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viernes, 26 de octubre de 2012

El castigo físico como método de aprendizaje (II): el argumento de autoridad

Una extraña situación en la pedagogía moderna es que el niño o el joven es el descubridor de su propio aprendizaje. El alumno se relaciona con el ambiente, en el cual se desarrolla y finalmente comprende, avanza y propone, con lo cual hemos cerrado el círculo y el alumno está preparado para enfrentarse a la vida real e incluso, en algunos casos, a ser docente y por tanto a retomar, esta vez como profesor, la honorable tarea de enseñar.
 
Ya comentamos en otra ocasión, en El castigo físico como método de aprendizaje, algunas de las consecuencias de este planteamiento llevado al extremo. Esta situación continuada en el mundo actual (principalmente en los países occidentales) sugiere una nueva reflexión sobre los métodos de aprendizaje modernos.
 
Debemos gran parte de la situación actual a las teorías constructivistas (sobre todo de Ausubel) y al método de María Montessori, que relegaban en aquellos tiempos al maestro a una herramienta más (aunque fundamental) que permitía la comprensión de la realidad al niño. Este planteamiento había que referirlo a la situación que existía en Europa y Estados Unidos en aquella época, donde los maestros eran en su mayoría abogados, curas o bachilleres frustrados sin ningún tipo de vocación por la enseñanza y que veían en la educación una salida profesional obligada. En aquellas fechas sí tenía sentido el método Montessori o los planteamientos de Ausubel, ya que aquellos profesores eran más bien portadores de verdades ocultas que habían de ser bien escondidas para seguir conservando su estatus de magister.
 
Tenemos que dar la razón en este caso a aquellos pedagogos, ya que lo que planteaban era una desvinculación entre inteligencia o conocimiento y enseñanza, ya que una persona muy inteligente no tenía por qué ser necesariamente un buen comunicador. Por ello es por lo que se hacía gran hincapié en que el auténtico sujeto de importancia en la educación (en definitiva, "el cliente") era el alumno y no el maestro, cuya función era la de simple "proveedor" de conocimiento, cuando lo normal es que los alumnos fueran "proveedores" ávidos de conseguir el pago del "cliente" (las altas calificaciones del maestro).
 
Esto, sin embargo, se desvirtualizó y hoy no podemos seguir teniendo como válidos los planteamientos de los constructivistas. De hecho, uno de los principales problemas educativos, tanto para profesores como para padres, es que se ha perdido la condición de autoridad. Si bien aquellos pedagogos relegaban a "herramienta" al maestro, eso no quería decir que se le pudiera faltar al respeto o incluso rebatir siempre que el alumno lo considerare oportuno. En ningún caso debería haber ocurrido tal situación. Desgraciadamente, los movimientos socialistas y de luchas de clases del siglo XX trajeron como consecuencia esta situación que a duras penas soportan los docentes occidentales (salvo casos como Finlandia o Corea del Sur, donde la figura del maestro es casi una cuestión sagrada).
 
Merece la pena destacar qué tanto hubiera cambiado la escuela moderna si en lugar del triunfo socialista del siglo XX hubiera triunfado el nazismo o los movimientos más conservadores. Habrá quien desee discutir esta situación, pero a los hechos me remito: la falta de respeto de la sociedad actual hacia la autoridad es un claro ejemplo de los dictámenes de la I Internacional, en la que se plantea la igualdad entre clases y la lucha de clases. Siendo tesis muy similares en cuanto a la crítica a los métodos del siglo XIX, figuras pedagógicas de la talla de Manuel Siurot pasaron desapercibidas internacionalmente. Mientras María Montessori fundaba escuelas con niños con problemas mentales, Manuel Siurot hacía lo propio con los niños más pobres.
 
Merece la pena destacar que los planteamientos de este señor no pasan por la desmitificación del maestro, sino por el trato educado al alumno, al que hay que corresponder mediante razonamientos apropiados a su edad. Sin embargo, para él, el maestro tiene un carácter sagrado dentro del templo del conocimiento que es la escuela. No se puede prescindir de él. Un ordenador no puede suplir las funciones del maestro. Para Montessori o Ausubel esta situación es indiferente: incluso un objeto inanimado como el ordenador puede realizar las funciones del maestro y por tanto ser una herramienta más para el niño.
 
