ser humano se puede encontrar (y de hecho ya se encuentra) en un proceso de imposibilidad de acceso a los recursos más básicos y no por ser pobres, sino porque no existe un medio fiable para el acceso al mismo, mientras otras empresas y personas sí que acceden a miles de veces más recursos que éstos.

En nuestra próxima entrega, trataremos de afrontar de manera más técnica cómo se podría concebir una sociedad pseudoartesana sin necesidad de hipotecar el progreso humano y el progreso económico.

jueves, 29 de noviembre de 2012

El problema fundamental de la Economía (II)

Siguiendo con línea de discusión que ya iniciamos en El problema fundamental de la Economía, hoy trataremos de establecer la relación dinero (o poder monetario) con riqueza.
 
Parece lógico pensar que la persona rica o el país rico es aquel que tiene mayor poder monetario, o lo que es lo mismo, el que más dinero tiene. Si queremos ser puristas, esto no sería más que asimilar la riqueza al poder financiero (es decir, la liquidez) de un país. Así, por ejemplo, si EE.UU. tiene puesto en circulación 1 billón (español) de dólares, mientras que México tiene puesto en circulación 10 000 millones de dólares (o lo que es lo mismo, un billón americano de dólares), EE.UU. es por consiguiente más rico que México.
 
Así ocurriría con las personas: el que tiene diez millones de dólares en el banco es más rico que quien tiene un millón de dólares. Donde dijimos dólares podemos decir libras o euros. Eso da igual. Lo que queremos decir aquí es que por regla general llamamos rico a quien tiene mucho dinero, lo cual no es rigurosamente cierto. De hecho, a nadie pasa desapercibido que un millonario con sólo 1 millón en el banco pero con una mansión de 2000 m2 construidos, es más rico que quien tiene 1,5 millones. Así, por tanto, podríamos decir que el más rico es aquel que tiene más dinero y posesiones en conjunto.
 
Si nos fijamos, a partir de aquí podríamos empezar a establecer nuevos valores o indicativos de riqueza: bonos del estado, préstamos, alquileres, empresas, etc. Y es aquí donde nos desviamos del auténtico principio fundamental de la economía, que es conocer la riqueza real de cada uno, que es en definitiva la capacidad de disponer de recursos. Una persona rica es capaz de acceder a mayor cantidad de recursos pero también a mayor variedad de los mismos.
 
Ya fue Adam Smith el que consideraba que el valor de la economía de un país era el valor de su trabajo y no el valor de su dinero. Esto es rigurosamente cierto: un pueblo con gran variedad de trabajos y de trabajadores es un pueblo desarrollado y rico. El desempleo es siempre síntoma de empobrecimiento. Un país que viva exclusivamente de recurso financiero pero tenga una población sumida en el desempleo es una sociedad pobre. Esto es lo que ocurre actualmente en España: es una sociedad con empresas y bancos excelentes, pero esas mismas empresas no son capaces de generar empleo, sino exclusivamente dinero. O dicho de otra manera: los grandes empresarios son cada vez más ricos y los pequeños empresarios y trabajadores se van empobreciendo, al tiempo que existe un empobrecimiento generalizado de actividades y por tanto una necesidad de importación cada vez mayor.
 
Se dice que uno de los principales motivos por los que España es uno de los países pobres de Europa (a pesar de lo que digan los mal llamados "analistas") es su incapacidad de haber entendido nunca que la riqueza de una nación está en la industrialización y en la complejidad de sus actividades y no en negocios rentables o muy rentables. Es decir, si tenemos en cuenta que España invierte o considera como sector principal el sector turístico o el sector de la construcción, es que después de muchos siglos no ha aprendido nada.
 
Se dice que cuando España aún no era España, principalmente en el Reino de Castilla se estableció una serie de agrupaciones de pastores transhumantes (es decir, que llevaban el ganado a pastar del norte al sur en invierno y del sur al norte en verano) que con el tiempo se unificaron en lo que se llamó Concejo de la Mesta. Los miembros de este órgano se dedicaban fundamentalmente al comercio de la lana, que era de una calidad excelente. Los castellanos, en lugar de organizar en torno a su recurso natural una serie de manufacturas textiles, ávidos de una riqueza fácil de ganar, vendían sus lanas a los países del norte, principalmente Flandes e Inglaterra, donde se confeccionaban los paños (el famoso "paño inglés"). Estos paños, posteriormente, debido a su alta calidad, se vendían a toda Europa y por consiguiente también a Castilla, donde su precio, al comprender la mano de obra y el transporte, era más caro que si hubiera sido confeccionado en el mismo país. Por tanto, Castilla fue perdiendo poco a poco su riqueza natural y para poder subsistir y seguir comprando paño, debía vender más lana, que era más barata que el paño. Tras este paréntesis de la Edad Media, Castilla, esta vez configurada dentro de España, tuvo otra oportunidad histórica al disponer de ingentes cantidades de oro de América, pero cometió un error: el mismo Adam Smith afirma que con el aumento de las remesas de oro y plata, aumentó la oferta de estos metales, lo que si bien provocó en sus inicios un aumento del poder adquisitivo de España, pronto desembocó en un aumento de la inflación.
 
En cualquier caso, España siempre ha cometido excesivos errores en materia económica y ahora vuelve a hacerlo.
 
Otra cuestión que está muy relacionada con el trabajo y la riqueza es el creciente aumento de la esperanza de vida. En sí, Malthus ya pronosticaba que el aumento de la población y de la esperanza de vida haría casi imposible que la humanidad no pereciera de hambre, al haber miles de millones de individuos en el planeta. Si bien algunas tesis marxistas sostienen la capacidad del ser humano de encontrar soluciones para sobrevivir, no es menos cierto que a estas alturas las teorías malthusianas son mayoritarias frente a aquellas.
 
Sin entrar en detalles, que ya veremos en otra entrega, lo cierto es que el gran reto de los próximos años, décadas y siglos será cómo en un mundo cada vez más tecnificado y por tanto con menor necesidad de mano de obra humana y con una mayor esperanza de vida, y por tanto con una incapacidad creciente de mantener pensiones de jubilación, será posible repartir de forma justa y equitativa los recursos, tal y como venimos haciendo actualmente.
 
