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miércoles, 6 de marzo de 2013

La muerte de Hugo Chávez: retrato histórico de un líder

Ocurrió. Chávez ha muerto.

Lo más importante en la ciencia histórica es la imparcialidad y la objetividad. Cada vez se hace más necesario abandonar las ideas de bueno-malo para centrarse en el contexto histórico, las consecuencias de las decisiones de los personajes históricos y por último el pueblo. ¿Qué pasa con el pueblo?
 
Mis discursos sobre el chavismo, sobre Chávez y sobre la política venezolana e hispanoamericana en general han sido elaborados, entretenidos y sobre todo didácticos. Tanto en la etapa en Libroadictos como en el Ateneo de Archidux, Chávez tuvo en algunas ocasiones protagonismo importante en mis comentarios.
 
¿Quién era Chávez? Obviamente tiene una biografía, pero yo me quiero centrar en el personaje y no en la persona. De Chávez han dicho (incluso él mismo se ha calificado) de socialista, revolucionario, populista y sobre todo un líder opresor, excéntrico y peligroso. Sus partidarios, en cambio, lo amaban como a una especie de apóstol de la verdad suprema. Sus detractores en cambio lo consideraron un gorila sin cerebro, un fanático obsesionado con una nueva era de poder venezolano.
 
Y sin embargo, no era nada de eso. ¿O quizá sí?
 
Puedo reconocer que Chávez no me ha resultado una figura peligrosa o un loco ansioso de poder. Es más, he defendido y defiendo muchos de sus métodos, calificados por algunos como populistas, pero que en un análisis profundo no son sino formas básicas de una política sincera y justa.
 
Si algo hay que elogiar de Chávez es su cercanía con el pueblo. En este sentido, Chávez y otros antiguos dictadores, con Hitler a la cabeza, sabían que el pueblo era quien de veras deponía a los líderes y que no había nada más triste que un pueblo empobrecido, un pueblo sin futuro o un pueblo de muertos o hambrientos. Chávez sabía que las clases bajas venezolanas no tenían más esperanza que la llegada de un auténtico líder del nuevo orden.
 
Chávez era capaz de hacer una carretera para llevar alimentos a las zonas más necesitadas en cuestión de días. Chávez movilizaba el ejército para ayudar a familias necesitadas y disponía de viviendas nuevas a tal efecto. Chávez demostró durante años ser un buen padre protector para su pueblo Venezuela.
 
Nadie puede criticar eso de Chávez. Los que lo han criticado han salido mal parados, ya que el pueblo de Venezuela ha podido comprobar por sus propios ojos estos hechos. Y en esto se han equivocado los rivales y detractores de Chávez, en tratar de negar que lo que hacía Chávez era bueno para el pueblo.
 
Y lo era.
 
Sin embargo, Chávez también tenía muchos yerros. Él mismo se calificaba de socialista y desde sus inicios se alió con todo lo que simbolizaba capitalismo. Ese fue sin duda su principal error: entender que sólo el socialismo sería capaz de sostener la idea de estado venezolano que él proponía. Entendía que el capitalismo era sinónimo de corporativismo. Después de más de 100 años de socialismo y de desastres socialistas (como el de la Unión Soviética o China), no puede ser concebido ningún régimen político cuya base sea el socialismo clásico sin la participación de la estructura capitalista.
 
Chávez entonces se alió en contra de Estados Unidos (y en menor parte, la Unión Europea). Este fue un gravísimo error nuevamente, ya que asumía unas relaciones multilaterales con líderes que no concebían sus ideas políticas sino que su nexo de unión era exclusivamente el odio a EE.UU. Es esta situación, marcada por la idea preconcebida de que el mal estaba generado desde EE.UU., la que ha provocado el distanciamiento internacional de este país con otros países desarrollados.
 
Por estos errores, Chávez condenó a su país a un panorama crítico. Chávez entendía el socialismo como la respuesta, cuando la respuesta era el capitalismo de Smith. Es muy probable que Chávez fuera socialista o entendiera esa forma de socialismo simplemente como una base para atraer a las masas con ese nombre de "socialismo" o como un concepto derivado de una oposición al régimen económico corporativista de Venezuela antes de su mandato.
 
En definitiva, la Historia, una vez que pasen los años y se olvide su presencia en los medios de prensa, pondrá a Chávez como una figura ejemplar en su gestión interna pero condenable en su trato con el exterior y con la concepción del movimiento como de seguimiento socialista. No se negará que en pleno siglo XXI existió un hombre capaz de dar respuestas personales y sinceras a quienes le siguieron y que además hizo mucho bien de manera individual. A eso lo llaman populismo. Yo llamo populismo a dar 1 a cambio de 100. No puedo llamar populismo al que da 1 a todos pero se equivocó en el trato con los de fuera y ello desembocó en un problema para todos. ¿Cuántas veces no se equivocan los padres por hacer bien a sus hijos? Y nadie los llama populistas. Creo sinceramente que ante todo Chávez estaba convencido sinceramente de lo que hacía y sobre todo estoy convencido de que Chávez tampoco lo hacía por un interés a corto plazo o un interés corrompido por el dinero. A diferencia de otros líderes, como Evo o Cristina Fernández, pienso que Chávez siempre quiso el bien para el pueblo. Únicamente su escasa cultura sobre el socialismo fue la que motivó el problema.
 
Descanse en paz y que Venezuela encuentre su camino.

martes, 8 de enero de 2013

¿Derecha conservadora o derecha reaccionaria?

Cualquiera puede ver cuando camina por la calle algún cartel de un sindicato o de un partido político de izquierdas. Siempre verá un claro mensaje reaccionario (por poner un ejemplo, "basta ya de la derecha opresora", "luchemos por la democracia real", "no nos moverán", etc.). Estamos tan acostumbrados a ver estos lemas de partidos que cuando los vemos en carteles de derecha pronto se catalogan de ultraderechistas.
 
¿Es esta apreciación una visión sesgada de la realidad? Lo cierto es que si pensamos en algún lema de ultraderecha casi inconscientemente se nos aparecen ideas como "muerte al comunismo", "guardad el país de las invasiones extranjeras" o "patria o muerte".
 
Si consideramos que las expresiones del párrafo anterior son de ultraderecha, ¿cuáles son las expresiones típicas de la derecha? Habrá algún radical que identifique a la derecha con la ultraderecha pero lo cierto es que a poco que pensemos, veremos que no existen tales expresiones, a no ser pensando un poco saquemos de nuestro inconsciente lemas como "Dios es mi vida" u otras expresiones religiosas.
 
Esto nos permite entender que la derecha se ha caracterizado siempre por ser conservadora en lugar de reaccionaria. Esto puede entenderse como una estrategia propia de la idiosincracia del conservadurismo pero, ¿realmente es así o simplemente parece que sea así?
 
Antes de contestar, avancemos más en el tema. Hay un extraño concepto en la actualidad que sostiene que el partido republicano en EE.UU. y los partidos democristianos en Europa son partidos de derecha. Es posible que el partido republicano conserve en gran medida la definición clásica de derecha, pero por seguro que la UCD de Angela Merkel o el PP de Mariano Rajoy no son partidos de derecha, sino partidos de izquierda conservadores (lo que comúnmente se ha venido a llamar "centro"). Son partidos políticos sin programas y lo que es peor, sin espíritu o ideario. A diferencia de los partidos de izquierda que equivocados o no disponen de una idea primigenia (el concepto de la lucha de clases), los partidos de derecha repiten como papagayos los conceptos de ceñirse al status quo.
 
La derecha conservadora no puede existir o a la larga sucumbe. En cambio una derecha reaccionaria se puede interpretar como ultraderecha. Entonces, ¿existe realmente solución al problema?¿Son realmente los partidos de derecha unos partidos que esperan o se mantenienen porque no saben hacer otra cosa más que "ser como siempre se ha sido"?
 
Yo, personalmente, nunca he creído en los partidos políticos, ni de derechas ni de izquierdas. Nuestros lectores apreciarán que en el Ateneo de Archidux lo que siempre se ha pretendido ha sido la búsqueda de la verdad y esto no debería estar sujeto a ideas políticas. Si un partido de izquierda interpreta que la verdad es que existe una lucha de clases, quizá deba replatearse su programa. Lo mismo digo de un partido de derechas que piensa que rezando y yendo a misa se acabarán solos los problemas. Lo que hay que hacer es ante todo, ser activos, sin miedo a lo que opinen los demás.
 
A la derecha europea (insisto que a la derecha americana no le ocurre esto con tanta frecuencia) le falta despojarse de sus complejos. "La verdad os hará libres". Un partido político de derechas que esté dispuesto a decir que no existe la lucha de clases o que la mayoría no tiene la razón no puede temer nada, ya que la verdad puede herir pero no matar. El único problema es que la derecha, como le pasa a la izquierda, ha pretendido conservar el poder económico o político (o ambos) en lugar de ser fieles a la verdad.
 
Los ciudadanos valoran en gran medida los partidos sinceros, los partidos que creen sinceramente en todo lo que prometen o que son capaces de responder con sinceridad humana y no con palabras vacías a los problemas del pueblo. El amor de los ciudadanos, al igual que su odio, crece en función de las respuestas de sus políticos.

lunes, 1 de octubre de 2012

Nacionalsocialismo como medio natural de salida de la crisis

En otras ocasiones hemos comprendido que la más que ignorada, descalificada e incluso condenada doctrina nacionalsocialista no ha sido valorada de manera justa. Si hay algo innegable es el hecho de que en cuestión de unos pocos años Alemania pasó de ser un país asolado por la guerra y la posterior depresión de 1929 a ser una superpotencia militar y económica en tan sólo 6 años (de 1933 a 1939), si bien es cierto que durante los años anteriores y gracias a la capacidad de trabajo del pueblo alemán, parte del tejido industrial alemán se había recuperado. No obstante, durante aquellos 6 magníficos años, el nacionalsocialismo multiplicó la productividad de las fábricas y las convirtió en lo que muchas de ellas son hoy, auténticos líderes en sus sectores (Volkswagen, Bayer, Bosch, etc.). En cualquier caso estas empresas actualmente se desvinculan de todo su pasado nazi o de los beneficios que obtuvieron durante aquellos años.
 