El planteamiento es, si cabe, preocupante. Al equiparar al maestro con el ordenador o a la madre con el amigo, el niño pierde todo principio jerárquico y todo respeto a la autoridad. Lo que deberíamos comprender es que la Autoridad (sea un policía, un juez o un maestro) es una figura indispensable en la sociedad avanzada de cualquier civilización, ya que es garante de las buenas prácticas (ya sea de la buena conducta, la buena justicia o la buena educación). Sin ningún tipo de autoridad, la sociedad pierde el sentido de grupo, se siente huérfana incluso del bien más preciado del ser humano: la ley.
 
Es indispensable recuperar la Autoridad. La Autoridad no debería ser sinónimo de violencia, tal y como quieren hacer pensar muchos grupos radicales de izquierda o derecha. No es lo mismo ser la Autoridad a ser autoritario, ya que en cualquier sociedad moderna debe imperar el principio de la razón y de la ley. Ni los grupos neonazis ni los grupos antisistemas llegan a comprender siquiera lo que significa al palabra Autoridad, probablemente porque ellos no tengan autoridad en sus propios partidos.
 
Hemos de luchar por una sociedad libre y con base en la ley y el mérito. Para ello, insistimos, son fundamentales una reorganización jerárquica de la sociedad y conceder a la Autoridad el sitio que le corresponde, sin dejarnos engañar ni asustar por lo que pueda significar esta palabra en el contexto social que vivimos actualmente.

lunes, 25 de junio de 2012

Cambiar lo imposible o la teoría de la inercia social

Corren tiempos de pesimismo. Eso está claro. Para acentuar todavía más la tragedia, las noticias económicas siempre están anunciando nuevas medidas impopulares en cualquier parte del mundo. A todo ello se une una crisis de empleo sin precedentes.

Han surgido voces de cambio. Voces de revolución. Voces propagandísticas. El desconcierto entre la población crece por momentos e incluso pequeños gestos en nuestras propias vidas son la chispa que podría encender acciones de protesta y de violencia incluso. Se oyen voces que propugnan el cambio social...

¿Pero un cambio a qué? Es más, ¿alguien sabe realmente lo que ha de cambiarse?¿Es acabar con el dinero? Obviamente esto es un absurdo, es una vuelta a la prehistoria. ¿Es acabar con el capitalismo? Eso ya lo intentó el comunismo y todos sabemos qué pasó. ¿Es acabar con el capitalismo con otro método que no sea el comunismo?¿Es mediante políticas socialistas?¿Será quizá con políticas chavistas?

En ocasiones, en muy raras ocasiones tengo que decir, estas ideas y esta situación de crisis me hace sonreír. ¡Pringados! ¿Acaso creemos que las medidas radicales son tan fáciles y sobre todo son tan efectivas en las sociedades occidentales? Todo dependerá, claro está, del intelecto del que propugne estas medidas y cambios.

Generalmente he de decir que quien propugna cambios suelen ser los denominados grupos de izquierda. Cambiar es bueno, eso es indiscutible. Sin cambios sociales no hubieramos avanzado en ciencia, por ejemplo. Pero cabría pensar si ciertos avances técnicos y científicos consuelan frente al daño social que se deriva de ellos. Por ejemplo, la Revolución Industrial trajo grandes inventos y descubrimientos médicos y científicos. Sin embargo, la Revolución Industrial trajo espeluznantes cambios sociales y económicos, a la par que horribles guerras (las más horribles que el ser humano haya contemplado) y a horribles políticos. Además, esos cambios se han ido acentuando, de tal manera que las revoluciones científicas, políticas y sociales siguientes fueron siempre menos eficientes, ya que la mejora técnica era mucho menor que el empeoramiento social.

¿Qué hacer entonces? Como parece que las revoluciones tecnológicas van a ser imposibles de parar, mucho menos desde que los países subdesarrollados ahora comienzan a desarrollarse a pasos agigantados, las revoluciones sociales deberían ser controladas tajantemente por los políticos nacionales y supranacionales (ONU). Esto no es una mera opinión o una posibilidad. Se trata de una auténtica realidad que todos estamos viviendo.

Nada que conlleve una actitud radical sería realmente efectiva en los países desarrollados y democráticos, a menos que un cambio político a escala mundial sin precedentes ocurriera de repente. Me estoy refiriendo a una dictadura al estilo de los nazis, cuyo advenimiento coincidió no sólo con la dictadura alemana sino dictaduras en España, Italia y URSS, así como regímenes totalitarios o simpatizantes como Japón, Grecia o Argentina. Incluso de esta forma, cambios muy radicales serían muy complicados de hacer, al menos a corto plazo.