El reto no es fácil, pero a diferencia de lo que políticos, sociólogos y economistas plantean, que no es ni más ni menos que una ruptura con los sistemas económicos actuales, se puede plantear una posible solución satisfactoria para casi todo el mundo (salvo para, obviamente, las grandes corporaciones mundiales): el trabajo pseudoartesanal.

martes, 28 de agosto de 2012

El problema fundamental de la Economía

Recientemente se conocieron los datos de la economía en China. Estos datos han demostrado que China ha ralentizado su crecimiento del anterior trimestre a éste, del 7% al 1%. Esta situación ha hecho que los inversores hayan decidido paralizar en parte las inversiones en el gran país asiático. Además, el estallido de la burbuja inmobiliaria china ha contribuido a un notable descenso en la riqueza de los chinos.

La situación pronto se ha vuelto preocupante. Las principales bolsas auguran unas fuertes pérdidas económicas mundiales el próximo año. El panorama para ciertos países ya en problemas (España, Italia, Grecia...) no es precisamente alentador.

Y en todo este lío globalizado muchos nos preguntamos que si todos los países pierden, ¿dónde está el dinero?

Recuerdo que cuando era estudiante, cierto profesor nos comentaba que a diferencia de la materia y la energía, los balances económicos no siempre eran entrada menos salida igual a acumulación. En los balances económicos existía la posibilidad de que se generara o se destruyera riqueza. ¿Cómo podía ser esto posible? El profesor nos contestó: "Supongamos un río en mitad de un bosque. La riqueza que genera ese río tiene un cierto valor (fundamentalmente medioambiental). Supongamos que colocamos una industria química en su ribera. Entonces, el río perderá valor ecológico, pero aumentará su valor económico". Es posible que el balance final fuera positivo o negativo, pero entonces el profesor siguió insistiendo: "¿Qué ocurriría si pusiéramos una planta de tratamiento de aguas que eliminara toda la contaminación sin dañar al río? En ese caso habríamos creado riqueza sin que el río se viera muy afectado en su valor ecológico".


Debo reconocer que con el tiempo este pensamiento me estuvo siguiendo. Incluso hemos podido comprobar a gran escala esta idea de la "generación espontánea" del capital. ¿Por qué entonces no creemos en la "destrucción espontánea" del capital?¿Es realmente posible que unas acciones que hoy valen 10 mañana valgan 0?¿Es creíble?¿Puede perder todo su valor una empresa en pocos segundos?¿Dónde va al dinero?¿Realmente ha "desaparecido"?


En mi vida he podido comprobar que la ciencia moderna no descarta (incluyendo la física) la generación espontánea de ciertos elementos o fenómenos (eso sí, muy puntuales). De todas maneras, siempre se trata de particularidades extremadamente difíciles de conseguir y de tratamiento inaplicable (estadísticamente de probabilidad quasi-cero), por lo que en el mundo real toman la consideración de "imposibles". Entonces, ¿cómo es posible que en el mundo actual pueda crearse y desaparecer el dinero de esa manera?


He de reconocer que el problema no es fácil, ni de entender ni de solucionar. Es cierto que cualquier libro, universidad o académico serio sería capaz de dar la razón a cualquier idea económica moderna sobre el valor de las acciones, la variabilidad de los mercados o la creación de riqueza pero, ¿hasta qué punto son ciertas todas sus teorías? Es decir, para ser mucho más pragmáticos, si son ciertas las teorías (que lo son), ¿son aplicables en todos los casos o podemos crear distintas realidades económicas?


Un ejemplo claro suele ser la inflación. No se puede negar que con el tiempo las cosas se encarecen. La razón es simple: una economía que crece con el tiempo hace que los ciudadanos sean cada vez más ricos, lo que se traduce en que tienen más posibilidades de comprar cosas y por tanto, los recursos, al ser finitos, se encarecen por simple ley de oferta y demanda. Sin embargo, ¿puede ser aplicable las leyes de la inflación a la especulación? Evidentemente (y el tiempo lo ha mostrado), no. La especulación no es una consecuencia directa de la economía o la riqueza de un país. Ni siquiera es consecuencia directa de las necesidades o los deseos de sus ciudadanos. La especulación es una consecuencia directa o indirecta de una hipótesis de valor, por la cual un negociante (el especulador) considera que cierto objeto será considerado como "muy valioso".


Es aquí el momento en el que tenemos que volver al título del artículo de hoy: EL PROBLEMA FUNDAMENTAL DE LA ECONOMÍA. ¿Cuál es ese problema? La respuesta es simple: la distribución de los recursos. Desde el principio de los tiempos, el ser humano se ha visto limitado en sus recursos, ya fuera por motivos tecnológicos, motivos de ubicación, motivos medioambientales o motivos legales. Los descubrimientos de los siglos XV y XVI, las conquistas de Roma o la difícil Ruta de la Seda no son más que ejemplos de cómo los seres humanos fueron capaces de tener motivaciones en la búsqueda de preciados recursos.

Este problema es tan básico que la mayor parte de las ideas filosóficas, sociales y políticas han versado sobre este asunto. ¿Cuál es la manera más justa de repartir los recursos? Resulta obvio que la manera más justa de repartir recursos es la división exacta entre los diferentes individuos. Sin embargo esta es una concepción errónea, basada en las ideas actuales, hijas del socialismo marxista del siglo XIX y de las democracias del siglo XX. No es que sea errónea en el sentido de que no sea un reparto justo, sino que no permite el reparto óptimo. La división exacta conlleva a la igualdad de recursos, no al reparto justo.


Si nos remontáramos a los albores de la civilización, a la tribu, el reparto de los recursos resultaba muy distinto. Los recursos naturales (principalmente el alimento) se repartían según la ley del más fuerte (el jefe y sus hijos o los notables de la tribu eran los que recibían más comida, dejando a los individuos menos fuertes de la tribu una menor ración). Este reparto puede parecer injusto a ojos del hombre del siglo XXI, pero es un reparto muy adecuado cuando se come cada tres días o bien la comida se pudre muy rápido.


