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miércoles, 6 de marzo de 2013

La muerte de Hugo Chávez: retrato histórico de un líder

Ocurrió. Chávez ha muerto.

Lo más importante en la ciencia histórica es la imparcialidad y la objetividad. Cada vez se hace más necesario abandonar las ideas de bueno-malo para centrarse en el contexto histórico, las consecuencias de las decisiones de los personajes históricos y por último el pueblo. ¿Qué pasa con el pueblo?
 
Mis discursos sobre el chavismo, sobre Chávez y sobre la política venezolana e hispanoamericana en general han sido elaborados, entretenidos y sobre todo didácticos. Tanto en la etapa en Libroadictos como en el Ateneo de Archidux, Chávez tuvo en algunas ocasiones protagonismo importante en mis comentarios.
 
¿Quién era Chávez? Obviamente tiene una biografía, pero yo me quiero centrar en el personaje y no en la persona. De Chávez han dicho (incluso él mismo se ha calificado) de socialista, revolucionario, populista y sobre todo un líder opresor, excéntrico y peligroso. Sus partidarios, en cambio, lo amaban como a una especie de apóstol de la verdad suprema. Sus detractores en cambio lo consideraron un gorila sin cerebro, un fanático obsesionado con una nueva era de poder venezolano.
 
Y sin embargo, no era nada de eso. ¿O quizá sí?
 
Puedo reconocer que Chávez no me ha resultado una figura peligrosa o un loco ansioso de poder. Es más, he defendido y defiendo muchos de sus métodos, calificados por algunos como populistas, pero que en un análisis profundo no son sino formas básicas de una política sincera y justa.
 
Si algo hay que elogiar de Chávez es su cercanía con el pueblo. En este sentido, Chávez y otros antiguos dictadores, con Hitler a la cabeza, sabían que el pueblo era quien de veras deponía a los líderes y que no había nada más triste que un pueblo empobrecido, un pueblo sin futuro o un pueblo de muertos o hambrientos. Chávez sabía que las clases bajas venezolanas no tenían más esperanza que la llegada de un auténtico líder del nuevo orden.
 
Chávez era capaz de hacer una carretera para llevar alimentos a las zonas más necesitadas en cuestión de días. Chávez movilizaba el ejército para ayudar a familias necesitadas y disponía de viviendas nuevas a tal efecto. Chávez demostró durante años ser un buen padre protector para su pueblo Venezuela.
 
Nadie puede criticar eso de Chávez. Los que lo han criticado han salido mal parados, ya que el pueblo de Venezuela ha podido comprobar por sus propios ojos estos hechos. Y en esto se han equivocado los rivales y detractores de Chávez, en tratar de negar que lo que hacía Chávez era bueno para el pueblo.
 
Y lo era.
 
Sin embargo, Chávez también tenía muchos yerros. Él mismo se calificaba de socialista y desde sus inicios se alió con todo lo que simbolizaba capitalismo. Ese fue sin duda su principal error: entender que sólo el socialismo sería capaz de sostener la idea de estado venezolano que él proponía. Entendía que el capitalismo era sinónimo de corporativismo. Después de más de 100 años de socialismo y de desastres socialistas (como el de la Unión Soviética o China), no puede ser concebido ningún régimen político cuya base sea el socialismo clásico sin la participación de la estructura capitalista.
 
Chávez entonces se alió en contra de Estados Unidos (y en menor parte, la Unión Europea). Este fue un gravísimo error nuevamente, ya que asumía unas relaciones multilaterales con líderes que no concebían sus ideas políticas sino que su nexo de unión era exclusivamente el odio a EE.UU. Es esta situación, marcada por la idea preconcebida de que el mal estaba generado desde EE.UU., la que ha provocado el distanciamiento internacional de este país con otros países desarrollados.
 
Por estos errores, Chávez condenó a su país a un panorama crítico. Chávez entendía el socialismo como la respuesta, cuando la respuesta era el capitalismo de Smith. Es muy probable que Chávez fuera socialista o entendiera esa forma de socialismo simplemente como una base para atraer a las masas con ese nombre de "socialismo" o como un concepto derivado de una oposición al régimen económico corporativista de Venezuela antes de su mandato.
 
En definitiva, la Historia, una vez que pasen los años y se olvide su presencia en los medios de prensa, pondrá a Chávez como una figura ejemplar en su gestión interna pero condenable en su trato con el exterior y con la concepción del movimiento como de seguimiento socialista. No se negará que en pleno siglo XXI existió un hombre capaz de dar respuestas personales y sinceras a quienes le siguieron y que además hizo mucho bien de manera individual. A eso lo llaman populismo. Yo llamo populismo a dar 1 a cambio de 100. No puedo llamar populismo al que da 1 a todos pero se equivocó en el trato con los de fuera y ello desembocó en un problema para todos. ¿Cuántas veces no se equivocan los padres por hacer bien a sus hijos? Y nadie los llama populistas. Creo sinceramente que ante todo Chávez estaba convencido sinceramente de lo que hacía y sobre todo estoy convencido de que Chávez tampoco lo hacía por un interés a corto plazo o un interés corrompido por el dinero. A diferencia de otros líderes, como Evo o Cristina Fernández, pienso que Chávez siempre quiso el bien para el pueblo. Únicamente su escasa cultura sobre el socialismo fue la que motivó el problema.
 
Descanse en paz y que Venezuela encuentre su camino.

martes, 8 de enero de 2013

¿Derecha conservadora o derecha reaccionaria?

Cualquiera puede ver cuando camina por la calle algún cartel de un sindicato o de un partido político de izquierdas. Siempre verá un claro mensaje reaccionario (por poner un ejemplo, "basta ya de la derecha opresora", "luchemos por la democracia real", "no nos moverán", etc.). Estamos tan acostumbrados a ver estos lemas de partidos que cuando los vemos en carteles de derecha pronto se catalogan de ultraderechistas.
 
¿Es esta apreciación una visión sesgada de la realidad? Lo cierto es que si pensamos en algún lema de ultraderecha casi inconscientemente se nos aparecen ideas como "muerte al comunismo", "guardad el país de las invasiones extranjeras" o "patria o muerte".
 
Si consideramos que las expresiones del párrafo anterior son de ultraderecha, ¿cuáles son las expresiones típicas de la derecha? Habrá algún radical que identifique a la derecha con la ultraderecha pero lo cierto es que a poco que pensemos, veremos que no existen tales expresiones, a no ser pensando un poco saquemos de nuestro inconsciente lemas como "Dios es mi vida" u otras expresiones religiosas.
 
Esto nos permite entender que la derecha se ha caracterizado siempre por ser conservadora en lugar de reaccionaria. Esto puede entenderse como una estrategia propia de la idiosincracia del conservadurismo pero, ¿realmente es así o simplemente parece que sea así?
 
Antes de contestar, avancemos más en el tema. Hay un extraño concepto en la actualidad que sostiene que el partido republicano en EE.UU. y los partidos democristianos en Europa son partidos de derecha. Es posible que el partido republicano conserve en gran medida la definición clásica de derecha, pero por seguro que la UCD de Angela Merkel o el PP de Mariano Rajoy no son partidos de derecha, sino partidos de izquierda conservadores (lo que comúnmente se ha venido a llamar "centro"). Son partidos políticos sin programas y lo que es peor, sin espíritu o ideario. A diferencia de los partidos de izquierda que equivocados o no disponen de una idea primigenia (el concepto de la lucha de clases), los partidos de derecha repiten como papagayos los conceptos de ceñirse al status quo.
 
La derecha conservadora no puede existir o a la larga sucumbe. En cambio una derecha reaccionaria se puede interpretar como ultraderecha. Entonces, ¿existe realmente solución al problema?¿Son realmente los partidos de derecha unos partidos que esperan o se mantenienen porque no saben hacer otra cosa más que "ser como siempre se ha sido"?
 
Yo, personalmente, nunca he creído en los partidos políticos, ni de derechas ni de izquierdas. Nuestros lectores apreciarán que en el Ateneo de Archidux lo que siempre se ha pretendido ha sido la búsqueda de la verdad y esto no debería estar sujeto a ideas políticas. Si un partido de izquierda interpreta que la verdad es que existe una lucha de clases, quizá deba replatearse su programa. Lo mismo digo de un partido de derechas que piensa que rezando y yendo a misa se acabarán solos los problemas. Lo que hay que hacer es ante todo, ser activos, sin miedo a lo que opinen los demás.
 
A la derecha europea (insisto que a la derecha americana no le ocurre esto con tanta frecuencia) le falta despojarse de sus complejos. "La verdad os hará libres". Un partido político de derechas que esté dispuesto a decir que no existe la lucha de clases o que la mayoría no tiene la razón no puede temer nada, ya que la verdad puede herir pero no matar. El único problema es que la derecha, como le pasa a la izquierda, ha pretendido conservar el poder económico o político (o ambos) en lugar de ser fieles a la verdad.
 
Los ciudadanos valoran en gran medida los partidos sinceros, los partidos que creen sinceramente en todo lo que prometen o que son capaces de responder con sinceridad humana y no con palabras vacías a los problemas del pueblo. El amor de los ciudadanos, al igual que su odio, crece en función de las respuestas de sus políticos.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Hacia una Segunda Edad Media

La Edad Media es quizá el período más fascinante de la Historia. Si bien otros períodos de la Historia son oscuros, como ocurre en el paleolítico o en el neolítico, la Edad Media representa el final de una época de esplendor sin igual y el inicio de un nuevo período oscuro.

Es cierto que ninguna época ha fascinado tanto a los historiadores y al público en general como la Edad Media y sin embargo sea una época tan ampliamente desconocida en su profunda realidad. Tanto la época romántica del siglo XIX como las sucesivas películas del siglo XX que versan sobre el tema han mostrado siempre una cara dispar ante esa época. Además hay que añadir que los relatos fantásticos ambientados en la época (como El Señor de los Anillos o Ivanhoe) contribuyeron a establecer una profunda brecha entre héroes y villanos, sentido que hemos retenido en nuestra memoria colectiva.
 