Pero este caso no sólo ocurre cuando hablamos de visión retrospectiva o revoluciones conservadoras, sino cuando hablamos de revoluciones socialistas. Es decir, plantear un mundo sin ricos o un mundo lleno de homosexuales no sólo es utópico sino imposible desde los más elementales principios. ¿Cómo se puede obligar a cambiar las ideas de alguien? Ni los propios nazis pudieron cambiar el pensamiento de los judíos, incluso cuando les gaseaban. Existe lo que se llama una inercia social.

Al igual que un planeta trata de escapar de su órbita pero una fuerza le obliga a girar y realizar una curva, la sociedad tiene una inercia que no puede ni debe cambiarse. Las grandes revoluciones trataron de hacer eso y sólo trajeron desgracias y miserias inigualables a escala histórica. Las hambrunas de la Edad Media nada o poco tenían que ver con los millones de proletarios en Londres o Manchester en plena Revolución Industrial, donde vendían incluso sus dientes por un pedazo de pan. Y todo porque ofrecían las falsas promesas de un trabajo digno, el cual consistía en un salario ínfimo al existir una sobredemanda impresionante. De nada valía la persona y sus actitudes personales: sólo el resultado del trabajo valía.

En esto Marx no se equivocaba. El proletario era sacrificado por un patrono que no veía más que un medio productivo más, como así mismo era su máquina. Pero el viejo Marx se equivocaba amargamente: él llama a la revolución como fin de las miserias. Cuando el proletario fuera dueño de los medios de producción, podría repartir el fruto del trabajo equitativamente.

¡¡¡Cuánto se equivocaba el estúpido Marx!!! Lo triste es que aún hay quien sigue sus tesis. ¡Ay, Dios, ayúdanos! Lo que consiguió fue que un país tan pobre como Rusia se empobreciera hasta límites insospechados hasta que estalló la contrarrevolución de 1989. Y en todo este tiempo, los comunistas, incluso siendo un regimen dictatorial, no consiguieron acabar con la religión, con las ideas buenas, con los sueños del pueblo por una vida mejor.

Ahora se insta a que todo se acabe mediante una amnistía general para todos (ricos, pobres, bancos, personas). Se plantea el bonito "empezar desde cero". Eso, señores míos, es imposible por una sencilla razón: la amnistía general significa que los actuales ricos acabarían pobres y los pobres, si no más ricos, quizá seguirían igual de pobres. ¿Qué sentido tiene un país de pobres? Sólo uno: la mafia organizada. Quien propugna estas debilitaciones del gobierno son las propias mafias o quienes son comprados por ellas.

Caso parecido podría decirse de quienes sueñan con el fin de la Iglesia o acabar con el latrocinio, la prostitución o la homosexualidad o tantas otros temas polémicos de las sociedades actuales. Esto es imposible, al menos a corto plazo. Pensemos que una actitud radical, por ejemplo, hacia la prostitución. ¿Cómo acabar con el ansia y el vicio de tantos en sólo unos días?¿Es coherente siquiera pensarlo? Todo pasar por seguir la inercia y no con frenar el móvil. Atacar con multas o bochornos públicos a los proxenetas o clientes sólo trae consigo un empeoramiento de las condiciones de explotación de las prostitutas. ¿Cómo se acaba con la prostitución? ¿Con la educación en valores feministas? ¡Nada de eso! En esto nos insisten nuestros estúpidos políticos y sus asquerosos asesores. La prostitución se acaba cuando se hace poco atractiva al cliente y a la prostituta. Alguno dirá que una mujer siempre creará atracción el un hombre. Cierto, pero un fomento de una mujer real y no ficticia (como la "mujer trabajadora" que nos quieren hacer ver nuestros políticos) puede acabar con la imagen de que la mujer decente es poco atractiva y la prostituta tiene un cuerpo morboso y pecaminoso, lo cual resulta atractivo. Plantear modelos sociales y asustar o desmotivar a quien ejerce o trafica con la prostitución es la forma más efectiva de hacerlo. De hecho, desde aquí aplaudo las políticas gubernamentales de prácticamente todos los países del mundo en el asunto de las drogas o el tabaco. Hoy más que nunca, se excluye socialmente al fumador (no tanto así con el drogadicto, por desgracia), lo que crea una cierta culpa y se tiende a abandonar el hábito.

