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miércoles, 14 de marzo de 2012

Un problema probabilístico: la esperanza de vida

El ser humano siempre tiene la extraña percepción de que no van a ocurrirle desgracias (o al menos no a largo plazo). Sabemos que tarde o temprano vamos a morir pero no sabemos cuándo. Una de las variables más importantes en demografía es la esperanza de vida, es decir, cuántos años vivirá de media una persona en cierta población. La esperanza de vida sigue una función normal, como indica la figura, siendo escasos los habitantes que mueres siendo niños y también los que mueren más allá de la media. Sin embargo, como hemos dicho, es cuestión de cada población y así en países desarrollados la distribución es más puntiaguda mientras que en países pobres es más achatada.


Cabría entonces, preguntarse una de las cuestiones fundamentales de la humanidad, ¿cuándo moriré? Esta cuestión es, claro está, una incógnita. Sin embargo existen datos muy curiosos que nos permitirán conocer si nos quedan muchos o pocos años de vida y cómo de fácil es morir.

Por ejemplo: la esperanza de vida en los países desarrollados está en 78 años. Esto quiere decir que de media, un individuo vive 78 años. Puede ser que muera con 15 o con 105, pero el pico de la distribución normal indica que, por probabilidad, será más fácil que una persona muera a los 78 años que a cualquier otra edad. Entonces, podemos preguntarnos cuál es la probabilidad de morir en cuanto acabemos de leer este texto.

Nuestra intuición nos lleva a pensar que cuanto más jóvenes somos, menor es la posibilidad de morir. Esto no es cierto. Lo que es menos probable es que muramos antes de llegar a la esperanza de vida, pero eso no significa que una persona con 80 años tenga, a priori, una posibilidad mayor de estar muerta el minuto siguiente respecto a una de 15.

Analicemos la situación.

Sea p la probabilidad de sobrevivir en un minuto cualquiera. Suponiendo que la probabilidad de morir sea constante (cosa que no es cierta, ya que la probabilidad aumenta al estar en contacto con algún factor de riesgo), la probabilidad de probabilidad de morir sería 1-p (es decir, hay un 100% de posibilidades, o sea, 1 en probabilidad de que o bien el individuo esté muerto o bien esté vivo). Por tanto, p es la probabilidad de sobrevivir y 1-p la de morir.

En el primer minuto de vida, no hay más posibilidades que estar muerto o estar vivo, es decir p o 1-p. En el siguiente minuto, la probabilidad de estar vivo es la probabilidad de haber estado vivo el primer minuto y estar vivo el segundo minuto.

Por poner un ejemplo, si la probabilidad de sobrevivir el primer minuto es del 80% y de morir el 20%, la probabilidad de morir en el siguiente minuto sería 0,8 x 0,2 = 16% (puesto que para morir en el segundo minuto ha de estar vivo el primero). La probabilidad de estar vivo sería, por tanto, 0,8 x 0,8 = 64%. En el tercer minuto, la probabilidad de estar vivo sería tan sólo del 51,2% mientras que la de morir sería de un 10,24 %.

A la vista de estos resultados, podría parecer que la posibilidad de morir es cada vez más escasa. Esto es una paradoja. En realidad, al contabilizar de esta manera, obviamos que sólo estamos contando la posibilidad de morir en ese minuto. Esto es, quizá el individuo murió en el minuto 2 y por tanto no tiene sentido hablar de morir o vivir en el minuto 4. Esto significa que para el cálculo que vamos a realizar, sólo nos importa que el individuo esté vivo en el minuto m.

Consideremos que la probabilidad P de estar muerto a los 78 años sea alta (por ejemplo, un 90% de los individuos no llegarán a esa edad). Hemos visto que la probabilidad de estar vivo en el minuto m viene reflejada por la fórmula p^m (p elevado a m). Por tanto la probabilidad de estar muerto es 1-p^m.

Esto nos lleva a la siguiente fórmula:

P = 1 - p ^ m

En nuestro caso:

0,9 = 1- p ^ m

m es el número de minutos que hemos estado vivos en esos 78 años, es decir 40996800 minutos (sí, en efecto, una cifra exigua).  Por tanto, la probabilidad de morir en un determinado minuto será, suponiendo una probabilidad P del 90%, de 5,6 x 10^-8. O sea, una posibilidad entre 17 millones. Es decir, lo más probable es que usted siga vivo tras leer esto.

El caso es que podría parecer que es tan probable que en el siguiente minuto muera un joven de 15 años como que muera un señor de 90. Y es así. Lo que ocurre es que, como pasa en una tirada de dados, es poco probable que salga el 6 a la primera (un 16,66%) pero en la segunda tirada, la probabilidad de que salga el 6 tras haber realizado la primera es notablemente mayor (30,55%). A la tercera tirada, casi hay un 50% de posibilidades de que salga el 6. Sin embargo, en todas las tiras, la probabilidad de que salga el 6 es siempre la misma (1/6).

Lo mismo ocurre con la vejez: vamos acumulando situaciones más favorables para que ocurra el momento fatídico, simplemente por probabilidad. Esto, sin embargo, ha sido estudiado teniendo en cuenta que la probabilidad de que muramos en el minuto m no está condicionada a lo que ocurre en el minuto m-1. Esto, como bien sabemos, no es cierto, ya que no existe la misma posibilidad de morir haciendo alpinismo extremo que en casa viendo la TV. Sin embargo, de media, el resultado es correcto.

Quizá haya algún eufórico creyendo que es inmortal o que con un poco de cuidado su vida está resuelta hasta los 78 años, pero cuidado:

¡Hay un 50% de posibilidad de estar muerto cuando uno cumple los 23 años en un país civilizado!