De todas formas, no hemos venido hoy a hablar de la ya manida controversia y condena a los nazis, sino de aprender cómo con sus métodos fueron capaces de hacer que un país en crisis se convirtiera en pocos años en una superpotencia y cómo no se lograría ese nivel nuevamente tras la Guerra Mundial, hasta la década de los 70, es decir, en unos 30 años. ¿Qué fue lo que hizo que esto ocurriera?
 
Tradicionalmente se ha venido justificando este milagro económico a la intensa preparación que Hitler hizo para hacer frente a un conflicto bélico a escala mundial. Esto es cierto, pero no es suficiente. No es posible justificar que el milagro económico se debiera no ya exclusivamente, sino en un gran porcentaje a la preparación para la guerra, ya que hay multitud de países que llevan o han llevado años para la preparación de grandes guerras (casos de Libia con Gadafi, Irán, Corea del Norte, India o Pakistán) y sin embargo no han sido capaces de crear verdadera riqueza en sus países o de convertirse en superpotencias económicas como le ocurrió a Alemania por aquel entonces.
 
¿Por qué entonces siempre se ha justificado el ascenso económico alemán de la década de 1930 con la preparación de la Guerra? Fácilmente puede entenderse que todo ha sido producto de la propaganda de los aliados durante y tras el fin de la Guerra.
 
En Mein Kampf se dan las pautas de las políticas económicas que después el propio Hitler aplicó a Alemania. Lejos de ser un iluminado, Hitler es un realista. Él se percató de lo que muchos de nosotros podemos ser capaces de ver en la actualidad: miseria; bancos imposibles de quebrar, porque asumen sus pérdidas el pueblo; políticos incapaces de hacer frente a la crisis; altas tasas de desempleo... Su libro no es, ni mucho menos, un tratado económico, sino un tratado de política económica, es decir, posteriormente son los economistas y técnicos (ingenieros, profesionales) los que harían viables estas políticas. Así lo entendía Hitler y así fue como lo hizo.
 
Entre las políticas que hizo (y que permitieron la recuperación económica milagrosa), cabe mencionar:
 
1. Vigilancia bancaria (o lo que fue en su casa, vigilancia de la clase judía; hablamos mucho antes de los famosos campos de concentración, asunto que ya no es económico, sino político): los bancos debían superar amplios controles que impedían ganancias abusivas. Los bancos tenían que hacer negocios limpios, donde la parte más débil saliera favorecida ante una hipotética crisis o imposibilidad de hacer frente a los pagos. Nótese que no consistía en lo que piden los comunistas y los socialistas, es decir, la supresión del banco o que la parte más débil quede sin pagar. Lo que los nazis argumentaron fue que el banco no podía enriquecerse ilícitamente si por causas ajenas al individuo (despidos masivos, imposibilidad de poder pagar las deudas...) éste no podía hacer frente momentáneamente a las deudas.
 
2. Eliminación de vagos o perezosos: en la Alemania nazi todos tenían que trabajar y dar lo mejor de sí mismos. Si alguien no trabajaba, estudiaba o tenía pensión. No existía el paro, ya que los nazis consideraban que todos podían en un momento dado contribuir a la comunidad por un salario básico. De hecho, el gobierno de Hitler impulsó las colonias de alemanes en lo que el mismo llamó búsqueda del Espacio Vital (que trajo como consecuencia la anexión de Austria y los Sudetes). En dichas colonias, los parados alemanes contribuían a su construcción y a las labores agrícolas, a cambio de una vivienda digna. Los regímenes democráticos (incluido los EE.UU.) no ven, salvo en ciertos estados o comunidades (como los amish) en esto más que una supresión del derecho a la libertad de individuo, al no poder elegir "ser vago".

3. Hacer la tecnología alcanzable para todos: marcas como Volkswagen nacieron con el claro propósito de conseguir que ningún alemán quedara sin un medio de transporte y facilitar intercambios económicos y desplazamientos entre todos los estados alemanes. En este punto insisten continuamente, aunque sin éxito, los distintos agentes económicos mundiales. El fin de la crisis económico viene acompañado de una modernización social. Sin embargo, lo auténticamente innovador del nacionalsocialismo fue que el estado intervino y se preocupó intensamente de este punto. Lo que actualmente se denomina I+D era un pilar fundamental de la Alemania nazi. Notables fueron, en algunos casos tristemente notables, la cantidad de experimentos de todo tipo (químicos, médicos, ingenieriles...) protegidos por los dirigentes del Reich. Es en esto lo que diferencia a la Alemania nazi de prácticamente todos los países occidentales: la intensa actividad estatal o pública en este asunto del I+D (curiosamente, los países orientales, desde Irán, India o Singapur, hasta China o Japón sí que practican este método). Los países occidentales, sin embargo, prefieren la inversión privada como motor de generación de la innovación, lo cual es absurdo, ya que una innovación que no tiene un fin práctico y global, para todos, no es realmente revolucionaria y por tanto favorable para una recuperación económica.

4. Protección de los más débiles: a prácticamente el 100% del mundo se le ha olvidado que los más débiles de la Alemania pre-nazi no eran los judíos, sino los no-judíos. Eran los judíos los que mantenían el corrupto sistema político y bancario alemán. Eran los ancianos y jóvenes alemanes y cristianos los que realmente sufrían las crisis y la hambruna. Hitler era tajante en este asunto en su libro. Los ancianos debían ser respetados y no ser un estorbo, ya que habían contribuido a la riqueza del país. En este sentido, ningún alemán podía ser objeto de crisis, ya que o bien estaba obligado a trabajar o bien, en caso de que no pudiera, el sistema de seguridad social le permitía un buen descanso.

5. Protección real al trabajador: a diferencia de los países marxistas, donde el trabajador era un auténtico esclavo, el sistema de hitler obliga al empresario a dar un trato preferente a los buenos trabajadores. No olvidemos que el partido es nacionalsocialista y que el socialismo, o lo que es lo mismo, una visión económica social fue una idea de impulsión para las políticas hitlerianas. Pudiera parecer que los nazis, al ser un regimen dictatorial pudieran haber tenido al trabajador esclavizado como los comunistas. Nada más lejos de la realidad: la propiedad privada garantizaba que el trabajador pudiera tener una vida digna, se fomentaba el ahorro y una auténtica protección a la familia, como demuestra el hecho de que se facilitaba a los matrimonios con familia numerosa casa para la crianza de los hijos. El secreto no estaba en la protección al trabajador desde el sindicato, sino la protección desde el propio estado.

6. Protección real al buen empresario: Hitler, a pesar de ser socialista, dictaba mucho de ser izquierdista. Las garantías de inversiones privadas alejadas de la especulación propia de los judíos proporcionaban un entorno idóneo para que esa política de I+D tuviera una continuación privada. Empresas como Bosch o BMW pudieron mantenerse como símbolos alemanes incluso décadas después del fin del nazismo.


Estos fueron los secretos de Hitler. Si además añadimos que el entorno pre-bélico permitió a Hitler generar un consumo adicional de productos, podemos entender que Alemania se recuperara en sólo 6 años. Los grandes prejuicios hacie el nazismo nos impiden ver algunas de las más ventajosas ideas que hayan nacido en el siglo XX.

martes, 28 de agosto de 2012

El problema fundamental de la Economía

Recientemente se conocieron los datos de la economía en China. Estos datos han demostrado que China ha ralentizado su crecimiento del anterior trimestre a éste, del 7% al 1%. Esta situación ha hecho que los inversores hayan decidido paralizar en parte las inversiones en el gran país asiático. Además, el estallido de la burbuja inmobiliaria china ha contribuido a un notable descenso en la riqueza de los chinos.

La situación pronto se ha vuelto preocupante. Las principales bolsas auguran unas fuertes pérdidas económicas mundiales el próximo año. El panorama para ciertos países ya en problemas (España, Italia, Grecia...) no es precisamente alentador.

Y en todo este lío globalizado muchos nos preguntamos que si todos los países pierden, ¿dónde está el dinero?

Recuerdo que cuando era estudiante, cierto profesor nos comentaba que a diferencia de la materia y la energía, los balances económicos no siempre eran entrada menos salida igual a acumulación. En los balances económicos existía la posibilidad de que se generara o se destruyera riqueza. ¿Cómo podía ser esto posible? El profesor nos contestó: "Supongamos un río en mitad de un bosque. La riqueza que genera ese río tiene un cierto valor (fundamentalmente medioambiental). Supongamos que colocamos una industria química en su ribera. Entonces, el río perderá valor ecológico, pero aumentará su valor económico". Es posible que el balance final fuera positivo o negativo, pero entonces el profesor siguió insistiendo: "¿Qué ocurriría si pusiéramos una planta de tratamiento de aguas que eliminara toda la contaminación sin dañar al río? En ese caso habríamos creado riqueza sin que el río se viera muy afectado en su valor ecológico".


Debo reconocer que con el tiempo este pensamiento me estuvo siguiendo. Incluso hemos podido comprobar a gran escala esta idea de la "generación espontánea" del capital. ¿Por qué entonces no creemos en la "destrucción espontánea" del capital?¿Es realmente posible que unas acciones que hoy valen 10 mañana valgan 0?¿Es creíble?¿Puede perder todo su valor una empresa en pocos segundos?¿Dónde va al dinero?¿Realmente ha "desaparecido"?


En mi vida he podido comprobar que la ciencia moderna no descarta (incluyendo la física) la generación espontánea de ciertos elementos o fenómenos (eso sí, muy puntuales). De todas maneras, siempre se trata de particularidades extremadamente difíciles de conseguir y de tratamiento inaplicable (estadísticamente de probabilidad quasi-cero), por lo que en el mundo real toman la consideración de "imposibles". Entonces, ¿cómo es posible que en el mundo actual pueda crearse y desaparecer el dinero de esa manera?


He de reconocer que el problema no es fácil, ni de entender ni de solucionar. Es cierto que cualquier libro, universidad o académico serio sería capaz de dar la razón a cualquier idea económica moderna sobre el valor de las acciones, la variabilidad de los mercados o la creación de riqueza pero, ¿hasta qué punto son ciertas todas sus teorías? Es decir, para ser mucho más pragmáticos, si son ciertas las teorías (que lo son), ¿son aplicables en todos los casos o podemos crear distintas realidades económicas?