Cambiar lo imposible es, como su nombre indica, imposible. Pero todo tiene un matiz. La cuestión no es cómo se cambia, sino qué queremos cambiar y por qué y sobre todo a donde conducirá ese cambio. Recordemos siempre, al tomar una decisión en la vida, seamos políticos o no, la inercia social. No podemos parar un planeta con tanta vida, porque esta los más insignificantes, cuando son muchos o son únicos en su especie, pueden cambiar el curso de los acontecimientos.

martes, 14 de febrero de 2012

El mundo de Fraggle Rock

Había una máxima en el mundo de la enseñanza según la cual una lección era mejor aprendida cuanto más divertida le resulta al alumno. Una visión mucho más acertada sería aquella que dice que la lección queda retenida en la memoria cuando el alumno queda impresionado con la lección. Si se consigue captar la atención del alumno, es muy probable que la clase y la lección resulten provechosas.

Las matemáticas y la física han sido siempre áreas de conocimiento cuya docencia entraña cierta dificultad al profesor, ya que la mayoría de los alumnos no contemplan las matemáticas como una bella armonía de números y relaciones algebraicas, sino más bien como una jungla extraña repleta de peligros. Si a esto añadimos que una parte del profesorado de estas materias no poseen la preparación suficiente, lo lógico es que el índice de fracaso sea alto. Hay quien opina que se aprende enseñando. Más bien es lo contrario, se enseña aprendiendo, o este es el objetivo que todo docente debería plantearse, sobre todo cuando sus alumnos no son capaces de quedarse, al menos, escuchando la lección.

Este conflicto, aunque se manifiesta en mayor grado en las enseñanzas técnicas, podría plantearse a todos los niveles y en todas las materias. Por doquier faltan maestros, auténticos magos de la transmisión de conocimiento. Además, los medios de comunicación, desde la televisión hasta internet, han provocado una disminución de la atención, ya que la información en ellos es de tal magnitud que provocan el mismo efecto que el empacho de una abundante comida. La intoxicación informativa, más que alimentar el conocimiento, provoca una confusión mental bastante aguda, sobre todo en aquellos grupos más influibles (niños y jóvenes).

Parece que hace unos 30 años, el titiritero Jim Henson logró crear una serie de productos televisivos que conseguían perfectamente unir el mensaje educativo con el entretenimiento. De sobra son conocidos los famosos Muppets (los Teleñecos) o Sesame Street (Bárrido o Plaza Sésamo en español). Sin embargo, estos programas, marcadamente infantiles, eran y son muy parecidos a otros que les siguieron, tanto en EE.UU. como en el resto del Mundo (por ejemplo, los Teletubbies). En cualquier caso, la calidad técnica, conceptual y el enfoque apolítico de los programas de Henson, incluidas cualesquiera insinuaciones acerca de temas polémicos como la homosexualidad, el racismo u otros, hacían a dichos programas muy superiores a los posteriores.

De todas formas, los personajes de Henson estaban claramente enfocados al público infantil, salvo algunos programas como el Cuentacuentos, destinado a un público más juvenil y a la familia en general, o Fraggle Rock. Esto hace que ver un capítulo de los Teleñecos resulte un tanto ñoño y pedante en algunos casos (como cuando la cerdita Peggy trata de ser novia de la ranita René o Gustavo) y sus chistes poco atractivos.

El caso de Fraggle Rock es distinto. Sin duda, es el programa de Henson no sólo más inteligente sino el más divertido, no sólo para los niños, sino también para el público adulto. Tanto el guión como los personajes hacen referencia no sólo a valores humanos como la amistad o el respeto, sino que en sí mismo el mundo de Fraggle Rock es una perfecta alegoría, que enlazaría incluso con algunos mitos antiguos de la cultura occidental.

El mundo de Fraggle Rock mantenía una extraña relación entre todos los personajes y especies. Además, cada una de estas especies correspondía o se podía identificar con diversos sectores de la sociedad estadounidense u occidental en general. El universo Fraggle está constituido, básicamente, por tres mundos:

Mundo humano: los humanos habitan en la superficie. El mundo humano, en el que habitamos también los espectadores, forma parte de antiguas leyendas fraggle, donde se hablaba de un extraño mundo incomprensible. El explorador Matt descubre una entrada a dicho mundo y decide explorarlo. Este mundo está habitado por criaturas extrañas y en muchos casos maleducadas, que son incapaces de pararse un segundo a pensar qué puede ser ese extraño ser diminuto que está explorando su mundo. Matt informa a su sobrino Gobo de todos sus descubrimientos. El mundo humano es una alegoría de lo que es la actual sociedad americana, con su excéntrico consumismo y su falta de actitud ante la investigación y el empirismo.