Cuando el hombre dejó el paleolítico y descubrió la ganadería y la agricultura, el reparto de los recursos se volvió mucho más "humano". En efecto, esta revolución tecnológica permitió tener comida prácticamente ilimitada, sin necesidad de ir a cazarla. Por tanto, según nuestra teoría del problema fundamental del reparto de recursos, si un recurso es ilimitado (por ejemplo, la luz del sol, el aire...) no es necesario repartirlo, ya que cada uno puede tomar tanta cuota de ese recurso como estime necesario (el agua, sin embargo, no es un bien ilimitado, ya que su ubicación posibilita en mayor o menor el acceso al recurso). Pero entonces ocurrió algo inesperado: la esperanza de vida, así como la población, creció ampliamente, lo que llevó a que los recursos (carne, huevos, leche, verduras, trigo...) fueran insuficientes y fuera necesaria una expansión, tanto territorial como económica para poder seguir alimentando a la población.


Por otro lado, la agricultura proporcionó alimento en abundancia, lo que permitió el reparto de tareas (no todos tenían que contribuir a cultivar la tierra) y que aparecieran nuevas profesiones (artesanos, pensadores, sacerdotes, guerreros, etc.), que a su vez generaron nuevos productos y servicios todavía más escasos que la comida o el agua (y por tanto, más valiosos). Aparecieron los metales, el oro, las piedras preciosas, la medicina, la magia y otros muchos más bienes y servicios que poco a poco se fueron haciendo cada vez más necesarios.


El ser humano pasó de tener recursos ilimitados a crecer y volver a limitar los recursos. Por otro lado, la ubicación proporcionaba unos recursos diferentes a sus habitantes, lo que pronto motivó el trueque. Finalmente, el trueque resultó insuficiente cuando el número de productos creció, puesto que no era posible distinguir con facilidad qué productos y de qué calidad eran los que había que intercambiar.


Y entonces: nació EL DINERO.


El dinero no es más que una abstracción, un método para determinar y medir el valor de algo. En lugar de decir "esto vale 2,3 gallinas" decimos "esto cuesta 10 $, 9 € o 40 denarios". Por tanto, es incierto que alguien tenga "mucho o poco dinero", ya que el dinero no es más que un método. De lo que dispone una persona es de un certificado de que posee la posibilidad de adquirir bienes o servicios por tal o cual valor. Como sabemos el dinero hoy tiene múltiples formas, siendo la más antigua y persistente la moneda metálica. Pero actualmente podemos certificar nuestro dinero de las maneras más inverosímiles: billetes de banco, letras de cambio, cheques, cuentas corrientes, boletos de tarjetas de crédito...


He aquí entonces la razón por la que la gente vive y en ocasiones mata: una medida del valor y una medida de la capacidad de adquirir bienes.


El dinero trajo sin embargo una extraña capacidad que persiste todavía hoy: otorgar al vehículo o método (dinero) la capacidad (el valor o el recurso). Por eso, incluso actualmente, se considera como única razón de poder económico la cantidad de dinero que tiene un país o una persona. Sin embargo, esto no es cierto, o al menos no es del todo cierto.


Veremos en próximas entregas la razón de este enjuiciamiento.

lunes, 25 de junio de 2012

Cambiar lo imposible o la teoría de la inercia social

Corren tiempos de pesimismo. Eso está claro. Para acentuar todavía más la tragedia, las noticias económicas siempre están anunciando nuevas medidas impopulares en cualquier parte del mundo. A todo ello se une una crisis de empleo sin precedentes.

Han surgido voces de cambio. Voces de revolución. Voces propagandísticas. El desconcierto entre la población crece por momentos e incluso pequeños gestos en nuestras propias vidas son la chispa que podría encender acciones de protesta y de violencia incluso. Se oyen voces que propugnan el cambio social...

¿Pero un cambio a qué? Es más, ¿alguien sabe realmente lo que ha de cambiarse?¿Es acabar con el dinero? Obviamente esto es un absurdo, es una vuelta a la prehistoria. ¿Es acabar con el capitalismo? Eso ya lo intentó el comunismo y todos sabemos qué pasó. ¿Es acabar con el capitalismo con otro método que no sea el comunismo?¿Es mediante políticas socialistas?¿Será quizá con políticas chavistas?

En ocasiones, en muy raras ocasiones tengo que decir, estas ideas y esta situación de crisis me hace sonreír. ¡Pringados! ¿Acaso creemos que las medidas radicales son tan fáciles y sobre todo son tan efectivas en las sociedades occidentales? Todo dependerá, claro está, del intelecto del que propugne estas medidas y cambios.

Generalmente he de decir que quien propugna cambios suelen ser los denominados grupos de izquierda. Cambiar es bueno, eso es indiscutible. Sin cambios sociales no hubieramos avanzado en ciencia, por ejemplo. Pero cabría pensar si ciertos avances técnicos y científicos consuelan frente al daño social que se deriva de ellos. Por ejemplo, la Revolución Industrial trajo grandes inventos y descubrimientos médicos y científicos. Sin embargo, la Revolución Industrial trajo espeluznantes cambios sociales y económicos, a la par que horribles guerras (las más horribles que el ser humano haya contemplado) y a horribles políticos. Además, esos cambios se han ido acentuando, de tal manera que las revoluciones científicas, políticas y sociales siguientes fueron siempre menos eficientes, ya que la mejora técnica era mucho menor que el empeoramiento social.

¿Qué hacer entonces? Como parece que las revoluciones tecnológicas van a ser imposibles de parar, mucho menos desde que los países subdesarrollados ahora comienzan a desarrollarse a pasos agigantados, las revoluciones sociales deberían ser controladas tajantemente por los políticos nacionales y supranacionales (ONU). Esto no es una mera opinión o una posibilidad. Se trata de una auténtica realidad que todos estamos viviendo.

Nada que conlleve una actitud radical sería realmente efectiva en los países desarrollados y democráticos, a menos que un cambio político a escala mundial sin precedentes ocurriera de repente. Me estoy refiriendo a una dictadura al estilo de los nazis, cuyo advenimiento coincidió no sólo con la dictadura alemana sino dictaduras en España, Italia y URSS, así como regímenes totalitarios o simpatizantes como Japón, Grecia o Argentina. Incluso de esta forma, cambios muy radicales serían muy complicados de hacer, al menos a corto plazo.

Pero este caso no sólo ocurre cuando hablamos de visión retrospectiva o revoluciones conservadoras, sino cuando hablamos de revoluciones socialistas. Es decir, plantear un mundo sin ricos o un mundo lleno de homosexuales no sólo es utópico sino imposible desde los más elementales principios. ¿Cómo se puede obligar a cambiar las ideas de alguien? Ni los propios nazis pudieron cambiar el pensamiento de los judíos, incluso cuando les gaseaban. Existe lo que se llama una inercia social.