Un ejemplo claro suele ser la inflación. No se puede negar que con el tiempo las cosas se encarecen. La razón es simple: una economía que crece con el tiempo hace que los ciudadanos sean cada vez más ricos, lo que se traduce en que tienen más posibilidades de comprar cosas y por tanto, los recursos, al ser finitos, se encarecen por simple ley de oferta y demanda. Sin embargo, ¿puede ser aplicable las leyes de la inflación a la especulación? Evidentemente (y el tiempo lo ha mostrado), no. La especulación no es una consecuencia directa de la economía o la riqueza de un país. Ni siquiera es consecuencia directa de las necesidades o los deseos de sus ciudadanos. La especulación es una consecuencia directa o indirecta de una hipótesis de valor, por la cual un negociante (el especulador) considera que cierto objeto será considerado como "muy valioso".


Es aquí el momento en el que tenemos que volver al título del artículo de hoy: EL PROBLEMA FUNDAMENTAL DE LA ECONOMÍA. ¿Cuál es ese problema? La respuesta es simple: la distribución de los recursos. Desde el principio de los tiempos, el ser humano se ha visto limitado en sus recursos, ya fuera por motivos tecnológicos, motivos de ubicación, motivos medioambientales o motivos legales. Los descubrimientos de los siglos XV y XVI, las conquistas de Roma o la difícil Ruta de la Seda no son más que ejemplos de cómo los seres humanos fueron capaces de tener motivaciones en la búsqueda de preciados recursos.

Este problema es tan básico que la mayor parte de las ideas filosóficas, sociales y políticas han versado sobre este asunto. ¿Cuál es la manera más justa de repartir los recursos? Resulta obvio que la manera más justa de repartir recursos es la división exacta entre los diferentes individuos. Sin embargo esta es una concepción errónea, basada en las ideas actuales, hijas del socialismo marxista del siglo XIX y de las democracias del siglo XX. No es que sea errónea en el sentido de que no sea un reparto justo, sino que no permite el reparto óptimo. La división exacta conlleva a la igualdad de recursos, no al reparto justo.


Si nos remontáramos a los albores de la civilización, a la tribu, el reparto de los recursos resultaba muy distinto. Los recursos naturales (principalmente el alimento) se repartían según la ley del más fuerte (el jefe y sus hijos o los notables de la tribu eran los que recibían más comida, dejando a los individuos menos fuertes de la tribu una menor ración). Este reparto puede parecer injusto a ojos del hombre del siglo XXI, pero es un reparto muy adecuado cuando se come cada tres días o bien la comida se pudre muy rápido.


Cuando el hombre dejó el paleolítico y descubrió la ganadería y la agricultura, el reparto de los recursos se volvió mucho más "humano". En efecto, esta revolución tecnológica permitió tener comida prácticamente ilimitada, sin necesidad de ir a cazarla. Por tanto, según nuestra teoría del problema fundamental del reparto de recursos, si un recurso es ilimitado (por ejemplo, la luz del sol, el aire...) no es necesario repartirlo, ya que cada uno puede tomar tanta cuota de ese recurso como estime necesario (el agua, sin embargo, no es un bien ilimitado, ya que su ubicación posibilita en mayor o menor el acceso al recurso). Pero entonces ocurrió algo inesperado: la esperanza de vida, así como la población, creció ampliamente, lo que llevó a que los recursos (carne, huevos, leche, verduras, trigo...) fueran insuficientes y fuera necesaria una expansión, tanto territorial como económica para poder seguir alimentando a la población.


Por otro lado, la agricultura proporcionó alimento en abundancia, lo que permitió el reparto de tareas (no todos tenían que contribuir a cultivar la tierra) y que aparecieran nuevas profesiones (artesanos, pensadores, sacerdotes, guerreros, etc.), que a su vez generaron nuevos productos y servicios todavía más escasos que la comida o el agua (y por tanto, más valiosos). Aparecieron los metales, el oro, las piedras preciosas, la medicina, la magia y otros muchos más bienes y servicios que poco a poco se fueron haciendo cada vez más necesarios.


El ser humano pasó de tener recursos ilimitados a crecer y volver a limitar los recursos. Por otro lado, la ubicación proporcionaba unos recursos diferentes a sus habitantes, lo que pronto motivó el trueque. Finalmente, el trueque resultó insuficiente cuando el número de productos creció, puesto que no era posible distinguir con facilidad qué productos y de qué calidad eran los que había que intercambiar.


Y entonces: nació EL DINERO.


El dinero no es más que una abstracción, un método para determinar y medir el valor de algo. En lugar de decir "esto vale 2,3 gallinas" decimos "esto cuesta 10 $, 9 € o 40 denarios". Por tanto, es incierto que alguien tenga "mucho o poco dinero", ya que el dinero no es más que un método. De lo que dispone una persona es de un certificado de que posee la posibilidad de adquirir bienes o servicios por tal o cual valor. Como sabemos el dinero hoy tiene múltiples formas, siendo la más antigua y persistente la moneda metálica. Pero actualmente podemos certificar nuestro dinero de las maneras más inverosímiles: billetes de banco, letras de cambio, cheques, cuentas corrientes, boletos de tarjetas de crédito...


He aquí entonces la razón por la que la gente vive y en ocasiones mata: una medida del valor y una medida de la capacidad de adquirir bienes.


El dinero trajo sin embargo una extraña capacidad que persiste todavía hoy: otorgar al vehículo o método (dinero) la capacidad (el valor o el recurso). Por eso, incluso actualmente, se considera como única razón de poder económico la cantidad de dinero que tiene un país o una persona. Sin embargo, esto no es cierto, o al menos no es del todo cierto.


Veremos en próximas entregas la razón de este enjuiciamiento.

lunes, 25 de junio de 2012

Cambiar lo imposible o la teoría de la inercia social

Corren tiempos de pesimismo. Eso está claro. Para acentuar todavía más la tragedia, las noticias económicas siempre están anunciando nuevas medidas impopulares en cualquier parte del mundo. A todo ello se une una crisis de empleo sin precedentes.

Han surgido voces de cambio. Voces de revolución. Voces propagandísticas. El desconcierto entre la población crece por momentos e incluso pequeños gestos en nuestras propias vidas son la chispa que podría encender acciones de protesta y de violencia incluso. Se oyen voces que propugnan el cambio social...

¿Pero un cambio a qué? Es más, ¿alguien sabe realmente lo que ha de cambiarse?¿Es acabar con el dinero? Obviamente esto es un absurdo, es una vuelta a la prehistoria. ¿Es acabar con el capitalismo? Eso ya lo intentó el comunismo y todos sabemos qué pasó. ¿Es acabar con el capitalismo con otro método que no sea el comunismo?¿Es mediante políticas socialistas?¿Será quizá con políticas chavistas?

En ocasiones, en muy raras ocasiones tengo que decir, estas ideas y esta situación de crisis me hace sonreír. ¡Pringados! ¿Acaso creemos que las medidas radicales son tan fáciles y sobre todo son tan efectivas en las sociedades occidentales? Todo dependerá, claro está, del intelecto del que propugne estas medidas y cambios.

Generalmente he de decir que quien propugna cambios suelen ser los denominados grupos de izquierda. Cambiar es bueno, eso es indiscutible. Sin cambios sociales no hubieramos avanzado en ciencia, por ejemplo. Pero cabría pensar si ciertos avances técnicos y científicos consuelan frente al daño social que se deriva de ellos. Por ejemplo, la Revolución Industrial trajo grandes inventos y descubrimientos médicos y científicos. Sin embargo, la Revolución Industrial trajo espeluznantes cambios sociales y económicos, a la par que horribles guerras (las más horribles que el ser humano haya contemplado) y a horribles políticos. Además, esos cambios se han ido acentuando, de tal manera que las revoluciones científicas, políticas y sociales siguientes fueron siempre menos eficientes, ya que la mejora técnica era mucho menor que el empeoramiento social.

¿Qué hacer entonces? Como parece que las revoluciones tecnológicas van a ser imposibles de parar, mucho menos desde que los países subdesarrollados ahora comienzan a desarrollarse a pasos agigantados, las revoluciones sociales deberían ser controladas tajantemente por los políticos nacionales y supranacionales (ONU). Esto no es una mera opinión o una posibilidad. Se trata de una auténtica realidad que todos estamos viviendo.

Nada que conlleve una actitud radical sería realmente efectiva en los países desarrollados y democráticos, a menos que un cambio político a escala mundial sin precedentes ocurriera de repente. Me estoy refiriendo a una dictadura al estilo de los nazis, cuyo advenimiento coincidió no sólo con la dictadura alemana sino dictaduras en España, Italia y URSS, así como regímenes totalitarios o simpatizantes como Japón, Grecia o Argentina. Incluso de esta forma, cambios muy radicales serían muy complicados de hacer, al menos a corto plazo.

Pero este caso no sólo ocurre cuando hablamos de visión retrospectiva o revoluciones conservadoras, sino cuando hablamos de revoluciones socialistas. Es decir, plantear un mundo sin ricos o un mundo lleno de homosexuales no sólo es utópico sino imposible desde los más elementales principios. ¿Cómo se puede obligar a cambiar las ideas de alguien? Ni los propios nazis pudieron cambiar el pensamiento de los judíos, incluso cuando les gaseaban. Existe lo que se llama una inercia social.

Al igual que un planeta trata de escapar de su órbita pero una fuerza le obliga a girar y realizar una curva, la sociedad tiene una inercia que no puede ni debe cambiarse. Las grandes revoluciones trataron de hacer eso y sólo trajeron desgracias y miserias inigualables a escala histórica. Las hambrunas de la Edad Media nada o poco tenían que ver con los millones de proletarios en Londres o Manchester en plena Revolución Industrial, donde vendían incluso sus dientes por un pedazo de pan. Y todo porque ofrecían las falsas promesas de un trabajo digno, el cual consistía en un salario ínfimo al existir una sobredemanda impresionante. De nada valía la persona y sus actitudes personales: sólo el resultado del trabajo valía.