Mundo Fraggle: los Fraggle son una especie de seres de unos 30 cm (el doble que un liliputiense) que habitan en el subsuelo. Como bien explica el explorador Matt, los Fraggle piensan que son el centro del universo y que son la raza suprema del universo. Los Fraggle forman una sociedad sotisficada, muy parecida a la que la que plantean los mitos platónicos, donde lo principal es ser feliz y buscar el placer cantando, bailando, disfrutando, comiendo... Los Fraggle no trabajan, salvo para hacer cosas muy básicas (limpiar un cuarto, lavar la ropa, fabricar un utensilio, etc.), y no usan ni conocen el dinero. Esta sociedad feliz, sin embargo, es una sociedad incapaz de mantenerse a sí misma. Con el tiempo, los Fraggle han perdido perspicacia, no son emprendedores y su intelecto es escaso y lleno de prejuicios. Este mundo es una auténtica alegoría de la actitud puramente egoísta del estadounidense, que se considera miembro del ombligo del mundo y que se preocupa más de las cosas banales como la superbowl o comer hamburguesas que de los auténticos problemas sociales.

En el mundo Fraggle también abundan unas extrañas criaturas en miniatura llamados Curris o Inges. Estos curris son hombrecitos en miniatura que se dedican a la construcción de edificios y estructuras realizados con polvo de rábanos. Los Fraggle se comen sus estructuras sin misericordia y los Curris eternamente están construyendo. Su vida es la construcción. Ni los Fraggle se preocupan de los Curris ni los Curris de los Fraggle. Ambos grupos son completamente autónomos y parecen no valorar las virtudes del otro. Los Curris representan al sector industrial y financiero norteamericano, el cual construye y crea un mundo totalmente artificial sin importarle, por ejemplo, tapar completamente la casa de un Fraggle. Además, los Curris consideran que los Fraggle son un mal necesario: por desgracia se comen parte de sus construcciones y su riqueza, pero les permite mantener su sistema de construcción siempre vivo, convirtiéndose a la vez en clientes y proveedores del sistema constructivo.

Mundo Gori: por último, los Fraggle consiguen alimentarse a base de rábanos. El mundo Fraggle no tiene recursos, así que tiene que alimentarse del exterior. En el otro extremo del mundo Fraggle existe el mundo de los Gori. Los Goris son una familia compuesta por el Rey del Universo, la Reina y el Príncipe del Universo. No hay más Goris que ellos, así que si bien son reyes son al mismo tiempo los únicos habitantes del mundo, lo que les obliga a trabajar y cultivar la Tierra. Los Goris están siempre tratando de erradicar a los Fraggle, en especial el hijo, ya que se comen la cosecha. El mundo Gori es una alegoría de la sociedad occidental: siendo el punto opuesto del universo no significa un mundo feliz, sino un mundo distinto. Los Goris son la alegoría de la alta sociedad americana y de los nuevos ricos, que siendo mucho de ellos unos advenedizos, pretenden deslumbrar al mundo con su pomposidad. En cualquier caso, tampoco los Goris parecen ser una raza de seres inteligentes, sino más bien lo contrario: su extraordinario tamaño y fuerza son lo que les da el poder. Los Goris son todavía más ignorantes que humanos o fraggle, pero son más fuertes y violentos.

Por último, en el mundo de los Goris vive la Montaña de Basura. La Montaña de Basura lo sabe todo. A ella acuden los Fraggle a pedir consejo. La Montaña de Basura no es más que los desperdicios que dejan los Goris y ésta tiene vida propia. Al estilo de los oráculos griegos, predice el futuro. La Montaña de Basura representa la conciencia universal de los seres humanos y también quiere denunciar la prepotencia con la que diversas instituciones (políticos, religiones, grupos de presión...) aparecen defendiendo sus posturas, sin pensar que estos grupos viven en una constante inmundicia racional.


Fraggle Rock, a través de los distintos capítulos, hará descubrir al espectador que la vida puede tener una óptica distinta, no siempre acertada pero igualmente no siempre equivocada. Lo que los Fraggle consideran un mundo extraño y peligroso (el mundo humano) no es sino un sitio donde las personas viven con sus problemas cotidianos. La vida Fraggle, feliz y despreocupada, es únicamente posible porque otros seres (los curris) trabajan y se preocupan por ellos. Goris y Fraggles no son conscientes de que la raza humana es tecnológicamente y socialmente más avanzados que ellos, lo que les hace tener una visión parcial de la realidad del universo. Además, entre los propios Fraggle hay varias filosofías de vida: la intrepidez del aventurero Gobo, la práctica del deporte y el juego de Rosi, el pesimismo de Bombo, la apatía e ignorancia de Dudo (preocupado más bien en comer y no meterse en líos) o la idelista Musi, preocupada más por el plano espiritual que del plano físico de la realidad. En cada capítulo nos enseñan como a pesar de las dificultades y de sus defectos es posible ser feliz, ya que descubren como su estrechez de miras es lo que les impide llegar a ser más felices.