Al igual que un planeta trata de escapar de su órbita pero una fuerza le obliga a girar y realizar una curva, la sociedad tiene una inercia que no puede ni debe cambiarse. Las grandes revoluciones trataron de hacer eso y sólo trajeron desgracias y miserias inigualables a escala histórica. Las hambrunas de la Edad Media nada o poco tenían que ver con los millones de proletarios en Londres o Manchester en plena Revolución Industrial, donde vendían incluso sus dientes por un pedazo de pan. Y todo porque ofrecían las falsas promesas de un trabajo digno, el cual consistía en un salario ínfimo al existir una sobredemanda impresionante. De nada valía la persona y sus actitudes personales: sólo el resultado del trabajo valía.

En esto Marx no se equivocaba. El proletario era sacrificado por un patrono que no veía más que un medio productivo más, como así mismo era su máquina. Pero el viejo Marx se equivocaba amargamente: él llama a la revolución como fin de las miserias. Cuando el proletario fuera dueño de los medios de producción, podría repartir el fruto del trabajo equitativamente.

¡¡¡Cuánto se equivocaba el estúpido Marx!!! Lo triste es que aún hay quien sigue sus tesis. ¡Ay, Dios, ayúdanos! Lo que consiguió fue que un país tan pobre como Rusia se empobreciera hasta límites insospechados hasta que estalló la contrarrevolución de 1989. Y en todo este tiempo, los comunistas, incluso siendo un regimen dictatorial, no consiguieron acabar con la religión, con las ideas buenas, con los sueños del pueblo por una vida mejor.

Ahora se insta a que todo se acabe mediante una amnistía general para todos (ricos, pobres, bancos, personas). Se plantea el bonito "empezar desde cero". Eso, señores míos, es imposible por una sencilla razón: la amnistía general significa que los actuales ricos acabarían pobres y los pobres, si no más ricos, quizá seguirían igual de pobres. ¿Qué sentido tiene un país de pobres? Sólo uno: la mafia organizada. Quien propugna estas debilitaciones del gobierno son las propias mafias o quienes son comprados por ellas.

Caso parecido podría decirse de quienes sueñan con el fin de la Iglesia o acabar con el latrocinio, la prostitución o la homosexualidad o tantas otros temas polémicos de las sociedades actuales. Esto es imposible, al menos a corto plazo. Pensemos que una actitud radical, por ejemplo, hacia la prostitución. ¿Cómo acabar con el ansia y el vicio de tantos en sólo unos días?¿Es coherente siquiera pensarlo? Todo pasar por seguir la inercia y no con frenar el móvil. Atacar con multas o bochornos públicos a los proxenetas o clientes sólo trae consigo un empeoramiento de las condiciones de explotación de las prostitutas. ¿Cómo se acaba con la prostitución? ¿Con la educación en valores feministas? ¡Nada de eso! En esto nos insisten nuestros estúpidos políticos y sus asquerosos asesores. La prostitución se acaba cuando se hace poco atractiva al cliente y a la prostituta. Alguno dirá que una mujer siempre creará atracción el un hombre. Cierto, pero un fomento de una mujer real y no ficticia (como la "mujer trabajadora" que nos quieren hacer ver nuestros políticos) puede acabar con la imagen de que la mujer decente es poco atractiva y la prostituta tiene un cuerpo morboso y pecaminoso, lo cual resulta atractivo. Plantear modelos sociales y asustar o desmotivar a quien ejerce o trafica con la prostitución es la forma más efectiva de hacerlo. De hecho, desde aquí aplaudo las políticas gubernamentales de prácticamente todos los países del mundo en el asunto de las drogas o el tabaco. Hoy más que nunca, se excluye socialmente al fumador (no tanto así con el drogadicto, por desgracia), lo que crea una cierta culpa y se tiende a abandonar el hábito.

Cambiar lo imposible es, como su nombre indica, imposible. Pero todo tiene un matiz. La cuestión no es cómo se cambia, sino qué queremos cambiar y por qué y sobre todo a donde conducirá ese cambio. Recordemos siempre, al tomar una decisión en la vida, seamos políticos o no, la inercia social. No podemos parar un planeta con tanta vida, porque esta los más insignificantes, cuando son muchos o son únicos en su especie, pueden cambiar el curso de los acontecimientos.

jueves, 14 de junio de 2012

Rescate de la banca española o rescate a España

Ocurrió lo que muchos pensaban que era inevitable: el rescate de Europa a España. Eso sí, con matices. Se trata de un rescate financiero a la banca. Como han tratado de explicar los políticos españoles, el rescate del sistema financiero no es lo mismo que el rescate al país. Es fácil de entender que, si una empresa o un grupo de empresas de un país quiebra, esto no significa que el país haya quebrado, por muy dañada que pudiera quedar la economía del país. Y esto es fácilmente entendible porque si dos organismos son distintos aunque estén muy relacionados, sus realidades son totalmente distintas.

¿Y ahora qué? Y lo que es peor, ¿ahora qué en Europa?¿Ahora qué en América Latina?¿Ahora qué en el mundo? Lo cierto es que, si todo apunta a que ha sido simplemente un rescate a la banca, nada debería afectar, ya que España no se ha visto afectada, y de ser afectados sería solamente en positivo. Esto no quiere decir que, en una economía globalizada, no vaya a haber dificultades económicas ante la quiebra o la desestabilización del sistema financiero. Sin embargo, las cosas pueden ser más fáciles, tanto de entender como de hacer.

La economía de un país no es fruto de especulaciones. Es fruto de políticas de crecimiento. Cierto es que todo requiere una planificación, pero esta planificación es relativamente fácil. Para planificar económicamente un país deberíamos hacer uso del método de la "piedra grande". Es decir, si tenemos un recipiente de determinada forma y piedras de un cierto tamaño, podemos ir introduciendo piedras hasta que no caben más. El recipiente son los ingresos del país. Las piedras representan los gastos fundamentales del país (sanidad, educación, agricultura, industria, seguridad ciudadana...). En el recipiente, sin embargo, aún queda algo de espacio que no puede ser cubierto por las piedras (a causa de su forma). Entonces, podemos rellenar estos huecos con arena. La arena representa esos gastos no fundamentales (actividades culturales, festividades, apoyos a partidos políticos y sindicatos, actividades religiosas, deporte, políticas de igualdad, políticas de conciliación familiar, fomento de actividades a discapacitados, turismo, justicia, medioambiente, ocio juvenil, etc.).