Al cumplir 50 años, la probabilidad de morir es del 77%.

Sin embargo, hay motivo para la esperanza. Si pasamos los 78 años, lo más probable es que en un país civilizado nos pasemos más de 20 años con prácticamente la misma posibilidad de morir (entre 90-99% de posibilidad). Esto significa que tendríamos prácticamente la misma probabilidad de vivir 100 que de morir pocos días después de cumplir los 78.

Por comparar con los países subdesarrollados, como en África, la esperanza de vida es tan sólo de 49 años. En estas circunstancias, la probabilidad de morir al minuto siguiente es 20 veces mayor. En concreto, la posibilidad de seguir vivo a los 78 años sería de menos del 1%, es decir, casi 10 veces inferior a un país desarrollado.

lunes, 5 de marzo de 2012

Dudas de fe

Se acerca ya la Semana Santa y ya comenzó el tiempo de Cuaresma y los famosos besapiés a las diversas imágenes que puebla la geografía católica. La fe en Cristo es, con los tiempos que corren, si cabe más efusiva.


Es cierta la frase esa de que "siempre se acuerda uno de Santa Bárbara cuando truena". Dejando a un lado el que se acuda o no a la misa dominical, no cabe duda de que la socidedad moderna no tiene tiempo para la fe. Quizá cuando no hay más solución nos aferramos a Dios como ese salvador que "siempre está ahí".

Y lo está.

Lo que se quiere plantear hoy no es un tributo a la figura de Cristo y a su devoción. Ni siquiera es una vindicación de lo que Dios es capaz de darnos si tenemos fe en él. Lo que vamos a definir es en qué contribuye la fe en la relación de la persona con el mundo y más aún con Dios, es decir, si la fe es fundamental.

A priori sabemos que el ser humano necesita un sólido sistema de valores donde asentar su propio ego. No es posible una existencia humana sin ningún tipo de relación, aunque ésta relación sea de tipo espiritual. El ser humano necesita estar siempre comunicado y esta comunicación puede ser bien física y humana o bien espiritual. Por este mismo motivo es fundamental tener fuertes relaciones emocionales y entre las muchas emociones la fe es una de las más importantes.

En todo caso, hoy más que hace algunos años, las personas van más a misa, acuden más a la Iglesia o hacen uso de conjuros, magia u otras artes adivinatorias e invocativas. La fe en que puede ocurrir algo mágico, sorprendente o que nos librará del mal es muy alta. Sin embargo, la fe en los políticos, en los amigos o en la sociedad está más baja que nunca. Resulta por tanto paradójico que lo que empíricamente sea lo que realmente nos ayudará a superar la crisis sea en lo que menos fe tengamos.

Tener fe en Dios es algo altamente aconsejable. Dios es un concepto de bondad y poder en sí mismo y por tanto creer en su poder milagroso es muy positivo para nuestra mente y nuestra frustración. Lo que ya no es tan positivo para la mente es entender que Dios nos salvará de la situación actual, bajando desde el cielo y haciendo el milabro. Eso puede que sea cierto en el caso de los santos, pero no entre personas normales. Salvo, insisto, milagro, el poder de Dios no va a quitarnos el dolor, la frustración o la falta de trabajo.

Entonces, ¿es inconsistente lo anteriormente escrito con la idea católica de Dios todopoderoso, bueno y realizador de milagros? En absoluto. El segundo mandamiento dice claramente que no se tomará el nombre de Dios en vano. Eso incluye todo lo relacionado con Dios o su dominio, tanto temporal como espiritual. Tomar como obligado la realización de milagros es una falta de respeto a Dios, ya que Dios no ha de demostrar su poder sino cuando él, en su infinita sabiduría, cree necesario hacerlo. No podemos hacer uso de Dios o exigir a Dios.

Por tanto, ¿cuál es la actitud del cristiano?¿Permanecer pasivo ante un Dios que nos dará mercedes cuando él crea conveniente?¿No pedir a Dios?¿Cuál es la verdadera respuesta? Erigirse en portavoz del mismísimo Dios sería algo quizá cercano a la blasfemia, pero se puede intuir qué quiere indicar Dios y la Iglesia con la fe.

Es fácil demostrar que, a diferencia de lo que marcaba Lutero y otros protestantes, la fe en Dios, en Cristo y en los Evangelios no puede proporcionar por sí misma la salvación. No es posible ser llevar una vida propia independiente, aunque sea sin hacer daño a nadie, bajo nuestra pura óptica, opinando sobre lo que está bien o mal a pesar de que se crea ciegamente en Dios o en la palabra de Dios. La fe tampoco es una garantía de obtener mercedes. La fe es sencillamente un entendimiento sincero de la grandeza de Dios y de toda la creación. Entender esto significa entender el misterio de la vida y la muerte, la fortuna, la desgracia y el triunfo. Entender que Dios, en su grandeza, es el origen de todo y creer que esto es cierto es la auténtica fe.

Es en esta situación de auténtica fe cuando la persona está libre de cualquier apego material y por tanto está cercana a concebir que su situación vital particular no es más que un reflejo de algo mucho más elevado, un proyecto universal de auténtica importancia, donde cada individuo, cada átomo, cada causa es importante.

Es también importante entender que la auténtica fe no debe nunca apartarnos de nuestros deberes vitales. No es cristiano sino budista lo que algunos grupos y prelados católicos pretenden con las personas: convertirlas en seres más espirituales. La espiritualidad cristiana, de acuerdo con los Evangelios, consiste en tomar conciencia íntima con Dios, sin que nadie sepa si somos más o menos creyentes. Es cierto que muchos individuos pueden tener dudas de fe o incluso perder la fe y la Iglesia al completo, en la misa o fuera de ella, debe hacer lo posible para encaminar al individuo a ese conocimiento completo de la magnitud de Dios pero de ningún modo puede consistir este conocimiento en un compromiso budista con la enajenación o alienamiento del individuo.