Fraggle Rock es sin duda un programa infantil, pero como le ocurría a los viajes de Gulliver, es realmente un programa adulto enmascarado. Lo más significativo es que aun siendo, como Gulliver, un programa y un libro con enfoque adulto, en ambas obras se evitan referencias sobre sexo, política o religión, sino que éstas se difuminan en lo auténticamente destacable: la estupidez y la falta de valores humanos.

sábado, 5 de noviembre de 2011

El juez que pegó a su hija

Ya conocerán la extravagante historia del juez estadounidense William Adams, cuya hija realizó hace algunos años una grabación donde se ve a su padre y a su madre castigarle con un cinturón por haberse descargado de internet archivos musicales.

En esta historia, tanto la hija como el padre han alegado sus motivos. Ella, que padece cierta deficiencia física, dice que descargó la música como hacen muchos otros internautas. El juez, por su parte, alega que su hija se estaba descargando contenido de manera ilegal y que este robo no podía concebirse en la casa de un juez.

En cualquier caso, las imágenes son duras y no dejan lugar a dudas de lo ocurrido. El juez azotó a su hija repetidas veces por haberse descargado música. Este caso ha sido calificado en los noticieros como de un caso muy grave de abuso de poder y de maltrato físico. Otros, por el contrario, sostienen que el juez hizo simplemente su papel de padre y dio unos cachetes a su hija, con intención educativa.

Ustedes saben ya, si son seguidores frecuentes de este foro, que no me gusta dejar las cosas por obvias cuando no lo son. A la vista de las imágenes, el juez claramente se extralimita, ¿o no? He aquí lo que hay que analizar, ya que en otra ocasión, cuando hablábamos del castigo físico como método de aprendizaje, estuvimos hablando de las bondades y ventajas de dicho método. Sin embargo, todo tiene un límite.

La pregunta que debemos hacernos aquí es la siguiente, ¿pudo dicho castigo influir positivamente en la hija para que no volviera a cometer la falta? Esto es lo único que hay que resolver. Quizá para cualquier idealista o para cualquier pedagogo de tres al cuarto, este juez sea algo parecido a Satanás, pero esto no es tan fácil de determinar.

Por lo que parece, el castigo infundido por el juez no se corresponde con la falta (es lo que se conoce en derecho como proporcionalidad). Una descarga ilegal de música no puede ser considerada en ningún caso como una falta tal que merezca más allá de un azote. El problema de este juez no ha sido el castigo. Hemos de entender, una vez más, que premiar o castigar suponen una combinación necesaria para la aplicación de la justicia y para el aseguramiento de la paz en cualquier comunidad humana. El problema ha sido más bien que el juez no ha sido proporcional en la aplicación del castigo.

Lo que diferencia un castigo de otro no es la crudeza del mismo, sino la efectividad. Es rotundamente falso que un castigo de corte moderno (por ejemplo, quitar al postre) sea más efectivo que un clásico castigo físico. Tampoco es cierto lo contrario, es decir, que el castigo físico sea siempre el método correctivo apropiado. Todo depende, como hemos dicho con anterioridad, del tipo de falta cometida y de la proporcionalidad del castigo.

Ahora bien, y esta es la correcta pregunta, ¿cuándo un castigo es proporcional? La jurisprudencia general considera un castigo que un castigo es proporcional a la falta al estilo de un porcentaje de castigo. Por ejemplo, si el máximo castigo es estar 20 años en la cárcel por matar a un individuo, robar una casa podrían ser 5 años de cárcel y pegarle un puñetazo al jefe podrían ser 6 meses de cárcel. Esta forma de legislar, propia de los pueblos antiguos, es la que todavía hoy se utiliza. Es por tanto, una manera de legislar totalmente obsoleta. El castigo ha de ser proporcional, a partes iguales, a la falta y la capacidad de soportar el castigo que tenga el delincuente. De esto se olvidan muy rápido las actuales democracias occidentales.

Por ejemplo, sería ridícula una ley que diga que verter aceite usado a un río conlleve una multa de 6000 dólares (o euros). Esto es lo habitual, pero insisto en su carácter ridículo. Es muy posible que para un padre de familia este castigo pueda ser realmente ejemplar, pero para una empresa multinacional, que factura 3 millones de dólares (o euros) al mes, esos 6000 euros no serían más que una miseria.