Claro que esta facilidad se ve empañada con las dificultades esenciales de la condición vulgar del pueblo. Por ejemplo, resulta impensable que el desarrollo del respeto a la homosexualidad esté por encima de la seguridad pública. Esto es impensable en cualquier país subdesarrollado. No así en la gran mayoría de democracias occidentales, los cuales han sustituidos las piedras grandes por guijarros. Por tanto, no tiene sentido actualmente hablar de gastos fundamentales en los gobiernos democráticos (por mucho que digan los políticos que piensan en las necesidades básicas de sus ciudadanos).

A la vista está que salvo en algunos regímenes políticos de América Latina, como Venezuela o Bolivia, la mayor parte de países europeos y americanos no fundamentan su economía en los sectores primarios, sino en el sector servicios. Es cierto que economías desarrolladas necesitan que ese sector esté siempre en pleno auge (al menos 40-50% de la población debería estar empleada), pero plantear la economía de un país como meramente de servicios es un auténtico error, a menos que se trate de un país muy pequeño (casos de Liechtenstein, Luxemburgo o El Vaticano). En cualquier otro caso, el abuso del sector servicios puede traer como consecuencia una crisis desproporcionada (como ha ocurrido en la actualidad).

Se entiende de todo esto que a España le queda mucho que hacer y poco que pensar. Las crisis no surgen de la nada. Siempre hay una causa que se elude mientras se vive la Dolce Vita.

martes, 17 de abril de 2012

Fernández de Kirchner y la nacionalización de YPF

Ahora nos preguntamos todos cómo afectará a Iberoamérica el mensaje de la presidenta argentina. Fernández de Kirchner se planta ante el público como la nueva "Dama de Hierro" o "Evita". Es la salvadora de Argentina (o eso piensa ella) y seguro que piensa que con su postura ella ganará adeptos a su causa política (lo cual es muy posible). Esto es del todo correcto, si no fuera porque el hecho en sí mismo es incorrecto.

Recapitulemos. Argentina lleva muchos años en crisis económica (desde el corralito) y como ocurre con cualquier cuestión de la vida tuvo que hacer frente a la misma por medio de estrategias y políticas. El problema es que, como ocurre en la vida cotidiana, no todos los políticos están capacitados para ejercer la labor de manera digna y eficiente. Desde que éramos pequeñitos había un listo en la clase, un despabilado, un tonto, uno que pegaba a otros niños o un vago. En la vida real esos personajes se han hecho adultos y ahora siguen siendo iguales. No nos engañemos en esto. Y en la vida real, ante un problema, muchos toman decisiones sin conocer sus consecuencias.

Dejemos a un lado las consecuencias y sanciones económicas por parte de Europa y EE.UU. que sufrirá Argentina y la repercusión indirecta que tendrá en la zona iberoamericana este anuncio, ya que con Evo, con Hugo y con Cristina, los inversores extranjeros van a evitar entrar en estos países, ya que incluso sin tenerlos a ellos como gobernantes, nada impide que mañana en Chile o en Colombia decidan nacionalizar nuevamente otra empresa extranjera. Digo que dejando a un lado esas consecuencias y sanciones, lo más grave de la situación es que el gobierno de la presidenta sólo parece ver la solución, pero no el problema añadido que acaba de crear. Esto es muy típico de las personas poco inteligentes que llegan al poder y se piensan como que el trono o la mesa presidencial iluminan la mente de su inquilino. A esto se le llama idolatría: el sujeto piensa que es la mesa, la casa o el cargo el que genera el poder y el que le guiará en sus acciones. En el caso de Cristina, su idolatría no va simplemente en su poder, sino en la omnipresente figura de su marido, una especie de beato socialista.

A doña Cristina se le presentan ahora dos problemas bien grandes:

- la venta de los barriles de crudo: a pesar de que ella se ha amparado en que esos yacimientos resolverán el problema energético argentino, lo cierto es que nadie sería tan tonto de quemar, nunca mejor dicho, sus recursos cuando otros los pueden comprar. El problema está en que de prosperar esas sanciones, se entiende que una de ellas sería evitar la compra del crudo argentino por parte del resto de países occidentales. Esta situación, sin embargo, podría ser reversible, ya que existen muchos países en vías de desarrollo que actualmente necesitan un incremento en sus importaciones de crudo.

- la gestión de YPF. Gestionar un país es igual que gestionar una empresa y la gestión de Fernández de Kirchner ha sido nefasta a largo plazo. Gestionar una empresa de miles de millones de dólares es fácil, hasta que se acaba el dinero. Entonces, empiezan a aflorar las miserias y todos se quejan de la gestión. Gestionar una empresa con principios socialistas es semejante a gestionar una nación con principios socialistas: si la producción no se basa en objetivos y principios de eficiencia, la rentabilidad de la misma no puede más que caer y finalmente verse perdidos miles de empleos. Esta gestión, como ha ocurrido en otros países, como Cuba o Venezuela, sólo puede traer consigo miseria y esto no está siendo evaluado por la señora presidenta.


Lo que le falta a Argentina es lo mismo que le pasa al resto de países españoles: el miedo de los políticos a abandonar el poder y el miedo a la vergüenza de los mismos. El pueblo español en su conjunto, desde Argentina a México pasando por España, es un pueblo inmisericorde con los fracasados. No se tiene piedad con ellos. Cualquier fracaso es comentado desde el punto de vista de "¡fíjate, con lo listo que decía que era!", "muy listo pero al final perdió... me alegro", "pobrecillo... si es que no se puede querer ser más que los demás". Si encima hablamos de Argentina, un país que en la mente colectiva siempre ha sido asimilado a país de pretenciosos y arrogantes, el hecho de fracasar es todavía más grave. Una visión mucho más coherente de nuestros límites es lo que le falta a nuestra España en su conjunto. Si los argentinos en lugar de tomar el control con arrogancia hicieran un plan de reestructuración del país, entonces su economía iría mucho mejor.