El problema está en que el cristianismo, así como la palabra de Dios, es tan complejo que se requiere un conocimiento exhaustivo de la Sagrada Escritura para poder entender la magnitud de Dios (que no entender a Dios, que como bien saben los cristianos es incomprensible e inescrutable) y cuál es la misión de Dios para cada individuo.

Llevar una vida espiritual o renunciar a los valores materiales es una concepción claramente budista. Es siempre un error que todo buen cristiano debiera evitar. Así, el mismo Cristo dice "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios". Es cierto que Cristo era de origen humilde y que él mismo limpió los pies de sus discípulos queriendo decir que ser siervo es mayor que ser señor (evidentemente en un sentido metafórico, para que fuera entendido por sus seguidores). Incluso indica que es más fácil que entre un camello por el ojo de la aguja que un rico en el Reino de Dios. Es este punto en el que muchos santos y grupos cristianos predican el voto de pobreza. Pero ese estilo de vida, aunque loable, no es más cercano a Cristo por el simple hecho de ser un estilo "en la pobreza". Lo que hay que hacer notar es que el desprendimiento de lo material es en sí mismo budista y no cristiano y que el mismo Cristo, aunque pobre, nunca dijo a sus seguidores que vivieran en la pobreza, sino que no vivieran en la abundancia (cosa muy distinta). Y quien diga que Cristo dijo al joven rico que vendiera todo y lo siguiera, debe interpretarse no como un alegato a la pobreza, sino una renuncia a lo superfluo y al culto al dinero. Incluso si Cristo hubiera predicado la pobreza no se hubiera realizado la Última Cena, ya que los Evangelios dejan implícito que Jesús es el que paga la celebración. De no entenderse así y entenderlo como un regalo o dádiva, también se podría argumentar que, salvo su ayuno en el desierto, no hay referencias ni de que Jesús o sus discípulos pasaran hambre y salvo aquella vez del milagro del pan y los peces no se hace referencia a que Jesús usara su poder divino para vivir sin trabajar.

En definitiva: la fe en Dios puede ayudarnos en la vida y aún más en estos tiempos de crisis. La fe en otras cosas, como en la magia o el horóscopo, o la espiritualidad entendida como una entrega cuasi-monástica no hará más que desenfocar y hacernos perder nuestra referencia personal y vital, salvo que el mismísimo Dios, a través de la vocación, nos señale ese camino como el de auténtico servicio a la comunidad y a nuestra vida.

jueves, 1 de marzo de 2012

Comportamiento depresivo ante la crisis económica

Sigue siendo una realidad que la crisis económica no ha sido resuelta. Es lógico que día tras días, mes tras mes y casi año tras año la situación económica sea cada vez peor y que el número de familias afectadas crezca exponencialmente.

El caso es que por doquier existe un auténtico comportamiento depresivo a consecuencia de la crisis. Si nos fijamos en las caras de nuestros conciudadanos, veremos que tienen un aire de tristeza bastante acusado. ¿Hasta qué punto puede esta crisis afectar a nuestra personalidad?

Una cosa es obvia: cuando sobreviene alguna desgracia nadie desea reír. Pero una cuestión es una preocupación ocasional y otra muy distinta una preocupación crónica. A este respecto, multitud de expertos y estudios sobre conductas nerviosas o estresantes revelan un aumento de enfermedades psicosomáticas provocadas por la situación actual. Hay que entender que los mecanismos del cuerpo en relación a una preocupación están biológicamente y evolutivamente concebidas para una duración entre segundos, minutos y como mucho horas. Un animal que esté acosado por un depredador, por ejemplo, un caballo acosado por un lobo, podrá mantener su estado de estrés como mucho por unas horas o días. Finalmente, el agotamiento le llevará a la muerte en caso de no deshacerse de su perseguidor.

Algo parecido ocurre con las personas. Un comportamiento depresivo ante la crisis es evolutivamente antinatural o lo que es lo mismo, incompatible con la vida. El comportamiento depresivo genera ansiedad, miedo y se transforma en enfermedades como úlceras, depresiones, taquicardias, etc.

Lo que es más preocupante en la actitud actual de los ciudadanos medios es que nadie cree poder salir de la situación, cuando no es menos cierto que es más fácil de lo que parece. Es decir, es un trabajo general de todos, pero el primer paso es mostrar una cara alegre y no una cara triste a la situación.

Por ejemplo, es una realidad que la falta de trabajo está abrumando a millones de personas en todo el mundo. Es todavía más cierto que muchos de esos millones de personas son titulados universitarios que van a ver truncados sus sueños y que ven que sus títulos no sirven o no son considerados y todo parece aventurar que les van a obligar a seguir formándose, en una espiral que parece no tener fin. Sin embargo, es más cierto que una cosa es lo que parece y otra lo que es. En este sentido cabe preguntarse si es coherente que en un mercado laboral se exija tanta cualificación en puestos que no la requieren. Porque es una realidad que por todos lados se piden trabajadores que por tener tengan hasta un carnet de donante de órganos pero esto no es coherente. La actitud tiene que ser esa: enfrentarse a las incoherencias. No parar y seguir buscando en ofertas de empleo que no sean incoherentes.