Por centrarnos en la misma esencia de la Edad Media, ésta no es más que un período histórico que se considera iniciado en el año 476, con la deposición de Rómulo Augústulo, el último emperador romano occidental y que acaba en 1453. Es decir, es un período que abarca casi 1000 años, que aunque pueden parecer una barbaridad pocos son en comparación con la Historia del Egipto faraónico o la Historia de compartida de griegos y romanos.
 
¿Por qué entonces tanto interés por la Edad Media? Insisto en que si bien otras épocas pueden resultar interesantes o hechizantes, la Historia de la Edad Media provoca en el espectador una especial devoción, mucho mayor que otros períodos históricos. La respuesta está en que la Edad Media representa un período de transición, donde un puñado de pueblos bárbaros, en muchos casos mucho menos civilizados que los romanos, fueron capaces de destruir dicha civilización y sobre todo devolvieron a Europa a un pozo sin fondo, en el cual era más fácil morir que sobrevivir.
 
Por primera vez en la Historia ocurría una evolución regresiva, es decir, la Humanidad, en lugar de avanzar se estancó y perdió tanto la fe antigua como el conocimiento. Únicamente se pudo rescatar en algunos santuarios, en el sentido más literal de la palabra, algunos libros que contenían el saber de los antiguos griegos y romanos, a la par que se desarrollaban otras creencias, como el cristianismo, descartándose las antiguas tradiciones paganas.
 
Hay que matizar una cosa sobre la Edad Media. La primera es que ésta comienza con el fin del Imperio Romano. Si bien algunos autores admiten que hasta la llegada del Islam no hubo una ruptura total con el mundo romano (principalmente porque muchos países islámicos aún eran cristianos y porque el feudalismo no estaba completamente desarrollado), es cierto que no se pueden despreciar alrededor de 150 años de Historia como si no hubieran ocurrido. De hecho, algunas de las naciones más importantes del mundo, como Alemania o Francia, son herederas directas de estos reinos surgidos de esta primera etapa de la Edad Media.
 
Lo segundo que hay que matizar es que se piensa que el conocimiento desapareció en la Edad Media y que quedó relegado a unos pocos monasterios. Es cierto que el conocimiento académico, el conocimiento de los libros, quedó encerrado entre cuatro paredes. Las matemáticas, la filosofía... Ciertamente no eran buenos tiempos para practicarlas cuando quemaban pueblos un día sí y otro no. Sin embargo hay que destacar que a pesar de que no hubo evolución real de estas ciencias hasta finales de la Edad Media, no ocurrió así con la técnica, la ingeniería o la arquitectura. Sin ir más lejos, y quizá esto es lo más apasionante de esta época, no hubo mayor número de adelantos técnicos en materia militar que en aquellos siglos. Sin ningún método científico, se fabricaban catapultas, cañones, se investigaba sobre las propiedades del acero (templado, el colado, la fundición, etc.) o se usaba hasta la pólvora, un espectáculo festivo chino, para disparar balas.
 
Por último, hay que destacar que en esta época todo era posible en materia de Estado. Pequeños principados que prosperaban y se convertían en ricos reinos, imperios que se desquebrajaban en luchas internas, héroes invencibles que sorteaban con ayuda de Dios todo... Es en definitiva el prototipo de lugar y tiempo de auténticas posibilidades, comparable únicamente con aquél tiempo de la Conquista de América por España o del Far West por Estados Unidos. En la Edad Media cualquiera podía vivir o morir, o hacer vivir o morir por la Gracia de Dios.
 
Sin embargo, había muchas más sombras que luces para la mayoría de los mortales. Si bien los príncipes hacían sus guerras y eran inmortalizados por la Historia, millones de almas se consumían en la ignorancia, en el miedo con mayúsculas y en la sensación de que el auténtico mundo no estaba en este mundo, sino en el más allá, con Dios. El hambre o las epidemias se convirtieron en compañeros impasibles de una falta de moral sin precedentes. Únicamente los buenos curas de pueblo y los ermitaños, auténticos paladines de la fe, lograron mantener algo del orden divino en el mundo.
 
Nadie debería añorar la Edad Media ni ninguna otra época pasada, ya que en muchos aspectos no son mejores que la que vivimos actualmente. Tampoco eran peores en todos los aspectos. Siempre hay ventajas e inconvenientes en cada época vivida. De todas maneras, últimamente Occidente, pero sobre todo Europa, nos recuerda a ese fin de Roma. No estaría de más entender que hoy más que nunca podemos estar a las puertas de una auténtica Segunda Edad Media.

No es difícil de entender que un país como EE.UU. o un continente como Europa, a la que llegan anualmente cientos de miles de bárbaros (extranjeros), no estén desarrollando paralelismos con aquellos tiempos de foederati de Roma, en la que los bárbaros, movidos por la compasión y por la necesidad de paz de los últimos romanos, fueron ocupando distintas regiones del Imperio. Finalmente, fueron usados incluso para defender al Imperio de otros bárbaros que posteriormente estaban empujando a los bárbaros más antiguos (visigodos sobre todo) a entrar en el limes del Imperio.

La corrupción y la total desvinculación del pueblo romano con sus políticos, a los cuales acusaban de dejarse perder y fomentar la pereza en forma de miles de romanos que en la misma ciudad de Roma vivían gratuitamente del Imperio, hicieron caer finalmente lo poco de decente que quedaba en aquella sociedad.

Si nos fijamos, actualmente en Occidente se está pasando por esta situación nuevamente. Occidente ya reconoce a China como la próxima potencia mundial y después de ella nuevos bárbaros, incluyendo a India, África y el Sudeste Asiático. Como ocurría en aquellos tiempos, quizá lo único que queda de Occidente capaz de hacer frente a dichos bárbaros pudiera ser lo que en aquellos tiempos era el Imperio Bizantino (el heredero de Roma), cuyo exponente podría ser actualmente EE.UU o antiguos imperios como el Selyúcida, heredero de los persas, que podrían ser encarnados hoy día por Rusia.

Europa, como ocurrió en aquellos tiempos con el Imperio Romano de Occidente, está en los finales de una época de esplendor que ha durado más de 1000 años, desde que Carlomagno unificó a los pueblos germánicos y frenó el avance islámico. Sus bases, que consistían en un profundo sentido cristiano, el orgullo de ser herederos de Roma y el ansia por la unificación de todos los pueblos de Europa, han dejado de ser motores para centrarse en influir en estados extranjeros o repartirse con EE.UU. al resto de los pueblos, como excéntricos césares corruptos.

A diferencia de aquellos tiempos, en los que nadie sabía leer y escribir, esta Segunda Edad Media no sería una época de analfabetos, aunque sería incluso peor: los ciudadanos, inconscientes de que son verdaderamente ignorantes de las auténticas verdades humanas, opinarían indiferentemente, creando aún más caos a estos primeros indicios de fin occidental. Es más, como ocurrió en aquellos tiempos, quizá ni tan siquiera pudiéramos conocer cómo poner en marcha un generador eléctrico o arreglar una máquina, pero seguramente sabríamos usar armas de fuego.

Quizá no habrá derramamiento de sangre. O quizá sí. Lo importante es que desgraciadamente el mundo no puede soportar un cambio social tan rápido y tan radical como los acontecimientos mundiales actuales. A alguien se le olvidó que las personas somos seres humanos y no simples máquinas. No sabemos asimilar los cambios porque no podemos disfrutarlos, al igual que aquellos nobles patricios que sólo se ocupaban de los placeres sin entender de dónde les llegaba el dinero y que muchos morían de hambre bajo el pretexto de que "Roma alimenta a su pueblo".

lunes, 1 de octubre de 2012

Nacionalsocialismo como medio natural de salida de la crisis

En otras ocasiones hemos comprendido que la más que ignorada, descalificada e incluso condenada doctrina nacionalsocialista no ha sido valorada de manera justa. Si hay algo innegable es el hecho de que en cuestión de unos pocos años Alemania pasó de ser un país asolado por la guerra y la posterior depresión de 1929 a ser una superpotencia militar y económica en tan sólo 6 años (de 1933 a 1939), si bien es cierto que durante los años anteriores y gracias a la capacidad de trabajo del pueblo alemán, parte del tejido industrial alemán se había recuperado. No obstante, durante aquellos 6 magníficos años, el nacionalsocialismo multiplicó la productividad de las fábricas y las convirtió en lo que muchas de ellas son hoy, auténticos líderes en sus sectores (Volkswagen, Bayer, Bosch, etc.). En cualquier caso estas empresas actualmente se desvinculan de todo su pasado nazi o de los beneficios que obtuvieron durante aquellos años.
 
De todas formas, no hemos venido hoy a hablar de la ya manida controversia y condena a los nazis, sino de aprender cómo con sus métodos fueron capaces de hacer que un país en crisis se convirtiera en pocos años en una superpotencia y cómo no se lograría ese nivel nuevamente tras la Guerra Mundial, hasta la década de los 70, es decir, en unos 30 años. ¿Qué fue lo que hizo que esto ocurriera?
 
Tradicionalmente se ha venido justificando este milagro económico a la intensa preparación que Hitler hizo para hacer frente a un conflicto bélico a escala mundial. Esto es cierto, pero no es suficiente. No es posible justificar que el milagro económico se debiera no ya exclusivamente, sino en un gran porcentaje a la preparación para la guerra, ya que hay multitud de países que llevan o han llevado años para la preparación de grandes guerras (casos de Libia con Gadafi, Irán, Corea del Norte, India o Pakistán) y sin embargo no han sido capaces de crear verdadera riqueza en sus países o de convertirse en superpotencias económicas como le ocurrió a Alemania por aquel entonces.
 
¿Por qué entonces siempre se ha justificado el ascenso económico alemán de la década de 1930 con la preparación de la Guerra? Fácilmente puede entenderse que todo ha sido producto de la propaganda de los aliados durante y tras el fin de la Guerra.
 
En Mein Kampf se dan las pautas de las políticas económicas que después el propio Hitler aplicó a Alemania. Lejos de ser un iluminado, Hitler es un realista. Él se percató de lo que muchos de nosotros podemos ser capaces de ver en la actualidad: miseria; bancos imposibles de quebrar, porque asumen sus pérdidas el pueblo; políticos incapaces de hacer frente a la crisis; altas tasas de desempleo... Su libro no es, ni mucho menos, un tratado económico, sino un tratado de política económica, es decir, posteriormente son los economistas y técnicos (ingenieros, profesionales) los que harían viables estas políticas. Así lo entendía Hitler y así fue como lo hizo.
 