En definitiva, lo de Cristina Fernández de Kirchner es una mala obra de teatro que traerá consecuencias a todos los españoles, independientemente de que seamos mexicanos, uruguayos, argentinos, españoles europeos, colombianos o de cualquier otra zona del mapa hispano.

jueves, 9 de febrero de 2012

Prevaricación del señor juez Garzón

Un juicio siempre despierta curiosidad y más si se trata de alguien carismático. El juez Garzón ha protagonizado en los últimos años varias acciones de oficio, aunque las más recordadas por el conjunto de hispanohablantes han sido la solicitud de extradicción del general Augusto Pinochet y la aplicación de la Ley de Memoria Histórica de España, donde el juez tramitó los presuntos delitos franquistas.

Hoy este juez ha sido inhabilitado durante los próximos 11 años por un motivo bien distinto: prevaricación en un caso de corrupción, donde autorizó que se hicieran escuchas ilegales entre los acusados y sus letrados. El caso es que el juez prevaricó cuando admitió a trámite un acto que es en la legislación española totalmente ilegal (salvo en casos de terrorismo).

Aún queda pendiente la causa de prevaricación por liderar la reclamación de las víctimas de supuestos delitos franquistas. Es muy probable que la condena sea parecida, ya que nuevamente actuó cuando no le correspondía hacerlo (al parecer, él era juez de la Audiencia Nacional (básicamente encargada de juzgar delitos de terrorismo, alta traición y otros crímenes graves de alcance nacional) mientras que la ley decía claramente que la función de tramitar y denunciar estos hechos era cuestión de los juzgados de primera instancia (delitos comunes), ya que la Ley de Memoria Histórica no admitía que se tratara de una represión o un delito de carácter nacional, sino que cada municipio y sus vecinos, durante la Guerra Civil Española, habían sido responsables de estos delitos.

El caso es que, como ocurre en cualquier guerra, los delitos que hubo en la Guerra Civil fueron ya (o deberían de ser) olvidados. El caso de Pinochet fue exactamente igual, sólo que en este caso Pinochet seguía vivo y Franco lleva casi 40 años muerto. No se puede admitir que las autoridades democráticas españolas insistan a los familiares de víctimas de asesinatos comunes que "perdonen" a sus agresores, aún más si se trata de delitos cometidos hace muchos años, y por otro lado, se trate de investigar y buscar culpables (en muchos casos ya muertos) sobre crímenes realizados, punto uno, durante una guerra y, punto dos, cometidos hace ya más de 75 años.

El juez Garzón no ha sido más que una víctima de su propio ego. Aquí no estamos descubriendo nada nuevo. El caso es que quien no es capaz de entender la Historia y el Derecho (con mayúsculas) no puede ser considerado juez.

Aquí tenemos un problema muy curioso. En los últimos 65 años ha habido una revolución total en todos los aspectos (tecnológico, social e incluso legislativo). Es necesario entender que cosas como los Derechos Humanos no son resultado de un Derecho Natural, por mucho que se empeñen estúpidos mentecatos en afirmarlo.

Dice uno de los puntos de los Derechos Humanos que "todos tienen derecho a la vida". Este derecho es absolutamente contrario al Derecho Natural. Si todos tienen derecho a la vida, cualquier acción que no condujera a ello debería ser punible. Derecho a vivir no significa lo que todo el mundo cree pensar que es derecho a no morir. El derecho a vivir significa que nadie puede llevar a cabo acciones que puedan generar un obstáculo a la vida. En otras palabras, dejar morir de hambre a personas sería un claro ejemplo de infringir el derecho a la vida. Dicho de otra manera, cualquier derecho diferente al derecho a la vida (el derecho a la propiedad, por ejemplo, sería contrario al derecho a la vida, ya que la posesión de bienes es favorable a quien lo posee pero supone un daño a quien no lo posee y por tanto extingue, en parte, el derecho a la vida).

El señor Garzón dice contribuir a cumplir los Derechos Humanos, pero primeramente, estos derechos son un absurdo en cuanto a Derecho Natural. Thomas Hobbes ya apuntaba a que el auténtico Derecho Natural era el estado de guerra total. Él mismo admite que en ausencia de leyes todo está permitido y por tanto no existen culpables cuando las leyes no existen. Durante una Guerra, es posible que existan unas normas como, por ejemplo, las dictadas en la Convención de Ginebra pero sólo tienen cabida cuando son suscritas por ambas partes. Así, en caso de ser infringidas, los contendientes pueden reclamar daños.

En cambio, durante la Guerra Civil Española no se infringieron estas normas y caso que se infringieron el derecho internacional las hubiera castigado. No es la primera vez que ocurre esto y durante la Guerra de Bosnia se pudo observar este caso. Las matanzas de civiles, durante la Guerra Civil Española, nunca fueron demostradas que hubieran sido realizadas por el bando Nacional de Franco, sino más bien al contrario (el único incidente en el que quedó plenamente demostrado que uno de los bandos, en este caso el republicano, hiciera matanza autorizada de civiles fue el caso de Paracuellos de Jarama, cuyo responsable, Santiago Carrillo aún vive).

Pedir responsabilidades al bando republicano por la Guerra sería así mismo estéril y estúpido. Hay quien pregona por ahí que el bando republicano, al ser el heredero de una tradición democrática, era el auténtico defensor de los derechos. Nada más lejos de la realidad. Las democracias a lo largo de la Historia han demostrado ser mucho más dañinas que las monarquías o dictaduras. La razón está en que en las dictaduras es posible que exista la represión o la falta de libertad, pero raramente existe la corrupción y si existe, es muy probable que el fin de dicha dictadura esté lejos (como ocurrió con Gadafi). En este sentido, la dictadura de Fidel Castro o la dictadura de Corea del Norte han demostrado ser ejemplo de corrupción escasa (eso sí, hay que admitir que en todos los países del mundo existen y existirán traficantes y corruptos, pero lo importante es cómo quedan de impunes éstos según el tipo de régimen político).

El juez Garzón ha demostrado no tener siquiera pizca de conocimiento de lo que es el Derecho Natural, defendido desde época romana, y estas sentencias de prevaricación son más que acertadas. Dejando a un lado sus cuestiones políticas, ya que él es marcadamente socialista y dejó incluso constancia de ello siendo militante del partido, los jueces deben aplicar la ley y ser justos. Es posible que haya una ley que diga "a menos que haya muerte, un hombre no puede ir a prisión" pero si el resultado es que alguien está en coma sin estar muerto, la ley nos impedirá llevar al delincuente a prisión pero un arresto domiciliario es similar a la cárcel sin que se esté vulnerando la ley.