Por otro lado, resultaría todo más fácil con un cambio de actitud, sobre todo entre las personas más allegadas. En época de crisis, comprar un pastel al pastelero, incluso si no tenemos mucho dinero, va a fomentar que este pastelero pueda crear riqueza y trabajo en el barrio. En ocasiones, no entendemos cómo poniendo escasamente 500 $ un grupo de 100 personas podrían fundar una empresa de 50000 $. Fundar una cooperativa que pueda funcionar no es nada descabellado con ese dinero.

Entiendo el punto donde fracasa el planteamiento: la confianza en el proyecto, en nosotros mismos y en los demás. No nos fiamos de que entre las 100 personas haya algún desalmado. Y probablemente lo haya. Pero no resulta inteligente desaprovechar oportunidades que nos pueden hacer feliz. Si pudiéramos ser menos ciegos y ver que el dependiente de la tienda de ropa al vendernos una camisa por 20 $ no está engañándonos sino que la vende a un justo precio, no sólo estaríamos haciendo a alguien más feliz, sino que en su justa medida esos 20 $ se usarán en comprar otro artículo que quizá sea el que nosotros producimos, vendemos o garantizamos.

La economía de lo que siempre rehuye es de los tipos despilfarradores y de los timoratos. El dinero está bien en gastarlo en cosas innecesarias, pero sólo cuando se tiene. En cambio, incluso si no se dispone de mucho, un gasto en algún artículo necesario (comida, ropa, higiene, etc.) es siempre un gasto solidario.

Por último, una sonrisa y una actitud positiva es, como bien se repite, la mejor manera de salir de la crisis. No es sólo un argumento o truco psicológico. Es realidad. Muchas veces parece que sólo los ricos son capaces de sonreír en esta crisis pero se equivocan. Los "pobres" nunca deben ser pobres de espíritu, ya que de esa manera sí que nunca llegarán a salir de su situación. Ya indicamos en otra ocasión en El primer paso para alcanzar un sueño es renunciar a él que no hay que sentirse mal por no conseguir inmediatamente lo que queremos. El fracaso, en ocasiones, es síntoma de aprendizaje y no de ineptitud. Obviamente somos finitos y nuestros objetivos tienen que ser realistas, pero hay mucho más talento del que pensamos ahí fuera. No todos los fracasos son culpa nuestra.

martes, 14 de febrero de 2012

El mundo de Fraggle Rock

Había una máxima en el mundo de la enseñanza según la cual una lección era mejor aprendida cuanto más divertida le resulta al alumno. Una visión mucho más acertada sería aquella que dice que la lección queda retenida en la memoria cuando el alumno queda impresionado con la lección. Si se consigue captar la atención del alumno, es muy probable que la clase y la lección resulten provechosas.

Las matemáticas y la física han sido siempre áreas de conocimiento cuya docencia entraña cierta dificultad al profesor, ya que la mayoría de los alumnos no contemplan las matemáticas como una bella armonía de números y relaciones algebraicas, sino más bien como una jungla extraña repleta de peligros. Si a esto añadimos que una parte del profesorado de estas materias no poseen la preparación suficiente, lo lógico es que el índice de fracaso sea alto. Hay quien opina que se aprende enseñando. Más bien es lo contrario, se enseña aprendiendo, o este es el objetivo que todo docente debería plantearse, sobre todo cuando sus alumnos no son capaces de quedarse, al menos, escuchando la lección.

Este conflicto, aunque se manifiesta en mayor grado en las enseñanzas técnicas, podría plantearse a todos los niveles y en todas las materias. Por doquier faltan maestros, auténticos magos de la transmisión de conocimiento. Además, los medios de comunicación, desde la televisión hasta internet, han provocado una disminución de la atención, ya que la información en ellos es de tal magnitud que provocan el mismo efecto que el empacho de una abundante comida. La intoxicación informativa, más que alimentar el conocimiento, provoca una confusión mental bastante aguda, sobre todo en aquellos grupos más influibles (niños y jóvenes).

Parece que hace unos 30 años, el titiritero Jim Henson logró crear una serie de productos televisivos que conseguían perfectamente unir el mensaje educativo con el entretenimiento. De sobra son conocidos los famosos Muppets (los Teleñecos) o Sesame Street (Bárrido o Plaza Sésamo en español). Sin embargo, estos programas, marcadamente infantiles, eran y son muy parecidos a otros que les siguieron, tanto en EE.UU. como en el resto del Mundo (por ejemplo, los Teletubbies). En cualquier caso, la calidad técnica, conceptual y el enfoque apolítico de los programas de Henson, incluidas cualesquiera insinuaciones acerca de temas polémicos como la homosexualidad, el racismo u otros, hacían a dichos programas muy superiores a los posteriores.

De todas formas, los personajes de Henson estaban claramente enfocados al público infantil, salvo algunos programas como el Cuentacuentos, destinado a un público más juvenil y a la familia en general, o Fraggle Rock. Esto hace que ver un capítulo de los Teleñecos resulte un tanto ñoño y pedante en algunos casos (como cuando la cerdita Peggy trata de ser novia de la ranita René o Gustavo) y sus chistes poco atractivos.

El caso de Fraggle Rock es distinto. Sin duda, es el programa de Henson no sólo más inteligente sino el más divertido, no sólo para los niños, sino también para el público adulto. Tanto el guión como los personajes hacen referencia no sólo a valores humanos como la amistad o el respeto, sino que en sí mismo el mundo de Fraggle Rock es una perfecta alegoría, que enlazaría incluso con algunos mitos antiguos de la cultura occidental.