En esto Marx no se equivocaba. El proletario era sacrificado por un patrono que no veía más que un medio productivo más, como así mismo era su máquina. Pero el viejo Marx se equivocaba amargamente: él llama a la revolución como fin de las miserias. Cuando el proletario fuera dueño de los medios de producción, podría repartir el fruto del trabajo equitativamente.

¡¡¡Cuánto se equivocaba el estúpido Marx!!! Lo triste es que aún hay quien sigue sus tesis. ¡Ay, Dios, ayúdanos! Lo que consiguió fue que un país tan pobre como Rusia se empobreciera hasta límites insospechados hasta que estalló la contrarrevolución de 1989. Y en todo este tiempo, los comunistas, incluso siendo un regimen dictatorial, no consiguieron acabar con la religión, con las ideas buenas, con los sueños del pueblo por una vida mejor.

Ahora se insta a que todo se acabe mediante una amnistía general para todos (ricos, pobres, bancos, personas). Se plantea el bonito "empezar desde cero". Eso, señores míos, es imposible por una sencilla razón: la amnistía general significa que los actuales ricos acabarían pobres y los pobres, si no más ricos, quizá seguirían igual de pobres. ¿Qué sentido tiene un país de pobres? Sólo uno: la mafia organizada. Quien propugna estas debilitaciones del gobierno son las propias mafias o quienes son comprados por ellas.

Caso parecido podría decirse de quienes sueñan con el fin de la Iglesia o acabar con el latrocinio, la prostitución o la homosexualidad o tantas otros temas polémicos de las sociedades actuales. Esto es imposible, al menos a corto plazo. Pensemos que una actitud radical, por ejemplo, hacia la prostitución. ¿Cómo acabar con el ansia y el vicio de tantos en sólo unos días?¿Es coherente siquiera pensarlo? Todo pasar por seguir la inercia y no con frenar el móvil. Atacar con multas o bochornos públicos a los proxenetas o clientes sólo trae consigo un empeoramiento de las condiciones de explotación de las prostitutas. ¿Cómo se acaba con la prostitución? ¿Con la educación en valores feministas? ¡Nada de eso! En esto nos insisten nuestros estúpidos políticos y sus asquerosos asesores. La prostitución se acaba cuando se hace poco atractiva al cliente y a la prostituta. Alguno dirá que una mujer siempre creará atracción el un hombre. Cierto, pero un fomento de una mujer real y no ficticia (como la "mujer trabajadora" que nos quieren hacer ver nuestros políticos) puede acabar con la imagen de que la mujer decente es poco atractiva y la prostituta tiene un cuerpo morboso y pecaminoso, lo cual resulta atractivo. Plantear modelos sociales y asustar o desmotivar a quien ejerce o trafica con la prostitución es la forma más efectiva de hacerlo. De hecho, desde aquí aplaudo las políticas gubernamentales de prácticamente todos los países del mundo en el asunto de las drogas o el tabaco. Hoy más que nunca, se excluye socialmente al fumador (no tanto así con el drogadicto, por desgracia), lo que crea una cierta culpa y se tiende a abandonar el hábito.

Cambiar lo imposible es, como su nombre indica, imposible. Pero todo tiene un matiz. La cuestión no es cómo se cambia, sino qué queremos cambiar y por qué y sobre todo a donde conducirá ese cambio. Recordemos siempre, al tomar una decisión en la vida, seamos políticos o no, la inercia social. No podemos parar un planeta con tanta vida, porque esta los más insignificantes, cuando son muchos o son únicos en su especie, pueden cambiar el curso de los acontecimientos.

viernes, 19 de agosto de 2011

Jornada Mundial de la Juventud

La llegada del Santo Padre a Madrid provocó un entusiasmo generalizado en la cara de miles de jóvenes. Llevaban días esperando que el Pontífice llegara y por fin se hicieron realidad sus anhelos.

No obstante, las noticias no han sido del todo positivas. Como habrán leído o visto, movimientos laicistas irrumpieron en la Puerta del Sol y se enfrentaron con jóvenes católicos. Esta situación, que en cualquier caso podría haber sido prevista, supuso una batalla entre policías y manifestantes.

Esta visita ha venido a ratificar dos cosas: la ruptura total del binomio Iglesia-Estado que imperaba en España desde los Reyes Católicos y la confirmación de que si bien España no es un país católico, es un país lleno de católicos.

Déjenme explicar esta diferencia, obvia por otro lado. El estado español, en su constitución, recoge que es un estado aconfesional. Esto quiere decir que no considera a ninguna religión como verdadera, aunque no condena a ninguna religión como dañina. Esta diferencia es fundamental con respecto a otros países, como Francia, que se configura como un estado laico. Esto significa que promueve la abolición de la religión. España es por tanto, un país no católico pero cuya población es mayoritariamente católica.

Este asunto no es baladí. Lo que fueron olvidando los distintos gobiernos socialistas es que España puede prescindir de la religión en época de bonanza, pero no puede prescindir de ella en época de crisis. Aunque sea muestra de un mal cristianismo, la parábola del hijo pródigo puede aplicarse a esta situación. El español, ante la miseria, corre a refugiarse y a pedir perdó al padre al que dejó de amar. El padre acepta al hijo, ya que ha recuperado a aquél a quien daba ya por perdido. La Iglesia en España actúa de igual manera: vuelve a aceptar a todo aquel que se marchó. Y muchos han vuelto, encontrando tanto el lado espiritual (la misa, la palabra, la esperanza en Cristo) como el lado material (cáritas cristianas, comedores sociales, cuidados por parte de religiosos, etc.).

La Iglesia ha demostrado siempre que en época de crisis ha sabido devolver la fe a sus fieles. Desde la época de los césares, cuando miles de pobres se agolpaban en Roma por un pedazo de pan, la Iglesia siempre ha preconizado la Esperanza Cristiana. Hay quien dice que el poder de la Iglesia está en hacer creer que existe un dios que puede hacer milagros o que puede castigar a quien se porte mal. Es bien sabido que cuando la Iglesia ha hecho uso de este mal enfoque interpretativo nunca ha salido bien parada. Esta situación dio lugar a la Reforma de Lutero y con posterioridad, el uso indiscriminado de la teología popular trajo las críticas de Marx.

Sin embargo, la fortaleza de la Iglesia es y será siempre el consuelo ante las adversidades. Dios es Amor, Dios nunca nos abandona... Este es el verdadero mensaje. Y cuando el creyente duda, aparece la figura de Cristo, un hombre que siempre creyó, incluso cuando en la cruz estaba siendo maltratado. No obstante, no sólo la fuerza de la fe ha sido lo que ha mantenido a la Iglesia en su posición hasta nuestros días.

La Iglesia ha defendido siempre a los pobres y a los oprimidos, erigiéndose como la primera organización social de la Historia. Puede que alguno alegue que esta misión sea una misión hipócrita (¿cómo se puede ser defensor de los ricos y sin embargo vivir en la opulencia?). Esto no es del todo cierto. La Iglesia Católica, a diferencia de otras organizaciones políticas y sociales, ha estado siempre constituidas por personas cultas. Nada más que para ser cura hace falta leer, porque lógicamente no se puede leer la palabra de Dios en misa si no se sabe leer. Dicho de otra manera, otra fortaleza de la Iglesia ha sido que ha mantenido la educación y la formación como un punto importante de su apostolado. Esta entorno culto tiene dos vertientes: por un lado, es cierto que un mayor control de la cultura, permite un control del pueblo (por ejemplo, amenazando con que un Dios malo vendrá a castigar los pecados); sin embargo, lo normal es que donde hay personas con altos conocimientos y con amplia cultura, ocurra precisamente lo contrario: haya gente muy implicada en hacer el bien, en conocer la importancia de la obra de Cristo y en hacer exégesis y denuncia de lo que otros religiosos menos escrupulosos hacían con sus fieles.

Lutero, el reformista; Santo Tomás Moro, San Francisco de Asís y otros muchos más religiosos fueron reformadores de los abusos que muchos clérigos hacían de sus fieles. La ventaja que existe en el seno de la Iglesia es que a pesar de ser una institución político-religiosa, sus componentes han gozado siempre de una libertad y de una capacidad de expresión muy amplia. Los cardenales, príncipes de la Iglesia, por ejemplo, no son ni uno ni dos, sino decenas, y no son elegidos por cuestiones políticas, como los partidos, sino por méritos. No cabe duda de que muchos serán más cercanos a ciertas ideologías del presente o del anterior Papa, pero sobre todo el consenso suele ser debatido. La Iglesia es una de las pocas instituciones que organiza concilios, es decir, puestas en claro de todas las tendencias para unificar criterios y no incurrir en cismas. La Iglesia cuenta además con un problema que a la vez pasó a ser ventaja para los fieles: éstos son por fe, súbditos de la Iglesia, y por nacimiento súbditos del país, lo cual siempre ha ayudado a que muchos que denunciaran abusos (como Lutero, por ejemplo) fueran protegidos por sus príncipes. Lo contrario, por desgracia, también ha ocurrido: Tomás Moro denunció los abusos del rey Enrique VIII y su condición de clérigo y protección especial del Papa no le valió contra la pena de muerte impuesta por el rey.

La Iglesia, ahora más que nunca en los últimos 20 años, está de moda. En ciertos aspectos ha demostrado que puede dar una explicación espiritual más amplia a las necesidades del ser humano que la fe en otras disciplinas más oscilantes, como son la fe en la ciencia, la fe en la magia, la fe en los políticos o la fe en el dinero.

viernes, 5 de agosto de 2011

Strauss-Kahn y la acampada de la Puerta del Sol (II)

Retomamos un tema anterior (Strauss-Kahn y la acampada de la Puerta del Sol) para hablar de un asunto actual. Y es que el ex director gerente del FMI parece que no fue excesivamente culpable o al menos la mujer ya conocía a dicho hombre.

Más importante parece que podría ser el hecho de la famosa acampada de la Puerta del Sol. Si echamos un vistazo a lo que está ocurriendo en estos días en España, cualquier tipo de justificación por parte de los manifestante carece de fundamento. Cierto es que la situación en España es y va a ser durante bastante tiempo caótica, de creciente empobrecimiento y con un acusado nivel de desempleo, pero en ningún momento se puede achacar a "unos pocos" lo que una sociedad democrática ha elegido libremente.