En este sentido, para finalizar, decir que los jueces no son justos. Para ser justos, a veces, hay que ser creativos y actuar en sentido figurado, como hacía Sancho Panza en la novela. El juez Garzón hubiera sido un juez justo si ante la petición de aquellos familiares de víctimas, él hubiera aplicado la ley de amnistía general. Todos fueron perdonados, incluso Carrillo, así que... ¿para qué remover tumbas? En mi tierra se dice eso de que a los muertos hay que dejarlos descansar en paz.

jueves, 29 de diciembre de 2011

El enigma de los dinosaurios

Así se llamaba un libro que me leí hace ya más de 22 años (y prometo que lo volveré a leer). El libro tenía un argumento bastante extenso sobre el origen de la paleontología, cómo se desarrolló la ciencia (incluyendo un capítulo, aún me acuerdo de memoria, Cope y Marsh: la guerra de los huesos, en el que se describía cómo estos dos investigadores se arruinaron económica y socialmente por ser líderes en su campo de investigación) y por último una no muy extensa discusión, aunque bastante argumentada, sobre el final de los dinosaurios en los capítulos ¿Término con una explosión? y ¿Terminó con un gemido?

Me temo que no podría ser lo suficientemente preciso en los argumentos pero creo recordar que las dos posibles causas de la desaparición de los dinosaurios fueron el choque de un meteorito con la Tierra (teoría exógena) y una probable extinción debida a algún tipo de virus como la gripe aviar (teoría endógena). Sea como fuere es bastante interesante comprobar que aún hoy el misterio sobre el final de los dinosaurios no ha sido resuelto satisfactoriamente y que aún sigue despertando interés por el gran público.

La hipótesis del meteorito vendría a acentuar el hecho de que se han descubierto por todo el planeta cráteres que podrían ser datados de aquella época y que determinaría la posibilidad de que se hubiera levantado alguna especie de nube de polvo que hubiera cubierto la Tierra y hubiera contribuido a un enfriamiento global que habría matado posteriormente a los dinosaurios (por su necesidad de calor solar, como cualquier otro reptil).

La hipótesis de algún tipo de infección masiva o incluso una superpoblación de estos seres vivos parece menos probable (quizá también a que es menos espectacular y romántica que la apocalíptica "gran explosión"). Sin embargo no debería desecharse, debido fundamentalmente a que en épocas recientes hemos vivido casos muy parecidos de virus capaces de matar a la población joven (incluida la humana). La superpoblación podría haber significado la muerte de alguna que otra especie, pero es demasiado aventurado afirmar que todas las especies de dinosaurio (sin excepción) sufrieron al mismo tiempo una superpoblación y por último muerte debido a la ausencia de recursos. En mi opinión, parecen mucho más creíbles las dos anteriores.

El fin de los dinosaurios fue triste. Muchos de nosotros a veces soñamos con qué habría sido del mundo de haber podido disfrutar de un hermoso Tyranosaurus en el zoo. El famoso libro y posterior película Parque Jurásico debatía, como ya saben, sobre este sueño y las desventajas de una hipotética resurrección de estas especies. Pero como decían en mi viejo libro, la suerte de haber desaparecido los dinosaurios es que permitieron el desarrollo de los mamíferos y posteriormente de la especie más perfecta entre los animales: el ser humano.

Las grandes crisis, entre ellas aquella que mató a los dinosaurios, siempre han causado enormes pérdidas, algunas irreparables, como es el caso de la desaparición de todo un orden reptiliano, pero al mismo tiempo ha sido la base de órdenes más evolucionados y adaptados al medioambiente, lo que ha permitido mejores especies con una mayor capacidad de supervivencia.

Algo así pasa en las crisis económicas. No cabe duda de que hoy más que nunca podríamos considerar al siglo XXI como el período jurásico económico. No ha habido en la historia de la humanidad un período de mayor prosperidad económica, con enormes corporaciones que pelean entre sí por millones de millones de dólares. Esos son los dinosaurios modernos, auténticas máquinas de matar que pueden con todo, con capacidad de aniquilar a cualquier otra compañía más pequeña que pretenda prosperar o que intente presentarles batalla.

La visión de esta situación es paradójica, hasta tal punto de que cuando el presunto enemigo es una sola persona (por ejemplo, un autónomo), no se puede pensar en otra cosa que en una lucha desigual de la que el pequeño no va a salir bien parado. De hecho, por lo general, las grandes corporaciones, con sus pagos a 6 meses o incluso a 1 año, han conseguido la bancarrota de muchas de estas empresas y trabajadores que sólo deseaban llevar un plato de comida a sus familias.

Los dinosaurios son magníficos, pero al mismo tiempo son tiránicos y pueden hacer grandes catástrofes. Eso es una gran multinacional. Sin embargo, en época de crisis, la desaparición de algunas de estas grandes empresas puede ayudar a que otras pequeñas y aún minúsculas ocupen nichos de mercado que de otra manera no podrían ocupar.

La empresa grande debería existir siempre y la ausencia de la misma puede significar una auténtica revolución e incluso dificultar la expansión de otras más pequeñas. Dicho de otra manera: sin empresas grandes es poco probable un desarrollo próspero, debido a la falta de medios. Sin embargo, en la crisis actual, es posible ver a pequeñas empresas que han sido capaces de prosperar. Esto es alabable, a la vez que es entendible: como en el caso de los dinosaurios, a la pequeña empresa le es más difícil mantenerse pero una vez cubiertas estas necesidades, su crecimiento es notablemente más alto y a la vez más efectivo que el de la empresa grande. Estas empresas pequeñas ocupan entonces los nichos de mercado de las grandes, contribuyendo a una mejora y a un futuro próspero para estos aún pequeños negocios.

Hemos conocido ejemplos de grandes negocios que en unos 40 años han crecido tanto que son líderes mundiales. Ejemplos como Apple o Microsoft no deberían quedan como algo anecdótico, hasta tal punto que si bien los dinosaurios eran enormes, el animal más grande jamás conocido proviene de un pequeño mamífero. Este animal tan grande es la ballena azul, que mide unos 10 m más que cualquier enorme dinosaurio. Hoy estas compañías, al igual que Facebook o Twitter no fueron más que eso, pequeñas compañías venidas a más. No discutiremos si fue esto merecido, si lo hicieron mediante engaños o si realmente son fórmulas de éxito. Lo realmente importante es que hasta de lo más pequeño puede surgir una idea revolucionaria.