El mundo de Fraggle Rock mantenía una extraña relación entre todos los personajes y especies. Además, cada una de estas especies correspondía o se podía identificar con diversos sectores de la sociedad estadounidense u occidental en general. El universo Fraggle está constituido, básicamente, por tres mundos:

Mundo humano: los humanos habitan en la superficie. El mundo humano, en el que habitamos también los espectadores, forma parte de antiguas leyendas fraggle, donde se hablaba de un extraño mundo incomprensible. El explorador Matt descubre una entrada a dicho mundo y decide explorarlo. Este mundo está habitado por criaturas extrañas y en muchos casos maleducadas, que son incapaces de pararse un segundo a pensar qué puede ser ese extraño ser diminuto que está explorando su mundo. Matt informa a su sobrino Gobo de todos sus descubrimientos. El mundo humano es una alegoría de lo que es la actual sociedad americana, con su excéntrico consumismo y su falta de actitud ante la investigación y el empirismo.

Mundo Fraggle: los Fraggle son una especie de seres de unos 30 cm (el doble que un liliputiense) que habitan en el subsuelo. Como bien explica el explorador Matt, los Fraggle piensan que son el centro del universo y que son la raza suprema del universo. Los Fraggle forman una sociedad sotisficada, muy parecida a la que la que plantean los mitos platónicos, donde lo principal es ser feliz y buscar el placer cantando, bailando, disfrutando, comiendo... Los Fraggle no trabajan, salvo para hacer cosas muy básicas (limpiar un cuarto, lavar la ropa, fabricar un utensilio, etc.), y no usan ni conocen el dinero. Esta sociedad feliz, sin embargo, es una sociedad incapaz de mantenerse a sí misma. Con el tiempo, los Fraggle han perdido perspicacia, no son emprendedores y su intelecto es escaso y lleno de prejuicios. Este mundo es una auténtica alegoría de la actitud puramente egoísta del estadounidense, que se considera miembro del ombligo del mundo y que se preocupa más de las cosas banales como la superbowl o comer hamburguesas que de los auténticos problemas sociales.

En el mundo Fraggle también abundan unas extrañas criaturas en miniatura llamados Curris o Inges. Estos curris son hombrecitos en miniatura que se dedican a la construcción de edificios y estructuras realizados con polvo de rábanos. Los Fraggle se comen sus estructuras sin misericordia y los Curris eternamente están construyendo. Su vida es la construcción. Ni los Fraggle se preocupan de los Curris ni los Curris de los Fraggle. Ambos grupos son completamente autónomos y parecen no valorar las virtudes del otro. Los Curris representan al sector industrial y financiero norteamericano, el cual construye y crea un mundo totalmente artificial sin importarle, por ejemplo, tapar completamente la casa de un Fraggle. Además, los Curris consideran que los Fraggle son un mal necesario: por desgracia se comen parte de sus construcciones y su riqueza, pero les permite mantener su sistema de construcción siempre vivo, convirtiéndose a la vez en clientes y proveedores del sistema constructivo.

Mundo Gori: por último, los Fraggle consiguen alimentarse a base de rábanos. El mundo Fraggle no tiene recursos, así que tiene que alimentarse del exterior. En el otro extremo del mundo Fraggle existe el mundo de los Gori. Los Goris son una familia compuesta por el Rey del Universo, la Reina y el Príncipe del Universo. No hay más Goris que ellos, así que si bien son reyes son al mismo tiempo los únicos habitantes del mundo, lo que les obliga a trabajar y cultivar la Tierra. Los Goris están siempre tratando de erradicar a los Fraggle, en especial el hijo, ya que se comen la cosecha. El mundo Gori es una alegoría de la sociedad occidental: siendo el punto opuesto del universo no significa un mundo feliz, sino un mundo distinto. Los Goris son la alegoría de la alta sociedad americana y de los nuevos ricos, que siendo mucho de ellos unos advenedizos, pretenden deslumbrar al mundo con su pomposidad. En cualquier caso, tampoco los Goris parecen ser una raza de seres inteligentes, sino más bien lo contrario: su extraordinario tamaño y fuerza son lo que les da el poder. Los Goris son todavía más ignorantes que humanos o fraggle, pero son más fuertes y violentos.

Por último, en el mundo de los Goris vive la Montaña de Basura. La Montaña de Basura lo sabe todo. A ella acuden los Fraggle a pedir consejo. La Montaña de Basura no es más que los desperdicios que dejan los Goris y ésta tiene vida propia. Al estilo de los oráculos griegos, predice el futuro. La Montaña de Basura representa la conciencia universal de los seres humanos y también quiere denunciar la prepotencia con la que diversas instituciones (políticos, religiones, grupos de presión...) aparecen defendiendo sus posturas, sin pensar que estos grupos viven en una constante inmundicia racional.


Fraggle Rock, a través de los distintos capítulos, hará descubrir al espectador que la vida puede tener una óptica distinta, no siempre acertada pero igualmente no siempre equivocada. Lo que los Fraggle consideran un mundo extraño y peligroso (el mundo humano) no es sino un sitio donde las personas viven con sus problemas cotidianos. La vida Fraggle, feliz y despreocupada, es únicamente posible porque otros seres (los curris) trabajan y se preocupan por ellos. Goris y Fraggles no son conscientes de que la raza humana es tecnológicamente y socialmente más avanzados que ellos, lo que les hace tener una visión parcial de la realidad del universo. Además, entre los propios Fraggle hay varias filosofías de vida: la intrepidez del aventurero Gobo, la práctica del deporte y el juego de Rosi, el pesimismo de Bombo, la apatía e ignorancia de Dudo (preocupado más bien en comer y no meterse en líos) o la idelista Musi, preocupada más por el plano espiritual que del plano físico de la realidad. En cada capítulo nos enseñan como a pesar de las dificultades y de sus defectos es posible ser feliz, ya que descubren como su estrechez de miras es lo que les impide llegar a ser más felices.