Recalco lo que siempre hemos venido aquí hablando: las democracias, como decían Platón o Thomas Hobbes, no son más que la antesala a la aparición de los tiranos. El caso es bien claro: en una democracia perfecta (como ocurre en España y en casi todos los países occidentales), el valor del voto inculto es el mismo que el del voto consensuado. Las mayorías nunca tienen razón por lo general, porque la mayoría suele ser muy poco dada a la reflexión.

El 15-M, como lo llaman los manifestantes. Proclamas comunistas y anarquistas. ¿Pero de qué estamos hablando? ¿Es lógico permitir que unos cuantos indignos (que no "indignados", como ellos se autoproclaman) tomen pulso a un gobierno. ¡No!

El caso es que si bien no se puede defender la nefasta actuación de Rodríguez Zapatero, uno de los peores gobernantes de toda la Historia de España, junto con Evo Morales, Kirchner o Castro (dejo en tela de juicio a Hugo Chaves, porque si bien es actualmente un gorila inepto, hubo una época en la que era realmente un ejemplo a seguir). Sin embargo, si bien no se puede defender su actuación, si podemos defender lo que estos "indignados" reclaman: la falta de legitimidad del gobierno.

Miren ustedes, señores "indignados". Entiendo que ustedes no tengan la capacidad intelectual suficiente para entender mis palabras, pero quiero que sepan, caso de que el Espíritu Santo les ilumine, que no podemos deslegitimiar o penalizar lo que ustedes mismos admitieron. Es lo que se denomina un "contrato social". No pueden romperlo ahora que no les conviene. ¡Más suerte la próxima vez, desgraciados!

Lo peor de todo es que siempre hay víctimas en cualquier conflicto. En este caso, las víctimas no son ni el gobierno ni los "indignados" (por mucho que unos y otros se consideren ofendidos). Las auténticas víctimas son los ciudadanos modelos que todos los días se levantan en Madrid a trabajar. ¡A trabajar, señores indignos!¡Indignos son de ser siquiera ciudadanos de un país civilizado!¡Trabajen, leñe!¡Acepten que debido a su incultura y a su falta de esfuerzo ahora están ustedes en paro!¡Haber estudiado unas oposiciones!¡Haber estudiado y tenido buenas calificaciones, en lugar de beber whisky todos los fines de semana y entre semana!

No quisiera hoy acabar con una conclusión simple, porque simple es lo que son ellos. Unos simples animales de rebaño, unas ovejas asustadizas que son incapaces de decir lo que piensan de uno en uno. ¡Malditos cobardes comunistas! ¡Indignos! Lo que es importante es que de una vez por todas el gobierno tome medidas y defienda al ciudadano libre. ¡Haga cumplir la ley, gran señor presidente indigno, antes de que los indignos auténticos le creen aún más problemas!

domingo, 24 de julio de 2011

El neonazi que mató a 76 personas en Noruega

Nunca está de más recordar lo triste que resulta el terrorismo. Ya tuvimos un comentario anterior al respecto titulado Muerte de Bin Laden. En dicho comentario insistíamos en la idea de que el terrorista pierde sus derechos humanos para convertirlos en derecho natural animal. Conviene recordar la idea, por favor, políticos asquerosos que me leéis o hijos-amigos-primos de los mismos, de que un terrorista ha dejado de ser un ser humano.

No me extenderé en lo dicho en otra entrada, pero aclarar que al igual que la leucemia es una enfermedad en la que el leucocito no reconoce al glóbulo rojo como célula hermana, el terrorista es un ser de la especie humana que ha dejado de considerar a otros humanos como de su propia especie. Es decir, se trata de especies diferentes (los "opresores" y los "oprimidos" o terroristas). Esto carece de todo sentido práctico, téorico o científico, por lo que la única explicación lógica está en considerar que el terrorista en su cerebro piensa realmente que está matando a individuos de otra especie.

Quizá no es el momento, al estar tan recientes los acontecimientos, pero sería interesante conocer, entre otras cosas para calmar ánimos de otros jóvenes o adultos de ultraderecha con accesos febriles por el terrorismo, qué sería lo que el mismísimo Hitler pensaría de esta cuestión. En Mein Kampf [Mi Lucha] se dice que los causantes de las desgracias en Alemania son los judíos y los comunistas. Al mismo tiempo, Hitler habla durante muchas páginas del pueblo, de la juventud, de la tercera edad, de las penurias del proletariado alemán. No sé si sabrán la gran mayoría de los lectores que el terrorismo moderno nació a finales del siglo XIX de la mano de los anarquistas, los cuales, para quien tampoco lo sepan, no eran más que comunistas radicales. Anarquistas y marxistas se englobaban dentro de aquellos primeros comunistas de la Primera Internacional, pero finalmente, como ocurre siempre, los marxistas, que eran mucho menos extremistas, fueron los que lideraron y mantuvieron el movimiento.

Conclusión: no parece muy coherente que un auténtico hitleriano, nazi o neonazi use métodos terroristas, propios de los anarquistas, si realmente lo es. Sería como declararse cristiano y orar a la Meca. Tampoco parece muy nazi o ultraderechista atacar propiamente al pueblo y más aún a su propio pueblo. Porque para un auténtico hitleriano no habría dudas entre los miembros de su pueblo y los miembros ajenos a su pueblo. Cuando los judíos eran encarcelados, aun siendo judíos nacidos en Alemania, Hitler era bien consciente de que ellos no eran alemanes. También hemos mencionado muchas veces esta diferencia fundamental en el pensamiento hitleriano: un judío, que conserva sus costumbres y además se esconde y evita las alemanas, no puede ser un auténtico alemán. No sólo Hitler. También gobernantes anteriores, como los mismísimos Reyes Católicos entendieron esta idea.

Volvamos sin embargo a este terrorista noruego. Lo que más ha trascendido no ha sido sus inquietudes o reivindicaciones. Lo que más ha trascendido es Hitler, el nazismo y la ultraderecha. Por favor, señores asquerosos (o sea, políticos), dejen de emponzoñar y aprovechar estas situaciones para olvidar sus desvaríos y sus faltas de buen gobierno. Hitler está bien muerto desde hace más de 66 años. Lo que ocurre es que quieren evitar que su propia suciedad caiga sobre ustedes.

Las doctrinas de Hitler son en su gran mayoría válidas en el mundo actual. Lo digo sin tapujos y ya va siendo hora de que se lea a Hitler o a muchos otros autores sin taparse la boca sorprendidos. A nadie se le escapa que establecer unas políticas sociales de protección a la infancia y a la vejez es algo excelente. Esto lo dijo Hitler. A nadie le parecerá estúpido pensar que es necesario que el pueblo disponga de los elementos básicos y necesarios y hacer la tecnología más barata y accesible. ¡Esto también lo dijo Hitler! Mientras anonymous reivindica, Hitler ya lo pedía hace más de 70 años.

El pensamiento de Hitler forma base para muchas posibles políticas de calidad, pero a costa de una supremacía de ideas sobre otras. El mundo occidental, más rico, poderoso y avanzado que el tercer mundo o China (o al menos lo era), no puede ceder ante presiones provenientes de colectivos marginales de un país. Hitler es el último gobernante auténticamente defensor de la cultura occidental.

El terrorista de Noruega es posible que tuviera tendencias ultraderechistas. Probablemente incluso leyó a Hitler, pero no podemos decir que unas palabras o pensamientos hayan sido las causantes de los daños. La batalla de los pensamientos y de la moral hay que librarla en el cerebro.

En definitiva, lo que menos ha importado a nadie han sido las víctimas, que casi todas eran jóvenes, y el colectivo objetivo. Un auténtico nazi tomaría y organizaria algo desde abajo y para auténticamente derribar el poder. Un auténtico grupo nazi actúa como el cáncer: imparable, porque el grueso del cuerpo acaba identificándose con el cáncer. Los políticos caen y el antiguo cuerpo muere. Este chico actuó como un grano de pus. Irritante e incluso doloroso, puede que quizá también antiestético, pero se soluciona con quitarlo o dando las friegas oportunas.

No olvidemos: es otro animal, de distinta especie.

jueves, 16 de junio de 2011

Los restos de Franco

Cuentan de Shi Huandi, el llamado "Primer emperador de China", que durante su reinado, precisamente para ser considerado como el primer emperador habido en China, ordenó quemar todos los libros del país (incluidos los de Confucio), de manera que nadie pudiera discrepar respecto a su idea de que él era el primero de todos. Obviamente, hoy sabemos que antes de él, cuyo reinado se sitúa en torno al 200 a.C., hubo muchos reyes y gobernantes y sabios.

La quema de libros ha sido desde siempre una cuestión de Estado. Decir la verdad no es siempre políticamente correcto. Hay tantas cosas políticamente incorrectas que al ciudadano de a pie le resultan tristes o incomprensibles muchas de ellas. Si hay un país, por encima de todos, que actualmente tenga una visión incomprensible del mundo, ese es España. Los hechos son verdaderamente visibles: no hay un país que tenga tanto miedo a un muerto, como ocurre con el Generalísimo Franco. Ni Napoleón, ni Hitler, ni Pinochet, ni Videla, ni Lenin. Franco es, y seguirá siendo durante muchos años, sinónimo de miedo. En un país como España, un país civilizado, que el presidente de la nación, Rodríguez Zapatero, considere a Franco un enemigo a batir, resulta jocoso, incomprensible, ridículo y sobre todo frívolo, ya que alguien que desapareció hace 36 años no puede ser una amenaza para nadie. ¿O sí?

Tomemos en claro a lo que nos referimos. El presidente de España considera inmoral que el cuerpo muerto de un Jefe de Estado repose en un mausoleo recuerdo de todos los caídos en la Guerra Civil Española (que ganó él) y un lugar en el que, dicho sea de paso, el general quiso ser enterrado. Le guste o no al señor Rodríguez Zapatero, se trata de un personaje histórico español y eso nunca podrá ser olvidado (como ya ocurrió con el "Primer Emperador").