Entre las políticas que hizo (y que permitieron la recuperación económica milagrosa), cabe mencionar:
 
1. Vigilancia bancaria (o lo que fue en su casa, vigilancia de la clase judía; hablamos mucho antes de los famosos campos de concentración, asunto que ya no es económico, sino político): los bancos debían superar amplios controles que impedían ganancias abusivas. Los bancos tenían que hacer negocios limpios, donde la parte más débil saliera favorecida ante una hipotética crisis o imposibilidad de hacer frente a los pagos. Nótese que no consistía en lo que piden los comunistas y los socialistas, es decir, la supresión del banco o que la parte más débil quede sin pagar. Lo que los nazis argumentaron fue que el banco no podía enriquecerse ilícitamente si por causas ajenas al individuo (despidos masivos, imposibilidad de poder pagar las deudas...) éste no podía hacer frente momentáneamente a las deudas.
 
2. Eliminación de vagos o perezosos: en la Alemania nazi todos tenían que trabajar y dar lo mejor de sí mismos. Si alguien no trabajaba, estudiaba o tenía pensión. No existía el paro, ya que los nazis consideraban que todos podían en un momento dado contribuir a la comunidad por un salario básico. De hecho, el gobierno de Hitler impulsó las colonias de alemanes en lo que el mismo llamó búsqueda del Espacio Vital (que trajo como consecuencia la anexión de Austria y los Sudetes). En dichas colonias, los parados alemanes contribuían a su construcción y a las labores agrícolas, a cambio de una vivienda digna. Los regímenes democráticos (incluido los EE.UU.) no ven, salvo en ciertos estados o comunidades (como los amish) en esto más que una supresión del derecho a la libertad de individuo, al no poder elegir "ser vago".

3. Hacer la tecnología alcanzable para todos: marcas como Volkswagen nacieron con el claro propósito de conseguir que ningún alemán quedara sin un medio de transporte y facilitar intercambios económicos y desplazamientos entre todos los estados alemanes. En este punto insisten continuamente, aunque sin éxito, los distintos agentes económicos mundiales. El fin de la crisis económico viene acompañado de una modernización social. Sin embargo, lo auténticamente innovador del nacionalsocialismo fue que el estado intervino y se preocupó intensamente de este punto. Lo que actualmente se denomina I+D era un pilar fundamental de la Alemania nazi. Notables fueron, en algunos casos tristemente notables, la cantidad de experimentos de todo tipo (químicos, médicos, ingenieriles...) protegidos por los dirigentes del Reich. Es en esto lo que diferencia a la Alemania nazi de prácticamente todos los países occidentales: la intensa actividad estatal o pública en este asunto del I+D (curiosamente, los países orientales, desde Irán, India o Singapur, hasta China o Japón sí que practican este método). Los países occidentales, sin embargo, prefieren la inversión privada como motor de generación de la innovación, lo cual es absurdo, ya que una innovación que no tiene un fin práctico y global, para todos, no es realmente revolucionaria y por tanto favorable para una recuperación económica.

4. Protección de los más débiles: a prácticamente el 100% del mundo se le ha olvidado que los más débiles de la Alemania pre-nazi no eran los judíos, sino los no-judíos. Eran los judíos los que mantenían el corrupto sistema político y bancario alemán. Eran los ancianos y jóvenes alemanes y cristianos los que realmente sufrían las crisis y la hambruna. Hitler era tajante en este asunto en su libro. Los ancianos debían ser respetados y no ser un estorbo, ya que habían contribuido a la riqueza del país. En este sentido, ningún alemán podía ser objeto de crisis, ya que o bien estaba obligado a trabajar o bien, en caso de que no pudiera, el sistema de seguridad social le permitía un buen descanso.

5. Protección real al trabajador: a diferencia de los países marxistas, donde el trabajador era un auténtico esclavo, el sistema de hitler obliga al empresario a dar un trato preferente a los buenos trabajadores. No olvidemos que el partido es nacionalsocialista y que el socialismo, o lo que es lo mismo, una visión económica social fue una idea de impulsión para las políticas hitlerianas. Pudiera parecer que los nazis, al ser un regimen dictatorial pudieran haber tenido al trabajador esclavizado como los comunistas. Nada más lejos de la realidad: la propiedad privada garantizaba que el trabajador pudiera tener una vida digna, se fomentaba el ahorro y una auténtica protección a la familia, como demuestra el hecho de que se facilitaba a los matrimonios con familia numerosa casa para la crianza de los hijos. El secreto no estaba en la protección al trabajador desde el sindicato, sino la protección desde el propio estado.

6. Protección real al buen empresario: Hitler, a pesar de ser socialista, dictaba mucho de ser izquierdista. Las garantías de inversiones privadas alejadas de la especulación propia de los judíos proporcionaban un entorno idóneo para que esa política de I+D tuviera una continuación privada. Empresas como Bosch o BMW pudieron mantenerse como símbolos alemanes incluso décadas después del fin del nazismo.


Estos fueron los secretos de Hitler. Si además añadimos que el entorno pre-bélico permitió a Hitler generar un consumo adicional de productos, podemos entender que Alemania se recuperara en sólo 6 años. Los grandes prejuicios hacie el nazismo nos impiden ver algunas de las más ventajosas ideas que hayan nacido en el siglo XX.

lunes, 25 de junio de 2012

Cambiar lo imposible o la teoría de la inercia social

Corren tiempos de pesimismo. Eso está claro. Para acentuar todavía más la tragedia, las noticias económicas siempre están anunciando nuevas medidas impopulares en cualquier parte del mundo. A todo ello se une una crisis de empleo sin precedentes.

Han surgido voces de cambio. Voces de revolución. Voces propagandísticas. El desconcierto entre la población crece por momentos e incluso pequeños gestos en nuestras propias vidas son la chispa que podría encender acciones de protesta y de violencia incluso. Se oyen voces que propugnan el cambio social...

¿Pero un cambio a qué? Es más, ¿alguien sabe realmente lo que ha de cambiarse?¿Es acabar con el dinero? Obviamente esto es un absurdo, es una vuelta a la prehistoria. ¿Es acabar con el capitalismo? Eso ya lo intentó el comunismo y todos sabemos qué pasó. ¿Es acabar con el capitalismo con otro método que no sea el comunismo?¿Es mediante políticas socialistas?¿Será quizá con políticas chavistas?

En ocasiones, en muy raras ocasiones tengo que decir, estas ideas y esta situación de crisis me hace sonreír. ¡Pringados! ¿Acaso creemos que las medidas radicales son tan fáciles y sobre todo son tan efectivas en las sociedades occidentales? Todo dependerá, claro está, del intelecto del que propugne estas medidas y cambios.

Generalmente he de decir que quien propugna cambios suelen ser los denominados grupos de izquierda. Cambiar es bueno, eso es indiscutible. Sin cambios sociales no hubieramos avanzado en ciencia, por ejemplo. Pero cabría pensar si ciertos avances técnicos y científicos consuelan frente al daño social que se deriva de ellos. Por ejemplo, la Revolución Industrial trajo grandes inventos y descubrimientos médicos y científicos. Sin embargo, la Revolución Industrial trajo espeluznantes cambios sociales y económicos, a la par que horribles guerras (las más horribles que el ser humano haya contemplado) y a horribles políticos. Además, esos cambios se han ido acentuando, de tal manera que las revoluciones científicas, políticas y sociales siguientes fueron siempre menos eficientes, ya que la mejora técnica era mucho menor que el empeoramiento social.

¿Qué hacer entonces? Como parece que las revoluciones tecnológicas van a ser imposibles de parar, mucho menos desde que los países subdesarrollados ahora comienzan a desarrollarse a pasos agigantados, las revoluciones sociales deberían ser controladas tajantemente por los políticos nacionales y supranacionales (ONU). Esto no es una mera opinión o una posibilidad. Se trata de una auténtica realidad que todos estamos viviendo.

Nada que conlleve una actitud radical sería realmente efectiva en los países desarrollados y democráticos, a menos que un cambio político a escala mundial sin precedentes ocurriera de repente. Me estoy refiriendo a una dictadura al estilo de los nazis, cuyo advenimiento coincidió no sólo con la dictadura alemana sino dictaduras en España, Italia y URSS, así como regímenes totalitarios o simpatizantes como Japón, Grecia o Argentina. Incluso de esta forma, cambios muy radicales serían muy complicados de hacer, al menos a corto plazo.

Pero este caso no sólo ocurre cuando hablamos de visión retrospectiva o revoluciones conservadoras, sino cuando hablamos de revoluciones socialistas. Es decir, plantear un mundo sin ricos o un mundo lleno de homosexuales no sólo es utópico sino imposible desde los más elementales principios. ¿Cómo se puede obligar a cambiar las ideas de alguien? Ni los propios nazis pudieron cambiar el pensamiento de los judíos, incluso cuando les gaseaban. Existe lo que se llama una inercia social.

Al igual que un planeta trata de escapar de su órbita pero una fuerza le obliga a girar y realizar una curva, la sociedad tiene una inercia que no puede ni debe cambiarse. Las grandes revoluciones trataron de hacer eso y sólo trajeron desgracias y miserias inigualables a escala histórica. Las hambrunas de la Edad Media nada o poco tenían que ver con los millones de proletarios en Londres o Manchester en plena Revolución Industrial, donde vendían incluso sus dientes por un pedazo de pan. Y todo porque ofrecían las falsas promesas de un trabajo digno, el cual consistía en un salario ínfimo al existir una sobredemanda impresionante. De nada valía la persona y sus actitudes personales: sólo el resultado del trabajo valía.

En esto Marx no se equivocaba. El proletario era sacrificado por un patrono que no veía más que un medio productivo más, como así mismo era su máquina. Pero el viejo Marx se equivocaba amargamente: él llama a la revolución como fin de las miserias. Cuando el proletario fuera dueño de los medios de producción, podría repartir el fruto del trabajo equitativamente.