Fraggle Rock es sin duda un programa infantil, pero como le ocurría a los viajes de Gulliver, es realmente un programa adulto enmascarado. Lo más significativo es que aun siendo, como Gulliver, un programa y un libro con enfoque adulto, en ambas obras se evitan referencias sobre sexo, política o religión, sino que éstas se difuminan en lo auténticamente destacable: la estupidez y la falta de valores humanos.

jueves, 9 de febrero de 2012

Prevaricación del señor juez Garzón

Un juicio siempre despierta curiosidad y más si se trata de alguien carismático. El juez Garzón ha protagonizado en los últimos años varias acciones de oficio, aunque las más recordadas por el conjunto de hispanohablantes han sido la solicitud de extradicción del general Augusto Pinochet y la aplicación de la Ley de Memoria Histórica de España, donde el juez tramitó los presuntos delitos franquistas.

Hoy este juez ha sido inhabilitado durante los próximos 11 años por un motivo bien distinto: prevaricación en un caso de corrupción, donde autorizó que se hicieran escuchas ilegales entre los acusados y sus letrados. El caso es que el juez prevaricó cuando admitió a trámite un acto que es en la legislación española totalmente ilegal (salvo en casos de terrorismo).

Aún queda pendiente la causa de prevaricación por liderar la reclamación de las víctimas de supuestos delitos franquistas. Es muy probable que la condena sea parecida, ya que nuevamente actuó cuando no le correspondía hacerlo (al parecer, él era juez de la Audiencia Nacional (básicamente encargada de juzgar delitos de terrorismo, alta traición y otros crímenes graves de alcance nacional) mientras que la ley decía claramente que la función de tramitar y denunciar estos hechos era cuestión de los juzgados de primera instancia (delitos comunes), ya que la Ley de Memoria Histórica no admitía que se tratara de una represión o un delito de carácter nacional, sino que cada municipio y sus vecinos, durante la Guerra Civil Española, habían sido responsables de estos delitos.

El caso es que, como ocurre en cualquier guerra, los delitos que hubo en la Guerra Civil fueron ya (o deberían de ser) olvidados. El caso de Pinochet fue exactamente igual, sólo que en este caso Pinochet seguía vivo y Franco lleva casi 40 años muerto. No se puede admitir que las autoridades democráticas españolas insistan a los familiares de víctimas de asesinatos comunes que "perdonen" a sus agresores, aún más si se trata de delitos cometidos hace muchos años, y por otro lado, se trate de investigar y buscar culpables (en muchos casos ya muertos) sobre crímenes realizados, punto uno, durante una guerra y, punto dos, cometidos hace ya más de 75 años.

El juez Garzón no ha sido más que una víctima de su propio ego. Aquí no estamos descubriendo nada nuevo. El caso es que quien no es capaz de entender la Historia y el Derecho (con mayúsculas) no puede ser considerado juez.

Aquí tenemos un problema muy curioso. En los últimos 65 años ha habido una revolución total en todos los aspectos (tecnológico, social e incluso legislativo). Es necesario entender que cosas como los Derechos Humanos no son resultado de un Derecho Natural, por mucho que se empeñen estúpidos mentecatos en afirmarlo.

Dice uno de los puntos de los Derechos Humanos que "todos tienen derecho a la vida". Este derecho es absolutamente contrario al Derecho Natural. Si todos tienen derecho a la vida, cualquier acción que no condujera a ello debería ser punible. Derecho a vivir no significa lo que todo el mundo cree pensar que es derecho a no morir. El derecho a vivir significa que nadie puede llevar a cabo acciones que puedan generar un obstáculo a la vida. En otras palabras, dejar morir de hambre a personas sería un claro ejemplo de infringir el derecho a la vida. Dicho de otra manera, cualquier derecho diferente al derecho a la vida (el derecho a la propiedad, por ejemplo, sería contrario al derecho a la vida, ya que la posesión de bienes es favorable a quien lo posee pero supone un daño a quien no lo posee y por tanto extingue, en parte, el derecho a la vida).

El señor Garzón dice contribuir a cumplir los Derechos Humanos, pero primeramente, estos derechos son un absurdo en cuanto a Derecho Natural. Thomas Hobbes ya apuntaba a que el auténtico Derecho Natural era el estado de guerra total. Él mismo admite que en ausencia de leyes todo está permitido y por tanto no existen culpables cuando las leyes no existen. Durante una Guerra, es posible que existan unas normas como, por ejemplo, las dictadas en la Convención de Ginebra pero sólo tienen cabida cuando son suscritas por ambas partes. Así, en caso de ser infringidas, los contendientes pueden reclamar daños.

En cambio, durante la Guerra Civil Española no se infringieron estas normas y caso que se infringieron el derecho internacional las hubiera castigado. No es la primera vez que ocurre esto y durante la Guerra de Bosnia se pudo observar este caso. Las matanzas de civiles, durante la Guerra Civil Española, nunca fueron demostradas que hubieran sido realizadas por el bando Nacional de Franco, sino más bien al contrario (el único incidente en el que quedó plenamente demostrado que uno de los bandos, en este caso el republicano, hiciera matanza autorizada de civiles fue el caso de Paracuellos de Jarama, cuyo responsable, Santiago Carrillo aún vive).