En el nuevo año 2012 hemos de ser claramente optimistas. Gracias a esta aguda crisis y a los millones de desempleados que aparecen cada semana seremos capaces de llevar nuestras vidas a cotas insospechadas, siempre y cuando hayamos tenido un auténtico afán de hacer negocios y la suficiente suerte (también un poco es necesaria).

¿Y a los desempleados?¿Qué les diremos? Sí, ellos son víctimas, como la gacela lo es del león. Pero les diremos que aún siguen vivos y que si bien la situación anterior fue buena, ¿por qué la próxima vez no habría más suerte? Sólo deberíamos ponernos en la piel de gente que ni siquiera tiene experiencia. ¿Quién sabe si nuestra experiencia y este desempleo momentáneo no será sino el trampolín para un puesto de responsabilidad?

La catástrofe acabó con los dinosaurios y creó al hombre. Que sea el hombre, la criatura más perfecta, la que sea capaz por sí mismo de dar solución a las crisis provocadas por él mismo. Para ello ánimo y no ocultar el gusto por los sueños con final feliz.

domingo, 25 de diciembre de 2011

El discurso del Rey

El pasado día 24 de diciembre Su Majestad el Rey Juan Carlos I de España pronunció su tradicional mensaje de Navidad al conjunto de ciudadanos españoles. Cabe mencionar que cuando hablamos de españoles no sólo hablamos de ciudadanos de los actuales territorios de España, sino también de los territorios hispanoamericanos. Durante su mensaje, don Juan Carlos I tuvo referencia a todos sus ciudadanos, por mucho que la independencia llegara a los antiguos territorios de ultramar.

Este último discurso ha venido precedido de una agria polémica en torno a la familia real y a la presunta estafa del yerno del Rey. Esta situación, unida a una puntual falta de creencia en la monarquía en estos momentos de crisis, ha obligado al monarca a puntualizar sobre algunas de las situaciones que están pasando los españoles y cómo la Corona se va a enfrentar a ellas.

"La justicia es igual para todos". Con esta frase lapidaria el Rey manifestó su intención de no interferir en la acción de la justicia sobre la investigación de los delitos de su yerno. La Constitución Española es clara a este respecto: únicamente la figura del Rey es inviolable puesto que representa al Estado español. Por tanto, no es posible, a priori, ajusticiar al Rey. Sin embargo la Constitución Española no recoge nada acerca del heredero de la Corona o de los familiares del monarca, inclusive la Reina.

Es cierto que en la profunda crisis mundial (y con la aparición de los grupos sociales de protesta en los países árabes, Grecia, Estados Unidos y España) las figuras políticas han sufrido un profundo descrédito. Un caso especial es de las monarquías y los senados, los cuales están siendo puestos en duda acerca de su eficacia y su razón de existencia. En este sentido están apareciendo corrientes antimonárquicas en España, que sin ser absolutamente preocupantes para la monarquía española sí que están haciendo aparecer dudas sobre la continuidad futura y el mantenimiento de la Familia Real.

Es cierto que las monarquías parlamentarias (como son la española, la inglesa y casi todas las monarquías europeas) poco se parecen a las monarquías constitucionales propuestas por Montesquieu. La famosa frase española "el rey reina, pero no gobierna" incumple la famosa separación de los tres poderes propuesta por el filósofo. En España, el último rey constitucional fue Fernando VII. Desde entonces, los reyes siempre estuvieron sometidos a la autoridad del parlamento y del presidente del gobierno y en algunos casos hasta de regentes y dictadores (como en el caso de Espartero o Primo de Rivera).

Existen aún ejemplos de monarquías absolutas y constitucionales en Europa. Tanto el Vaticano (con el Papa como monarca) como Liechtenstein o Mónaco son casos en los que sus monarcas deciden los asuntos de gobierno sin que un parlamento o un presidente ejerzas esas funciones. Esta situación del resto de monarquías europeas, similar a la que viven los presidentes de las repúblicas de Alemania o Italia, es la que ha determinado la conveniencia de mantener cargos "inútiles". A pesar de que son Jefes de Estado, tanto reyes como presidentes de la república no son tomados como figuras clave en las políticas estatales y por tanto se ven en muchos casos como meros títeres sin ninguna función.

Repúblicas como EE.UU. o Francia, las llamadas repúblicas presidencialistas son la esencia de aquellas ideas de Montesquieu, donde el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial estarían separados y serían independientes entre sí. Claro que lo que Montesquieu pensaba no existe, hoy por hoy, en casi ningún país del mundo: los políticos o el rey serían los gobernantes, los jueces harían cumplir las leyes y las leyes serían hechas por el pueblo a través de sus representantes parlamentarios. Lástima que en la mayor parte de los países, entre ellos España, el parlamento esté formado por partidos y no por representantes independientes que realmente legislaran en función de sus creencias (siendo así la única manera de ser realmente un reflejo del pueblo). En su lugar, las leyes y el gobierno se controlan por el mismo partido o la misma persona.

La figura del Rey de España puede ser discutida, qué duda cabe. Sin embargo, es un prejuicio general pensar que la monarquía sea peor gobierno que república en cuanto a que el presidente es elegido por el pueblo y el rey es un sucesor dinástico que puede no ser conveniente para el Estado. Como decía Hobbes en Leviatán, quienes afirman esto suelen ser personas ambiciosas a los que les gustaría ser ellos mismos monarcas y no encuentran otro medio que atacar a la monarquía. No le falta razón. De sobra es conocido que malos reyes ha habido en la Historia, pero han sido todavía peores los casos en los que el pueblo, en su fatal conciencia, ha elegido a demagogos y dictadores. También ha ocurrido lo contrario: mientras que los grandes reyes, como Alejandro Magno o Felipe II han sido monarcas espléndidos llevando a cotas de poder y riqueza inimaginables a sus naciones, muy pocos líderes presidenciales han podido mantener escasamente unos pocos años al menos la paz en sus naciones, cuanto más índices de prosperidad y poder altos.