¡¡¡Cuánto se equivocaba el estúpido Marx!!! Lo triste es que aún hay quien sigue sus tesis. ¡Ay, Dios, ayúdanos! Lo que consiguió fue que un país tan pobre como Rusia se empobreciera hasta límites insospechados hasta que estalló la contrarrevolución de 1989. Y en todo este tiempo, los comunistas, incluso siendo un regimen dictatorial, no consiguieron acabar con la religión, con las ideas buenas, con los sueños del pueblo por una vida mejor.

Ahora se insta a que todo se acabe mediante una amnistía general para todos (ricos, pobres, bancos, personas). Se plantea el bonito "empezar desde cero". Eso, señores míos, es imposible por una sencilla razón: la amnistía general significa que los actuales ricos acabarían pobres y los pobres, si no más ricos, quizá seguirían igual de pobres. ¿Qué sentido tiene un país de pobres? Sólo uno: la mafia organizada. Quien propugna estas debilitaciones del gobierno son las propias mafias o quienes son comprados por ellas.

Caso parecido podría decirse de quienes sueñan con el fin de la Iglesia o acabar con el latrocinio, la prostitución o la homosexualidad o tantas otros temas polémicos de las sociedades actuales. Esto es imposible, al menos a corto plazo. Pensemos que una actitud radical, por ejemplo, hacia la prostitución. ¿Cómo acabar con el ansia y el vicio de tantos en sólo unos días?¿Es coherente siquiera pensarlo? Todo pasar por seguir la inercia y no con frenar el móvil. Atacar con multas o bochornos públicos a los proxenetas o clientes sólo trae consigo un empeoramiento de las condiciones de explotación de las prostitutas. ¿Cómo se acaba con la prostitución? ¿Con la educación en valores feministas? ¡Nada de eso! En esto nos insisten nuestros estúpidos políticos y sus asquerosos asesores. La prostitución se acaba cuando se hace poco atractiva al cliente y a la prostituta. Alguno dirá que una mujer siempre creará atracción el un hombre. Cierto, pero un fomento de una mujer real y no ficticia (como la "mujer trabajadora" que nos quieren hacer ver nuestros políticos) puede acabar con la imagen de que la mujer decente es poco atractiva y la prostituta tiene un cuerpo morboso y pecaminoso, lo cual resulta atractivo. Plantear modelos sociales y asustar o desmotivar a quien ejerce o trafica con la prostitución es la forma más efectiva de hacerlo. De hecho, desde aquí aplaudo las políticas gubernamentales de prácticamente todos los países del mundo en el asunto de las drogas o el tabaco. Hoy más que nunca, se excluye socialmente al fumador (no tanto así con el drogadicto, por desgracia), lo que crea una cierta culpa y se tiende a abandonar el hábito.

Cambiar lo imposible es, como su nombre indica, imposible. Pero todo tiene un matiz. La cuestión no es cómo se cambia, sino qué queremos cambiar y por qué y sobre todo a donde conducirá ese cambio. Recordemos siempre, al tomar una decisión en la vida, seamos políticos o no, la inercia social. No podemos parar un planeta con tanta vida, porque esta los más insignificantes, cuando son muchos o son únicos en su especie, pueden cambiar el curso de los acontecimientos.

domingo, 23 de octubre de 2011

El fin de Gadafi y el fin de E.T.A

Vivimos tiempos convulsos, tanto sociales como económicos. De todas maneras, era poco probable que en estos momentos, precisamente y no en otros, se vieran estos dos acontecimientos tan beneficiosos para el mundo en general y para el mundo occidental en particular.

El final de Gadafi ha sido, sin lugar a dudas, uno de esos finales inesperados. Nadie podía pensar hace tan sólo un año que Libia pudiera rebelarse con quien durante más de 40 años la había llevado con mano de hierro. Hay quienes han visto en Gadafi y su muerte un paralelismo con Sadam Husein, pero quien defiende esta postura demuestra que tiene poco conocimiento y criterio histórico y político.

El caso es que Sadam era un dictador próximo al nacionalsocialismo. Las similitudes de Hitler y Sadam son bastante acusadas (mencionando incluso que ambos tenían bigote y llegaron al poder con cierta edad). Ambos eran más ambiciosos que capaces (recordemos que Hitler era un pintor mediocre y Sadam era bastante penoso en los estudios), ambos se convierten bastante rápidamente en líderes de sus respectivos partidos políticos y ambos asaltan el poder mediante intentos fallidos de golpe de estado y posterior designación como presidentes de sus respectivas repúblicas. El final de ambos es parecido: la alianza internacional es capaz finalmente de cercarlos y si bien Hitler se suicida, su final hubiera sido el mismo que Sadam de haber seguido vivo.

El caso de Gadafi es más bien el caso de Ché Guevara y Castro. Su visión es socialista y su manera de gobernar, errática, y en algunos casos descontrolada, lo convirtieron en un loco peligroso hasta que la presión internacional le hizo tomar la dolorosa decisión de permanecer confinado en su país y establecer lazos internacionales pro-occidentales, a pesar de que su partido y su régimen era claramente partidario de un panislamismo y un gobierno de unidad nacional basado en la ley islámica.

Gadafi era, ante todo, el prototipo de tirano. La confusión entre lo que era Husein y lo que era Gadafi parte de la base de que los EE.UU. pronto necesitaron justificar sus ataques y por tanto, haciendo una sucia propaganda, puso a ambos líderes en la misma saca. Sin embargo, Sadam Husein era un líder en muchos aspectos progresista dentro del mundo islámico y, como ocurre ahora en Irán, la sociedad iraquí era una sociedad con cierta cultura occidental con una mayoría de ciudadanos de creencias islámicas. Platón afirmaba en la República que, cuando la democracia llegaba a la polis, el demagogo favorito del pueblo accedía al poder cuando la democracia había degenerado, siendo éste el peor de los gobiernos. Esta tesis que defiende Platón está basada en que ciertas polis, gobernadas por tiranos, presentaban un alto grado de miserias y de injusticias, debidas a que dicho tirano gobernaba mal en todos los aspectos.

Desde el punto de vista platónico, Gadafi era un tirano mientras que Sadam era un dictador. Ambas cosas son diferentes. El dictador es únicamente una persona que concentra todo el poder. En este sentido no se diferencia del monarca, salvo que su poder no es hereditario (muy pocos dictadores, salvo César o los líderes norcoreanos, que han conseguido una especie de gobierno hereditario al estilo de los Habsburgo con la corona imperial alemana). El caso del tirano es más bien diferente: al igual que el dictador, su poder está concentrado en una persona, pero su acceso al poder no siempre está legitimado ni sus pretensiones son coherentes con el aspecto que denuncian. Así Gadafi llegó al poder sin legitimación (no como Hitler o Sadam, por designación o votación) y además su discurso inicial, de liberación del pueblo, pronto fue cambiado por el de mantenimiento del orden mediante la ley islámica, lo que significó represión y persecución.

Los tiranos, por lo general, siempre acaban mal. El pueblo, como decía Maquiavelo, respeta al que teme, pero no respeta al que odia, porque el odio representa la consecuencia de la injusticia (o al menos de la sensación de injusticia) mientras que el temor es la consecuencia de la aplicación radical de la ley (o lo que es lo mismo, la justicia). Gadafi no era justo. Era un excéntrico que vivía en el lujo mientras su pueblo vivía en la penuria económica. Su fin fue justo y consumado.

Por otro lado, E.T.A. comunicó que dejaba la lucha armada para siempre. Los que saben algo de la historia de E.T.A. sabrán que siempre hubo "treguas" unilaterales que fueron rotas posteriormente también unilateralmente. Este comunicado es, casi con total seguridad, otra manera encubierta de ganar votos para sus representantes políticos (los de la formación Bildu) en las próximas elecciones generales de España. Acabar con los terroristas, ya hemos dicho esto, es fácil, si aplicamos literalmente la normativa de la Convención de Ginebra. Los terroristas se escapan de este protocolo: ni son civiles, ni son armada. Por tanto, con la ley en la mano, nadie puede condenar a nadie por matar a terroristas. Uno a uno, guarida por guarida, es muy fácil acabar con esa lacra social, hasta que un día, el último terrorista dijera que se rinde y, tras un buen tiro de gracia, el presidente del país anuncia el fin de la banda armada.

Hay que diferenciar. Pertenecer a un grupo terrorista no significa ser terrorista. Por ejemplo, un abogado con ideología próxima a los terroristas y que incluso está afiliado al grupo puede no haber matado jamás ni haber participado en la elaboración de un plan. Estas posibles muertes indiscrimadadas no deberían ocurrir y los gobiernos guardarse bien de ejecutar bien las órdenes. Sin embargo, una cadena perpetua sería una solución racional y objetiva para estos colaboradores (abogados, administrativos, etc.).

E.T.A. desaparecerá por dos razones. La primera porque está cada vez más aislada y acorralada por la policía. La segunda porque cada vez es más difícil, en estos tiempos que corren, justificar la ideología nacionalista y separatista de los vascos independentistas y más aún la ideología violenta de los mismos. El terrorismo, en general, no está de moda y todo aquel que pertenece a una banda armada no es bien recibido, ni incluso en su tierra, lo que hace muy difícil su evolución como en épocas pasadas.

Ya por último, concienciar a la población de que el síndrome de Estocolmo es un problema psicológico. Nunca debemos ver a estos asesinos como seres humanos, ya que, como hemos dicho en otras ocasiones, un asesino que mata por un motivo demuestra cierta inteligencia y comportamiento humano. Un asesino que mata a gente inocente basándose en algo inexistente ni explicable es un lobo, un animal, y por tanto pierde su condición humana. La muerte de cualquiera de estos seres no sólo es admisible sino que en ningún momento representaría un problema moral o ético.

En definitiva, por lo que parece, dos problemas menos que solucionar.

viernes, 19 de agosto de 2011

Jornada Mundial de la Juventud

La llegada del Santo Padre a Madrid provocó un entusiasmo generalizado en la cara de miles de jóvenes. Llevaban días esperando que el Pontífice llegara y por fin se hicieron realidad sus anhelos.