Pedir responsabilidades al bando republicano por la Guerra sería así mismo estéril y estúpido. Hay quien pregona por ahí que el bando republicano, al ser el heredero de una tradición democrática, era el auténtico defensor de los derechos. Nada más lejos de la realidad. Las democracias a lo largo de la Historia han demostrado ser mucho más dañinas que las monarquías o dictaduras. La razón está en que en las dictaduras es posible que exista la represión o la falta de libertad, pero raramente existe la corrupción y si existe, es muy probable que el fin de dicha dictadura esté lejos (como ocurrió con Gadafi). En este sentido, la dictadura de Fidel Castro o la dictadura de Corea del Norte han demostrado ser ejemplo de corrupción escasa (eso sí, hay que admitir que en todos los países del mundo existen y existirán traficantes y corruptos, pero lo importante es cómo quedan de impunes éstos según el tipo de régimen político).

El juez Garzón ha demostrado no tener siquiera pizca de conocimiento de lo que es el Derecho Natural, defendido desde época romana, y estas sentencias de prevaricación son más que acertadas. Dejando a un lado sus cuestiones políticas, ya que él es marcadamente socialista y dejó incluso constancia de ello siendo militante del partido, los jueces deben aplicar la ley y ser justos. Es posible que haya una ley que diga "a menos que haya muerte, un hombre no puede ir a prisión" pero si el resultado es que alguien está en coma sin estar muerto, la ley nos impedirá llevar al delincuente a prisión pero un arresto domiciliario es similar a la cárcel sin que se esté vulnerando la ley.

En este sentido, para finalizar, decir que los jueces no son justos. Para ser justos, a veces, hay que ser creativos y actuar en sentido figurado, como hacía Sancho Panza en la novela. El juez Garzón hubiera sido un juez justo si ante la petición de aquellos familiares de víctimas, él hubiera aplicado la ley de amnistía general. Todos fueron perdonados, incluso Carrillo, así que... ¿para qué remover tumbas? En mi tierra se dice eso de que a los muertos hay que dejarlos descansar en paz.

martes, 31 de enero de 2012

Termodinámica básica (VII)

Tras conocer todas las funciones termodinámicas en capítulos anteriores, conviene recordar que la energía es una magnitud fundamental del universo, si no la más importante de todas las magnitudes o características del mismo. Las funciones anteriores nos permiten realizar un juicio crítico de la actual situación energética mundial y pensar si las actuales fuentes de energía son realmente sostenibles o son un invento de algunos gurús que pretenden enriquecerse a costa de los honrados ciudadanos.

Como ya se vio en capítulos anteriores, la primera ley de la termodinámica admite que la energía se trasfiere de un cuerpo a otro o se transforma en otro tipo de energía mediante los mecanismos de calor y trabajo. También se aprendió que, mientras que el trabajo puede convertirse completamente en calor, el calor puede transformarse en trabajo sólo en parte, llegando a determinarse el concepto de rendimiento del proceso. El problema fundamental de la termodinámica es cómo aumentar este rendimiento lo máximo posible.

Cabría ahora preguntarse si justificacadamente las nuevas formas de energía (incluyendo las renovables) son fuentes energéticas sostenibles y acertadas desde el punto de vista termodinámico.

Optemos por analizar las energías convencionales. El carbón, el petróleo o el uranio son tecnologías maduras que además contribuyen en una proporción muy alta (por encima del 60%) al mercado energético mundial. Nótese que no estamos discutiendo cuánto tiempo van a durar estas energías o si son muy o poco contaminantes. Sólo vamos a considerar su rendimiento energético.

Sabemos que U = W +Q. Tanto en la combustión de petróleo como en la fisión del uranio (o cualquier otra fuente de energía) hay que diferenciar el mecanismo en sí (combustión, fisión) del proceso (generación eléctrica, movimiento de un vehículo, etc.). Así, podemos decir que la combustión del carbón o del petróleo es prácticamente un 100% de rendimiento, ya que la energía de Gibbs en estas reacciones es muy negativa y por consiguiente esto significa que la reacción se da prácticamente en su totalidad. Sin embargo, el proceso o ciclo puede tener un simple 30%, ya que sólo un 30% de la energía producida por la combustión se ha convertido en trabajo.

Así pues, lo que se convierte en un problema termodinámico no es la generación de energía, sino la conversión de dicha energía en trabajo. Esto podría parecer, a priori, una cuestión puramente técnica y no física, es decir, una cuestión de falta de aislamiento, mejora del proceso, etc. Sin embargo no lo es. El rendimiento máximo de un ciclo termodinámico lo determina el rendimiento del ciclo de Carnot, cuya fórmula es 1-T fría/T caliente, siendo T la temperatura. Entonces, el rendimiento del proceso estará condicionado por la temperatura máxima y mínima. Por lo general, la temperatura mínima es el ambiente o bien una temperatura situada entre la máxima y la temperatura media entre máxima-ambiente.

Pongamos un ejemplo: supongamos que tenemos que generar electricidad mediante un ciclo de combustión a 600 K y que cede su calor a 300 K. El rendimiento de Carnot sería: 1-300/600 = 0,5 (50%). En cambio, si la temperatura de combustión fuera de 3000 K, el rendimiento del proceso sería 1- 300/3000 = 0,9 (90%). Curiosamente, el ciclo de Carnot es más eficiente cuanto más alta es la temperatura del combustible, al contrario de lo que pudiera parecer (ya que habitualmente, los políticos insisten en no aumentar la temperatura de la calefacción para ahorrar energía).

Estudiemos ahora el caso de las energías renovables. Comúnmente se nos insiste en que las energías renovables son una garantía de eficiencia, rendimiento y escasa contaminación ambiental, pero deberíamos saber que...

- La energía solar no es muy eficiente: tan sólo el 14% de la energía que incide sobre un módulo fotovoltaico es convertida en electricidad (en una central de petróleo, del 40%).