Dejemos de flagelarnos por el pasado. Hay quien dice que el pasado es vergonzoso. Tengo que responder que el pasado es únicamente vergonzoso en la persona, no en la sociedad. El pasado es obra de todos los miembros de la sociedad, no importando el rango que ocupen. El pasado no puede considerarse como resultado simultáneo de todos los miembros de la sociedad, ya que algunos pueden que no estén de acuerdo con lo aceptado socialmente. Así pues, ni el pasado glorioso ni el pasado vergonzoso es cuestión de Estado, sino de personas. Algunos pueden decir "me obligaron a estar allí" en relación a una guerra o una manifestación. Eso no sería, propiamente, pasado de alguien, ya que una obligación, aunque sea pasada, no puede representar un acto voluntario. Sin embargo, los actos personales son intransferibles y cuando éstos son voluntarios (ejemplo, ser infiel a alguien, robar, asesinar...) representan propiamente el pasado de cada cual. Entonces sí que podemos hablar de vergüenza o de pecado.

Es un completo error esconder el pasado de una nación o no asumirlo. El pasado de una nación hay que vivirlo siempre con orgullo. No podemos considerar que sea feliz un acontecimiento como la pérdida de una batalla, una conquista por parte de otro país o el exterminio de una raza. Podríamos incluso avergonzarnos, pero a título personal. Lo que no puede ser nunca admitido es avergonzarse colectivamente de haber tenido un gobernante nefasto o peor aún, avergonzarse de un gobernante que siendo bueno no coincidía con nuestras ideas.

El ejemplo de España es claro. Si hay alguien absolutamente vergonzoso en la Historia de España, ese es el actual presidente Rodríguez Zapatero. Únicamente podría ser superado por las terna Godoy, Carlos IV y Fernando VII. Pero incluso Godoy ganó una guerra a Portugal, cosa que el actual presidente ha sido incapaz de hacer. ¿Pero habremos de avergonzarnos de él? La cuestión es clara: a nadie le gustaría tener un hijo subnormal, pero cuando se tiene si no se le quiere, al menos se le respeta. Cuando este presidente salga de gobernar el país, los españoles podrán o no avergonzarse, a título personal, pero es parte de la Historia de España y como la Historia es la ciencia (o sea, la verdad) del pasado, hemos de decir siempre la verdad.

El caso de Franco es absolutamente igual. Puede que haya personas que tengan una especial antipatía a Franco, pero no se puede consentir que se mancille la tumba de un antiguo Jefe de Estado, como tampoco puede mancillarse la tumba de Godoy, de Carlos IV o de Fernando VII. Los rusos, una vez caída la Unión Soviética, no destruyeron la momia de Lenin. Sin embargo, en otras ocasiones, los símbolos nazis, muchos de sus monumentos, o las estatuas de Sadam Hussein fueron derribadas, destruidas, dejando huérfano al arte.

En toda Hispanoamérica hay líderes más o menos queridos, vivos y muertos. Pinochet, Videla, Hugo Chávez o Castro son ejemplos de estos malos o buenos gobernantes. Ustedes, el público, decidirá sobre si fueron buenos o malos. Pero sería un terrible error olvidar o eliminar de los libros de Historia que un día Venezuela estuvo comandada por el militar Chávez, que Pinochet quizá salvó a Chile de una situación peor a la actual, que Castro estuvo más de 50 años en Cuba o que Evo Morales era un auténtico payaso. Eso no hay que olvidarlo, insisto.

Resumiendo: a todos esos facinerosos que tratan de esconder la realidad, profanar cadáveres o engañarse a sí mismos, yo les recomendaría que pensaran en lo que decíamos al principio sobre Shi Huandi: no podemos borrar el recuerdo colectivo, al igual que el hombre encarcelado es al menos libre de pensamiento. Al final, todo se acaba sabiendo, la verdad se acaba sabiendo.

viernes, 20 de mayo de 2011

Strauss-Kahn y la acampada de la Puerta del Sol

La vieja fórmula del fin del capitalismo da paso a las noticias de la semana en el mundo occidental. Por un lado, Strauss-Kahn aparece en la escena como un viejo sátiro obsesionado por el olor de jovencitas, aunque su gusto sea dudoso. Por otro lado, miles de jóvenes en Madrid apelan por el fin del capitalismo y del bipartidismo en España. Ya sabemos lo que han significado y significan los movimientos de masas en occidente: un verdadero peligro y una gran mentira.

Lo de Dominique es muy grave, a la vez que irrisorio. ¿Se puede imaginar a uno de los hombres más poderosos del mundo persiguiendo por la habitación del hotel a una negrita cualquiera? Lo de negrita es importante, porque el tonto de Strauss-Kahn seguro que lo vio como algo mucho más sensual y exótico. Era satisfacer una de esas fantasías masculinas más comunes, la de la chacha que limpia desnuda para uno.

A decir verdad, una violación, sea de quien sea, o un abuso sexual no tiene perdón de Dios. Claro que hay algunos atenuantes, como puede ser una precocidad demasido pronunciada (recuerdo que alguna vez vi a algún muchachillo de 14 años tocar los senos en formación de algunas colegialas), pero en cualquier caso, es un acto cobarde y de poca hombría.

Lo más importante del hecho quizá no es el hecho en sí, sino quién y qué simboliza su acto. Ha dejado entrever que los poderosos se comportan así. No soy un demagogo y pienso que no todos los políticos y jerarcas son así, pero esa imagen no ha hecho más que afianzar a los que enarbolan la bandera del comunismo.

Y entonces llegaron los de Madrid.

La panda de vagos que está acampando en Madrid es la mayor concentración de subnormalidad que he visto en mi vida. Parten de una base muy simple y cómoda: "como yo no trabajo ni encuentro el trabajo que me gusta, que los políticos cambien el mundo para que yo pueda desempeñar el trabajo que me gusta con el sueldo que me gusta".

No voy a entrar en discusiones absurdas, tales como que siempre habrá ricos y pobres, etcétera. Sólo digo que no hay mayor ciego que el que no quiere ver y que la solución al paro juvenil está en trabajar. "Oiga, pero es que no hay trabajo". No mientan: hay trabajo y mucho. Chófer, barrendero, mozo de carga, comercial, camarero... "Oiga, pero es que yo he estudiado una carrera universitaria y quiero un trabajo digno". Para empezar, como usted hay miles de universitarios. Tenga la bondad de no darse tanta importancia. Usted ya no está en ese paraíso y escudo protector que era el Campus. Ahora ya sabe la verdad: usted es un ser insignificante y como usted hay miles. Deje su orgullo un poquito aparcado y acepte el trabajo. Y si no lo acepta, porque su orgullo no cede, al menos no proteste en mi mesa de trabajo.

Mi experiencia me dice que la gente realmente no tiene muchas ganas de trabajar. Trabajar no significa morir en el tajo. Trabajar significa esforzarse por alcanzar un objetivo. Desde mi época de estudiante, éramos muy pocos los que nos esforzábamos por aprobar y los que fuimos buenos estudiantes. El resto solía dormir muchas horas, no iba a clase, no gustaba de repasar las lecciones... Esta actitud sólo puede traer como consecuencia que los mejores trabajos los obtengan los mejores.

Hay quien opina que los buenos trabajos son dados a elección del jefe de turno, que le cede el puesto al hijo o sobrino de turno. Les diré que esto puede ser cierto (y lo es), pero también les digo que no durará mucho ese puesto de estar nuevamente desocupado. Sin pararme mucho en el tema, decir que quien no trabaja es porque no quiere.

Siempre hay trabajo. Siempre. Lo importante es que si no existe, hay que crearlo. Es aquí donde nace el concepto empresa. La empresa (como su nombre indica) tratad de emprender. Los emprendedores son personas que crean su propia realidad. Lo que falta en el mundo occidental son este tipo de personas.

Una diferencia sustancial entre EE.UU. y Europa es que el 90% de los americanos sueña con tener su propia empresa mientras que el 90% de los europeos sueña con trabajar para el estado. El europeo, nuevamente, demuestra ser no sólo más inteligente, sino menos arriesgado. Pero ser más inteligente no significa necesariamente ser el más fuerte. Trabajar duro es algo que al europeo se la hace demasiado pesado. El lastre del señorío inglés está apoderado de Europa, como una herencia en la que parece que ningún hijo de blanco puede desempeñar oficios de menos de 2000 euros al mes o 2500 libras al mes en el Reino Unido. Hemos de entender que esa actitud es cuanto menos de una falta total de realismo.

Yo aconsejaría a los miles de jóvenes que están acampados (y por tanto, descansando y esperando) que fueran lo suficientemente emprendedores para dejarse de fiestas y romanticismos y apostar por el empleo duro, por levantarse todos los días a las 6 de la mañana y dejar a un lado sus sueños de libertad, paz y amor y todas esas consignas que, por si a alguien se le olvidó, fueron pronunciadas por jóvenes adinerados que no tenían que preocuparse de lo que comerían al día siguiente, puesto que había dinero respaldando su actitud. Que esto no se olvide. La solución no es protestar, es trabajar.

lunes, 25 de abril de 2011

La pasión de Cristo. Reflexiones sobre el buen cristiano

Hace un par de días, el Papa era entrevistado en un programa de televisión italiano, expresando las ideas y visiones de la Iglesia sobre el mundo y la fe. No me cansaré de repetir una y otra vez el gran misterio que representa la Iglesia, que ha podido permanecer dando un mensaje casi invariable desde hace más de 2000 años.

El cristianismo neomodernista del Occidente desarrollado es ambiguo, confuso y extrañamente ecléctico. Tratemos de no hacer crítica, sino de hacer análisis. No quiero tratar el siempre polémico y aburrido tema de la interpretación verdadera de los Evangelios o las continuas tergiversaciones que los papas, los santos y las comunidades cristianas hicieron de los escritos y de la figura de Jesús.

Quiero que olvidemos todo eso, porque todo esto es polémica ineficaz.

Quiero que pensemos fríamente en una cuestión. Para los que somos cristianos... ¿qué significa eso? Es más, ¿por qué digo yo que soy cristiano? Insisto en que no pretendo hacer apología, sino análisis lo más objetivo posible.

Empecemos por el principio de la Historia.

De acuerdo con los Evangelios, Jesús comienza a predicar a la edad de 30 años. La historia de Jesús es cuanto menos épica. Un carpintero sin estudios se convierte en el rabí [maestro] más influyente de Galilea. Esto es, si cabe, cuanto menos sorprendente. De aquí a asombroso o fantástico sólo hay un paso.