No obstante, las noticias no han sido del todo positivas. Como habrán leído o visto, movimientos laicistas irrumpieron en la Puerta del Sol y se enfrentaron con jóvenes católicos. Esta situación, que en cualquier caso podría haber sido prevista, supuso una batalla entre policías y manifestantes.

Esta visita ha venido a ratificar dos cosas: la ruptura total del binomio Iglesia-Estado que imperaba en España desde los Reyes Católicos y la confirmación de que si bien España no es un país católico, es un país lleno de católicos.

Déjenme explicar esta diferencia, obvia por otro lado. El estado español, en su constitución, recoge que es un estado aconfesional. Esto quiere decir que no considera a ninguna religión como verdadera, aunque no condena a ninguna religión como dañina. Esta diferencia es fundamental con respecto a otros países, como Francia, que se configura como un estado laico. Esto significa que promueve la abolición de la religión. España es por tanto, un país no católico pero cuya población es mayoritariamente católica.

Este asunto no es baladí. Lo que fueron olvidando los distintos gobiernos socialistas es que España puede prescindir de la religión en época de bonanza, pero no puede prescindir de ella en época de crisis. Aunque sea muestra de un mal cristianismo, la parábola del hijo pródigo puede aplicarse a esta situación. El español, ante la miseria, corre a refugiarse y a pedir perdó al padre al que dejó de amar. El padre acepta al hijo, ya que ha recuperado a aquél a quien daba ya por perdido. La Iglesia en España actúa de igual manera: vuelve a aceptar a todo aquel que se marchó. Y muchos han vuelto, encontrando tanto el lado espiritual (la misa, la palabra, la esperanza en Cristo) como el lado material (cáritas cristianas, comedores sociales, cuidados por parte de religiosos, etc.).

La Iglesia ha demostrado siempre que en época de crisis ha sabido devolver la fe a sus fieles. Desde la época de los césares, cuando miles de pobres se agolpaban en Roma por un pedazo de pan, la Iglesia siempre ha preconizado la Esperanza Cristiana. Hay quien dice que el poder de la Iglesia está en hacer creer que existe un dios que puede hacer milagros o que puede castigar a quien se porte mal. Es bien sabido que cuando la Iglesia ha hecho uso de este mal enfoque interpretativo nunca ha salido bien parada. Esta situación dio lugar a la Reforma de Lutero y con posterioridad, el uso indiscriminado de la teología popular trajo las críticas de Marx.

Sin embargo, la fortaleza de la Iglesia es y será siempre el consuelo ante las adversidades. Dios es Amor, Dios nunca nos abandona... Este es el verdadero mensaje. Y cuando el creyente duda, aparece la figura de Cristo, un hombre que siempre creyó, incluso cuando en la cruz estaba siendo maltratado. No obstante, no sólo la fuerza de la fe ha sido lo que ha mantenido a la Iglesia en su posición hasta nuestros días.

La Iglesia ha defendido siempre a los pobres y a los oprimidos, erigiéndose como la primera organización social de la Historia. Puede que alguno alegue que esta misión sea una misión hipócrita (¿cómo se puede ser defensor de los ricos y sin embargo vivir en la opulencia?). Esto no es del todo cierto. La Iglesia Católica, a diferencia de otras organizaciones políticas y sociales, ha estado siempre constituidas por personas cultas. Nada más que para ser cura hace falta leer, porque lógicamente no se puede leer la palabra de Dios en misa si no se sabe leer. Dicho de otra manera, otra fortaleza de la Iglesia ha sido que ha mantenido la educación y la formación como un punto importante de su apostolado. Esta entorno culto tiene dos vertientes: por un lado, es cierto que un mayor control de la cultura, permite un control del pueblo (por ejemplo, amenazando con que un Dios malo vendrá a castigar los pecados); sin embargo, lo normal es que donde hay personas con altos conocimientos y con amplia cultura, ocurra precisamente lo contrario: haya gente muy implicada en hacer el bien, en conocer la importancia de la obra de Cristo y en hacer exégesis y denuncia de lo que otros religiosos menos escrupulosos hacían con sus fieles.

Lutero, el reformista; Santo Tomás Moro, San Francisco de Asís y otros muchos más religiosos fueron reformadores de los abusos que muchos clérigos hacían de sus fieles. La ventaja que existe en el seno de la Iglesia es que a pesar de ser una institución político-religiosa, sus componentes han gozado siempre de una libertad y de una capacidad de expresión muy amplia. Los cardenales, príncipes de la Iglesia, por ejemplo, no son ni uno ni dos, sino decenas, y no son elegidos por cuestiones políticas, como los partidos, sino por méritos. No cabe duda de que muchos serán más cercanos a ciertas ideologías del presente o del anterior Papa, pero sobre todo el consenso suele ser debatido. La Iglesia es una de las pocas instituciones que organiza concilios, es decir, puestas en claro de todas las tendencias para unificar criterios y no incurrir en cismas. La Iglesia cuenta además con un problema que a la vez pasó a ser ventaja para los fieles: éstos son por fe, súbditos de la Iglesia, y por nacimiento súbditos del país, lo cual siempre ha ayudado a que muchos que denunciaran abusos (como Lutero, por ejemplo) fueran protegidos por sus príncipes. Lo contrario, por desgracia, también ha ocurrido: Tomás Moro denunció los abusos del rey Enrique VIII y su condición de clérigo y protección especial del Papa no le valió contra la pena de muerte impuesta por el rey.

La Iglesia, ahora más que nunca en los últimos 20 años, está de moda. En ciertos aspectos ha demostrado que puede dar una explicación espiritual más amplia a las necesidades del ser humano que la fe en otras disciplinas más oscilantes, como son la fe en la ciencia, la fe en la magia, la fe en los políticos o la fe en el dinero.

viernes, 5 de agosto de 2011

Strauss-Kahn y la acampada de la Puerta del Sol (II)

Retomamos un tema anterior (Strauss-Kahn y la acampada de la Puerta del Sol) para hablar de un asunto actual. Y es que el ex director gerente del FMI parece que no fue excesivamente culpable o al menos la mujer ya conocía a dicho hombre.

Más importante parece que podría ser el hecho de la famosa acampada de la Puerta del Sol. Si echamos un vistazo a lo que está ocurriendo en estos días en España, cualquier tipo de justificación por parte de los manifestante carece de fundamento. Cierto es que la situación en España es y va a ser durante bastante tiempo caótica, de creciente empobrecimiento y con un acusado nivel de desempleo, pero en ningún momento se puede achacar a "unos pocos" lo que una sociedad democrática ha elegido libremente.

Recalco lo que siempre hemos venido aquí hablando: las democracias, como decían Platón o Thomas Hobbes, no son más que la antesala a la aparición de los tiranos. El caso es bien claro: en una democracia perfecta (como ocurre en España y en casi todos los países occidentales), el valor del voto inculto es el mismo que el del voto consensuado. Las mayorías nunca tienen razón por lo general, porque la mayoría suele ser muy poco dada a la reflexión.

El 15-M, como lo llaman los manifestantes. Proclamas comunistas y anarquistas. ¿Pero de qué estamos hablando? ¿Es lógico permitir que unos cuantos indignos (que no "indignados", como ellos se autoproclaman) tomen pulso a un gobierno. ¡No!

El caso es que si bien no se puede defender la nefasta actuación de Rodríguez Zapatero, uno de los peores gobernantes de toda la Historia de España, junto con Evo Morales, Kirchner o Castro (dejo en tela de juicio a Hugo Chaves, porque si bien es actualmente un gorila inepto, hubo una época en la que era realmente un ejemplo a seguir). Sin embargo, si bien no se puede defender su actuación, si podemos defender lo que estos "indignados" reclaman: la falta de legitimidad del gobierno.

Miren ustedes, señores "indignados". Entiendo que ustedes no tengan la capacidad intelectual suficiente para entender mis palabras, pero quiero que sepan, caso de que el Espíritu Santo les ilumine, que no podemos deslegitimiar o penalizar lo que ustedes mismos admitieron. Es lo que se denomina un "contrato social". No pueden romperlo ahora que no les conviene. ¡Más suerte la próxima vez, desgraciados!

Lo peor de todo es que siempre hay víctimas en cualquier conflicto. En este caso, las víctimas no son ni el gobierno ni los "indignados" (por mucho que unos y otros se consideren ofendidos). Las auténticas víctimas son los ciudadanos modelos que todos los días se levantan en Madrid a trabajar. ¡A trabajar, señores indignos!¡Indignos son de ser siquiera ciudadanos de un país civilizado!¡Trabajen, leñe!¡Acepten que debido a su incultura y a su falta de esfuerzo ahora están ustedes en paro!¡Haber estudiado unas oposiciones!¡Haber estudiado y tenido buenas calificaciones, en lugar de beber whisky todos los fines de semana y entre semana!

No quisiera hoy acabar con una conclusión simple, porque simple es lo que son ellos. Unos simples animales de rebaño, unas ovejas asustadizas que son incapaces de decir lo que piensan de uno en uno. ¡Malditos cobardes comunistas! ¡Indignos! Lo que es importante es que de una vez por todas el gobierno tome medidas y defienda al ciudadano libre. ¡Haga cumplir la ley, gran señor presidente indigno, antes de que los indignos auténticos le creen aún más problemas!

domingo, 24 de julio de 2011

El neonazi que mató a 76 personas en Noruega

Nunca está de más recordar lo triste que resulta el terrorismo. Ya tuvimos un comentario anterior al respecto titulado Muerte de Bin Laden. En dicho comentario insistíamos en la idea de que el terrorista pierde sus derechos humanos para convertirlos en derecho natural animal. Conviene recordar la idea, por favor, políticos asquerosos que me leéis o hijos-amigos-primos de los mismos, de que un terrorista ha dejado de ser un ser humano.

No me extenderé en lo dicho en otra entrada, pero aclarar que al igual que la leucemia es una enfermedad en la que el leucocito no reconoce al glóbulo rojo como célula hermana, el terrorista es un ser de la especie humana que ha dejado de considerar a otros humanos como de su propia especie. Es decir, se trata de especies diferentes (los "opresores" y los "oprimidos" o terroristas). Esto carece de todo sentido práctico, téorico o científico, por lo que la única explicación lógica está en considerar que el terrorista en su cerebro piensa realmente que está matando a individuos de otra especie.