En el caso que nos ocupa, el del juez estadounidense, a su hija la azotó en repetidas ocasiones. El azote en sí mismo no es malo, como hemos dicho muchas veces, igual que los trabajos forzados tampoco son malos (de esto ya hablaremos en otro momento). Lo que es francamente malo es que el azote sea injustificado o incluso desproporcionado. Por ejemplo, un niño de 6 años no podría ser jamás castigado con la mismísima pasión de Cristo, ya que en el hipotético caso de que fuera capaz de resistir esa crueldad, no hay posibilidad de que el niño pudiera sacar de ese castigo nada positivo para su aprendizaje o su propia disciplina.

Un castigo ha de ser, ante todo, instructivo. El objetivo último del castigo no es hacer daño, sino corregir una práctica incorrecta, un vicio o una falta. El ensañamiento o la violencia gratuita nunca puede ser considerada propiamente castigo, ya que no existe una auténtica disposición a la instrucción del que padece el castigo.

En conclusión: el castigo del juez no era proporcional, por lo que su hija no sólo no aprendía, sino que trataba de evitar cualquier contacto con su padre. Tampoco se ve que hubiera un componente realmente didáctico en dicha práctica paterna, sino más bien el juez descargó sus problemas de aquel día en su hija. Por último, destacar que si bien la niña no fue castigada desde el punto de vista didáctico, sí que son muy positivos ciertos castigos físicos, tanto en niños como en adultos. Es necesario dismitificar esos artículos de los Derechos Humanos y separar claramente lo que es un correctivo de lo que es un ensañamiento violento y cobarde.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Didáctica moderna. Ciencia y matemáticas.

Estamos un poco cansados de tanta crisis. Hagamos un descanso sobre este tema y disfrutemos de una conversación distinta. Como dirían los budistas, todo está relacionado con todo, y en especial la crisis mundial no sólo afecta a un tema económico, sino también social e incluso me atrevería a decir que filosófico.

Aquí entra a fondo el tema educativo. Nunca nos cansaremos de decir y de oír que la educación es la base para la felicidad de una sociedad. Esto es cierto y buena cuenta de ello daban ya los griegos y sus más insignes pensadores, entre los que destaca el amigo Platón, cuyo diálogo La República nos indicaría cómo realizar la educación de nuestro pueblo.

Todo ha evolucionado, incluso la enseñanza. A nadie se le escapa que los viejos días de tiza y pizarra han desaparecido (o casi). Ahora son las diapositivas, las pizarras electrónicas, las agendas electrónicas y los libros electrónicos lo que inundan a millones de colegiales y de universitarios.

Según se dice en los actuales manuales de docencia, cuando preparan a uno para ser docente, la figura del maestro ha dejado de ser la de un sujeto omnisciente para convertirse en un vehículo de comprensión, algo así como un soporte, un bastón sobre el que el niño elabora su propio conocimiento (es lo que se llama teoría cognoscitiva, siendo Piaget uno de sus principales defensores). Reconozco que, por propia experiencia, hay niños que pueden desarrollarse según este esquema, pero la realidad es más bien distinta: los niños no son capaces de entender por sí solos la realidad si no se apoyan en las directrices del maestro.

Pongamos el siguiente ejemplo. Un niño vive en una inmensa biblioteca. Según Piaget, el niño desarrollará una curiosidad natural. El maestro únicamente se limitará a conducir esa curiosidad dentro de los límites del esquema. Por tanto, el auténtico descubridor del conocimiento será el niño. Así, antiguamente, el maestro era quien descubría el secreto (o como se dice en términos docentes, enseñaba el secreto). Entonces, de acuerdo a Piaget, el niño no realizaba esfuerzo creativo, sino un simple esfuerzo memorístico, lo que convertía al niño en un agente adaptado a la sociedad circundante, con poca o nula capacidad de expresión, de pensamiento único e incapaz de tener inventiva.

¿Por qué triunfaron las posturas de Piaget en la didáctica moderna? En la sociedad actual, tan tecnificada y con tantas posibilidades y recursos informativos y tantos canales de expresión, se ha vuelto fundamental que los estudiantes sean encaminados a una formación mucho más creativa. Por todos lados vemos aparecer profesiones como programador web, publicista, periodista, informático de sistemas, cocinero minimalista... que requieren un concepto mucho más creativo que profesiones como administrativo o camarero, profesiones mucho más establecidas en el sistema social. Este siglo XXI es más que ninguno el siglo de los artistas. Por todos lados se buscan a personas creativas, que generen la próxima pantalla ultraplana o el próximo avión-coche. Creatividad, esa es la clave. Una sociedad que avance sin límites.