- El hidrógeno como combustible requiere que o bien el agua se convierta en hidrógeno o bien un hidrocarburo (metano, por ejemplo) reaccione con agua para obtener hidrógeno. Estos dos procesos reducen considerablemente el rendimiento final y lo hace inviable como combustible (ya que en ambos procesos o bien se requiere energía adicional para fabricar hidrógeno y/o la contaminación producida es mayor que la que se obtendría sólo consumiendo combustibles).

- La biomasa no elimina la generación local de dióxido de carbono. Sus procesos son exactamente iguales que los de combustión convencional.

- La geotermia sólo reduce en un porcentaje muy bajo el consumo energético de la vivienda, a diferencia de lo que pregonan sus defensores, ya que, como en el caso del hidrógeno, sólo considera el proceso de manera aislada y no según el segundo principio de la termodinámica al ambiente.

En conclusión: la energía es otra de las muchas guerras que tendremos que librar en el siglo XXI, así que más vale que conozcamos sus pros y sus contras.

jueves, 26 de enero de 2012

Encomendarse a Dios en los tiempos difíciles

Estos momentos tan complicados desde el punto de vista económico han hecho a más de uno encomendarse a la ayuda divina. Como niños perdidos, solicitamos la intervención de Dios, conviniendo que su poder nos librará de todos los males que estamos padeciendo.

Dejando a un lado, obviamente, la realidad transcendental de esos momentos, queda claro que la inmensa mayoría de las personas necesita creer en algún tipo de entidad divina que nos otorgue gracias en el presente y en el futuro, al mismo tiempo que nos proteja de todo mal. Esta creencia es inherente, como hemos dicho, al ser humano y en caso de querer ser sustituida, lo que se consigue es cambiar el objeto de culto aunque no el culto en sí. Es por ello por lo que se dice "creo en la ciencia" o "creo en la magia" o en cualquier otra cosa que nos permita mantener una conciencia mística entre el mundo y nuestras almas.

Hay una ventaja en encomendarse a Dios en lugar de encomendarse a la ciencia, al trabajo o al dinero. Incluso suponiendo que Dios no existiera, cosa que resulta más complicado si cabe que la demostración de su inexistencia, es mejor encomendarse a Dios que a cualquier otra cosa, ya que Dios simboliza el conjunto de todo lo bueno y de las buenas esperanzas. La ciencia puede demostrarnos fenómenos o creer en la riqueza nos puede proporcionar una visión mucho más realista de la vida. Sin embargo, creer en Dios proporciona una creencia lo bueno en sí y en la Justicia eterna. Este concepto de Justicia eterna es sinónimo de tranquilidad eterna: la tranquilidad de que por muchos pesares e injusticias que pasemos, un Dios padre nos va a conceder en última instancia una solución a cualquier problema.

Según Freud, la necesidad de un padre fue la causa del origen de las religiones. Este padre primitivo habría sido matado en sus inicios por los hijos varones para conseguir las hembras o concubinas del padre. Al sentirse culpables de este delito y evitando las confrontaciones entre los hermanos, idearon la imagen de un padre omnipotente que podría regresar del inframundo para castigar a los que se portaran mal. Estas ideas de Freud pueden ser acertadas, aunque esa hipótesis plantea más dudas que la hipótesis primera, que es la existencia de un Dios todopoderoso.

Encomendarse a Dios sólo puede tener buenas consecuencias, salvo cuando Dios es usado exclusivamente como un medio para obtener beneficios. Insistimos en que, incluso en el caso de que Dios no exista, encomendarse a Dios sólo como medio de obtener beneficios es un craso error, ya que estamos incluso desvirtuando nuestra propia conciencia. Creer exclusivamente cuando las cosas van mal no ayuda más que a lo que Marx llamaba "alienación". Así hubo en todas las épocas religiosos que motivaban a los fieles a ser temerosos de Dios, cuando Dios es precisamente lo contrario, es decir, amor. De esta manera, Dios se convierte en un ser al que temer cuando somos malos pero al que olvidar cuando las cosas van bien.

Hemos hablado de Freud y de Marx. Ambos no encuentran en Dios más que un medio de control de las mentes humanas. Para Freud, Dios no es mas que un invento de control mental de las pulsiones sexuales, mientras que para Marx Dios no es más que un intento de control del burgués de la mente y el trabajo del proletario. A estas dos versiones, habría que añadir la de Nietzsche. La visión de Nietzsche sobre Dios no es de invento de control exterior sino un tipo de control interior. Dios no sería más que la mala conciencia que impide el desarrollo completo del individuo (es decir, alcanzar el superhombre). No obstante, el concepto de Dios para Nietzsche no es tan radical como en Marx: Nietzsche no considera a Dios como algo que erradicar del individuo, sino que hay que eliminar de la vida lo que representa a Dios como excusa. Por ejemplo, si nuestra creencia en Dios nos va a excusarnos de dejar nuestras obligaciones porque es domingo, Nietzsche dirá que ese concepto de Dios ha de desaparecer de nuestra mente. De hecho, como recuerda Nietzsche, Cristo reprende a los fariseos que lo acusan de trabajar en domingo por curar, alegando que el buen pastor no deja de buscar a la oveja perdida en domingo, sin ser por ello trabajo u ofensa al sabbath.

Deberíamos pensar que nuestra vida son nuestras creencias y que lo más importante es creer en la verdad. Dios es la esencia de la verdad y por tanto, hablar de Dios es hablar de la verdad. Creer en la verdad sólo puede traer consecuencias buenas. Por tanto, creer en Dios nunca puede ser malo, salvo que Dios sea manipulado. Y ya se sabe qué ocurre cuando la verdad es manipulada.