Quizá no es el momento, al estar tan recientes los acontecimientos, pero sería interesante conocer, entre otras cosas para calmar ánimos de otros jóvenes o adultos de ultraderecha con accesos febriles por el terrorismo, qué sería lo que el mismísimo Hitler pensaría de esta cuestión. En Mein Kampf [Mi Lucha] se dice que los causantes de las desgracias en Alemania son los judíos y los comunistas. Al mismo tiempo, Hitler habla durante muchas páginas del pueblo, de la juventud, de la tercera edad, de las penurias del proletariado alemán. No sé si sabrán la gran mayoría de los lectores que el terrorismo moderno nació a finales del siglo XIX de la mano de los anarquistas, los cuales, para quien tampoco lo sepan, no eran más que comunistas radicales. Anarquistas y marxistas se englobaban dentro de aquellos primeros comunistas de la Primera Internacional, pero finalmente, como ocurre siempre, los marxistas, que eran mucho menos extremistas, fueron los que lideraron y mantuvieron el movimiento.

Conclusión: no parece muy coherente que un auténtico hitleriano, nazi o neonazi use métodos terroristas, propios de los anarquistas, si realmente lo es. Sería como declararse cristiano y orar a la Meca. Tampoco parece muy nazi o ultraderechista atacar propiamente al pueblo y más aún a su propio pueblo. Porque para un auténtico hitleriano no habría dudas entre los miembros de su pueblo y los miembros ajenos a su pueblo. Cuando los judíos eran encarcelados, aun siendo judíos nacidos en Alemania, Hitler era bien consciente de que ellos no eran alemanes. También hemos mencionado muchas veces esta diferencia fundamental en el pensamiento hitleriano: un judío, que conserva sus costumbres y además se esconde y evita las alemanas, no puede ser un auténtico alemán. No sólo Hitler. También gobernantes anteriores, como los mismísimos Reyes Católicos entendieron esta idea.

Volvamos sin embargo a este terrorista noruego. Lo que más ha trascendido no ha sido sus inquietudes o reivindicaciones. Lo que más ha trascendido es Hitler, el nazismo y la ultraderecha. Por favor, señores asquerosos (o sea, políticos), dejen de emponzoñar y aprovechar estas situaciones para olvidar sus desvaríos y sus faltas de buen gobierno. Hitler está bien muerto desde hace más de 66 años. Lo que ocurre es que quieren evitar que su propia suciedad caiga sobre ustedes.

Las doctrinas de Hitler son en su gran mayoría válidas en el mundo actual. Lo digo sin tapujos y ya va siendo hora de que se lea a Hitler o a muchos otros autores sin taparse la boca sorprendidos. A nadie se le escapa que establecer unas políticas sociales de protección a la infancia y a la vejez es algo excelente. Esto lo dijo Hitler. A nadie le parecerá estúpido pensar que es necesario que el pueblo disponga de los elementos básicos y necesarios y hacer la tecnología más barata y accesible. ¡Esto también lo dijo Hitler! Mientras anonymous reivindica, Hitler ya lo pedía hace más de 70 años.

El pensamiento de Hitler forma base para muchas posibles políticas de calidad, pero a costa de una supremacía de ideas sobre otras. El mundo occidental, más rico, poderoso y avanzado que el tercer mundo o China (o al menos lo era), no puede ceder ante presiones provenientes de colectivos marginales de un país. Hitler es el último gobernante auténticamente defensor de la cultura occidental.

El terrorista de Noruega es posible que tuviera tendencias ultraderechistas. Probablemente incluso leyó a Hitler, pero no podemos decir que unas palabras o pensamientos hayan sido las causantes de los daños. La batalla de los pensamientos y de la moral hay que librarla en el cerebro.

En definitiva, lo que menos ha importado a nadie han sido las víctimas, que casi todas eran jóvenes, y el colectivo objetivo. Un auténtico nazi tomaría y organizaria algo desde abajo y para auténticamente derribar el poder. Un auténtico grupo nazi actúa como el cáncer: imparable, porque el grueso del cuerpo acaba identificándose con el cáncer. Los políticos caen y el antiguo cuerpo muere. Este chico actuó como un grano de pus. Irritante e incluso doloroso, puede que quizá también antiestético, pero se soluciona con quitarlo o dando las friegas oportunas.

No olvidemos: es otro animal, de distinta especie.

domingo, 26 de junio de 2011

Pensamientos comunistas de futuro

Ocurre a menudo que, por un capricho misterioso del destino, aparezcan varias coincidencias que repercuten en mayor o menor medida al estado de las cosas. En particular es notable que este último mes haya representado para el pensamiento marxista-comunista mundial un antes y un después acusado. Me estoy refiriendo a la reciente enfermedad y experiencia cercana a la muerte de Hugo Chávez, al aperturismo radical de Raúl Castro en Cuba (facilitar el acceso sin restricciones al capital y los turistas extranjeros), la desaparición de políticas sociales en la Grecia de Papandreu y las recientes declaraciones del líder comunista español Gaspar Llamazares en Twitter.

Quisiera hacer mención a este último señor porque ha sintetizado en pocas palabras lo que está ocurriendo en el pensamiento marxista-socialista-comunista mundial. Tal y como he mencionado en numerosas ocasiones, en este y otros foros: la mayoría nunca tiene razón. Esta aseveración es demasiado rotunda pero no está exenta de razón. La mayoría puede tener razón en aspectos muy simples o básicos, pero cuanto más complejos sean estos, menor será la capacidad de entenderlos para la mayoría, hasta tal punto que en cuestiones muy complejas, la mayoría toma decisiones en función de sus emociones, sus intuiciones o sus supersticiones (esto es, todo lo contrario a lo que llamamos pensamiento racional).

Por ejemplo, rara vez veremos que a la mayoría le parezca bien asesinar a sangre fría a una persona. El binomio matar-malo es tan claro que podemos considerarlo una verdad axiomática. ¿Pero cuántos verían bien matar a un animal muy querido, como es el perro, para dar de comer a una familia? Necesitamos entonces superar nuestros prejuicios al "comer perro", superar nuestras emociones sobre comparar nuestro perrito con el perro que querían comerse o superar nuestra intuición de "no sé por qué es malo, pero debe de serlo porque cuando yo pienso que algo es malo, debe de serlo". Estos pensamientos inconexos y a veces surrealistas son más comunes de lo que pensamos, sobre todo en personas con un nivel cultural más bien bajo. El nivel cultural nada o poco tiene que ver con el nivel académico. He conocido a doctores que tenían menos cultura que un arriero que leía libros a escondidas. La cultura o el conocimiento, a diferencia de los títulos académicos, otorga la verdad.

Se tardó más de 100 años en admitir, tras la caída de la U.R.S.S, que el comunismo era un régimen político inadmisible a largo plazo. Se ha tardado alrededor de 150 años en que los políticos socialistas que aún quedan en el mundo entiendan que las tesis marxistas eran totalmente desacertadas, al menos en el mundo actual. Aún nos queda un tercer nivel, del que no podemos augurar fecha y quizá jamás exista esa fecha, en el cual el comunismo, el socialismo y todos los movimientos marxistas-anarquistas que aún existen en el mundo queden relegados al rango de movimientos pseudopolíticos, doctrinas más cercanas a la magia y al mito que a la realidad, como ocurrió con los sistemas políticos tribales o las teocracias.

Es cada vez más lógico, a tenor de lo ocurrido en el mundo en el último año, que los movimientos de masas deberán ser frenados por los Estados para su propia supervivencia. Es imposible entender un mundo sin una organización poderosa, porque los Estados son los garantes de la Justicia. Sin ella, los recursos nunca pueden ser bien repartidos y estaríamos perdidos. Sin embargo, un sistema político que permita a las masas hacer y deshacer como ocurría en los últimos años del Imperio Romano, sólo puede traer miseria, desastre y dolor. El mundo necesita paz y estabilidad, no mentes vulgares que destruyan lo bueno que tiene la sociedad.

jueves, 16 de junio de 2011

Los restos de Franco

Cuentan de Shi Huandi, el llamado "Primer emperador de China", que durante su reinado, precisamente para ser considerado como el primer emperador habido en China, ordenó quemar todos los libros del país (incluidos los de Confucio), de manera que nadie pudiera discrepar respecto a su idea de que él era el primero de todos. Obviamente, hoy sabemos que antes de él, cuyo reinado se sitúa en torno al 200 a.C., hubo muchos reyes y gobernantes y sabios.

La quema de libros ha sido desde siempre una cuestión de Estado. Decir la verdad no es siempre políticamente correcto. Hay tantas cosas políticamente incorrectas que al ciudadano de a pie le resultan tristes o incomprensibles muchas de ellas. Si hay un país, por encima de todos, que actualmente tenga una visión incomprensible del mundo, ese es España. Los hechos son verdaderamente visibles: no hay un país que tenga tanto miedo a un muerto, como ocurre con el Generalísimo Franco. Ni Napoleón, ni Hitler, ni Pinochet, ni Videla, ni Lenin. Franco es, y seguirá siendo durante muchos años, sinónimo de miedo. En un país como España, un país civilizado, que el presidente de la nación, Rodríguez Zapatero, considere a Franco un enemigo a batir, resulta jocoso, incomprensible, ridículo y sobre todo frívolo, ya que alguien que desapareció hace 36 años no puede ser una amenaza para nadie. ¿O sí?

Tomemos en claro a lo que nos referimos. El presidente de España considera inmoral que el cuerpo muerto de un Jefe de Estado repose en un mausoleo recuerdo de todos los caídos en la Guerra Civil Española (que ganó él) y un lugar en el que, dicho sea de paso, el general quiso ser enterrado. Le guste o no al señor Rodríguez Zapatero, se trata de un personaje histórico español y eso nunca podrá ser olvidado (como ya ocurrió con el "Primer Emperador").