Sin embargo, el propio Piaget no fue consciente del punto débil de su planteamiento. A poco que pensemos, lo encontraremos. Volvamos a ese niño que vivía en una biblioteca. El descubrimiento realizado por el propio niño evita, como dijimos, la enseñanza, propiamente dicha, y establece la tutoría. El maestro se convierte en tutor, en guía del aprendizaje. Es un simple freno que se acciona si el niño va demasiado lejos o malinterpreta la información. Pero su punto débil está en que las capacidades del niño, a efectos prácticos, son finitas y que el conocimiento realizado en esta manera requiere mucho más tiempo que el conocimiento adquirido por el método clásico. En efecto, la Historia de la Humanidad siempre ha sido así. ¿Imaginan tener que inventar la rueda y luego estudiarla para poder descubrir sus propiedades? En algo sí estamos todos de acuerdo y es que el conocimiento aprendido por uno mismo jamás se olvida. Si somos los generadores de nuestro propio conocimiento en vez de ser conocimiento adquirido e impuesto, entonces sabremos perfectamente aquella lección. Pero no parece sencillo que un niño pueda descubrir lo que ha llevado a cientos de hombres miles de años descubrir, cosas como la Ley de la Gravedad o conocimientos parecidos.

La didáctica clásica es muy superior a la didáctica moderna y de hecho los países que aún hoy la aplican (India, Irán, China, Alemania, ...) demuestran tener el mayor número de genios e intelectuales del mundo. Lo que hay que potenciar es la creatividad en fases avanzadas y no en fases tempranas, ya que lo principal es que los niños aprendan lo que ya se sabe. No importa el método, lo importante es que lo aprendan.

En este sentido, siempre se ha hablado de la dificultad de entender las ciencias (en particular la física y la química) y las matemáticas. Créanme que es culpa de dos factores, a saber, el primero es que no todos los profesores son capaces de transmitir correctamente lo que saben y el segundo es que no todos los profesores tienen la capacidad intelectual para haber entendido ellos antes lo que ahora se les pide que comuniquen. ¿O acaso nunca han tenido la sensación de estar delante de aquel profesor lleno de dudas o delante de aquel otro que usaba una terminología que no sólo no se entendía sino que se dudaba que fuera la correcta?

La didáctica de las matemáticas, fundamentalmente, que es la madre de las ciencias, consiste básicamente en establecerle claramente al alumno los elementos y cerciorarse de que entienden realmente lo que significa cada elemento. Así si tratamos de explicar los números racionales como el cociente de dos números en lugar de decir "son los números que representan qué porción de la tarta nos hemos comido", lo más probable es que nuestro tierno alumno no llegue a entender jamás lo que eran los "quebrados".

La enseñanza de las matemáticas, una vez que se sabe realmente lo que se quiere enseñar, entraña una menor complicación que otros saberes, como son la literatura o la filosofía. Si el profesor conoce con rigurosa exactitud, siguiendo el ejemplo de los números racionales, las propiedades de las fracciones, raramente sería capaz de no transmitir su conocimiento usando siempre un lenguaje comprensible para el alumno. Para ello, hay que tener la suficiente imaginación (o quizá la suficiente memoria) para entender qué piensa el niño. Para un niño una expresión de tipo metafórico (por ejemplo, "esta fracción nos dice cuál es número asociado") puede ser un auténtico trauma, ya que aún no está habituado al lenguaje simbólico. Para un niño, las fracciones no hablan y por tanto no "dicen" nada. Lo mejor sería decir "esta fracción es lo mismo que...". Parecen cosas absurdas, pero créanme que es así y nuestros docentes enseñan en muchos casos de esta manera.

En cuanto a la física o a la química, su dificultad estriba más que nada en el afianzamiento del conocimiento. Por ejemplo, si tratamos de enseñar lo que es una fuerza sin explicar en primer lugar por qué se mueven los objetos, difícilmente el niño se verá atraído por esta materia. De hecho, la cinemática siempre se enseña antes que la dinámica. Pero de la misma manera, si tratamos de enseñar lo que es la velocidad o la aceleración sin habernos cerciorado de que todos saben lo que es el movimiento, no podremos explicar conceptos superiores.

La ciencia y su enseñanza se traduce en dos parámetros: a) enseñar el concepto; b) enseñar las propiedades del concepto y su relación con el entorno. Los problemas, los ejercicios, las tareas, son cuestiones más bien salvables si se conoce con total seguridad el concepto teórico. No en vano, la física se traduce en aplicar fórmulas matemáticas (es decir, propiedades) a conceptos físicos.