A diferencia de otros líderes religiosos, como Buda, Abraham, Moisés o Mahoma, la tradición y los evangelios afirman que Jesús realiza milagros en lugar de ocurrirle fenómenos milagrosos (por ejemplo, Buda sufre una iluminación o las plantas y animales le hablan, Moisés y Abraham sienten la voz de Dios, Mahoma se eleva a los cielos...). Jesús es capaz de curar enfermos, de multiplicar panes y peces, e incluso de resucitar a los muertos. La historia, caso de ser cierta, es tan fascinante que nada podría haber como Jesús y su historia.

El final de Jesús (su pasión y muerte) es también de sobra conocido por todos. El sanedrín judío ve en Jesús un peligroso alborotador, cuyas doctrinas, claramente contrarias a las doctrinas del Judaísmo ortodoxo, hacen peligrar la unidad hebrea. Finalmente, denunciado ante el sanedrín y tras la venia del gobernador romano Poncio Pilato, Jesús es juzgado como reo de muerte, bajo el cargo de instigador de disturbios e incumplimiento de la ley mosaica (básicamente la transgresión del segundo, tomar el nombre de de Dios en vano, haciéndose pasar por hijo de Dios,  y tercer mandamiento, trabajar en sábado, anteponiendo lo demás a Dios).

Jesús muere y su leyenda se acrecienta. Tras la posterior resurrección, el mito de Jesús crece a pasos agigantados. La historia es increíble, sí, pero es tan pura, bonita y además, se dispone de cientos de testigos de sus hechos, lo cual contribuye a aumentar la fama de Jesús por toda la vertiente oriental del Mediterráneo. Los apóstoles, sus más fieles seguidores, apoyan la idea, dan cuenta de los milagros de Jesús y además fueron testigos directos de sus milagros, transfiguraciones y enseñanzas.

Es en este tiempo (el narrado en el libro de los Hechos de los apóstoles), cuando aparece quizá la figura más importante del Cristianismo después de Cristo. Pablo de Tarso, antiguo perseguidor de los cristianos, dice tener una visión una noche y se convierte a la causa cristiana. Pablo demuestra tener una visión mucho más elaborada que su "maestro", Jesús, al cual no conoció en vida, pero cuyas enseñanzas ha demostrado aprender de boca de aquellos que sí que fueron testigos directos de aquellos sucesos.

Como ya aprecia Nietzsche en muchos de sus escritos, San Pablo es el auténtico fundador de una religión cristiana. Pablo modifica "ligeramente" para el pueblo llano, pero "profundamente" para el iniciado el mensaje de Cristo. Si bien Cristo ya había hecho una interpretación mucho más racional de la ley mosaica, enseñando la interpretación del fondo del mensaje y no del cumplimiento literal del precepto, San Pablo vuelve a modificar este mensaje cristiano a un mensaje mucho más pacifista y social.

Entendamos algo muy simple. En cualquiera de los Evangelios, Cristo se muestra siempre, ante todo, un maestro en teología y moral, mientras que San Pablo, en sus cartas, se muestra como un adoctrinador de masas, un entusiasta del deber. No en vano, recordemos que fue soldado, lo que implica que el concepto de jerarquía y de orden lo tenía muy inculcado. El mensaje de San Pablo no es un mal mensaje, pero es un mensaje carente de vitalidad. Sin embargo, no me gustaría ser injusto con San Pablo: si a alguien se le debe la profunda reforma del cristianismo, de ser doctrina de judíos a doctrina del Imperio Romano, es sin duda a él. San Pablo supo inculcar una doctrina difícilmente entendible por paganos (o como les llamaban los judíos, "gentiles").

A partir de entonces, son miles los eruditos, santos y escritores que trataron de interpretar, comprender, expresar y discernir las palabras de Cristo, principalmente, y de los apóstoles y San Pablo. De las distintas interpretaciones han ido surgiendo movimientos, herejías y ramas dentro del cristianismo.

La Historia de la Iglesia ha sido, en 2000 años, escandalosa, extravagante, ruin, violenta y corrupta. Pero también ha sido maravillosa, impactante, milagrosa, virtuosa, valiente y humilde. Los distintos papas, como cabezas de la Iglesia, han tratado de hacer del Cristianismo Católico la religión del mundo, conservando los principios primitivos de la Iglesia.

Por supuesto que la Iglesia ha evolucionado en 2000 años. De las primitivas comunidades aisladas en las distintas ciudades de oriente, con costumbres y ritos propios, a una profunda doctrina y a un ritual común a todos los países. De cientos de tendencias y herejías a una única postura conciliar. De un relajamiento progresivo en la Edad Media en las tareas de los eclesiásticos, a un profundo sentimiento espiritual en el orden sacerdotal. De una Iglesia violenta al tiempo que militante a una Iglesia ecuménica, dialogante y tolerante.

Como se ve, en 2000 años, aún hay errores que solucionar y hay muchos errores que se solucionaron.

¿Y el cristiano actual?¿Dónde queda? Lo primero que habría que preguntarse es quizá qué significa ser cristiano. Cristiano significa, literalmente, seguidor de Cristo. Por tanto, cualquiera que siga el mensaje de Cristo sería cristiano. Esto es obvio y no crea confusión, sólo que lo que se entiende por cristiano en la sociedad occidental nada tiene que ver con lo que se ha entendido desde el principio de los tiempos cristianos.

Recapitulemos. Preguntamos en la calle. "¿Te consideras cristiano?". La mayoría dirá que sí. Entonces, podríamos preguntar, "¿por qué te consideras cristiano?" o "¿qué significa ser cristiano?". La mayoría te dirá también que ser cristiano significa cree en Cristo (FE). Otros añadirán comentarios a este primero, tales como "ser cristiano consiste en ser bueno con los demás, como Cristo fue bueno" (CARIDAD). Otros, los menos, añadirán que ser cristiano es además de todo esto, cumplir con los oficios (ir a misa), porque si no, no se es buen cristiano (MILITANCIA). Por último, un grupo minúsculo diría que además de todo esto, se necesita llevar el mensaje y evangelizar a los demás (APOSTOLADO).

En una segunda ronda de preguntas, se podría añadir si "¿está de acuerdo con la Iglesia (Católica) actual?". La mayoría dirá que no, que no cree en los curas y que la Iglesia debería vender todas sus riquezas, para dar ejemplo. Una minoría amplia (alrededor del 30%) dirá que no cambiaría nada. Por último, un grupo reducido admitirá que se necesitan profundos cambios en la Iglesia para llegar al corazón de las personas. Estos cambios consisten en hacer llegar el Evangelio a las casas.

No quiero entrar en polémicas. No quiero ponerme de parte de la Iglesia, tampoco de parte de los seglares. En este debate debe, ante todo, imperar la razón, y dejar las propagandas y tergiversaciones para otros desgraciados que no saben expresar la razón más que mintiendo o radicalizando su mensaje.

En los párrafos anteriores hemos destacado cuatro palabras clave para entender el Cristianismo Católico y la experiencia cristiana. Fe, Caridad, Militancia y Apostolado. Se podrían añadir más, pero no son fundamentales. La Esperanza Cristiana es una virtud teologal, pero deriva de la fe. O el sacrificio es una virtud, pero deriva de la caridad. Quisiera entonces, hacer ver al lector cómo de equivocado o de acertado está en su postura vital ante el cristianismo, sea o no sea cristiano.

FE: la fe es una virtud fundamental, tal y como Cristo muestra en los evangelios (Mt 9: 22, Mt 17:20-21, etc.). La fe es la vía de la salvación, nos dice. Esto parece haberlo entendido muy bien el hombre actual (el cristiano por interés). Dentro del cristianismo protestante (Lutero, fundamentalmente), la fe constituye el auténtico motor de la salvación y del mundo. Únicamente por la fe podemos ser salvos, de tal manera que no importan los actos si se cree en Cristo. Lo principal es creer en Cristo, en su mensaje, en su vida... Creer. No parece descabellado decir que tanto Lutero como su mensaje son muy convenientes en el mundo actual, puesto que nos desvinculan de toda responsabilidad sobre nuestros actos. También habría que decir que, como Lutero, todo aquel que sienta que únicamente por la fe somos salvos incurre en herejía. Tanto protestantes como defensores de una doctrina más o menos parecida son herejes, en el sentido literal y nada peyorativo de la palabra.

No es admisible ni lógica una salvación exclusiva en la fe. Sería como decir que hay que aprobar al alumno sólo porque se llevó 50 días, 8 horas diarias, delante de un libro, pero no estudió (es decir, no hizo esfuerzo por aprender). Él lo miraba, pero no lo estudiaba. En el examen falló, pero él reclama su aprobado por "su esfuerzo". ¿Es esto posible, entendida la palabra cristiano como tal? Por tanto, cristiano no puede ser sólo el que cree en Cristo.

CARIDAD: hacer el bien es algo noble y que no depende de una moral. Con una simple actitud ética ya estamos realizando un trabajo caritativo. La caridad tampoco es compasión. La caridad es una actitud activa, la compasión es pasiva, necesita de sentir una "mala conciencia". Pero ser caritativo no puede ser suficiente para ser cristiano, ya que un budista, un musulmán, puede ser caritativo, pero no cristiano. Es aquí donde la fe entra en juego. Fe más caridad son la base del buen cristiano.

MILITANCIA Y APOSTOLADO: tanto la participación en los oficios como el apostolado quedan regulados en el tercero de los Diez Mandamientos y en los Evangelios (Mt 28:19, etc). Es pues, una manera de ser buenos, de cumplir con las normas dadas por Dios y Cristo, respectivamente. Es, sin embargo, una cuestión de menor importancia que la caridad y la fe, ya que no es una cuestión respecto al individuo, sino respecto al grupo. El individuo, que debe ser bueno y creyente, está dentro de un grupo. Un grupo malo e infiel no ayuda al desarrollo en el bien del individuo, así como la manzana buena no pone buenas a las podridas.