Dejemos de flagelarnos por el pasado. Hay quien dice que el pasado es vergonzoso. Tengo que responder que el pasado es únicamente vergonzoso en la persona, no en la sociedad. El pasado es obra de todos los miembros de la sociedad, no importando el rango que ocupen. El pasado no puede considerarse como resultado simultáneo de todos los miembros de la sociedad, ya que algunos pueden que no estén de acuerdo con lo aceptado socialmente. Así pues, ni el pasado glorioso ni el pasado vergonzoso es cuestión de Estado, sino de personas. Algunos pueden decir "me obligaron a estar allí" en relación a una guerra o una manifestación. Eso no sería, propiamente, pasado de alguien, ya que una obligación, aunque sea pasada, no puede representar un acto voluntario. Sin embargo, los actos personales son intransferibles y cuando éstos son voluntarios (ejemplo, ser infiel a alguien, robar, asesinar...) representan propiamente el pasado de cada cual. Entonces sí que podemos hablar de vergüenza o de pecado.

Es un completo error esconder el pasado de una nación o no asumirlo. El pasado de una nación hay que vivirlo siempre con orgullo. No podemos considerar que sea feliz un acontecimiento como la pérdida de una batalla, una conquista por parte de otro país o el exterminio de una raza. Podríamos incluso avergonzarnos, pero a título personal. Lo que no puede ser nunca admitido es avergonzarse colectivamente de haber tenido un gobernante nefasto o peor aún, avergonzarse de un gobernante que siendo bueno no coincidía con nuestras ideas.

El ejemplo de España es claro. Si hay alguien absolutamente vergonzoso en la Historia de España, ese es el actual presidente Rodríguez Zapatero. Únicamente podría ser superado por las terna Godoy, Carlos IV y Fernando VII. Pero incluso Godoy ganó una guerra a Portugal, cosa que el actual presidente ha sido incapaz de hacer. ¿Pero habremos de avergonzarnos de él? La cuestión es clara: a nadie le gustaría tener un hijo subnormal, pero cuando se tiene si no se le quiere, al menos se le respeta. Cuando este presidente salga de gobernar el país, los españoles podrán o no avergonzarse, a título personal, pero es parte de la Historia de España y como la Historia es la ciencia (o sea, la verdad) del pasado, hemos de decir siempre la verdad.

El caso de Franco es absolutamente igual. Puede que haya personas que tengan una especial antipatía a Franco, pero no se puede consentir que se mancille la tumba de un antiguo Jefe de Estado, como tampoco puede mancillarse la tumba de Godoy, de Carlos IV o de Fernando VII. Los rusos, una vez caída la Unión Soviética, no destruyeron la momia de Lenin. Sin embargo, en otras ocasiones, los símbolos nazis, muchos de sus monumentos, o las estatuas de Sadam Hussein fueron derribadas, destruidas, dejando huérfano al arte.

En toda Hispanoamérica hay líderes más o menos queridos, vivos y muertos. Pinochet, Videla, Hugo Chávez o Castro son ejemplos de estos malos o buenos gobernantes. Ustedes, el público, decidirá sobre si fueron buenos o malos. Pero sería un terrible error olvidar o eliminar de los libros de Historia que un día Venezuela estuvo comandada por el militar Chávez, que Pinochet quizá salvó a Chile de una situación peor a la actual, que Castro estuvo más de 50 años en Cuba o que Evo Morales era un auténtico payaso. Eso no hay que olvidarlo, insisto.

Resumiendo: a todos esos facinerosos que tratan de esconder la realidad, profanar cadáveres o engañarse a sí mismos, yo les recomendaría que pensaran en lo que decíamos al principio sobre Shi Huandi: no podemos borrar el recuerdo colectivo, al igual que el hombre encarcelado es al menos libre de pensamiento. Al final, todo se acaba sabiendo, la verdad se acaba sabiendo.

lunes, 23 de mayo de 2011

Intelectuales de derecha

Si hay un prejuicio demasiado extendido quizá es que todos los intelectuales son de izquierdas. Quizá hay algo de cierto en todo este asunto, ya que siempre se evita el uso de la palabra "sabio" o "librepensador".

Lo que significa la palabra intelectual está relacionado con el cultivo de la ciencia y el conocimiento. Por tanto, un intelectual no implica necesariamente que tenga sabiduría, aunque hay que reconocer que las personas más inteligentes suelen ser por lo general también bastante sabias. De todas maneras el sabio es, a diferencia del intelectual, un sujeto que ya sea por conocimiento o ya sea por experiencia es capaz de enseñar y distinguir la verdad, que es en definitiva a lo que aspira cualquier ser humano.

Ya que la sabiduría se obtiene por conocimiento o por experiencia, es natural que los individuos de mayor edad sean por lo general más sabios que los individuos más jóvenes. De cualquier manera no es del todo extraño encontrar individuos que desde muy jóvenes demuestran un talento innato (fruto del conocimiento de la realidad y la verdad) desde muy temprana edad. Dejando a Jesús, a quien se le otorga un carácter divino, en la historia hay una larga lista de filósofos que desde muy jóvenes demostraron su valía.

Lo que se deduce después, a partir de esta premisa es que no puede haber sabios de izquierda y sabios de derecha, sino simplemente sabios. Porque el sabio conoce la Verdad y la Verdad es única e inmutable. Todo lo que no es Verdad es opinión y como tal su validez sólo depende del punto de vista individual y no del punto de vista global.

Hablábamos sin embargo del intelectual y no del sabio. Suele existir mucha confusión al respecto. El intelectual sólo se ocupa del cultivo del conocimiento, de la ciencia. El intelectual puede ser un virtuoso experimentador y descubridor pero un nefasto teorizador. Por tanto, ¿por qué no pueden existir auténticos intelectuales de izquierda y de derechas?

El tema es que a quienes les gustaban las divagaciones siempre se les ha considerado "intelectuales". Si nos fijamos en los argentinos, desde muy pequeñitos se les enseña a que no piensen durante la frase, de tal manera que fluya por la boca todo tipo de palabras y pensamientos (verborrea, que como indica su misma terminación que diarrea, indica un flujo de palabras). El caso de los argentinos es demasido explícito y resulta terriblemente tedioso, pero existen muchos casos de "no argentinos" que son maestros de la divagación. Que conste de todos modos que no todos los argentinos divaguean, pero tienden a sobreextenderse de manera poco natural en las frases.

Las gentes de izquierda, por lo general, siempre han necesitado una mayor justificación de sus actos, de ahí la necesidad de parecer más sabios de lo que son. La gente de izquierda, además, han sido mucho más bohemios que la gente de derecha. El bohemio suele ser mucho más artista que el resto, mucho más funcional. La relación intelectual-artista, propia del Renacimiento, quedó corrompida durante la época prerrevolucionaria del siglo XVI, donde muchos hijos de burgueses dejaban de trabajar para escribir, pintar o esculpir. Sin embargo, estos artistas no eran en muchos casos intelectuales. No estudiaban, no intelegían, no confrontaban la realidad... Sólo expresaban su arte, su visión particular de la vida (que por otro lado, como el caso de Balzac, Renoir, Dalí o Picasso, por decir algunos, es de una calidad artística sin parangón). Un artista no es necesariamente intelectual. Sin embargo, en la cultura popular, artista es igual a intelectual. Por tanto, si la mayor parte de los artistas son de izquierda, los intelectuales son de izquierdas. Insisto en la equivocación de las premisas.

Los intelectuales no son de una u otra tendencia, salvo de la que es verdadera. Es verdad que durante toda la Edad Media se buscó sin parar la auténtica realidad de la naturaleza y el cielo, pero en algún momento de la Historia (concretamente entre el Barroco y la Revolución Industrial), la búsqueda de la verdad se tornó búsqueda del egoísmo. Yo quiero que esto sea así. Y así quedó. Quizá, sin temor a equivocarnos, el último gran buscador de la verdad fue Kant. A partir de ahí, surgirán mentirosos (uno de los más grandes será Hegel, al que seguirán Marx y Engels) y críticos a estos usurpadores (entre ellos Schopenhauer, Nietzsche u Ortega, cada uno con mayor o menor acierto). Sin embargo, la tendencia ha sido cada vez más la idealización y el romanticismo como meta física (sic). Equiparar la verdad e inclusive la ciencia a la creencia o la esperanza no es más que un retroceso humano. Nada tiene que ver esto con una teología o una metafísica, sino con algo más mundano: el pensamiento probabilístico y casuístico ("puede ser que si...", "¿y por qué nadie antes ha..?", "y si yo..."). Corrientes como el positivismo, el relativismo o el modernismo no han contribuido más que a destrozar el sistema.

Intelectuales. Los llaman así porque escriben. ¿Y qué escriben? Bazofia. Déjenme decirle que todo aquel que escribe para que lo admiren, sin atender ni un ápice a la verdad del asunto, o es un literato magnífico (y por tanto su obra es resultado de su imaginación, es decir, de un sueño) o es un farsante. En ambos casos, su obra carece de todo rigor científico. 

viernes, 20 de mayo de 2011

Strauss-Kahn y la acampada de la Puerta del Sol

La vieja fórmula del fin del capitalismo da paso a las noticias de la semana en el mundo occidental. Por un lado, Strauss-Kahn aparece en la escena como un viejo sátiro obsesionado por el olor de jovencitas, aunque su gusto sea dudoso. Por otro lado, miles de jóvenes en Madrid apelan por el fin del capitalismo y del bipartidismo en España. Ya sabemos lo que han significado y significan los movimientos de masas en occidente: un verdadero peligro y una gran mentira.

Lo de Dominique es muy grave, a la vez que irrisorio. ¿Se puede imaginar a uno de los hombres más poderosos del mundo persiguiendo por la habitación del hotel a una negrita cualquiera? Lo de negrita es importante, porque el tonto de Strauss-Kahn seguro que lo vio como algo mucho más sensual y exótico. Era satisfacer una de esas fantasías masculinas más comunes, la de la chacha que limpia desnuda para uno.

A decir verdad, una violación, sea de quien sea, o un abuso sexual no tiene perdón de Dios. Claro que hay algunos atenuantes, como puede ser una precocidad demasido pronunciada (recuerdo que alguna vez vi a algún muchachillo de 14 años tocar los senos en formación de algunas colegialas), pero en cualquier caso, es un acto cobarde y de poca hombría.

Lo más importante del hecho quizá no es el hecho en sí, sino quién y qué simboliza su acto. Ha dejado entrever que los poderosos se comportan así. No soy un demagogo y pienso que no todos los políticos y jerarcas son así, pero esa imagen no ha hecho más que afianzar a los que enarbolan la bandera del comunismo.

Y entonces llegaron los de Madrid.

La panda de vagos que está acampando en Madrid es la mayor concentración de subnormalidad que he visto en mi vida. Parten de una base muy simple y cómoda: "como yo no trabajo ni encuentro el trabajo que me gusta, que los políticos cambien el mundo para que yo pueda desempeñar el trabajo que me gusta con el sueldo que me gusta".

No voy a entrar en discusiones absurdas, tales como que siempre habrá ricos y pobres, etcétera. Sólo digo que no hay mayor ciego que el que no quiere ver y que la solución al paro juvenil está en trabajar. "Oiga, pero es que no hay trabajo". No mientan: hay trabajo y mucho. Chófer, barrendero, mozo de carga, comercial, camarero... "Oiga, pero es que yo he estudiado una carrera universitaria y quiero un trabajo digno". Para empezar, como usted hay miles de universitarios. Tenga la bondad de no darse tanta importancia. Usted ya no está en ese paraíso y escudo protector que era el Campus. Ahora ya sabe la verdad: usted es un ser insignificante y como usted hay miles. Deje su orgullo un poquito aparcado y acepte el trabajo. Y si no lo acepta, porque su orgullo no cede, al menos no proteste en mi mesa de trabajo.

Mi experiencia me dice que la gente realmente no tiene muchas ganas de trabajar. Trabajar no significa morir en el tajo. Trabajar significa esforzarse por alcanzar un objetivo. Desde mi época de estudiante, éramos muy pocos los que nos esforzábamos por aprobar y los que fuimos buenos estudiantes. El resto solía dormir muchas horas, no iba a clase, no gustaba de repasar las lecciones... Esta actitud sólo puede traer como consecuencia que los mejores trabajos los obtengan los mejores.

Hay quien opina que los buenos trabajos son dados a elección del jefe de turno, que le cede el puesto al hijo o sobrino de turno. Les diré que esto puede ser cierto (y lo es), pero también les digo que no durará mucho ese puesto de estar nuevamente desocupado. Sin pararme mucho en el tema, decir que quien no trabaja es porque no quiere.

Siempre hay trabajo. Siempre. Lo importante es que si no existe, hay que crearlo. Es aquí donde nace el concepto empresa. La empresa (como su nombre indica) tratad de emprender. Los emprendedores son personas que crean su propia realidad. Lo que falta en el mundo occidental son este tipo de personas.

Una diferencia sustancial entre EE.UU. y Europa es que el 90% de los americanos sueña con tener su propia empresa mientras que el 90% de los europeos sueña con trabajar para el estado. El europeo, nuevamente, demuestra ser no sólo más inteligente, sino menos arriesgado. Pero ser más inteligente no significa necesariamente ser el más fuerte. Trabajar duro es algo que al europeo se la hace demasiado pesado. El lastre del señorío inglés está apoderado de Europa, como una herencia en la que parece que ningún hijo de blanco puede desempeñar oficios de menos de 2000 euros al mes o 2500 libras al mes en el Reino Unido. Hemos de entender que esa actitud es cuanto menos de una falta total de realismo.

Yo aconsejaría a los miles de jóvenes que están acampados (y por tanto, descansando y esperando) que fueran lo suficientemente emprendedores para dejarse de fiestas y romanticismos y apostar por el empleo duro, por levantarse todos los días a las 6 de la mañana y dejar a un lado sus sueños de libertad, paz y amor y todas esas consignas que, por si a alguien se le olvidó, fueron pronunciadas por jóvenes adinerados que no tenían que preocuparse de lo que comerían al día siguiente, puesto que había dinero respaldando su actitud. Que esto no se olvide. La solución no es protestar, es trabajar.

martes, 10 de mayo de 2011

Cuba como último refugio comunista

Ya no queda nada. Cuba es tan pobre y miserable que nada puede parar el fin del comunismo en la isla. Todavía habrá algún desaprensivo que culpe a los países occidentales, y más concretamente a EE.UU., como los causantes de los males del país caribeño. Es que el que no se consuela es porque no quiere.

Muchos hablarán de las causas del fracaso del sistema en cientos de libros al respecto. Otros tanto hablarán de un sistema que fracasaba desde el principio, incluyendo al propio Castro. Por último habrá quienes afirmen que el comunismo de Cuba fracasó por no haber existido una transición formal hacia una democracia.

¡ Paparruchas !

El fracaso del sistema comunista de Cuba no es más que otro fracaso más del sistema comunista. No tiene cabida ni razón de ser un sistema político, económico o filosófico de corte comunista. Todos fracasan. No es problema del que lo introduce: es problema del sistema en sí.

Quiero plantear una cuestión francamente clarificadora: ¿acaso nadie piensa que hacer un triángulo de cuatro lados no es en sí mismo una incongruencia? El triángulo es una figura geométrica de 3 lados, por definición. Por tanto, no existen triángulos de 4 lados. Aún así, puede haber quien pretenda crear triángulos de 4 lados. Seguro que habrá quien piense que esto no es posible de realizar, por definición. Y razón no le falta. Pero puede ocurrir que se aproveche una situación particular para que esto parezca que ocurre. Es lo que se denomina "ilusión óptica". Así ha ocurrido con los sistemas comunistas. Parecía que era, pero de fondo no era ni por asomo lo que se suponía que era.

Recordemos.

Tanto Marx como Engels partían de un pensamiento que era totalmente ilusorio y contradictorio, como ya apuntaba Weber. La ilusión provenía de la afirmación del descubrimiento de una forma revolucionaria de acabar con las desigualdades de todos los hombres, apelando al carácter inteligente y racional que impera en todo ser humano. Esta concepción era, como hemos dicho, totalmente ilusoria y muy en consonancia con el carácter romántico que imperaba en toda Europa. "¡Qué bonito, qué estético!", dirían, "¡Poder al fin llegar a la afirmación intelectual de los hombres que nos convirtiera en renovados dioses griegos!".

Sí, todo era profundamente romántico. Ya el mismo Marx es un ingenuo al pensar que el obrero es un ser racional. Para cualquiera que trabaje o haya trabajado con obreros (principalmente los de la construcción), la idea de un obrero racional se torna en parte jocosa y en parte imposible. El obrero sólo piensa en comer, descansar y en recibir salario. Nada más. No tiene inquietudes intelectuales, no desea pensar y aunque tiene una cierta idea de la estética, no valora el arte en sí, como finalidad, sino que lo toma como algo inoperativo.

En cambio Marx, el burgués Marx, habla de los obreros como de seres nobles esclavizados, pero con un pasado glorioso, incluso de rancio abolengo, constructores de pirámides y catedrales. Algo parecido a los prejuicio gitanos, que aún se consideran descendientes de los faraones egipcios (otra ilusión, por otro lado, ya que un somero estudio de sus raíces los lleva a ser los famosos parias negros contra los que los arios llevaron su cruzada en el Rig-Veda). Es este pensamiento totalmente equivocado el que lleva al marxismo (y posteriormente a sus ramificaciones socialismo y comunismo) a entender al ser humano como ser racional, capaz de ser igual a cualquier otro en su especie.

Tras la revolución rusa y la revolución China, la revolución cubana se mostraba propiamente como un invento imperialista soviético. Afamado por sus discursos e ideales y acompañado por el Che, Castro llegó a ser uno de esos líderes mesiánicos capaces de lograr el reparto equitativo de la riqueza. ¡Y lo hizo! Solo que en lugar de repartir la riqueza entre todos hizo lo que cualquier comunista: repartir la miseria entre todos.

Si algo tiene el capitalismo y si por algo triunfa es porque permite que cualquiera sea rico, por muy pobre que sea, y cualquiera sea pobre, por muy rico que sea. El capitalismo consiste claramente en un juego mundial en el que aparte de dinero se juegan vidas humanas. Si los jugadores (todos nosotros) no generamos dinero, morimos. Sí, es un juego cruel, pero también es un juego divertido y sobre todo un juego que recompensa el esfuerzo. No existe sistema capitalista que no recompense el trabajo por medio de un salario. Entonces, no podemos hablar de capitalismo, sino de otra cosa.

Cuba ha tratado de hacer un triste espejismo. Los pobres recibirán lo necesario, pero como no hay nada, no reciben nada, salvo una comida escasa. En Cuba, la industria no existe, puesto que no hay recursos. Cabe preguntarse entonces cómo vive Cuba. Por supuesto que gracias al turismo pero también a algo más. El régimen cubano ha logrado sobrevivir, sin revolución, porque al margen de la represión, no hay nada, absolutamente nada por lo que luchar.

¿Para qué derrocar a Fidel? Para la libertad del pueblo cubano, dirán los estúpidos. Seamos prácticos, ¿qué gana a corto plazo un cubano si el castrismo se sustituye por una democracia capitalista, por ejemplo? ¡Nada! Pasarán lustros hasta que Cuba pudiera formar una industria medianamente competitiva. Desengañémonos: el que hace años que no trabaja no vuelve al trabajo con ganas ni con conocimiento. Eso ha pasado en Cuba. La inmensa mayoría de la población no sabe más que tratar con turistas. El sistema cubano de titulados universitarios tampoco garantiza que haya profesionales serios, ya que se optó siempre por una cuestión de imagen y no por una cuestión productiva.

Cuba, tal y como la conocemos, dejará de existir. Lo que no está claro es si lo que vendrá será mejor que lo que hay. En cualquier caso, Cuba es el enésimo lugar donde el comunismo y el socialismo fracasan. Y es que, por mucho que el hombre avance, es imposible desterrar la ignorancia y la clase obrera (en el sentido intelectual de la palabra), pero todos los seres humanos tenemos en nuestra mente la imagen romántica de la realidad: un entorno donde todos vivirán felices, siendo la profesión que quieran, con médicos y salud garantizada, con salarios muy altos, sin pobreza, sin discusiones...

¡Despierten! No hay cabida para estupideces en el Ateneo de Archidux.