Insisto en que mejor cristiano es quien va a misa que el que no va. Y hemos de admitir que aquel que predica (y sobre todo si es con el ejemplo) a los demás, es aún mejor cristiano. Es por ello que se reserva a los sacerdotes el derecho a ser el mejor de los cristianos y al Papa aún el mejor de los sacerdotes.

Siempre se ha dicho que es mejor ser bueno que ir a misa. Sin duda. Incluso el mismo Cristo dice en Mt 5:23-24 "Por tanto, si has traído tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y vé, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces vuelve y ofrece tu ofrenda". Sin embargo, no nos exime de ir a los oficios, sino que antepone el ser bueno a guardar los oficios. Pero si uno es bueno, ¿por qué excusarse?

He aquí un punto de discusión en las sociedades occidentales. La visita a la Iglesia se considera una especie de opresión de la casta sacerdotal, cuando realmente debería ser entendida como un tiempo semanal de reflexión y de filosofía, algo así como cuando nos dicen nuestros gobernantes y literatos que leamos al menos una hora al día. Obviamente es mucho más divertido ir a la playa o salir a tomar copas por la noche que ir a misa, pero no se trata de una cuestión de gustos. Para un auténtico equilibrio emocional, sería muy enriquecedor tener tiempo semanal para pensar en cosas serias. He aquí que ir a la iglesia puede ser algo muy conveniente.

En cuanto al apostolado, lo cierto es que cualquiera puede tratar de difundir estos mensajes. Hay que entender que ser cristiano no puede ser o no debería ser entendido como un caballero medieval que trata de erradicar infieles. Ser cristiano, como se entendía desde los tiempos de los apóstoles, consiste en la superación del mal con la ayuda del aliado más fuerte: Cristo, que es Dios vivo. Además, nos enseñó que hay vida tras la muerte, cosa que ningún otro líder religioso pudo demostrar, puesto que no resucitó de entre los muertos.

Claro está que para eso, como hemos dicho anteriormente, hace falta fe. Primero fe en que va a ocurrir, incluso aunque sea imposible. Esa es la auténtica fe. Pero la fe no puede ser ciega.

Muchos atacan a la Iglesia por no ser o vivir como Cristo. Pero esto es un tanto estúpido. Cristo murió joven y en la cruz, ¿hemos de llegar a estos extremos? No. Lo que el mismo Cristo enseñó fue creer en Dios y hacer el bien ante todo (Jn 13:34, "amaos los unos a los otros como yo os he amado"). No podemos caer en demagogias. Jesús era hijo de carpintero y no tenía riquezas. ¿Acaso un soldado, que tiene que matar, no puede ser un buen cristiano y hacer el bien? ¿Acaso un rico comerciante que vive en su mansión y dona millones de dólares a la beneficencia no es una "buena persona"?

Esto me recuerda a la doctrina de los cátaros, los cuales planteaban una vida radicalmente cristiana (a imagen y semejanza de Cristo). Entonces, si todos predicaban y practicaban el rezo... ¿quién cultivaría, quién estudiaría, quién haría casas? No, todo es simple demagogia. El buen cristiano no se mide por su riqueza, sino por la riqueza de corazón. En esto incluso hay que recriminar a muchos curas, que en las iglesias incriminan a los feligreses porque dan poco a las actividades benéficas de la parroquia. Es que por supuesto que se puede vivir con menos, pero tampoco Jesús se comportaba como Diógenes (que vivía en un tonel y no comía en plato), sino que llevaba una vida humilde, sin lujos, aunque eso no quitó que celebrara una cena con invitados, que mandara alquilar una casa para la cena y que cobrara (se entiende que eso haría, si era carpintero) por hacer mesas y sillas. Nadie podría decir de Jesús que fuera una mala persona por cobrar por su oficio.

Hoy, lunes de pascua, pidamos porque el mensaje de paz de Dios siga entre nosotros durante mucho tiempo.

martes, 12 de abril de 2011

El método infinitesimal

El cálculo infinitesimal, descubierto por Leibniz y Newton de manera totalmente independiente, es una rama apasionante de las matemáticas. Básicamente consiste en calcular cómo de rápido o lento se incrementan los valores de las variables de un proceso, ya sea físico o matemático. De esta manera, es posible calcular de manera exacta la velocidad o la aceleración de un cuerpo en movimiento. También nos permite conocer el área de figuras complicadas, asumiendo que las partes más complicadas siempre pueden aproximarse a infinitas pequeñas figuras de áreas sencillas (habitualmente triángulos) de dimensiones no mayor que un punto. El cálculo infinitesimal engloba por tanto, al cálculo de derivadas y el cálculo de integrales.

Desde un punto de vista matemático, el incremento infinitesimal de una variable puede asumirse en la mayoría de los casos como un no incremento. Así el número 3,333333333333333 (periódico puro) existe, pero el número 9,999999999999999 no existe propiamente, sino que es el número 10. En un contexto físico, por ejemplo, un incremento de un átomo de carbono en un trozo de grafito no variaría en absoluto su masa, a pesar de que hay un átomo más. Los aparatos de medición y sus errores de medida contribuyen además a esta idea.

Esto no dejaría de ser meramente anecdótico si no fuera porque si bien un infinitésimo, como su nombre indica, es infinitamente pequeño y por tanto prácticamente no existe, muchos infinitésimos pueden significar, en conjunto, un número grande. En esto se basan las leyes del cálculo integral.



Algo así ocurre en la sociedad moderna. Al igual que la teoría de la relatividad, el cálculo infinitesimal está incrustado en la sociedad. Aunque pueda pasar desapercibido o no podamos descubrirlo así de primeras, lo podemos identificar como la ley del "si no pasa nada".

Digamos que un alumno es valorado con una calificación del 0 al 1000, siendo el 500 el valor límite por el cual el individuo supera su examen. Más o menos, de nuestra etapa educativa, sabemos que alguna vez el profesor podía aprobar al alumno si su calificación era muy cercana. Por supuesto, un 300 o un 150 nunca sería un aprobado, ¿pero un 490? Veamos la situación.

¿Es 499 un aprobado? Técnicamente no, porque el límite es 500. Pero si consideramos que 1 es un infinitésimo (echándole mucha imaginación) de 1000, podríamos considerarlo así. De hecho, 2 de cada 3 profesores darían por aprobado al alumno. ¿Y 498?¿Y 497? Incluso calificaciones menores pueden ser toleradas. ¿475? Bueno, entran ya ciertas dudas, pero... es probable que el profesor lo admita. ¿Y un 450? Bueno, cada vez estamos exprimiendo más la situación.

Llegados a un punto, nos encontramos que incluso muchos profesores aprueban con un 400 o incluso un 300 cuando hay 2 o más calificaciones, haciendo una compensación entre calificaciones de tal manera que todas supongan una nota final superior al 500. Es decir, no importa que el alumno no sepa la materia del examen si en el resto de materias es buen estudiante.

Algo parecido ocurre en la sociedad moderna. Todo a nuestro alrededor es susceptible del método infinitesimal. Un ejemplo claro:

Desde el inicio de la humanidad, el matrimonio es una forma fundamental para la creación de la unidad familiar. Supongamos la sociedad occidental en la Edad Media. Una unión conyugal extramatrimonial suponía incluso la muerte en algunos casos. O bien estaba uno casado o bien no había sexo (y si lo había, el riesgo de castigo severo era muy elevado). Entonces a alguien se le ocurrió que por qué no intentar un matrimonio civil, en el cual pudiera divorciarse la pareja y formar una nueva. Bien pensado, no se estaba contrariando en demasía la regla. Del matrimonio civil se pasó a la "pareja", de la "pareja" a la pareja/matrimonio interracial, de éste al soltero con varias parejas y de éste al matrimonio homosexual. Entendamos que en todo momento se ha insinuado que no hay mucha diferencia entre cada paso. Digamos que era un poquito más de libertad o de "opción".

Entonces a alguno se le enciende la luz matemática. Oiga, es cierto, podíamos decir que pasando de infinitésimo en infinitésimo no llegamos a notar la diferencia pero si lo comparamos con el primer tipo de matrimonio, ¡caray si hay diferencia! Es lo que se llama Paradoja de Zenón. Mientras que él no admitía movimiento, ya que al pasar de un punto a otro hay que pasar infinitos infinitésimos, la realidad es que una vez que ha recorrido esos infinitos infinitésimos (en un tiempo finito) se ha movido una gran cantidad de espacio.

Para quien se le escape, los próximos pasos, nos gusten o no, serán el matrimonio con y entre menores de edad (niños de mayores de 12 años),  entre miembros de distintas especies animales (perros y personas por ejemplo) y ya por último matrimonios entre adultos y niños menores de 12 años. Esto no es fantasía. Quizá para nuestras mentes poco abiertas esto sea así en estos momentos pero será así(y digo esto con conocimiento de causa porque hasta los más liberales de hace hace 50 años, hoy serían considerados unos carcas).

¡Si no pasa nada! Y es cierto. Hasta que pasa. Una de las pruebas más interesantes que puede hacerse con una probeta de metal es la prueba de fatiga (es decir, cuanto aguanta el metal ante esfuerzos repetitivos en determinada dirección). Una prueba de andar por casa es intentar romper un alambre de acero. Todos sabemos que flexionándolo repetidamente en una u otra dirección empieza a crearse un pequeño estrechamiento hasta que se rompe. O también girándolo sobre sí mismo en muchas ocasiones. Pero lo cierto es que si un alambre aguanta 100 kg y ponemos 101 kg, probablemente no ocurra nada. Ni con 102, pero quizá sí con 102,5 kg.

Igual ocurre con la sociedad. Somos muy poco conscientes de que incrementos, aunque sean infinitesimales pueden provocar graves situaciones incontrolables. Sean razonables, ¿realmente nos afecta que nos incrementen el precio de los combustibles? Si un litro de gasolina cuesta 1$, por ejemplo, ¿qué nos dañará si está a 1,01 $. ¿Y a 1,05? ¿Y a 2? ¿Y a 10 $ el litro? No, no y no. No nos afectaría realmente. Nos amoldaríamos a la nueva situación. Pero quizá el gobernante de turno no entienda que llegados a 10,01 $ el populacho estalle y sea la ruina suya y del país.

Cuidado con los infinitésimos. Son pequeños, pero traicioneros.